Oct 18 2005
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Opinión

Luis Posada y los tragos del señor Bush

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

La respuesta comienza en el hecho de que Bush nunca comenzó un programa de recuperación de su adicción al alcohol y a las drogas, la cual supuestamente abandonó a la edad de 40 años mientras corría. Dios le habló –o Jesús, o algún enviado. Este fenómeno de renacimiento aparente sustituyó a AA (Alcohólicos Anónimos) –conjuntamente con los ejercicios y la oración.

W actualmente tiene problemas, por supuesto, en Iraq y Afganistán. En el país sus tasas en las encuestas descendieron a 40% o menos en septiembre. Sin embargo, Bush continuó en el camino de Karl Rove, derivado del de Napoleón, Federico el Grande y el modelo político del Partido Nazi: olvídense de los hechos, la verdad, la integridad, la ética; dependan de la audacia y la agresión.

Esta fórmula le ha permitido ganar dos elecciones, ha colocado a los cobardes demócratas a la defensiva y le ha asegurado el “estúpido voto masculino”, los idiotas que adoran a la doctora Laura y a Rush Limbaugh y que votan en contra de sus propios intereses.

 
Sin embargo el imbatible modelo de éxito se erosionó rápidamente y, según The National Enquirer (“La Crisis de Bush con la Bebida”, 21 de septiembre), Laura Bush atrapó a George echándose un trago al coleto en su rancho de Crawford. Él comenzó a beber después que sus ayudantes le informaron del desastre del huracán Katrina y el fracaso de la FEMA en el manejo de las consecuencias.

¿No confían en la fuente? Antes de que la prensa “seria” se enterara, The Enquirer reveló el hábito de Rush Limbaugh con el oxicontín. (“Limbaugh Atrapado con Drogas”, 2 de octubre de 2003).

Ahora Jennifer Luce y Don Gentile reportan que “fuentes familiares han dicho cómo el presidente de 59 años fue atrapado por la Primera Dama Laura bebiéndose un trago en el rancho familiar de Crawford, Texas…

LOS DIQUES ROTOS

 
“Cuando los diques cedieron en Nueva Orleáns, aparentemente eso le hizo buscar un trago”, dijo un ‘enterado’. “Se sirvió un trago de whiskey de magnitud tejana y se lo echó al gaznate. La Primera Dama se escandalizó y gritó: ‘¡Detente, George!’. Después de escuchar el 12 de septiembre un intercambio con un periodista, Laura puede haber sospechado que él estaba bebiendo.

“¿Estaba desinformado cuando usted dijo que nadie había previsto la rotura de los diques?

“No”, respondió Bush. “…Cuando llegó la tormenta, muchas personas dijeron, vaya. Hubo una sensación de alivio, y a eso me estaba refiriendo yo. Y yo mismo pensé que nos habíamos salvado. ¿Sabe por qué? Porque yo estaba escuchando a la gente, probablemente por las ondas aéreas, decir que nos habíamos salvado… Claro, había planes para el caso de que se rompiera el dique. Hubo una sensación de alivio en el momento, un momento crítico. Y le agradezco la oportunidad de aclararlo”. (Sitio web de la Casa Blanca, 12 de septiembre)”.

Este torpe intento de claridad oral no compensó su no manejo de las consecuencias de Katrina. Y la carnicería en Iraq dominaba los titulares diarios. Las tasas de popularidad se fueron al sur. Los precios de la gasolina se fueron al norte. W se fue de tragos.

“Lo triste es que hace semanas que está bebiendo a escondidas. Puede que Laura lo haya atrapado ahora –pero en la capital se dice que ya llevaba bebiendo un tiempo”– dijo una fuente del Enquirer. “La guerra en Iraq, la pérdida de vidas norteamericanas, todo lo ha afectado mucho… El resultado es que ha estado bebiendo aquí y allá, probablemente en privado, para enfrentarse al asunto”. 

UNA VIEJA COSTUMBRE:
ENTRE WHISKY O WHISKEY

La nación ha soportado a presidentes borrachos, como Ulises Grant y Warren Harding. ¿Pero un “borracho seco”? La Dra. Katherine Van Wormer, co-autora de Tratamiento de adicción: una perspectiva de fuerzas,  aplicó este término a Bush, lo cual quiere decir que él dejó de beber, pero aún piensa constantemente en paliar su ansiedad con alcohol. (Counterpunch, 22 de enero de 2003).

El 20 de septiembre él regresó “N’Oleans”, la cual recordaba con cariño de su época de bebedor. Bush prometió que se “limpiarían los escombros, se sacaría el agua y se reconstruirían los puentes. Pero lo que ustedes deben hacer es un plan para su futuro. Esperamos conocer su visión para poder nosotros hacer más mejor (sic) nuestro trabajo”.

“¿Más mejor?” Más perturbado, pensó Laura. Al día siguiente, W lanzó otro misil. “Si uno quiere que algo crezca, no se le debiera cobrar un impuesto. Si uno quiere fomentar los negocios pequeños, debemos incentarlo (sic) para que crezca en esa parte del mundo. Alguien dijo el otro día, bueno, eso es una rebaja de impuestos. De todas maneras esa región va a tener cero ingresos”.

“Esa región” conjuró imágenes de gente pobre sufriendo. Si se quedaba para una sesión de fotos iba a tener que estrechar manos sucias y abrazar a cuerpos malolientes. Así que se quedó “de vacaciones”, mirando el golf por TV y no las imágenes de cadáveres flotantes y gente desesperada.

