Jun 29 2022
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Despacito por las piedrasSociedad

La realidad tiene la forma de un tornillo

No voy a cuestionar aqu√≠ la afirmaci√≥n de que nada es de por s√≠ bueno ni malo y que las cosas, para quien las observa desde la perspectiva de un muerto, son de una neutralidad irremediable; el √ļnico problema, en mi caso, es que la realidad me recorre de punta a cabo como un circuito el√©ctrico y me resulta imposible pensarla sin m√≠, tan imposible como pensarme sin ella.

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Foto de Caroline LM, en Unsplash

Me dirán que cuando hablo ya no sé de lo que hablo, pero a mi modo creo saberlo cuando digo que voy a hablar de los dientes, un poco de los míos y otro tanto de las dentaduras ajenas. El asunto comienza a aclarar como un amanecer en brumas cuando descorro la cortina del dormitorio y miro en diagonal a través del follaje hacia el edificio al otro lado de la avenida. A la distancia parece una megaestructura, pero no lo es tanto.

No fue construida por antiguas civilizaciones con ayuda de alien√≠genas ancestrales; es una construcci√≥n moderna hecha por los hombres de hoy, con un estilo ecl√©ctico, el estilo sin estilo de estos tiempos. Siguiendo las reflexiones de Hermann Broch sobre la arquitectura de finales del siglo XIX: ‚ÄúSi alguna vez la pobreza ha sido cubierta con un barniz de riqueza, fue aqu√≠‚ÄĚ.

Ese aberrante edificio es el para√≠so de los dientes. De todas las comunas de Santiago, especialmente las m√°s populares, acuden los pacientes para arreglarse la sonrisa. Es la Meca de los dientes perfectos. Los veo peregrinar en toda clase de medios de transporte, buses, el metro, veh√≠culos particulares, congestionar las calles aleda√Īas y trajinar con unas carpetas blancas con franjas rojas donde guardan los presupuestos. Vienen aqu√≠ para arreglarse la sonrisa, no por una tapadura rota ni por un tratamiento de conducto.

Vienen a emparejarse los dientes. Todos los d√≠as de la semana, excepto el domingo, ma√Īana y tarde, circulan por aqu√≠ cientos de personas. Las veo. Si en algunos pa√≠ses del Tr√≥pico cuando eres mujer y cumples quince a√Īos te regalan unos implantes mamarios y un culo respingado, aqu√≠ te venden una sonrisa que podr√≠a cambiarte la vida.

Entonces viene al caso preguntarse si el orden de los dientes podr√≠a cambiar el orden de la vida, as√≠ como unas tetas grandes y un culo gordo quiz√°s podr√≠an hacerlo. ¬ŅPodr√≠a o no podr√≠a? ¬ŅO tu vida cambi√≥ mucho antes, desde el momento en que empezaste a creer que uno de esos regalos podr√≠a mejorarla? En esos momentos, al hacerme tales preguntas, es cuando me sobrevienen escalofr√≠os, sea invierno o verano.

*

Santiago Centro de Ortodoncia, Reconocido Centro Ortod√≥ncico Santiago ChileEl edificio tiene un estilo imposible, ya se dijo. Combina las estructuras met√°licas con el concreto, la piedra, la madera y el vidrio, para que nadie diga que no es una construcci√≥n ultra moderna. En la misma ecuaci√≥n se conjugan a la entrada dos piletas con peces de colores y plantas acu√°ticas y un molar de un metro c√ļbico sobre un pedestal, a la vista de los transe√ļntes.

