Oct 18 2022
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AmbientePolítica

Naomi Klein – El lavado verde de un estado policial: la mascarada de la Cop27 en Egipto

El Egipto del presidente  Abdel Fatah al-Sisi está haciendo un gran espectáculo de ecoblanqueo con paneles solares y pajitas biodegradables antes de la cumbre climática del próximo mes, pero en realidad el régimen encarcela a los activistas y prohíbe la investigación. El movimiento climático no debería seguirle el juego.

No se sabe lo que pas√≥ con la carta clim√°tica perdida. Todo lo que se sabe es esto: Alaa Abd El-Fattah , uno de los presos pol√≠ticos de m√°s alto perfil de Egipto, lo escribi√≥ durante una huelga de hambre en su celda de la prisi√≥n de El Cairo el mes pasado. Se trataba, explic√≥ m√°s tarde, ‚Äúsobre el calentamiento global por las noticias de Pakist√°n‚ÄĚ. Le preocupaban las inundaciones que desplazaron a 33 millones de personas y lo que ese cataclismo predijo sobre las dificultades clim√°ticas y las m√≠seras respuestas estatales por venir.

Un tecn√≥logo e intelectual visionario, el nombre de pila de Abd El-Fattah, junto con el hashtag #FreeAlaa, se han convertido en sin√≥nimo de la revoluci√≥n a favor de la democracia de 2011 que convirti√≥ la plaza Tahrir de El Cairo en un mar de j√≥venes que puso fin al gobierno de tres d√©cadas. El dictador egipcio Hosni Mubarak. Tras las rejas casi continuamente durante la √ļltima d√©cada, Abd El-Fattah puede enviar y recibir cartas una vez por semana. A principios de este a√Īo, se public√≥ una colecci√≥n de sus escritos en prisi√≥n como el libro ampliamente celebrado A√ļn no has sido derrotado .

La familia y los amigos de Abd El-Fattah viven para esas cartas semanales. Sobre todo desde el 2 de abril, cuando inici√≥ una huelga de hambre, ingiriendo solo agua y sal al principio, y luego solo 100 calor√≠as al d√≠a (el cuerpo necesita cerca de 2.000). La huelga de Abd El-Fattah es una protesta contra su encarcelamiento por el delito de ‚Äúdifundir noticias falsas‚ÄĚ, aparentemente porque comparti√≥ una publicaci√≥n en Facebook sobre la tortura de otro preso. Todo el mundo sabe, sin embargo, que su encarcelamiento pretende enviar un mensaje a los futuros j√≥venes revolucionarios que tienen sue√Īos democr√°ticos en la cabeza. Con su huelga, Abd El-Fattah intenta presionar a sus carceleros para que otorguen importantes concesiones, incluido el acceso al consulado brit√°nico (la madre de Abd El-Fattah naci√≥ en Inglaterra, por lo que pudo obtener la ciudadan√≠a brit√°nica). Sus carceleros hasta ahora se han negado, y as√≠ contin√ļa. ‚ÄúSe ha convertido en un esqueleto con una mente l√ļcida‚ÄĚ, dijo recientemente su hermana Mona Seif.

Cuanto m√°s dura la huelga de hambre, m√°s preciosas se vuelven esas cartas semanales. Para su familia, son nada menos que una prueba de vida. Sin embargo, en la semana en que escribi√≥ sobre el cambio clim√°tico, la carta nunca lleg√≥ a la madre de Abd El-Fattah, Laila Soueif, defensora de los derechos humanos e intelectual por derecho propio. Tal vez, especul√≥ en correspondencia posterior con ella, su carcelero hab√≠a ‚Äúderramado su caf√© sobre la carta‚ÄĚ. Lo m√°s probable es que se considerara que se refer√≠a a la ¬ęalta pol√≠tica¬Ľ prohibida, aunque Abd El-Fattah dice que tuvo cuidado de no mencionar siquiera al gobierno egipcio, o incluso ¬ęla pr√≥xima conferencia¬Ľ.

Eso √ļltimo es importante. Es una referencia al hecho de que el pr√≥ximo mes, a partir del 6 de noviembre, el centro tur√≠stico de Sharm el-Sheikh en Egipto ser√° el anfitri√≥n de la cumbre clim√°tica de las Naciones Unidas de este a√Īo, Cop27. Decenas de miles de delegados (l√≠deres mundiales, ministros, enviados, bur√≥cratas designados, as√≠ como activistas clim√°ticos, observadores de ONG y periodistas) descender√°n a la ciudad, con el pecho adornado con cordones e insignias codificadas por colores.

