Sep 7 2012
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OpiniónPolítica

La paz del extractivismo en Colombia

La lucha entre la guerrilla y el Estado fue una verdadera guerra de clases en Colombia. El joven campesino liberal Pedro Marín se convirtió en Manuel Marulanda cuando la violencia, iniciada con el asesinato del jefe del Partido Liberal Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948, lo forzó a huir al monte para salvar la vida.

El Bogotazo, el levantamiento popular urbano en respuesta al crimen, fue el epicentro de una guerra entre conservadores y liberales que en 10 a√Īos seg√≥ la vida de 200 mil colombianos.

Los campesinas pobres no fueron incluidos en el Frente Nacional que en 1958 sell√≥ la paz entre el poder conservador y los ¬ędoctores¬Ľ liberales de las ciudades, porque la guerra se hizo para robarles la tierra y desorganizarlos como clase. Para sobrevivir se convirtieron en guerrilleros, crearon autodefensas y, con el tiempo y los desenga√Īos, se hicieron comunistas. De esas confluencias nacieron las FARC en 1966, abriendo una nueva etapa en las luchas campesinas.

Fracasadas las ofensivas militares y ante la expansi√≥n territorial de las organizaciones armadas, se abrieron dos momentos de negociaciones. Bajo la presidencia de Belisario Betancur (1982-1986) hubo una tregua en el marco de la cual naci√≥ la Uni√≥n Patri√≥tica, en 1985, en la que se incluy√≥ el Partido Comunista. La nueva fuerza consigui√≥ cinco senadores, 14 diputados y 23 alcaldes, pero en los a√Īos siguientes fue pr√°cticamente exterminada por paramilitares, militares y narcotraficantes. Cayeron asesinados 13 diputados, 70 concejales, 11 alcaldes y varios miles de militantes. Durante el gobierno de Andr√©s Pastrana (1998-2002) se cre√≥ una ¬ęzona de distensi√≥n¬Ľ en el r√≠o Cagu√°n, que abarc√≥ cuatro municipios y 42 mil kil√≥metros cuadrados. En paralelo, el gobierno firm√≥ en 1999 el Plan Colombia con Estados Unidos, que subordin√≥ la pol√≠tica de Pastrana y lo inclin√≥ hacia la reanudaci√≥n de la guerra.

En esta ocasi√≥n, todo indica que el acuerdo general para la terminaci√≥n del conflicto y la construcci√≥n de una paz estable y duradera entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC, con la posibilidad expl√≠cita de ¬ęla dejaci√≥n de las armas¬Ľ, puede poner fin a la guerra. Es posible que el otro grupo armado, el ELN, se incorpore a las negociaciones.

La nueva relaci√≥n de fuerzas en Colombia, la regi√≥n y el mundo hacen posible que se llegue al fin de una guerra de 60 a√Īos.

Lo primero es que la sociedad colombiana ha cambiado profundamente en este medio siglo. Se trata de una población mayoritariamente urbana, cuya principal demanda no es tierra, sino vivienda, que desea el fin del conflicto y participa en movimientos sociales que están impactando en las principales ciudades, donde ya no gobiernan ni los conservadores ni los liberales. Lo segundo es que las clases dominantes, cuya mejor expresión en estos momentos es el presidente Santos, acumulan ahora en torno al modelo extractivo (hidrocarburos, minería y monocultivos), ya no mediante el expolio al campesino. El mapa del extractivismo es el del conflicto armado. Dedicar una parte del gigantesco presupuesto de la guerra a obras de infraestructura es urgente para lubricar el flujo de commodities y seguir atrayendo inversiones.

El fin del conflicto visibiliza otra guerra: la de las multinacionales contra los pueblos. La Constituci√≥n de 1991 reconoce los territorios ancestrales de ind√≠genas y afrodescendientes bajo el nombre de ¬ęresguardos¬Ľ. Se han creado m√°s de 600 resguardos ind√≠genas que ocupan un tercio del territorio colombiano y son las zonas de expansi√≥n del extractivismo. La tercera cuesti√≥n es el cambio en la relaci√≥n de fuerzas. Las fuerzas armadas colombianas se han fortalecido y tienen una elevada capacidad de combate. Las FARC se han debilitado, no pueden ganar en el terreno militar y perdieron legitimidad. Los cambios econ√≥micos, culturales y sociales trasladaron el eje de la conflictividad social a las ciudades. En las √°reas rurales las FARC se enemistaron con los ind√≠genas, que son la principal fuerza que resiste el modelo extractivo. La cuarta son los nuevos vientos geopol√≠ticos. Los pa√≠ses sudamericanos no quieren conflictos. Venezuela est√° m√°s preocupada por enderezar su econom√≠a. Brasil tiende puentes al empresariado colombiano y Brasilia busca consolidar la presencia de Bogot√° en la Unasur. Los pa√≠ses del Mercosur, que puede ampliarse con Bolivia y Ecuador, apuestan a ganar la competencia econ√≥mica con los que integran la Alianza del Pac√≠fico (M√©xico, Chile, Per√ļ y Colombia).

Estados Unidos est√° reposicionando sus fuerzas armadas en el Pac√≠fico para contener a China y no parece en condiciones de abrir nuevos escenarios b√©licos en otras partes del mundo. Es posible que la Alianza del Pac√≠fico, asentada en los TLC bilaterales, comience a tener un papel m√°s activo en la diplomacia estadunidense que el Plan Colombia, sin llegar a suplantarlo como ¬ęsoluci√≥n final¬Ľ a su declive hegem√≥nico. Depender√° de qui√©n ocupe la Casa Blanca en enero.

Por √ļltimo, debe entenderse que el principal enemigo de Santos no es ni Hugo Ch√°vez ni las FARC, sino √Ālvaro Uribe. As√≠ como los militares se empe√Īaron en boicotear los procesos de paz anteriores, Uribe necesita la guerra para mantenerse a flote. Santos tiene, como se√Īala Alfredo Molano en un exclente art√≠culo titulado El tatequieto (El Espectador, 1¬ļ de setiembre de 2012), un argumento demoledor: enviarlo en un avi√≥n de la DEA hacia Estados Unidos.

Para los movimientos, el fin de la guerra no es la paz, sino la continuaci√≥n de la lucha en un escenario m√°s favorable. En pleno conflicto, afrontando represi√≥n y muerte, fueron capaces de realizar grandes movilizaciones, como la Minga Social y Comunitaria de 2008, impulsada por las comunidades nasa del Cauca, y de poner en pie el Congreso de los Pueblos, donde confluyen m√ļltiples colectivos. Ahora se preparan para seguir ¬ęcaminando la palabra¬Ľ, defendiendo sus territorios de las multinacionales. Se avecina la ¬ępaz del extractivismo¬Ľ, y con ella un nuevo ciclo de luchas de los de abajo.

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    2 Coment√°rios - A√Īadir comentario

    Comentarios

    1. Luis Hernando
      8 septiembre 2012 16:42

      Un artículo de PM. Gracias.

    2. La paz del extractivismo en Colombia | Revista Pueblos
      11 noviembre 2012 12:54

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