Los días más difíciles de la historia de la izquierda uruguaya.

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Ojalá nunca hubiera tenido que escribir esta columna, les pido humildemente que incluso los que me odian en la izquierda, al menos la lean. Yo confío en mi gente, aún con las diferencias más grandes.Estamos en los días más difíciles de la historia de la izquierda uruguaya. Es muy duro de escribirlo, lo voy a fundamentar. No es por una asquerosa camioneta de mierda, es por lo que lleva atrás.

Más difíciles que durante la dictadura, que eran terribles, para los presos, los torturados, los militantes clandestinos, los exiliados y las familias y lentamente lo fue para la gran mayoría de la población. Nunca la izquierda fue derrotada o estuvo en peligro de ser derrota políticamente, institucional y culturalmente. En un mundo de una de las más profundas ofensivas militar, política e ideológica de la derecha y la ultra derecha como ahora.

Nos quisieron destruir y no lo lograron, y en las peores condiciones, y al final de la batalla logramos salir unidos y en pocos años crecer, en todos los planos. Siempre con esas dos banderas, la de la patria y la del Frente Amplio. La unidad fue la clave, pero con nuestra moral, nuestra épica y nuestra confianza entre nosotros.

Yo antes tenía otra bandera más, no la tengo, pero sigo teniendo en el alma los mismos valores renovados y renovadores. No siempre lo fueron.

Comencemos duro: nuestros enemigos, lo reitero, nuestros enemigos se hacen ilusiones de que tienen ganada la batalla, están muy equivocados, aunque festejen por adelantado y hagan finezas políticas como convocar a «defender a la Presidencia», cuando durante 14 meses la agredieron ferozmente.

Si alguno de los partidos, grupos o lo que sea en el Frente Amplio, me refiero a los aspirantes a cargos, creen que de esta situación va a salir el MPP destruido y alguno o algunos van a recoger los restos, están muy equivocados, aquí perdemos todos y por mucho tiempo. La mía no es una apelación emocional es política. Hay que subestimar mucho a los compañeros si creen que ignoramos lo que están haciendo.

Tengo una ventaja, no pertenezco a ningún sector, no tuve ni tengo aspiraciones a ningún cargo, oficial o de cualquier tipo, no tengo ningún tipo de negocios con el Estado. No es un mérito, es simplemente una opción, que al menos me tienen que reconocer. Perdonen que en esta situación tan grave haga alusiones personales, es que nunca escribí una columna tan difícil en mi vida.

Espero fervientemente que nadie crea en la izquierda, que en (el diario derechista) El País y en varios dirigentes colorados y blancos le surgió un sarpullido en «defensa de la Presidencia», simplemente está hilando muy fino, mucho más fino que nosotros.

¿Cuáles son los peligros? El principal, no es la derrota electoral en el año 2029 a nivel nacional y en el 2030 a nivel de Montevideo, lo que sería un retroceso enorme, sino que además en este proceso nos arriesgamos a la destrucción del Frente Amplio y la imposibilidad por muchos años para poder remontar la situación. Porque seremos derrotados en el punto clave, la batalla cultural y moral.

No soy alarmista y nunca lo fui, les pido el esfuerzo de imaginación y que proyecten lo que está pasando, le agreguen los planes de nuestros enemigos internacionales y la ferocidad de nuestros actuales enemigos nacionales, que además de moverlos la política, los mueve la plata. Lo demostraron en los cinco años de su gobierno.

No se trata de los puestos que algunos compañeros y compañeras van a perder, sino de algo mucho más importante, que luego de tantos años de estar en gobiernos e intendencias se nos ha debilitado como prioridad absoluta y sigue siendo el motivo de nuestro nacimiento y existencia: el pueblo uruguayo, los más humildes, los trabajadores, todo el amplio espectro de gente que reclama y tiene el pleno derecho de vivir mejor. Hay muchos uruguayos que viven bien, pero sigue habiendo muchos que corren de diversa manera la liebre y no la alcanzan, y hay otros que se arriesgan e invierten con honestidad.

No nacimos ni existimos para otra cosa que para ello, la experiencia nos ha enseñado que no se resuelve con palabras bien dichas, ni con expresiones radicales, pero tampoco con la revolución de las cosas simples, ni con la estatización de todo.

No es hora de tratar de zanjar ese debate de tantas décadas, con tantos derrumbes y también victorias, sobre todo en América Latina, a través de las urnas. Pero es a través, también a través de las urnas que nos están arrinconando. Digo bien, quedan dos gigantes, Brasil y México con gobiernos progresistas, Colombia en una dura disputa y aquí en este rincón del continente y del mundo, nosotros en peligro, pero peleando.

Creo que todos, o al menos muchos seguimos las encuestas, de todo tipo y nivel, coinciden en una sola cosa, estamos en caída libre y no hay señales de mejoras, al contrario, la mayoría fueron hechas antes del asunto de la camioneta. Mencionarla simplemente parece ridículo.

Pero eso, no puede evitar que reconozcamos que, nunca, en todos los años de estar en el gobierno nacional (15 años y 3 meses) nunca estuvimos tan mal, y tan mal entre nuestra propia gente. La situación va a empeorar, y las hienas están agazapadas.