Uno lo contempla pregunt√°ndose que habr√° tras esa cualidad, lo ultra moderno, y con buena voluntad puede decirse que la disposici√≥n de los materiales, su ensamblaje o ‚Äėmaridaje‚Äô, como dir√≠an incluso, busca imprimirle dinamismo, y si uno mira debajo del dinamismo se encuentra con otro atributo, lo levanta como quien escudri√Īa bajo la alfombra y encuentra otro m√°s, y as√≠ sucesivamente, como si ninguna cualidad se sostuviera por s√≠ misma, por lo que caer en este juego de hurgar en cajas dentro de m√°s cajas es como sucumbir ante el vac√≠o, hasta que una voz ubicua, que suena como un golpe de autoridad y sentido com√ļn, parece hablarte al o√≠do: Oye, tontito, es una cl√≠nica dental. Ah ya, dices t√ļ, y ante tus ojos el vac√≠o se suprime y el sinsentido cobra sentido, lo que no implica que est√©s de acuerdo con el sentido que te ofrece el edificio en cuesti√≥n, pero ya se dijo que a ti, es decir a m√≠, la realidad te pone a convulsionar.

*

Mejor dar un paseo por dentro omitiendo el decorado delirante, que amerita una novela en cuatro vol√ļmenes. Intriga el parecido a una gran oficina p√ļblica, tipo Registro Civil, con turnos que se informan en pantallas y son voceados por un robot poco apto para los apellidos dif√≠ciles. Uno espera su turno y observa la congesti√≥n, las filas por todos lados, madres con hijos, abuelas con nietos, un cierto caos organizado y la promesa como un gas alucin√≥geno de que todo ser√° mucho mejor si corregimos las imperfecciones de nuestra sonrisa.

Para atender a esta necesidad han dise√Īado un modelo taylorista que fabrica sonrisas nuevas. Tu dentadura va pasando por muchas manos como si avanzara por una correa transportadora. Nunca sabes qui√©n te recibir√° en la estaci√≥n siguiente. Nunca ser√° la misma cara pues los funcionarios ejercen tareas mec√°nicas y la cinta o correa transportadora se mueve de forma continua, por una puerta del edificio ingresan dientes chuecos, por otra puerta salen dientes perfectos. Esto demora en promedio no menos de dos a√Īos, si te tomas en serio el tratamiento y te sometes a cada una de las estaciones como un auto f√≥rmula uno que se detiene en los pits para enseguida continuar la carrera. No te enteras de nada pero tu dentadura va mejorando con el tiempo, y t√ļ pagas para que la f√°brica de sonrisas siga operando, tiene que ser as√≠, no podr√≠a ser de otra manera. Carga Est√©tica Inmediata - Cl√≠nica Dental Roca Santiago

Al inicio del tratamiento te pegan un pencazo que te deja medio desestibado y turulato, pero lo resistes pues se trata de cambiar tu vida, por esa raz√≥n has peregrinado hasta la Meca y mes tras mes vas desembuchando dinero por los controles, no tanto pero a la larga s√≠, no poco, un d√≠a te dicen algo sobre la evoluci√≥n de tus dientes, al siguiente control te dicen algo distinto. Y al final, cuando te informan que ya est√°s listo, que ya eres otro, m√≠rate en el espejo, te meten un disparo de ob√ļs contra la billetera y luego te hacen firmar una hoja de conformidad o como se llame en la que lees, no sin desconcierto, que esos otros alambres con forma de herradura que te pegaron por detr√°s de los dientes, arriba y abajo, sirven para retener la nueva posici√≥n de tu sonrisa y deber√°s usarlos de por vida, de lo contrario tu dentadura volver√° a su orden anterior como si tuviera una memoria obstinada y hasta cruel.

¬ŅC√≥mo es la cosa?, podr√≠as decirte. Pero quiz√°s ya no vale la pena, est√°s al final del t√ļnel, a punto de ser expelido. ¬ŅVas a ponerte a discutir a esta altura?