Es por eso que esa carta perdida es significativa. Hay algo insoportablemente conmovedor en la idea de Abd El-Fattah, a pesar de la década de humillaciones que él y su familia han sufrido, sentado en su celda pensando en nuestro mundo cada vez más cálido. Ahí está, muriendo de hambre lentamente, pero todavía preocupado por las inundaciones en Pakistán y el extremismo en India y la caída de la moneda en el Reino Unido y la candidatura presidencial de Lula en Brasil, todos los cuales se mencionan en sus cartas recientes, compartidas conmigo por su familia.

Tambi√©n hay, francamente, algo vergonzoso al respecto. Porque mientras Abd El-Fattah piensa en el mundo, no est√° del todo claro que el mundo que se dirige a Egipto para la cumbre clim√°tica est√© pensando mucho en √©l. O sobre los otros 60.000 presos pol√≠ticos que se calcula est√°n tras las rejas en Egipto, donde, seg√ļn se informa, tienen lugar formas b√°rbaras de tortura en una ‚Äú l√≠nea de montaje ‚ÄĚ. O sobre los activistas ambientales y de derechos humanos egipcios, as√≠ como los periodistas y acad√©micos cr√≠ticos, que han sido hostigados, espiados y prohibidos de viajar como parte de lo que Human Rights Watch llama la ‚Äúatm√≥sfera general de miedo‚ÄĚ y la ‚Äú represi√≥n implacable contra la poblaci√≥n civil ‚ÄĚ de Egipto.

Alaa Abd El-Fattah en El Cairo.

El r√©gimen egipcio est√° ansioso por celebrar a sus ¬ęl√≠deres juveniles¬Ľ oficiales del clima , present√°ndolos como s√≠mbolos de esperanza en la batalla contra el calentamiento global. Pero es dif√≠cil no pensar en los valientes l√≠deres juveniles de la primavera √°rabe , muchos de ellos ahora prematuramente envejecidos por m√°s de una d√©cada de violencia estatal y acoso por parte de sistemas que est√°n generosamente financiados por la ayuda militar de las potencias occidentales, particularmente los EU. Es casi como si esos activistas acabaran de ser sustituidos por modelos m√°s nuevos y menos problem√°ticos.

‚ÄúSoy el fantasma de la primavera pasada‚ÄĚ, escribi√≥ Abd El-Fattah sobre s√≠ mismo en 2019. Ese fantasma acechar√° en la pr√≥xima cumbre, provocando escalofr√≠os en cada una de sus altruistas palabras. La pregunta silenciosa que plantea es cruda: si la solidaridad internacional es demasiado d√©bil para salvar a Abd El-Fattah, el s√≠mbolo de los sue√Īos de una generaci√≥n, ¬Ņqu√© esperanza tenemos de salvar una casa habitable?

Mohammed Rafi Arefin, profesor asistente de geograf√≠a en la Universidad de British Columbia, quien ha investigado la pol√≠tica ambiental urbana en Egipto, se√Īala que ‚Äúcada cumbre clim√°tica de las Naciones Unidas presenta un c√°lculo complejo de costos y beneficios‚ÄĚ. Est√° el carbono arrojado a la atm√≥sfera cuando los delegados viajan all√≠, el precio de dos semanas en hoteles (elevado para las organizaciones de base) y la bonanza de relaciones p√ļblicas que disfruta el gobierno anfitri√≥n, que invariablemente se posiciona como un eco-campe√≥n, no importan las prueba en contrario.

Sin embargo, tambi√©n hay beneficios: el hecho de que, durante esas dos semanas, la crisis clim√°tica sea noticia mundial, a menudo brindando plataformas de medios para voces poderosas en la l√≠nea del frente, desde la Amazonia brasile√Īa hasta Tuvalu. Y est√° el trabajo en red y la solidaridad internacional que tiene lugar cuando los organizadores locales en el pa√≠s anfitri√≥n organizan contra-cumbres y ‚Äúgiras t√≥xicas‚ÄĚ para revelar la realidad detr√°s de la postura verde de su gobierno. Y, por supuesto, est√°n los tratos que se negocian y los fondos que se prometen a los m√°s pobres y m√°s afectados. Pero estos no son vinculantes, y como dijo Greta Thunberg de manera tan memorable, gran parte se ha reducido a poco m√°s que ¬ęBla, bla, bla¬Ľ.

Con la pr√≥xima cumbre clim√°tica en Egipto, Arefin me dice: ‚ÄúEl c√°lculo habitual ha cambiado. La balanza se ha inclinado‚ÄĚ. Adem√°s del carbono y el costo, el gobierno anfitri√≥n, que tendr√° la oportunidad de acicalarse verde ante el mundo, no es su democracia liberal est√°ndar de doble discurso. ‚ÄúEs‚ÄĚ, dice, ‚Äúel r√©gimen m√°s represivo en la historia del estado egipcio moderno‚ÄĚ. Dirigido por el general Abdel Fatah al-Sisi, quien tom√≥ el poder en un golpe militar en 2013 (y lo ha mantenido a trav√©s de elecciones falsas desde entonces), el r√©gimen es, seg√ļn las organizaciones de derechos humanos, uno de los m√°s brutales y represivos en el mundo. Desde que asumi√≥ el poder hace menos de una d√©cada, ha construido m√°s de dos docenas de prisiones nuevas.

