Manuel Cabieses, Punto Final y la llama de la transformación

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La muerte a los 92 años de un periodista excepcional como Manuel Cabieses Donoso  marca el cierre de una de las trayectorias más extensas y coherentes del periodismo político chileno: fundador y director histórico de la revista Punto Final, fue durante más de medio siglo una voz persistente de la izquierda crítica, incómoda frente al poder y refractaria a las transacciones editoriales, y un amigo leal y excelente consejero para quienes tuvimos la oportunidad y suerte de conocerlo y compartir ideas, vinos y sueños.

Testigo y protagonista de momentos dramáticos y definitorios del Chile contemporáneo, Cabieses ejerció un periodismo de convicciones claras, directo, siempre incómodo para el poder. Sostenía que la prensa debía interpretar y a tomar posición frente a las injusticias. Su estilo, directo y sin eufemismos, le granjeó tanto admiradores como críticos, pero nunca dejó dudas sobre su honestidad intelectual. Sostenía que el periodismo era inseparable de la ética y la responsabilidad histórica.

Su muerte no es solo la pérdida de un hombre, sino también la despedida de una forma de entender el periodismo: aquella que asume riesgos, que incomoda, que no negocia principios y que entiende la palabra como herramienta de transformación.

En tiempos de polarización y superficialidad mediática, recordarlo es reivindicar la profundidad del análisis, la coherencia personal y la convicción de que la prensa, cuando es libre y comprometida, puede convertirse en un actor fundamental de la historia.

Nacido en 1933, su oficio se forjó en una época donde la prensa escrita era un campo de disputa ideológica abierta. En 1965 dio vida a Punto Final, publicación que se transformaría en tribuna de análisis político, denuncia y reflexión estratégica para amplios sectores del progresismo chileno y latinoamericano. Desde sus páginas se debatieron procesos revolucionarios, conflictos sociales y las tensiones propias de la guerra fría en la región.

Durante el gobierno de Salvador Allende, la revista acompañó críticamente el proceso de la Unidad Popular, defendiendo sus transformaciones estructurales, pero también registrando las presiones internas y externas que lo asediaban. El mismo día del Golpe de 1973, el general Augusto Pinochet hizo mención a la publicación a través de una comunicación radial: “De parte de comandante en jefe, además de las medidas que existen sobre radio y televisión, ehhh, no se aceptan, repito, nin… publicación de prensa de ninguna especie. Y aquella que llegara a salir, además de ser requisada, motivará la destrucción de las instalaciones en las que fue editada. Cambio… ehhh, justamente el personal que trabaja allá en Punto Final… Todo el mundo ahí debe ser detenido. Cambio”.

Los 60 años que se cumplieron de la aparición de Punto Final –silenciado por el poder del dinero en su edición impresa– constituyeron el año pasado  una reafirmación de la idea de muchos de que algo falta, que la lucha está incompleta, Chile permanece desinformado y los mejores valores de la democracia han sido dejados de lado. Punto Final, publicación emblemática de la izquierda chilena,  vio la luz el 15 de septiembre de 1965 un año después de la tercera derrota presidencial del líder socialista Salvador Allende y cuando en todo el continente se respiraban los aires renovados de la revolución cubana. Su primer director fue el periodista Mario Díaz, a quien acompañó Manuel Cabieses.

Para Manuel, el golpe contra Allende fue uno de los episodios más tristes de su vida. “Iba caminando y en el barrio alto la gente andaba de parranda, celebrando, con asados en los jardines, champaña, esas cosas. No en todas las casas, pero sí en muchas. O al menos con música marcial, canciones militares a todo forro. Para un tipo como yo, que iba buscando salvar la vida, era muy triste ver que había tanta gente que aplaudía y estaba feliz. Estuve un par de días en la casa de mi cuñado. Pero él tenía niños chicos y su mujer estaba muy nerviosa”.

“Me logré contactar con el MIR y al par de días, apenas se redujo el toque de queda, que al comienzo duraba todo el día, me pasaron a buscar a un lugar cercano, José Carrasco, periodista, mi jefe en la sección del MIR en la que militaba (desaparecido en Buenos Aires en 1976), y Patricio Biedma, un sociólogo argentino de nombre, pero chileno por naturaleza, con esposa e hijos chilenos. Los dos fueron muertos después”, contaba en las largas cenas en su casa de Santiago, junto a su esposa Flora Martínez (fallecida a los 84 años tras larga enfermedad), su hija Paquita, Eduardo Galeano y Rodrigo Vergara.

Tras el golpe pinochetista la publicación fue clausurada y su director conoció la cárcel y el exilio. Fue arrestado el 13 de septiembre de 1973. Permaneció dos años detenido en Chacabuco, en el campo de concentración Melinka de Puchuncaví y en Tres Álamos, hasta que fue expulsado del país gracias a una activa campaña internacional.

Pero el cierre forzado de Punto Final no significó silencio. En el exterior, Cabieses mantuvo redes políticas e intelectuales que permitieron sostener viva la reflexión y la denuncia internacional sobre la dictadura chilena. Con el retorno a la democracia, la publicación reapareció como una de las pocas revistas que mantuvieron una línea editorial inequívocamente situada en posiciones críticas, sin diluir su identidad en los consensos de la transición.

Uno de los hitos de envergadura histórica que protagonizó el equipo de la revista fue el rescate de los diarios del Che Guevara en Bolivia, permitiendo que llegara a manos de Cuba y fuera publicado en el mundo entero, sin que fuera adulterado. Esa gesta fue recogida por Hernán Uribe, uno de los periodistas que se incorporó tempranamente a “Punto Final”, en su libro “Operación Tía Victoria”.