¿Cómo debemos pelearla? No se trata de ponernos todos a llorar, a disputar por las causas de esta situación, llegará obligatoriamente el momento de hacerlo y que cada uno deba asumir sus responsabilidades, desde la cumbre hasta el resto de los dirigentes. Esta no es una responsabilidad del pueblo, ni siquiera del pueblo frenteamplista. Eso debe quedar claro desde ahora, como el hecho de que no todos somos iguales. La justicia en los análisis políticos no es el lujo, es una obligación.

Tenemos un presidente y un gobierno, sin excepciones, acorralados, arrastrados por la situación independiente de su propia gestión. El que no quiera verlo, o es ciego o muy soberbio.

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Ni soñemos que de esta salimos haciendo apelaciones a la unidad, a la épica de izquierda, eso sería subestimar a la gente y a nosotros mismos. Los valientes compañeros que se la juegan opinando contra esta banda de bandidos que nos quieren dar lecciones de moral, son importantes, pero no son suficientes y si se transforma en recurrir a la desesperación, nos arrastrará a todos. La reacción por desesperación o por bronca es un parche.

¿Cómo podemos salir?

Es muy difícil, pero tenemos 43 meses de gobierno por delante, con las elecciones al final del periodo, hay tiempo, pero es muy, muy difícil. Los que crean que con algunas cachetadas, con algún gesto genial, mejorando el discurso y la comunicación y dejando todo lo demás como hasta ahora, salimos. Delira.

No hay que ser un experimentado dirigente político para darse cuenta que hacen falta cambios importantes, radicales y urgentes. Lo que no podemos es seguir contemplándonos el ombligo y dejando pasar las semanas, es seguir suicidándonos. Y en este caso, estamos hablando en concreto del presidente de la República. La lentitud, las cavilaciones, ahora son un veneno.

Hacen falta cambios visibles no para la interna sino para la gente. Cambios de nombres, ya que somos tan apegados al tema de los cargos; cambios de ritmo; cambio de discurso, no como comunicación sino como definición política e ideológica y también programática. Sin esos cambios urgentes, seguiremos cayendo en espiral y cada día que caemos un poco más es más difícil salir. Lo entiende cualquiera que no esté cegado por el poder.

Se necesita tener y brindar una visión clara de hacia dónde queremos y vamos a llevar el país, política, económica, social y moralmente. ¿Está claro? Esto no se arregla comparándonos con la banda que gobernó el país durante los 5 años anteriores, la sola comparación es un insulto hacia la gente honesta.

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Lacalle Pou dejó el país en muy mala  condición

Pensemos de manera diferente, sino no cambiamos a fondo, ellos volverán con más ferocidad que nunca a proseguir su obra de saqueo del país, el saqueo inmoral, pero también el de las políticas para los «malla oro». Alguno de cuyos beneficiarios se animaron a refregárnoslo en la cara. Dejaron el país en muy malas condiciones, no un desastre, porque eso no es cierto y en política hay que ser precisos, pero comparado con lo que harán con nosotros destruidos o casi, será mucho peor. Hay muchos que ya están haciendo cálculos económicos y jugándose 25.000 dólares a esa perspectiva y a futuros regalos y exoneraciones… otros hacen planes a más corto plazo.

Necesitamos preservar al Frente Amplio y no se logra, simplemente escuchando el humor y las opiniones de nuestra gente en todo el país, y discutiéndolo internamente. Es importante pero no alcanza en absoluto, debe jugar en serio un papel mucho más importante en este proceso de cambios, que no pueden ser solo de nombres, ni morales, tienen que ser de políticas.

Hay que actuar, con independencia, con opiniones y sobre todo asumiendo que es cierto que el gobierno es para todos los uruguayos, pero la responsabilidad de que funcione bien y no se desbarranque, es del FA. Esa línea tan sutil que divide los partidos del gobierno, debe manejarse con inteligencia, pero eso no quiere decir prescindencia.

De aquí no salimos con un gran debate general, ese ya lo llevan adelante nuestros enemigos, con la agenda toda ocupada por la camioneta y otras grandezas o los ataques permanentes que, les están dando un gran resultado, mientras nosotros deliramos sobre la política de unidad nacional. La ingenuidad o algo mucho peor, se paga muy caro en la política, siempre, pero sobre todo en este momento crítico.

De aquí se puede salir apelando a toda la experiencia acumulada en la izquierda uruguaya, a las opiniones de los muchos intelectuales serios y comprometidos, donde el tema central no sea la distribución de cargos, sino escuchar y utilizar sus aportes.

No son foros de debates, es algo fundamental que le falta a este gobierno, dejarse ayudar. Los gobiernos que en cualquier momento son permeables a recoger la sabiduría, la experiencia de la gente adecuada, que no tienen ninguna ambición de cargos, son gobiernos sabios.

Por último, no quiero de ninguna manera que nos enterremos discutiendo si se trata de lentitud, debilidad, falta de actitud u otra cosa peor. La derrota será colectiva, aunque las responsabilidades fundamentales son personales y si no damos una respuesta completa y unida, no salimos. Eso no quiere decir que repartamos por adelantado las responsabilidades entre todos por igual. Y se sale con la moral como prioridad.

 

*Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora  y Uypress 

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