Por supuesto, nunca lo sabr√≠as por la forma en que Egipto se promociona antes de la cumbre. Un video promocional en el sitio web oficial de Cop27 da la bienvenida a los delegados a la ¬ęciudad verde¬Ľ de Sharm el-Sheik y muestra a j√≥venes actores, incluidos hombres con barbas desali√Īadas y collares claramente destinados a parecerse a activistas ambientales, disfrutando de pajitas no pl√°sticas y recipientes de alimentos biodegradables mientras se toman selfies en la playa, disfrutan de duchas al aire libre y conducen veh√≠culos el√©ctricos al desierto para montar camellos.

Mientras miraba el video, me di cuenta de que Sisi ha decidido utilizar la cumbre para montar un nuevo tipo de reality show, uno en el que los actores ‚Äúinterpretan‚ÄĚ a activistas que se parecen mucho a los activistas reales que sufren bajo tortura en su r√°pida archipi√©lago de prisiones en expansi√≥n. Esta cumbre va mucho m√°s all√° del lavado verde de un estado contaminador: es el lavado verde de un estado policial.

Una manifestación contra el gobierno de Egipto en El Cairo en 2015.

Manifestación contra el gobierno de Egipto en El Cairo en 2015

Las comunidades y organizaciones egipcias m√°s afectadas por la contaminaci√≥n ambiental y el aumento de las temperaturas no se encontrar√°n en Sharm el-Sheikh. No habr√° giras t√≥xicas ni animadas contracumbres en las que los lugare√Īos eduquen a los delegados internacionales sobre la verdad detr√°s de las relaciones p√ļblicas de su gobierno. Organizar eventos como este llevar√≠a a los egipcios a la c√°rcel por difundir ¬ęnoticias falsas¬Ľ o por violar la prohibici√≥n de protestas .

Los delegados internacionales ni siquiera pueden leer mucho sobre la contaminaci√≥n actual y el despojo ambiental en Egipto en informes acad√©micos o de ONG debido a una ley draconiana de 2019 que requiere que los investigadores obtengan permiso del gobierno antes de publicar informaci√≥n considerada ¬ępol√≠tica¬Ľ. (Todo el pa√≠s est√° amordazado y cientos de sitios web est√°n bloqueados, incluido el indispensable y siempre acosado Mada Masr).

Human Rights Watch informa que los grupos se han visto obligados a frenar y reducir su investigaci√≥n bajo estas nuevas limitaciones, y ‚Äúun destacado grupo ecologista egipcio disolvi√≥ su unidad de investigaci√≥n porque se volvi√≥ imposible trabajar en el campo‚ÄĚ. De manera reveladora, ni uno solo de los ambientalistas que habl√≥ con Human Rights Watch sobre la censura y la represi√≥n estaba dispuesto a usar su nombre real porque las represalias son muy severas.

Arefin, quien realiz√≥ una extensa investigaci√≥n sobre los desechos y las inundaciones en las ciudades egipcias antes de esta √ļltima ronda de leyes de censura, me dijo que √©l y otros acad√©micos y periodistas cr√≠ticos ‚Äúya no pueden hacer ese trabajo. Los da√Īos ambientales de Egipto ahora ocurren en la oscuridad‚ÄĚ. Y aquellos que rompen las reglas e intentan encender las luces terminan en celdas oscuras, o algo peor.

La hermana de Abd El-Fattah, Mona Seif, quien ha pasado a√Īos presionando por la liberaci√≥n de su hermano y por la liberaci√≥n de otros presos pol√≠ticos, escribi√≥ recientemente en Twitter: ‚ÄúLa realidad que la mayor√≠a de los que participan en #Cop27 eligen ignorar es‚Ķ en pa√≠ses como #Egipto, tus verdaderos aliados, a los que realmente les importa un carajo el futuro del planeta son los que languidecen en las c√°rceles‚ÄĚ.

Entonces, a diferencia de cualquier otra cumbre clim√°tica en la memoria reciente, esta no tendr√° socios locales aut√©nticos. Habr√° algunos egipcios en la cumbre que afirmar√°n representar a la ¬ęsociedad civil¬Ľ. Y algunos de ellos lo hacen. El problema es que, por bien intencionados que sean, tambi√©n son actores secundarios en el reality show costero de Sisi; en una desviaci√≥n de las reglas habituales de la ONU, casi todos han sido examinados y aprobados por el gobierno. Ese mismo informe de Human Rights Watch, publicado el mes pasado, explica que estos grupos han sido invitados a hablar solo sobre temas de ‚Äúbienvenida‚ÄĚ.

