Sep 27 2023
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Cultura

La vida y su sentido

¬ŅTiene alg√ļn¬† sentido ¬†buscar el sentido de la vida? Es curioso que todos los humanos reflexionemos sobre esta cuesti√≥n. Algunos, por razones hist√≥ricas, se ven impulsados a considerarlo¬† como si les fuera la vida en ello y para otros, en cambio, √©sta es una cuesti√≥n meramente marginal y sin gran importancia o ninguna… meramente una seudo-pregunta.

Para todas las  criaturas que pueblan este fantástico planeta  la vida como tal no es problemática, en sentido metafísico, en lo más mínimo, a excepción de los humanos que  nos planteamos  preguntas y dilemas, sentimos ansiedad y náusea y, para tapar el vacío,  nos llenamos de esperanzas y fantasías, mientras vivimos  en la perpetua sombra de la muerte. Al parecer, meditar en nuestra existencia es parte de nuestro ser  en el mundo.EL SENTIDO DE LA VIDA - Terapiabierta

Desde tiempos remotos¬† la alegor√≠a ha sido la forma m√°s com√ļn de interpretar el mundo. Seg√ļn ella, las cosas no estampan su significado en sus cuerpos o rostros, sino que debe ser inferido desde un texto subyacente, por lo general religioso o moral. Los objetos hay que leerlos semioticamente, como apuntando m√°s all√° de ellos al texto divino que es el universo. Para los te√≥logos la respuesta es Dios, el Creador del universo, la raz√≥n de que hay algo en lugar de nada. Y los mitos y las ilusiones ¬†serv√≠an para ver, comprender y darnos un lugar en el mundo, cosa que hoy los consideramos como errores que hay que disipar. Desde otra perspectiva, sin embargo, tambi√©n uno podr√≠a verlos como ilusiones productivas que permitieron ¬†proteger a la especie por miles de a√Īos¬† de la inquietante sospecha de nuestra √©poca de que la existencia es un mero producto del azar.

Lo que distingue al modernismo es la creencia  de que  la existencia del animal humano es contingente, que no tiene base, meta, dirección o necesidad y  que fácilmente podría no haber surgido en este planeta. Somos vagamente conscientes de que el suelo es movedizo y que no hay fundamento  para lo que hacemos o somos. Durante las primeras décadas del siglo XX esta cultura, con toda su ansiedad ontológica, produjo parte del arte literario más eminente que el Occidente haya presenciado, desafiando todos los valores, creencias e instituciones tradicionales  conocidas hasta ese momento, incluyendo el destino mismo de la humanidad.

Si el pensamiento del siglo XX reflexionó  sobre estas cuestiones más que ninguna otra puede ser porque en Europa la guerra y los campos de concentración consumían innecesariamente vidas humanas por millones. O, tal vez, como comenta el crítico literario Terry Eagleton, la vida parece absurda frente al sentido que solía tener. La típica obra modernista, dice,  sigue obsesionada por el recuerdo de un universo ordenado frente al eclipse del significado que vemos en las obras de Kafka, Becket, Camus, Sartre o Joyce, entre muchas otras, donde la tensión entre la necesidad del significado y su persistente elusividad las convierten en obras genuinamente trágicas.

No ser√≠a arriesgado decir que en el trasfondo es posible vislumbrar la silueta del¬† ‚Äúinfame‚ÄĚ Schopenhauer.¬† Hay algo rid√≠culo sobre esta raza pomposamente engre√≠da, convencida de su propio valor supremo, persiguiendo algo edificante que instant√°neamente se convertir√° en cenizas. No hay objetivo grandioso para este sonido y furia sin sentido, s√≥lo gratificaci√≥n moment√°nea, placer fugaz, largo sufrimiento y lucha constante por saecula saeculorum. Nadie tiene la m√°s remota idea de porqu√© toda esta tragicomedia existe. El mundo es simplemente un anhelo f√ļtil, un drama grotescamente malo, un anfiteatro en donde las vidas tratan de aplastarse mutuamente.

