Nov 27 2004
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Cultura

Microsoft quiere igualdad en el mercado

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Si el mat√≥n del patio de recreo se ve forzado a pedir la ayuda de los profesores es que su reinado termin√≥. Microsoft, que ha controlado con mano de hierro durante mas de 15 a√Īos el mercado del ¬ęsoftware¬Ľ para ordenadores personales, pide ahora justicia. La empresa, reiteradamente condenada por abusar de su poder en el mercado, se ve reducida a solicitar la ayuda de las administraciones p√ļblicas.

Antes aplastaba a la competencia. Ahora necesita la protecci√≥n del √°rbitro. Porque la amenaza crece. La empresa m√°s rica del mundo parece tomarse muy en serio el crecimiento del ¬ęsoftware¬Ľ libre… y le tiene pavor; la fuerza bruta no basta para detenerlo. La industria de la cultura har√≠a bien en tomar nota: si ni siquiera Gates puede con la Red…

Bill Gates es el arma definitiva, la bomba at√≥mica de Microsoft; s√≥lo se emplea en casos de absoluta necesidad. El hombre-m√°s-rico-del-planeta, creador de imperios desde la nada, es no sin esfuerzo una estrella, con mayor tir√≥n medi√°tico que m√°s de una luminaria del rock, y mayor poder de atracci√≥n que el primer ministro de un pa√≠s peque√Īo. Su fugaz visita a Espa√Īa la pasada semana fue uno de esos casos de absoluta necesidad. Microsoft tir√≥ de Gates porque su negocio corre peligro. Ya no controlan completamente el mercado del software para ordenadores personales. La visita de Gates lo demuestra.

No, eso no significa que Microsoft vaya a desaparecer, o que no pueda recuperarse. Por supuesto que la empresa tiene la mayor√≠a del mercado, y por supuesto que seguir√° siendo uno de sus principales componentes en el futuro previsible incluso aunque no recupere su dominio. Pero ya no lo controla; los otros ni√Īos se les suben a las barbas. Ya no son ellos los que deciden qu√©, c√≥mo, cu√°ndo y a qu√© precio. Ya no ordenan: ahora reaccionan.

Su m√°s inminente amenaza es la progresiva implementaci√≥n de proyectos de software libre en las administraciones p√ļblicas de decenas de pa√≠ses. La misi√≥n de Bill Gates era proporcionar fotograf√≠as al ministro de Industria, Jos√© Montilla, y a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre; regalarles capital pol√≠tico y unos titulares de prensa a cambio de simpat√≠a por los productos Microsoft en los concursos p√ļblicos.

Y es que ganar concursos es muy complicado cuando tu producto cuesta una pasta y la competencia es gratis. Por muchos descuentos que uno ofrezca, la batalla es cuesta arriba. Por eso ahora Microsoft pide ‘justicia’ en las adjudicaciones. Ya no es como antes, cuando las ganaba por incomparecencia de adversario…

Buena parte del atractivo del software libre en las administraciones no es tanto el precio de las licencias como la apertura del c√≥digo. Los programas o sistemas operativos ¬ęOpen Source¬Ľ (c√≥digo abierto) son transparentes: uno sabe lo que hay dentro, y que es lo que hace o deja de hacer. Cualquier persona capacitada puede comprobar el funcionamiento, que se ajusta a est√°ndares publicados; todo lo cual asegura que nadie es discriminado y que nada se oculta. Una gran ventaja para un servicio p√ļblico.

No sucede esto en los productos comerciales clásicos en los que no se compra el software, sino una licencia; es decir, el permiso para usar el programa (en determinadas condiciones), quedando el código oculto, impenetrable, inaccesible. De este modo sólo quien el fabricante desee puede enlazar realmente con el software cerrado, y nadie sabe cómo funciona realmente por dentro. Si encima las licencias en cuestión son carísimas cuando se compran por decenas de miles y los requerimientos en máquinas y personal no son sustancialmente más reducidos, ganar concursos es complicado.

Por eso Linux est√° haciendo estragos en las grandes cuentas de Microsoft, al ser implementado en administraciones p√ļblicas e incluso grandes empresas (bancos, por ejemplo). Y donde va Linux van las ‘suites’ de oficina libres (OpenOffice), los navegadores (Mozilla o Firefox), los programas de correo (Thunderbird), los procesadores de im√°genes (Gimp)…

Microsoft sigue teniendo el 90% del mercado y una pasta ahorrada. Pero nadie les ha acusado jam√°s de est√ļpidos: est√°n donde est√°n porque siempre han sabido identificar las amenazas y neutralizarlas, a veces por las buenas, a veces por las menos buenas, pero siempre de forma efectiva. Saben muy bien que su negocio depende no tanto de la calidad de su software, sino de su estricto control del mercado, y por eso detalles m√°s o menos insignificantes a escala global (como Linex, o Guadalinex, distribuciones de Linux respaldadas por gobiernos locales) se convierten en importantes. Incluso claves.

Si la administraci√≥n p√ļblica espa√Īola se pasa en bloque a Linux, y tambi√©n lo hacen otros pa√≠ses europeos, muchos ciudadanos y empresas seguir√°n su ejemplo. Ahora multipl√≠quese el efecto por mil si todo esto sucede en Asia, en Latinoam√©rica, en el resto del mundo. Ser√≠a la hecatombe. ¬ŅTienen, o no tienen raz√≥n de estar preocupados?

De ah√≠ el uso de Bill ‘la bomba’ Gates: para cortejar a los pol√≠ticos espa√Īoles, para asegurarse de que haya justicia’ en los concursos, para ganar por v√≠a del muy leg√≠timo ‘lobby’ lo que antes ganaban por falta de adversarios y ahora corren el riesgo de perder en el mercado. Quienes anta√Īo dictaban, ahora piden. Quienes mandaban, negocian. Todo ha cambiado en el patio del colegio. Hay una pandilla nueva, y los matones no son ya bien recibidos.

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* Publicado con el título Cuando Goliath pide sopitas en:
http://navegante2.elmundo.es/navegante/2004/11/23/weblog/1101175430.html.

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