¬ŅQu√©, para el r√©gimen, es bienvenido? ‚ÄúRecolecci√≥n de basura, reciclaje, energ√≠as renovables, seguridad alimentaria y finanzas clim√°ticas‚ÄĚ. ¬ŅQu√© temas no son bienvenidos? ‚ÄúAquellos que se√Īalan el fracaso del gobierno para proteger los derechos de las personas contra los da√Īos causados ‚Äč‚Äčpor los intereses corporativos, incluidos los problemas relacionados con la seguridad del agua, la contaminaci√≥n industrial y el da√Īo ambiental de los bienes ra√≠ces, el desarrollo tur√≠stico y la agroindustria‚ÄĚ, seg√ļn el informe.

Tampoco son bienvenidos: ‚ÄúLos impactos ambientales de la vasta y opaca actividad empresarial militar de Egipto‚Ķ son particularmente sensibles, al igual que los proyectos de infraestructura ‘nacional’ como una nueva capital administrativa, muchos de los cuales est√°n asociados con la oficina del presidente o el ej√©rcito‚ÄĚ. Y definitivamente no hables de Coca-Cola la contaminaci√≥n pl√°stica y el uso del agua, porque Coca-Cola es uno de los orgullosos patrocinadores oficiales de la cumbre.

En resumen, si desea colocar paneles solares o recoger basura, probablemente pueda obtener una insignia para venir a Sharm el-Sheikh. Pero si desea hablar sobre los impactos en la salud y el clima de las plantas de cemento a base de carb√≥n de Egipto, o sobre la pavimentaci√≥n de algunos de los √ļltimos espacios verdes en El Cairo, es m√°s probable que reciba una visita de la polic√≠a secreta, o del Ministerio de Solidaridad Social. Y si, como egipcio, cuestiona la credibilidad de Sisi para hablar en nombre de las poblaciones pobres y vulnerables al clima de √Āfrica, dada la profundizaci√≥n del hambre y la desesperaci√≥n de su propio pueblo, es mejor que lo haga desde fuera del pa√≠s.

Hasta ahora, organizar la cumbre ha resultado ser nada menos que una bonanza para Sisi, un hombre al que Donald Trump supuestamente se refiri√≥ como mi ‚Äúdictador favorito‚ÄĚ. Est√° la bendici√≥n para el turismo costero, que se derrumb√≥ en los √ļltimos a√Īos, y el r√©gimen claramente espera que sus videos de duchas al aire libre y paseos en camello inspiren m√°s. Pero eso es solo el comienzo de la fiebre del oro verde. A fines del mes pasado, British International Investment (BII), respaldada por el gobierno del Reino Unido, anunci√≥ vertiginosamente que estaba ‚Äúinvirtiendo $ 100 millones para apoyar nuevas empresas locales‚ÄĚ en Egipto.

Tambi√©n es el propietario mayoritario de Globeleq, que antes de la Cop27 anunci√≥ un acuerdo de $ 11 mil millones para aumentar la producci√≥n de hidr√≥geno verde en Egipto. Al mismo tiempo, BII destac√≥ su ‚Äúcompromiso de fortalecer su asociaci√≥n con Egipto y aumentar la financiaci√≥n clim√°tica para apoyar el crecimiento verde del pa√≠s‚ÄĚ.

Este es el mismo gobierno que parece haber hecho muy poco para asegurar la liberaci√≥n de Abd El-Fattah, a pesar de su ciudadan√≠a brit√°nica y su huelga de hambre. Desafortunadamente para √©l, el destino de Abd El-Fattah estuvo durante meses en manos de Liz Truss quien, antes de convertirse en la espectacularmente inepta e insensible primera ministra de Gran Breta√Īa , fue su espectacularmente insensible e inepto secretario de Relaciones Exteriores. Podr√≠a haber utilizado algunos de esos miles de millones en inversi√≥n y ayuda al desarrollo para aprovechar la liberaci√≥n de un conciudadano. (La semana pasada, Gillian Keegan, ministra para √Āfrica en la Oficina de Relaciones Exteriores, Commonwealth y Desarrollo, inform√≥ que se hab√≠a reunido con el embajador de Egipto en el Reino Unido por primera vez y ‚Äúplante√≥ el caso de Alaa Abd El-Fattah‚ÄĚ).

