Abr 29 2009
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Libro de la semana

Manifiesto de Cartagena

 LN

No debe haber ciudad alguna en América sin una calle, una avenida, una plaza, un parque, en edificio que se llame Simon Bolìvar –y una estatua o un monumento a su memoria–. Es el Libertador. Vive y cabalga en la memoria de los pueblos, aunque muchas veces los pueblos no tienen cabal conciencia de quién fue exactamente aquel al que Neruda calificara como "pequeño capitán valiente".

Pequeño, porque lo era de estatura; valiente porque por el valor se mide el tamaño de los hombres. No fue poca su hazaña: organizar, primero, un ejército a partir de tropa indisciplinada y casi desnuda capaz de recorrer, después, perfectamente avituallada y armada los enormes territorios americanos sin rehuir combates ni amilanarse ante las emboscadas.

Y, después, organizar un cuerpo de leyes para los territorios reivindicados, enfrentando oposiciones –leales y traicioneras–. No fue siempre soluitaria su aventura, tuvo oficiales y lugartenientes leales y tiempopara vover a encontrar el amor perdido –con la muerte de su cónyuge– en una de las mujeres extraordinarias que en en este continente han sido: Manuelita Sáenz, "la libertadora del Libertador" –a la que en un acto de necesaria reparación histórica el gobierno ecuatoriano de Rafael Correa declaró madre de su país.

Manuela Sáenz sobrevivió a su amante despojada por las "aristocracias" y gobernantes de todo honor, recursos y reconocimiento. Murió en Perú, frente al mar, pobre y sola.

En diciembre de 1812, Bolívar tenía 29 años, había liberado Venezuela de la corona española, pero Venezuela se había perdido; una derrota que sabía temporal, por eso en la ciudad de Cartagena de Indias, en la actual Colombia caribeña, emite su primer documento político importante cuyo contenido pudo ser leído con provecho por los conspiradores –o insurgentes, o "terroristas" o patriotas– latinoamericanos de entonces.

El Manifiesto de Cartagena, fechado el 15 de diciembre de 1812 procura racionalizar y explicar con la friladad del estratega y la pasión necesaria al políticol as causas de la caída de la Primera República venezolana otra vez en manos de España. Y su análisis de las causas de la derrota son lo que convierte a este documento en una pieza magistral y universal en lo que después se llamará América Latina.

Señala Bolívar entre esas razones:

–Haberse dado un sistema federal de gobierno y administración, que la cultura política de esos días y la estsructura económica del país hacían inviable;

– La mala admnistración del erario: planificación inadecuada del gasto y la inversión públicas, núcleos de corruptela enquistados en las esferas del Estado y actividad privada;

– Causas naturales, como el terremoto de Caracas de ese mismo año;

– La negativa del Congreso a establecer un ejército profesional, bien armado y permanente que pudiera hacer frente a la tropas peninsulares;

– La acción y trabaja de zapa de los representantes de la Iglesia católica, espías de la corona y cospiradores contra el nuevo orden.

Frente al terremoto, exhortó el Libertador a luchar incluso contra la naturaleza si la naturaleza se opusiera a la voluntad de liberarse de los hasta entonces reinos americanos.

Resulta sorprendente la lucidez de Bolívar en esas circunstancias y la extensión de su mirada. Pronto iniciaría las campañas que significaron el quiebre institucional defintivo con España de Venezuela, Colombia, la actual Panamá, Ecuador, el Perú y la creación de Bolivia. Perú era el nudo gordiano a desatar, y en ello trabajaron conjuntamente los soldados de la Argentina y de Chile. El encuentro, abrazo y amistad entre San Martín y Bolívar en Guayaquil y Lima sella el movimiento libertador.

Que a lo largo de los siglos XX y XX la gula ambiciosa, ceguera, falta de inteligencia y sentido de la historia de las elites latinoamericanas entreguen las repúblicas atadas a los imperialismos vigentes es otra página. Página sin embargo, que no puede borrar lo hecho y escrito por Bolívar –y que entrado el siglo XXI renace, con defectos, errores y contradicciones, pero buscando los pueblos desde lo que son, desde lo que han hecho con ellos– la herencia de ese pequeño capitán valiente que "despierta cada 100 años".

El Manifiesto de Cartagena se puede leer aquí.

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