Jul 7 2022
137 lecturas

Opini贸nSociedad

La otra peste: Gavazzo y Etchecolatz, dos asesinos en memoria y presente

El 26 de junio en Montevideo, Pe帽arol empat贸 1 a 1 como local con Villa Espa帽ola. El equipo visitante, que suele hacer de local en Flor de Maro帽as, ingres贸 al Estadio con una pancarta en la que se le铆a 鈥搒obre fondo celeste鈥 鈥渘i olvido ni perd贸n鈥.

La frase hac铆a referencia al fallecimiento del represor uruguayo Jos茅 Nino Gavazzo, uno de los militares que acumulaba m谩s condenas por torturas y homicidios por su participaci贸n en el Plan C贸ndor, encargado de aniquilar a una generaci贸n comprometida con sue帽os y realidades emancipatorias, gestadas y practicadas en inmenso coraje durante las d茅cadas del ’60 y ’70.

Gavazzo muri贸 a los 81 a帽os en la noche del 24 de junio y los jugadores del equipo visitante decidieron hacer presente la consigna que acompa帽a a煤n hoy a gran parte de los organismos de Derechos Humanos y a los familiares de las v铆ctimas de la represi贸n genocida, tanto en Uruguay como en Argentina.

Adem谩s de la pancarta, uno de sus jugadores de Villa Espa帽ola 鈥揺l delantero Santiago Bigote L贸pez鈥 ingres贸 con un buzo negro, cuya inscripci贸n en letras blancas rezaba 鈥淭e fuiste sin hablar, cobarde鈥, en referencia al silencio c贸mplice pactado por Gavazzo junto a centenas de represores responsables de desapariciones y tormentos aplicados a v铆ctimas indefensas.

En una entrevista posterior al empate con Pe帽arol, el jugador record贸 el momento en que decidi贸 comunicar su malestar por la actitud del genocida que se hallaba detenido en su casa, antes de ser internado en el Hospital Militar donde falleci贸: 鈥渜uise transmitirle a este hijo de puta lo que tengo ganas de decirle (鈥) cuando camin茅 por el t煤nel y sal铆 a la cancha sent铆 que era la voz de muchos que ya no estaban (鈥) Si estuviese Gavazzo vivo le escupir铆a la cara鈥.

Mariana Dopazo, hija de Miguel Etchecolatz: cambi贸 su apellido y rez贸 por la muerte de su padre | Perfil

Mariana Dopazo, hija de Miguel Etchecolatz

La imagen de la bandera y la inscripci贸n portada por Bigote tuvo su correlato en Buenos Aires, d铆as despu茅s, con la muerte en Ezeiza de uno de los engendros m谩s inhumanos del aparato represor argentino, Miguel Osvaldo Etchecolatz. En este caso, su muerte fue referida por su hija, Mariana Dopazo, quien decidi贸 cambiarse el apellido ante la ignominia que significaba continuar con el patron铆mico de ese progenitor condenado a nueve prisiones perpetuas por los cr铆menes cometidos contra 84 personas.

El se帽alamiento de la bajeza de su silencio tambi茅n fue subrayado por Mariana: 鈥淒etenido en una c谩rcel com煤n hoy muri贸, y se lleva con 茅l la verdad de cientos de desaparecidos鈥.

Los Gavazzo y los Etchecolatz no se extinguen. Son herederos de quienes son capaces de destripar vidas para conservar un poder que sienten siempre amenazado. Por eso es tan importante que la perversidad sea se帽alada, recordada y puesta en el lugar de oscuridad que merece.

Muchxs sabemos de la existencia de sus ac贸litos contempor谩neos: de aquellos que ser铆an capaces de cometer los mismos cr铆menes en el marco de un odio que no pueden controlar. De un desprecio que teatralizan hoy en atriles pol铆ticos y que modelan a golpes de gritos televisivos o radiales.

La confesi贸n sobre Roberto Gomensoro: el 煤ltimo esc谩ndalo pol铆tico que involucr贸 a

Jos茅 Nino Gavazzo

Los torturadores de ayer resurgen hoy en quienes desprecian a lxs trabajadores y a lxs indigentes. En quienes condenan a las disidencias sexuales. E todxs aquellos que desde帽an la destrucci贸n ambiental. Pero tambi茅n en lxs que impulsan las estigmatizaciones hacia quienes se empecinan por construir un mundo m谩s fraterno y vivible.

Las muertes de esos genocidas no nos liberan de estar atentos. Sus seguidores, admiradores 鈥揺 incluso sus potenciales partidarios鈥 est谩n entre nosotros. Transitan por nuestras calles detentando los mismos principios que alguna vez enunci贸 Adolf Eichman, frente a sus acusadores, en Jerusal茅n: 鈥測o solo obedec铆 como un soldado鈥.

La banalidad del genocida siempre est谩 en sus convicciones. En la posibilidad de da帽ar sin culpas. En la autorizaci贸n para apoderarse de un cuerpo en sus distintos formatos posibles: como l贸gica esclavista, como apropiaci贸n patriarcal, como formato asalariado, como descarte humano.

Como sugiri贸 Albert Camus en el 煤ltimo p谩rrafo de La Peste. 鈥淧ues 茅l sab铆a que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jam谩s, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pa帽uelos y los papeles, y que puede llegar un d铆a en que la peste, para desgracia y ense帽anza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa鈥.

鬲氐賵蹖乇

Bigote L贸pez

Bigote y Mariana han cumplido, durante las 煤ltimas semanas, con la tarea reclamada por el m茅dico Bernard Rieux, el protagonista de La Peste. Han se帽alado el lado feroz de un silencio que lleva inscripta la marca de la indiferencia m谩s desalmada.

Pero tambi茅n han hecho una advertencia 鈥搕odav铆a necesaria鈥 sobre la latencia de un calamidad capaz de volver a desparramar los huevos de las serpientes, en los pliegues de una sociedad que sigue instigando a futuros torturadores en las reglas de un sistema donde la compasi贸n, la paz y la justicia son valores despreciados por la deidad del dinero.

*Soci贸logo, doctor en Ciencias Econ贸micas, analista senior del Centro Latinoamericano de An谩lisis Estrat茅gico (CLAE, www.estrategia.la)

 

  • Compartir:
X

Env铆e a un amigo

No se guarda ninguna informaci贸n personal


A帽adir comentario

Tu direcci贸n de correo electr贸nico no ser谩 publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende c贸mo se procesan los datos de tus comentarios.