*

Pare de Sufrir‚ÄĚ o Iglesia Universal del Reino de Dios: ¬Ņes o no es  cristiana?No discutes. Ya no sabes qui√©n habla ni de qu√©. ¬ŅUn yo, un t√ļ, un √©l? ¬ŅA un yo, a un t√ļ, a un √©l? La has sufrido con los dientes, te dices, y ya no quieres sufrir m√°s. Te recuerdas de un templo evang√©lico que como el cartel de una pel√≠cula ten√≠a colgado en la marquesina un gran lienzo que dec√≠a ‚ÄúPare de sufrir‚ÄĚ. Los feligreses se met√≠an en la iglesia en busca de un sedante. T√ļ entraste al edificio sin estilo con una idea parecida. Cuando ni√Īo te rompiste los dientes delanteros, las ‚Äėpaletas‚Äô. Te las hiciste pedazos contra el piso de una multicancha. Las ra√≠ces se te incrustaron en el hueso de la mand√≠bula. El porrazo te dej√≥ como drogado. Sigan, sigan, les dec√≠as a los dem√°s, que miraban con horror tu boca ensangrentada. En sus miradas comprend√≠as el desastre, de rebote. Pare de sufrir. Te llevaron a una urgencia hospitalaria. All√≠ comenzaron cuarenta y tantos a√Īos de tratamientos.

Un japon√©s te dio los primeros auxilios. Te preguntaste qu√© hac√≠a un japon√©s en ese hospital. ¬ŅSer√≠a un esp√≠a? Te dijiste que su raza era met√≥dica, estudiosa, aplicada. Ya ten√≠as prejuicios raciales. Con un alicate te desenterr√≥ los dientes. Con una aguja que parec√≠a un anzuelo te atraves√≥ las enc√≠as de un lado a otro para coserlos como si zurciera un calcet√≠n. Te dej√≥ puesta una placa dental. Tuviste que comer papillas por un mes. Te mor√≠as de verg√ľenza ante tus compa√Īeros de curso. Hab√≠as perdido la sonrisa.

Luego vino el puente dental, que tambi√©n colaps√≥ como todos los puentes del mundo. Tem√≠as que esto sucediera alg√ļn d√≠a, pues hab√≠as llegado a aprender un poco sobre dientes y ya sab√≠as que el paso forzoso ser√≠a colocarse implantes, no de culo ni de tetas sino unos tornillos que te incrustan directo en el hueso. La imagen de una pieza met√°lica que te perfora la mand√≠bula no te hac√≠a ninguna gracia, y te entiendo.

El puente se vino abajo cuando jugabas f√ļtbol. Una pieza dura cay√≥ en tu boca. La sopesaste un instante con la lengua como si no pudieras creer que hubiese llegado el d√≠a. Pediste cambio aduciendo un desgarro muscular, sob√°ndote un muslo por detr√°s. Hablabas como un ventr√≠locuo para no descubrir el forado en tu sonrisa. Te fuiste directo a una farmacia y compraste pegamento para dentaduras postizas.

*

Y entonces conoc√≠ el edificio por dentro. Las exhibiciones de arte: peces esculpidos en piedra, un piano, muestras fotogr√°ficas, figuritas del anim√© y la cultura pop. Al fondo un patio con tortugas acu√°ticas, un aviario, un quiosco de confites, un restor√°n, quiz√°s una bruja maldita. Alguna vez en esta manzana existi√≥ un conjunto de casas viejas, con matrimonios viejos que al ir empobreci√©ndose no pudieron solventar sus gastos. Sobre una larga franja de la avenida cayeron los buitres inmobiliarios, menos aqu√≠. Aqu√≠ se construy√≥ una modesta cl√≠nica de ortodoncia que fue reproduci√©ndose como una superc√©lula. Ya se dijo. ¬ŅO no se hab√≠a dicho? Baj√© a un subterr√°neo a examinarme los dientes, malamente pegados.

Tratamiento de ortodoncia con implantes, coronas o carillasYa conoc√≠a la sentencia fatal: implantes. El dentista era bastante menor que yo, tal vez reci√©n egresado. Pero me hablaba con la seguridad de un hombre de mil batallas. Todo era muy sencillo. Todo demasiado f√°cil. Te quitan las ra√≠ces estropeadas como troncos muertos, te implantan los tornillos de titanio, santo remedio. Yo me dec√≠a: van a taladrarme la mand√≠bula. Y no me gustaba lo que o√≠a en mi cabeza. El joven dentista me trataba con una confianza impropia que no me molestaba, nunca me import√≥ la formalidad en el trato. Pero me llamaba la atenci√≥n. Eso ser√≠a todo, perrito. S√ļper simple, mi perro.