Los fracasos morales de Alemania son igualmente lamentables. Cuando la col√≠der del Partido Verde, Annalena Baerbock, se convirti√≥ en la primera ministra de Relaciones Exteriores del pa√≠s en diciembre pasado, anunci√≥ una nueva ¬ępol√≠tica exterior basada en valores¬Ľ, una que priorizar√≠a los derechos humanos y las preocupaciones clim√°ticas. Alemania es uno de los principales donantes y socios comerciales de Egipto, por lo que, al igual que el Reino Unido, ciertamente tiene una carta para jugar. Pero en lugar de ejercer presi√≥n sobre los derechos humanos, Baerbock le ha brindado a Sisi oportunidades de propaganda invaluables, incluida la de ser coanfitri√≥n del Di√°logo Clim√°tico de Petersberg con √©l en Berl√≠n en julio, en el que el despiadado dictador pudo renombrarse a s√≠ mismo como un l√≠der verde.

El presidente egipcio Abdel Fatah al-Sisi (centro) asistiendo a una reuni√≥n sobre el clima en Berl√≠n a principios de este a√Īo.

El presidente egipcio Abdel Fatah al-Sisi (centro)

Y dadas las dificultades causadas por la dependencia de Alemania del gas ruso , Egipto se est√° posicionando con entusiasmo para proporcionar gas e hidr√≥geno de reemplazo. Mientras tanto, el gigante alem√°n Siemens Mobility ha anunciado un contrato ¬ęhist√≥rico¬Ľ multimillonario para construir trenes electrificados de alta velocidad en todo Egipto.

Las inyecciones internacionales de dinero verde est√°n llegando justo a tiempo para el r√©gimen problem√°tico de Sisi. Ante un tsunami de crisis mundiales (inflaci√≥n, pandemia, escasez de alimentos, aumento de los precios del combustible, sequ√≠a, deuda) adem√°s de su mala gesti√≥n sist√©mica y corrupci√≥n, Egipto est√° al borde del incumplimiento de pago de su deuda externa, una situaci√≥n vol√°til que bien podr√≠a desestabilizar El gobierno de Sisi. En este contexto, la cumbre clim√°tica no es simplemente una oportunidad de relaciones p√ļblicas, es un salvavidas.

Aunque reacios a renunciar al proceso, la mayor√≠a de los activistas clim√°ticos serios admiten que estas cumbres producen poco en cuanto a la acci√≥n clim√°tica basada en la ciencia. A√Īo tras a√Īo desde que comenzaron, las emisiones siguen aumentando. Entonces, ¬Ņcu√°l es el sentido de apoyar la cumbre de este a√Īo cuando lo √ļnico que est√° destinada a lograr es un mayor afianzamiento y enriquecimiento de un r√©gimen que, seg√ļn cualquier est√°ndar √©tico, merece el estatus de paria?

Como pregunta Arefin: ‚Äú¬ŅEn qu√© momento decimos ‘basta’?‚ÄĚ

Durante meses, los egipcios exiliados en Europa y Estados Unidos han estado suplicando a las ONG que incluyan a los presos políticos de su país en la agenda de negociaciones previas a la cumbre. Pero eso nunca fue una prioridad.

Se les dijo que se trata de ‚ÄúAfrica’s Cop‚ÄĚ (Cop significa Conferencia de las Partes, o signatarios de la Convenci√≥n Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Clim√°tico); y que, a pesar de todos los fracasos anteriores, este Cop, el 27, finalmente se tomar√≠a en serio la ¬ęimplementaci√≥n¬Ľ y las ¬ęp√©rdidas y da√Īos¬Ľ: la ONU habla por la esperanza de que los pa√≠ses ricos y altamente contaminantes finalmente paguen lo que deben a las naciones pobres, como Pakist√°n, que casi no han contribuido a las emisiones de carbono y, sin embargo, soportan la mayor parte de los costos crecientes.

La clara implicaci√≥n ha sido que la cumbre es demasiado seria y demasiado importante para ser desviada por el asunto supuestamente insignificante del historial de derechos humanos del pa√≠s anfitri√≥n. ¬ŅPero la Cop27 realmente va a defender la justicia clim√°tica? ¬ŅVa a traer energ√≠a verde y tr√°nsito limpio y soberan√≠a alimentaria a los pobres? ¬ŅLa cumbre realmente enfrentar√° la deuda clim√°tica y las reparaciones, como muchos afirman?

El caso de las reparaciones clim√°ticas es obvio, escribe el periodista, cineasta y novelista egipcio Omar Robert Hamilton, en un ensayo magistral . ‚ÄúLa pregunta m√°s dif√≠cil es c√≥mo dise√Īar un sistema de reparaciones que no afiance los poderes autoritarios del Estado‚ÄĚ, uno que asegure que los fondos realmente contribuyan a pol√≠ticas genuinamente posteriores al carbono. ‚ÄúEsto deber√≠a estar en el centro de las negociaciones de la Cop entre los pa√≠ses del sur y del norte, [pero] los que negocian por el sur tienden a ser poderes estatales autoritarios cuyos intereses a corto plazo son a√ļn m√°s fr√°giles que los de los ejecutivos petroleros‚ÄĚ.

