Abr 27 2006
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Naciones Unidas – GRANDEZA Y MISERIA DE LOS SECRETARIOS GENERALES

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El per√≠odo llamado de entre guerras 1919-1939, ense√Ī√≥ que el Tratado de Versalles, negociado por Woodrow Wilson, fue un error, entre otras cosas por su naturaleza t√≠picamente imperialista. Lloyd George premier ministro de Inglaterra y Georges Clemenceau, de Francia, asumiendo el papel de ‚Äôvencedores‚Äô, cosa que no fueron, despedazaron territorialmente y saquearon a Alemania, acus√°ndola de ser responsable de la guerra.

La rapi√Īa, la venganza contra Alemania y las pugnas entre lobos de la misma camada, fueron el escenario de los esfuerzos de Wilson para negociar el Tratado de Versalles, un macuto de m√°s 400 paginas que, entre otras, estipulaba la creaci√≥n de la Sociedad de Naciones, instrumento que no funcion√≥ porque los que ganaron la guerra perdieron la paz al creer que, imponiendo el desarme unilateral de Alemania y quebrant√°ndola econ√≥micamente, pod√≠a garantizarse la paz.

Aquellos polvos trajeron otros lodos. El pueblo alemán fue manipulado haciéndoles creer que su derrota no se produjo en los frentes, sino que fue resultado de una conspiración de liberales, judíos y socialistas.

La ruina y las penurias alimentaron el revanchismo y abrieron el camino a la demagogia, al fascismo, a Hitler y a la guerra.

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Por su naturaleza brutal y esencialmente primitiva, su inconsistencia ideológica, por la violencia y la criminalidad que auspició, el fascismo obró el milagro de facilitar la plataforma unitaria sobre la cual: Roosevelt, Churchill y Stalin, crearon el consenso para formar la coalición anti fascista, ganar la guerra y formar la ONU.

Al dise√Īar la arquitectura de la ONU, se trat√≥ de evitar los defectos que dieron al traste con la Sociedad de Naciones y, mediante la creaci√≥n del Consejo de Seguridad, con capacidad militar para hacer cumplir sus resoluciones relacionadas con el mantenimiento de la paz, se alberg√≥ el sue√Īo de que la guerra estaba conjurada.

Circunstancias adversas, la principal de ellas, la muerte de Roosevelt antes del fin de la guerra, el inicio de la Guerra Fría y la confrontación Este-Oeste, impidieron que se legislaran los pormenores relacionados con la formación de las fuerzas militares de la ONU.

Sin esos esclarecimientos se lleg√≥ a 1950 cuando ante el conflicto coreano, sin la presencia de la Uni√≥n Sovi√©tica que se ausent√≥ voluntariamente, ni de la Republica Popular China cuyo esca√Īo era usurpado por Taiw√°n, Estados Unidos, por primera vez impuso su punto de vista en materia militar al Consejo de Seguridad, formando un contingente de tropas norteamericanas que oper√≥ bajo la bandera de la ONU.

El precedente fue funesto y la receta se ha repetido muchas veces más. Los conflictos se sucedieron y ante la falta de precisiones, cada secretario general improvisó.

As√≠ hizo Dag Hammarskj√∂ld (arriba der.) segunda personalidad en ocupar el cargo de Secretario General de la ONU, al formar las fuerzas de mantenimiento de la paz para lidiar con los primeros conflictos √°rabe-israel√≠, con la Crisis del Canal de Suez y con la situaci√≥n creada en √Āfrica en torno a la independencia del ex Congo Belga.

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Con ligeros cambios, las indefiniciones persisten. A falta de precisiones, en situaciones de crisis, casi siempre Estados Unidos toma la iniciativa, auspicia la adopción de la resolución correspondiente, promueve el envío de contingentes de tropas, las organiza, fija sus misiones y las orienta sobre el terreno. Unos más que otros, los secretarios generales, lo dejan hacer.

Excepto U Thant (arriba der.) que lidi√≥ brillantemente con la Crisis de los Misiles en 1962, y estuvo a la altura de su investidura, ninguno ha afrontado crisis tan graves como las que se han vivido en los √ļltimos a√Īos en los que Kofi Annan ha sido tan discreto, que muchos opinan que pudo haberse quedado en casa.

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* Profesor universitario, investigador y periodista cubano.
Artículo distribuido por Altercom,
Agencia de Prensa de Ecuador. Comunicación para la Libertad.

www.altercom.org

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