UN TOQUE DE PARANOIA

El borracho seco se humedeció. Van Vormer menciona otros síntomas: “Una visión rígida, que juzga constantemente, impaciencia, comportamiento infantil, comportamiento irresponsable, argumentación irracional, proyección y reacciones exageradas”. La Dra. Van Vormer piensa que Bush tiene esos rasgos y “algunos indicios de paranoia”.

Seleccionó como ejemplo una declaración de Bush: “Debemos estar preparados para detener a los Estados delincuentes y a sus clientes terroristas antes de que puedan amenazar o usar armas de destrucción masiva contra Estados Unidos y nuestros aliados y amigos”. Una declaración tal indica que “la proyección está aquí también, la proyección del hecho de que ya estamos listos para atacar a otra nación que no esté inclinada en ese sentido”.

Él también muestra su “visión de juicio” en una declaración acerca de Israel.  Para combatir el mal, Bush se torna bíblico.  “Miren, mi trabajo no es de sutilezas.  Creo que la claridad moral es importante… esto es del Mal contra el Bien”. (Counterpunch, 11 de octubre de 2002)

Tales pronunciamientos por parte de un combatiente sin compromisos contra el terrorismo se evaporaron el 27 de septiembre y dieron a W otra razón para beber.  Ese día un juez de inmigración negó la solicitud de extradición de Luis Posada Carriles a Venezuela.  El abogado del gobierno norteamericano no se opuso a la decisión del juez, aunque esta tenía grandes implicaciones.

Posada, a quien el gobierno de Hugo Chávez calificó de “el Osama ben Laden de Latinoamérica”, sonrió. También Osama ben Laden, cuando oyó las declaraciones de Bush el seis de octubre.

“Estados Unidos no distingue entre los que realizan actos de terror y los que los apoyan y les dan refugio, porque son igualmente culpables de asesinato. Cualquier gobierno que decida ser aliado del terror también ha decidido ser un enemigo de la civilización. Y el mundo civilizado debe responsabilizar a esos regímenes”. (Discurso ante la Fundación Nacional para la Democracia, seis de octubre de 2005).

¿Cómo hacer para que coincidan esas declaraciones con la no deportación de un terrorista?  “Dios debiera saber que esos cubanos anticastristas, a quien les debo dos elecciones, no me permitirían deportar a Posada. Ellos lo llaman un ‘dedicado patriota’”.

Desde que Posada escapó del juicio por su papel primordial en el sabotaje de octubre de 1976 a un avión comercial cubano sobre Barbados, en el que murieron 73 personas a bordo, Bernardo Álvarez, embajador de Venezuela en Washington, acusó a la administración Bush de usar un “doble rasero” en el terrorismo.

PRAXIS POLÍTICA PERVERSA

En el juicio en Texas, la Casa Blanca y el Departamento de seguridad Interna colaboraron con Posada al no enfrentar la aseveración casi sin pruebas del abogado de Posada de que Venezuela lo torturaría. Es más, el más reciente informe del Departamento de Estado exime a Venezuela de la lista de Estados que practican la tortura.

Irónicamente, funcionarios norteamericanos torturan rutinariamente a los prisioneros en Abu Ghraib y Guantánamo. Un funcionario del Departamento de Estado dijo en forma anónima: “Tenemos aquí a alguien que sabemos que es un terrorista, y está claro que lo estamos protegiendo de manera activa para que no se enfrente a la justicia.  No tenemos ninguna credibilidad”. (Jim Lone, Inter Press Service, 29 de septiembre de 2005).

Posada debilitó la reputación antiterrorista de W.  Luego un fiscal de Texas debilitó su poder en la Cámara al procesar a Tom DeLay por varios delitos graves.  “El Martillo”, como llaman a DeLay legisladores atemorizados, habían forzado la aprobación de las reducciones de impuestos de Bush para la gente más rica del país.

Además, la SEC comenzó a investigar al Senador Bill Frist, líder de la mayoría en el Senado, por la venta que hizo de acciones del fondo de fideicomiso a ciegas de Hospital Corporation of America (HCA), días antes de que las bajas ganancias devaluaran fuertemente las acciones de HCA.

“Billy” aseguró que vendió las acciones para evitar un “conflicto de interés” si se decidía a aspirar a la presidencia. Pero sus familiares también vendieron sus acciones de la HCA el mismo día.  Ninguno de ellos aspira a un cargo público.  Frist negó que él sabía lo que había en el fideicomiso a ciegas.  Pocos le creyeron.

Luego la prensa castigó a W por nombrar a Julie Myers al frente de Inmigración y Aduanas. Ella es la sobrina del General Richard Myers, casada con el jefe de personal del Secretario de Seguridad Interna. ¿Y qué tiene que ver que la agencia sea parte de Seguridad Interna? Con la tasa de aprobación en descenso, la reforma de la Seguridad Social empantanada y una mayor insatisfacción de los electores con la guerra en Iraq, Bush también recibió críticas por los crecientes precios de la gasolina.

Así que Posada debilitó el último reclamo de fuerza de Bush, la lucha contra el terrorismo.

El Dr. Justin Frank (Bush en el diván: dentro de la mente del presidente) pensó que “Bush está bebiendo otra vez.  Los alcohólicos que no están en ningún programa, como el presidente, se las ven negras cuando aumenta el estrés”. (Enquirer, 21 de septiembre).

Posada sonrió. Bin Laden echó una carcajada. Bush bebió. El drama de nuestro tiempo: ¿dos terroristas y un borracho?

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* Integra el Instituto para Estudios de Política.

 En: www.progresosemanal.com

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