En resumen, a pesar de que en los c√≠rculos clim√°ticos se habla de que este es la Cop de la ‚Äúimplementaci√≥n‚ÄĚ, la cumbre de Egipto probablemente lograr√° tan poco en cuanto a la acci√≥n clim√°tica real como todas las anteriores. Pero eso no significa que no vaya a lograr nada: cuando se trata de apuntalar un r√©gimen de tortura, ba√Īarlo con dinero en efectivo y fotograf√≠as para limpiar su imagen, la Cop27 ya es un regalo lujoso.

Abd El-Fattah ha sido durante mucho tiempo un s√≠mbolo de la revoluci√≥n violentamente aplastada de Egipto. Pero a medida que se acerca la cumbre, tambi√©n se est√° convirtiendo en un s√≠mbolo de otra cosa: la mentalidad de ‚Äúzona de sacrificio‚ÄĚ en el coraz√≥n de la crisis clim√°tica. Esta es la idea de que algunos lugares y algunas personas pueden pasar desapercibidos y descartados, todo en nombre del progreso. Hemos visto la mentalidad en el trabajo cuando las comunidades son envenenadas para extraer y refinar combustibles f√≥siles y minerales. Lo hemos visto cuando esas comunidades son sacrificadas en nombre de la aprobaci√≥n de una ley clim√°tica que no las protege. Y ahora lo estamos viendo en el contexto de una cumbre clim√°tica internacional, con los derechos de las personas que viven en el pa√≠s anfitri√≥n sacrificados y ocultos en nombre del espejismo del ‚Äúprogreso real‚ÄĚ en las negociaciones.

Si la cumbre del a√Īo pasado en Glasgow fue sobre ‚Äúbla, bla, bla‚ÄĚ, el significado de esta, incluso antes de que comience, es m√°s siniestro. Esta cumbre se trata de sangre, sangre, sangre. La sangre de los aproximadamente 1.000 manifestantes. masacrados por las fuerzas egipcias para asegurar el poder de su actual gobernante. La sangre de los que siguen siendo asesinados. La sangre de los golpeados en las calles y torturados en las c√°rceles. La sangre de gente como Abd El-Fattah.

Todav√≠a puede haber tiempo para cambiar ese gui√≥n y para que la cumbre se convierta en un reflector que ilumine las conexiones entre el autoritarismo creciente y el caos clim√°tico en todo el mundo, como la forma en que l√≠deres de extrema derecha como la italiana Giorgia Meloni aviva el miedo a los refugiados, incluidos aquellos que huyen del colapso clim√°tico, para impulsar su ascenso, y c√≥mo la Uni√≥n Europea colma de dinero a l√≠deres brutales como Sisi para que contin√ļe impidiendo que los africanos lleguen a sus costas. Todav√≠a hay tiempo para argumentar que la justicia clim√°tica es imposible sin libertades pol√≠ticas.

¬ęA diferencia de m√≠, a√ļn no has sido derrotado¬Ľ. Alaa Abd El-Fattah escribi√≥ esas palabras en 2017. Lo hab√≠an invitado a pronunciar un discurso en RightsCon, la charla anual sobre los derechos humanos en la era digital patrocinada por todas las grandes empresas tecnol√≥gicas. La conferencia se estaba llevando a cabo en los EU, pero debido a que Abd El-Fattah estaba tras las rejas en la notoria prisi√≥n de Tora (hab√≠an pasado cuatro a√Īos en ese momento), envi√≥ una carta en su lugar.

Es un acto libre, para usar la libertad en todo su potencial transformador, antes de que sea demasiado tarde. Texto genial, sobre el imperativo de proteger internet como espacio de creatividad, experimentación y libertad. Y también es un desafío para aquellos que no están (todavía) tras las rejas, que tienen la libertad de hacer cosas como viajar a conferencias para hablar sobre justicia, democracia y derechos humanos. En esa libertad reside la responsabilidad. Una responsabilidad no sólo de ser libres.

Contaminación en el río Nilo en El Cairo.

Contaminación en el río Nilo en El Cairo

Mientras decenas de miles de delegados de la Cop27 relativamente libres se preparan para volar a Sharm el-Sheikh, verificando las temperaturas promedio de noviembre (m√°ximas de 28 ¬įC), empacando adecuadamente (camisas livianas, sandalias, traje de ba√Īo, porque nunca se sabe), las palabras de Abd El- Fattah sobre las responsabilidades que conlleva estar invicto adquieren una nueva urgencia. Dada la intensa vigilancia y la amenaza a la que se enfrentar√°n los egipcios que asistan a la cumbre, ¬Ņc√≥mo desplegar√°n su libertad los extranjeros que asistan? ¬Ņ Su estado de no ser a√ļn derrotados?