Us√≥ todas las flexiones imaginables de la palabra, y luego sigui√≥ con los vocativos papito, papurri, pap√°. Me hablaba como el hermano drogo del delincuente financiero que nos honr√≥ como presidente de la rep√ļblica, y a m√≠ no me molestaba, insisto, ni me sent√≠a menoscabado en el trato. Era un zorr√≥n, como los llaman ahora, que de seguro no se perd√≠a las fiestas que celebraban cada tanto en la azotea del edificio y que me desvelaban hasta las cuatro o cinco de la madrugada, mientras pensaba en mis dientes. Le dije a todo que s√≠ sabiendo que no lo ver√≠a nunca m√°s y me fui a la secci√≥n donde te pegaban las piezas dentales con un cemento duro, a prueba de golpes.

Iba y ven√≠a, de la casa al edificio aberrante, cada vez que se me desprend√≠an los dientes. Una vez se me cayeron estando en reuni√≥n telem√°tica con mi jefa. Creo que no lo not√≥. Dame un momento, por favor, le ped√≠. Fui al ba√Īo y los unt√© con pegamento. Sigamos, dije al sentarme de nuevo frente al computador como si nada hubiera pasado. No era tan complicado tirar para adelante. Pero se me ca√≠an una y otra vez, ya se dijo. Y cada vez un sujeto distinto me hac√≠a notar que la soluci√≥n definitiva eran los implantes y yo le dec√≠a que s√≠, por supuesto, lo tengo muy claro, y luego volv√≠a a que me los pegaran, lo hac√≠a a hurtadillas de mi familia como si fuera a comprar droga, ment√≠a, inventaba cualquier pretexto para salir, voy a la feria, se acab√≥ el pan, cosas as√≠, y volv√≠a con los dientes en su lugar esperando que esta vez el cemento hiciera milagros.

*

El tratamiento de ortodoncia mejora la salud bucodentalNo quer√≠a una sonrisa nueva, quer√≠a unos dientes en su sitio, bien puestos como el honor y la dignidad. Habr√≠a atajado a todas las familias que peregrinaban desde los barrios populares hacia la Meca con un cartel en el pecho y otro colgado en la espalda donde se leyeran bien claro, en un lenguaje para todos comprensible, frases como ‚ÄúAqu√≠ no dejar√°s de sufrir‚ÄĚ, ‚ÄúDevu√©lvete a tu casa y piensa en lo que haces‚ÄĚ, ‚ÄúTu vida no cambiar√° para mejor‚ÄĚ, esa clase de mensajes.

Y si alguno de los peregrinos se detuviera a preguntarme por qu√©, y cu√°l era la alternativa a mi campa√Īa contra el edificio abominable, yo no la tendr√≠a tan f√°cil, lo admito, pero entonces lo invitar√≠a a tomarse un caf√© o una cerveza a la vuelta de la esquina para conversar del asunto, por ah√≠ se parte, me dec√≠a, por preguntarse la raz√≥n de las cosas como si activ√°ramos un circuito el√©ctrico, aun cuando su vibraci√≥n nos haga girar en c√≠rculos, pero algo es algo, me dec√≠a, temiendo, por otro lado, que alguna vez me cruzara con esa bruja loca del fondo del patio o con un √°ngel maligno capaz de leerme el futuro, lo que atemoriza a cualquiera.

Alguien que me dijera: en este o en otro edificio te incrustar√°n dos tornillos, ser√° desagradable pero no hay remedio, haz lo que tengas que hacer, oc√ļpate de tus problemas, no tranques la rueda del mundo, no vale la pena, no sirve de nada, no conduce a nada. Y yo tendr√≠a dos opciones: quedarme callado o escupirlo en la cara, aunque se me soltaran los dientes.

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