 El golpe

“Muchos creíamos, en ese entonces, que podía venir un golpe de Estado, pero en verdad no sabíamos lo que era un golpe. Inútilmente, los compañeros y compañeras exiliados argentinos, uruguayos, brasileños, nos habían hablado de lo que era, sus propias experiencias, la brutalidad que significaba un golpe de Estado, pero a nosotros nos entraba por un oído y nos salía por el otro. No lo asimilábamos. Fruto de esa ignorancia, estaba trabajando en una edición especial, llamando al pueblo a luchar, a defender a su gobierno constitucional».Hacia dónde va usted, presidente Chávez?», por Manuel Cabieses Donoso

A media mañana, supimos que la imprenta Horizonte, que era de propiedad del Partido Comunista y donde nosotros imprimíamos, estaba ocupada por militares, así que no íbamos a poder editar nada. Como era presidente del Sindicato me convertí en una especie de autoridad dentro del diario en medio de la crisis total. Lo primero que les dije a los funcionarios fue que se fueran a sus casas. Desde la azotea del edificio del diario, que estaba en la calle Tenderini, habíamos visto el bombardeo de La Moneda.

El 11 de septiembre de 1973 la revista alcanzó a estar en algunos quioscos y por unas pocas horas. En su portada, con una bandera chilena de fondo, se leía: “Soldado: la Patria es la clase trabajadora”. Las oficinas de  “Punto Final” en el centro de Santiago fueron asaltadas por la soldadesca, que quemaron su valioso archivo.

El mismo día del golpe de Estado, Augusto Pinochet hizo mención a la publicación a través de una comunicación radial: “De parte de comandante en jefe, además de las medidas que existen sobre radio y televisión, ehhh, no se aceptan, repito, nin… publicación de prensa de ninguna especie. Y aquella que llegara a salir, además de ser requisada, motivará la destrucción de las instalaciones en las que fue editada. Cambio… ehhh, justamente el personal que trabaja allá en Punto Final… Todo el mundo ahí debe ser detenido. Cambio”.

Colaboradores de Punto Final

La publicación fue clausurada y su director conoció la cárcel y el exilio. Fue arrestado el 13 de septiembre. Permaneció dos años detenido en Chacabuco, en el campo de concentración Melinka de Puchuncaví y en Tres Álamos, hasta que fue expulsado del país. En tanto, parte importante de sus colaboradores en “Punto Final” fueron arrestados, asesinados o hechos desaparecer.

Cabieses partió al destierro, pero pronto tomó la decisión de reingresar clandestinamente al país, para colaborar con la resistencia a la dictadura en el interior de Chile. Se incorporó al Secretariado Nacional del MIR, mientras esta organización era sometida a una intensa persecución.

A fines de 1989, cuando agonizaba la dictadura, logró sacar nuevamente a la calle “Punto Final”, cuya reaparición en los quioscos fue recibida con gran entusiasmo por el pueblo de izquierda, incluyendo las nuevas generaciones que habían conocido de la existencia de la mítica publicación.

Un largo adiós

Un Teatro Camilo Henríquez repleto homenajeó el año pasado la trayectoria profesional y el aporte al periodismo de la revista Punto Final y de su histórico director, Manuel Cabieses. Periodistas, columnistas, articulistas, amigos, compañeros, delegaciones de Cuba, Venezuela y Bolivia, directores de medios alternativos.

El centro estuvo fijado en una larga entrevista a Manuel Cabieses que fue fragmentada en cuatro videos. En el registro el periodista narró sus inicios en el periodismo y el nacimiento de Punto Final. Conversó sobre su familia, recordó a su fallecida esposa Flora Martínez, su exilio en Venezuela y Cuba. Su periplo como preso político que empezó en una Comisaría de Carabineros, siguió en el Ministerio de Defensa Nacional, el Estadio Chile, el Estadio Nacional, el Campamento de Prisioneros de Chacabuco, el Campamento de Prisioneros Puchuncaví o de Melinka, como lo llama la Armada Nacional hasta llegar al Campamento de Prisioneros de Tres Álamos.

En la entrevista hubo un repaso de los grandes lazos latinoamericanos que mantuvo Cabieses, como Fidel Castro, Gabriel García Márquez, Eduardo Galeano, Evo Morales y Hugo Chávez.

En agosto de 2021 cumplió con su deseo de enviar al ciberespacio la colección completa de Punto Final. “Fuimos una revista quincenal de papel y tinta que entre 1965 y 2018 libró enconada batalla contra la dictadura del pensamiento único. “La historia de PF se hermana con las luchas antimperialistas y por el socialismo de los pueblos de América Latina y, en particular, del pueblo chileno.

Sus páginas, producto del talento y solidaridad de decenas de colaboradores, constituyen un registro -a veces apasionado y polémico- de un periodo histórico de nuestro continente, plagado de combates populares, “Esas luchas con errores, victorias y derrotas, forjaron la etapa de cambios sociales que comienza a vivir América Latina”, señaló entonces, satisfecho por la tarea cumplida, junto a su hija Paquita, a la cabeza de quienes construyeron la versión cibernética de una rebeldía que se negaba a morir.

 

* Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la). Autor de Vernos con nuestros propios ojos, El asesinato de la verdad, y El asesinato de la democracia, El progresismo en su laberinto, entre otros textos

 

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