¬ŅSe comportar√°n como si Egipto fuera simplemente un tel√≥n de fondo, no un pa√≠s real donde personas como ellos han luchado y muerto por las mismas libertades que tienen y contra los mismos intereses econ√≥micos que est√°n desestabilizando nuestro clima planetario y pol√≠tico? ¬ŅO encontrar√°n formas de llevar algunas de las espantosas verdades de las prisiones de Egipto al brillo verde del centro de conferencias? ¬ŅHablar de algunos de los nombres de los prisioneros? ¬ŅBuscar√°n a las pocas organizaciones de la sociedad civil que quedan en El Cairo, como las que se reunieron en copcivicspace.net, y ver√°n c√≥mo pueden ayudar?

Abd El-Fattah ser√≠a el primero en decir que lo que se necesita no es piedad ni caridad. M√°s bien, como un internacionalista comprometido que se ha solidarizado con muchas luchas, desde Chiapas hasta Palestina, hizo un llamado a los camaradas en una batalla que tiene frentes en todas las naciones. ‚ÄúNos acercamos a ustedes‚ÄĚ, escribi√≥ en esa carta de RightsCon desde la prisi√≥n, ‚Äúno en busca de aliados poderosos, sino porque enfrentamos los mismos problemas globales, compartimos valores universales y creemos firmemente en el poder de la solidaridad‚ÄĚ.

Las fuerzas antidemocr√°ticas y fascistas est√°n surgiendo en todo el mundo. En un pa√≠s tras otro, las libertades son precarias o se escapan. Y todo esto est√° conectado. Las mareas pol√≠ticas se mueven en oleadas a trav√©s de las fronteras, para bien y para mal, raz√≥n por la cual la solidaridad internacional nunca se puede sacrificar en nombre de la conveniencia de alg√ļn objetivo mayor de ‚Äúprogreso‚ÄĚ. La revoluci√≥n de Egipto se inspir√≥ en la de T√ļnez y, a su vez, ‚Äúel esp√≠ritu de Tahrir‚ÄĚ se extendi√≥ por todo el mundo.

Ayud√≥ a inspirar a otros movimientos liderados por j√≥venes en Europa y Am√©rica del Norte, incluido Occupy Wall Street, que a su vez contribuy√≥ al nacimiento de nuevas pol√≠ticas anticapitalistas y ecosocialistas. De hecho, se puede trazar una l√≠nea bastante recta desde Tahrir hasta Occupy, hasta la campa√Īa presidencial de Bernie Sanders en EU en 2016, hasta la elecci√≥n de Alexandria Ocasio-Cortez al Congreso y su defensa del Green New Deal.

Aquí los derechos humanos están bajo ataque, también lo está el mundo natural. Después de todo, las comunidades y organizaciones que enfrentan la represión estatal y la violencia más severas en todo el mundo, ya sea que vivan en Filipinas , Canadá , Brasil o los EU, están compuestas en su mayoría por pueblos indígenas que intentan proteger sus territorios de proyectos extractivos contaminantes, muchos de los cuales también están impulsando la crisis climática. Por lo tanto, defender los derechos humanos, dondequiera que vivamos, es inseparable de defender un planeta habitable.

Adem√°s, la medida en que algunos gobiernos finalmente est√°n introduciendo una legislaci√≥n clim√°tica significativa tambi√©n est√° relacionada con las libertades pol√≠ticas. El Senado de los EU y la administraci√≥n de Biden finalmente se vieron obligados a aprobar la Ley de Reducci√≥n de la Inflaci√≥n, por defectuosa que sea. Esto sucedi√≥ como resultado directo de la presi√≥n p√ļblica, el periodismo de investigaci√≥n, la desobediencia civil, las sentadas en las oficinas legislativas, las demandas y todas las dem√°s herramientas disponibles en el arsenal noviolento. Y, en √ļltima instancia, los legisladores se unieron para aprobar la ley porque tem√≠an lo que suceder√≠a cuando se enfrentaran a los votantes en noviembre si llegaban con las manos vac√≠as. Si los pol√≠ticos estadounidenses no tuvieran que temer al p√ļblico, porque el p√ļblico les ten√≠a m√°s miedo a ellos, nada de esto habr√≠a sucedido.