Si a las culturas antiguas no les molestaba tanto el significado de la vida como a Nietzsche o Camus, por ejemplo,¬† lo mismo pareciera ser cierto para los posmodernistas, con su escepticismo de las grandes narrativas y su desencanto con la metaf√≠sica. Ellos prefieren viajar ligeros de equipaje. Tienen creencias, por supuesto, pero no fe. Incluso el t√©rmino ‚Äúsignificado‚ÄĚ, como en En busca del sentido de la vida: 3 "pistas" marketeras para dar con su paradero - Marketing DirectoDeleuze, es sospechoso. La suposici√≥n de que una cosa puede representar o sustituir a otra esta fuera de moda. Las cosas son simplemente ellas mismas, en lugar de signos enigm√°ticos de otra cosa. Significado e interpretaci√≥n implican mensajes ocultos, profundidades bajo superficies, algo que¬† huele a metaf√≠sicas ¬†antiguas.

S√≥lo rompiendo con estas nociones, con la quimera del sentido de los significados, podemos ser libres para ser nosotros mismos. No hay tal cosa como humanidad para ser contemplada. Hay simplemente diferencias, culturas espec√≠ficas, situaciones locales. Su contrapartida ha sido el surgimiento del reaccionario¬† fundamentalismo religioso o la ch√°chara del New Age. El significado de la vida, dice Eagleton, ahora pasa al campo de los gur√ļs y expertos espirituales, los tecn√≥logos de la satisfacci√≥n canalizada, los quiropr√°cticos de la psique. Y para el resto, una de las ramas m√°s populares e influyentes es indudablemente la industria del deporte que se sigue con fe religiosa, parte de la soberan√≠a nacional e identidad √©tnica que conllevan lealtad y rivalidades tribales, rituales simb√≥licos, leyendas, batallas √©picas y satisfacci√≥n intelectual¬† que llenan las vidas que de otra manera estar√≠an vac√≠as.

Y para otro cierto n√ļmero de mujeres¬† y hombres, en cambio, la vida es simplemente¬† un fen√≥meno evolutivo accidental que no tiene significado intr√≠nseco. Si la vida tiene alg√ļn sentido no es porque tiene una narrativa escrita para nosotros por una abstracci√≥n conocida como Dios, Naturaleza o Vida, sino algo que invertimos en ella. El hecho que no haya un sentido dado, pr√™t-√†-porter, nos abre el camino para moldearnos a nosotros mismos en alguna forma ‚Äúexquisitamente √ļnica‚ÄĚ. Vivir con fe, cualquier fe, en el modelo que seguimos es infundir a la propia existencia con un significado. Desde esta perspectiva, el sentido de la vida aparece como una cuesti√≥n de estilo y construcci√≥n, m√°s que de contenido. Ahora es el individuo la √ļnica fuente de significado y valor en un mundo que carece de ellos.

Pero, √©ta es la cosa… un significado puesto all√≠ por Dios o uno conjurado por nosotros mismos no son, en realidad, las √ļnicas dos posibilidades. Si le vamos a dar un cierto significado a la vida no puede ser lo que caprichosamente proyectamos sobre ella. Seguramente la vida misma, como dice Eagleton, debe tener algo que decir en todo esto. Puede que la distinci√≥n entre inherente y atribuido sea √ļtil para algunos prop√≥sitos, pero para otros es tiempo de desmantelarla. El sentido, por cierto, es algo que nosotros hacemos. Pero lo hacemos en di√°logo con un determinado mundo cuyas leyes no inventamos, y si el significado pretende ser v√°lido, debe respetar la textura del ¬†mundo. Preguntas sobre sentido de la vida - Abre tu mente

Los marxistas, por ejemplo, creen que la vida humana, o más bien la historia, tiene un significado en el sentido en que despliega un patrón, aunque no uno introducido por un Ser Supremo. En verdad, si no hubieran patrones significativos, áreas enteras de las humanidades como la sociología y la antropología, se  detendrían. Es posible creer que hay una narrativa significativa incrustada en la realidad, sin tener que recurrir a una fuente trascendente.

El cosmos puede que no haya sido dise√Īado conscientemente ¬†y ciertamente no intenta decirnos nada, pero eso no significa que sea ca√≥tico. Muy por el contrario, sus leyes subyacentes rebelan una belleza, simetr√≠a y econom√≠a que sorprende a los cient√≠ficos. Aqu√≠ no estar√≠a mal recordar a Kant cuando hablaba de ‚Äúintencionalidad sin objetivo‚ÄĚ. El cuerpo humano, por ejemplo, no tiene un prop√≥sito. Sin embargo, uno puede hablar del significado de sus diversas partes en t√©rminos del lugar que ocupan dentro del todo. Y estos no son significados que nosotros decidamos. Un proceso, igualmente, puede parecer accidental en el momento que ocurre, pero retrospectivamente cae en un patr√≥n significativo. Accidental no significa ininteligible. Los accidentes no son eventos completamente extra√Īos, sino consecuencias de causas espec√≠ficas. Es s√≥lo que estas consecuencias no fueron previstas por los involucrados.

Es as√≠ como Hegel ve la historia. A primera vista puede aparecer sin sentido, pero cuando miramos hacia atr√°s nos llenamos de asombro por lo que ha creado y todo adquiere sentido. Incluso los errores garrafales y los callejones sin salida contribuyen despu√©s de todo a este gran dise√Īo en donde el Esp√≠ritu retorna a s√≠ mismo. Y todos los que defienden una teor√≠a optimista de la historia igualmente leen la narrativa humana como el constante despliegue de libertad, iluminaci√≥n y progreso.

Y hasta¬† en el mismo sombr√≠o Schopenhauer podemos encontrar un cierto patr√≥n universal, aunque no nos guste. Toda la realidad y no s√≥lo la humana, dice, es el producto de la Voluntad, una fuerza voraz e implacable, una especie de intencionalidad que genera todo lo que hay y, al hacerlo, se reproduce a s√≠ misma sin ning√ļn otro prop√≥sito. Hay, entonces, una esencia o din√°mica central en la vida, pero una que da lugar a estragos, caos y miseria en perpetuidad. Debido a que la Voluntad es puramente autodeterminante, tiene su fin completamente en s√≠ misma, lo que significa que simplemente nos usa a nosotros y a toda el resto de la Creaci√≥n para sus propios fines y prop√≥sitos inescrutables.

El Sentido de la VidaPodemos caer en la ilusi√≥n de que nuestras vidas¬† tienen valor y significado. La verdad, sin embargo, es que existimos como instrumentos indefensos de la fuerza ciega de la Voluntad, que nos enga√Īa haci√©ndonos creer que nuestras vidas tienen sentido, que sus propios apetitos son tambi√©n los nuestros. Y la consciencia que fabrica mitos y f√°bulas existe para encubrir la completa inutilidad de nuestra ¬†existencia que, de lo contrario, ante el panorama de carnicer√≠a y esterilidad conocida como historia humana, seguramente nos destruir√≠a.

Schopenhauer, como nota Eagleton,  forma parte de una larga cadena de pensadores para quienes la falsa conciencia, lejos de ser una niebla que necesitamos disipar, es absolutamente integral a nuestra existencia. Freud, por ejemplo, rebautiza la Voluntad como Deseo y, al igual que Schopenhauer, ve a la fantasía, la misma percepción y la represión de lo real como constitutivas del yo.

Por supuesto que también podemos contar una historia diferente, pero lo que cuenta Schopenhauer no es tan fácil de desechar completamente. A diferencia de todo otro pensador, él nos confronta  brutalmente  con lo que seguramente siempre hemos sospechado. En su conjunto es difícil negar que la historia humana ha sido la historia de la escasez, la miseria y la explotación más que una fábula de solidaridad e ilustración. Si Schopenhauer es infame, es porque nos obliga a enfrentar su desafío con algo más que argumentos anodinos de consolación.

 

* Profesores de Filosofía chilenos graduados en la Universidad de Chile. Residen en Ottawa, Canadá, desde el 1975. Nieves estuvo 12 meses presa en uno de los campos de concentración durante la dictadura de Augusto Pinochet. Han publicado seis libros de ensayos y poesía.

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