Una cosa es segura: no lograremos el tipo de cambio que exige la crisis clim√°tica sin la libertad de manifestarnos, sentarnos, avergonzar a los l√≠deres pol√≠ticos y decir la verdad en p√ļblico. Si se proh√≠ben las manifestaciones y se criminalizan los hechos inconvenientes como ‚Äúnoticias falsas‚ÄĚ, como ocurre en el Egipto de Sisi, entonces se acab√≥ el juego. Sin las huelgas, las protestas y la investigaci√≥n, estar√≠amos mucho peor de lo que estamos. Y cualquiera de esas actividades ser√≠a suficiente para llevar a un activista o periodista egipcio a una celda oscura junto a la de Abd El-Fattah.

Cuando lleg√≥ la noticia de que la pr√≥xima cumbre clim√°tica de la ONU se llevar√≠a a cabo en Sharm el-Sheikh, los activistas egipcios, dentro del pa√≠s y en el exilio, podr√≠an haber pedido al movimiento clim√°tico que la boicoteara. Eligieron no hacerlo, por una variedad de razones. Pero s√≠ pidieron solidaridad. El Instituto de Estudios de Derechos Humanos de El Cairo, por ejemplo, pidi√≥ a la comunidad internacional a utilizar la cumbre ‚Äúpara arrojar m√°s luz sobre los cr√≠menes que se est√°n cometiendo en Egipto e instar a las autoridades egipcias a cambiar de rumbo‚ÄĚ.

Hab√≠a grandes esperanzas de que los activistas norteamericanos y europeos presionaran a sus gobiernos para que condicionaran su asistencia y participaci√≥n a que Egipto cumpliera con los requisitos b√°sicos de derechos humanos, incluida la amnist√≠a para los presos de conciencia en la c√°rcel por ¬ędelitos¬Ľ como organizar una manifestaci√≥n o publicar una declaraci√≥n poco halagadora sobre el r√©gimen, o recibir una subvenci√≥n extranjera.

Hasta ahora, a menos de un mes del inicio de la cumbre, la respuesta del movimiento clim√°tico global ha sido silenciada. Muchos grupos han agregado sus nombres a las peticiones; han aparecido un pu√Īado de art√≠culos sobre la situaci√≥n de los derechos humanos durante la cumbre; Activistas clim√°ticos en Alemania, muchos de ellos exiliados egipcios, han realizado peque√Īas protestas con carteles que dec√≠an ¬ęNo Cop27 hasta que Alaa sea libre¬Ľ y ¬ęNo al lavado de verde en las prisiones de Egipto¬Ľ. Pero no hemos visto nada como el tipo de presi√≥n internacional que preocupar√≠a a los gobernantes de Egipto.

Alaa Abd el-Fattah en el tribunal superior de El Cairo en 2013.

Alaa Abd el-Fattah en el tribunal superior de El Cairo en 2013

Es dif√≠cil exagerar la naturaleza totalizadora de la guerra de Sisi contra la sociedad civil. Human Rights Watch informa que, ‚ÄúEn 2014‚Ķ Sisi modific√≥, por decreto, el c√≥digo penal para castigar con cadena perpetua o pena de muerte a cualquier persona que solicite, reciba o ayude en la transferencia de fondos, ya sea de fuentes extranjeras u organizaciones locales, con la con el fin de realizar trabajos que perjudiquen un ‘inter√©s nacional’ o la independencia del pa√≠s o que socaven la seguridad o la seguridad p√ļblica‚ÄĚ.

La pena de muerte por recibir una subvención. Y, sin embargo, todas las principales fundaciones estadounidenses y europeas estarán en Sharm el-Sheikh, reuniéndose con grupos que financian y otros que podrían considerar financiar, dentro de un país donde tomar parte de ese dinero para decir la verdad sobre el despojo ambiental en Egipto puede costarle la vida.

Todo esto es un poco desconcertante. ¬ŅPor qu√© invitar a financiadores y grupos ecologistas a Egipto cuando el r√©gimen tiene una hostilidad tan obvia hacia estas mismas actividades a nivel nacional? La verdad, inc√≥moda para todos los asistentes, es que nada servir√≠a m√°s a Sisi que convertir a Sharm el-Sheik en una especie de zool√≥gico de mascotas sin fines de lucro, donde los activistas clim√°ticos internacionales y los financiadores pueden pasar dos semanas gritando sobre la injusticia entre el norte y el sur, ante las c√°maras, con algunos grupos locales aprobados por el estado en aras de la autenticidad. ¬ŅPor qu√©? Porque entonces Egipto se ver√≠a como algo que enf√°ticamente no es: una sociedad libre y democr√°tica. Una buena fuente para su gas natural. O un pa√≠s adecuado para confiar un nuevo pr√©stamo del FMI.

Seg√ļn todos los informes, el gobierno egipcio est√° construyendo fren√©ticamente una burbuja en Sharm el-Sheikh, donde se har√° pasar por algo que se parece a una democracia. La pregunta que enfrentan los grupos de la sociedad civil es: ¬Ņseguir√°n el juego o har√°n lo posible para interrumpir el espect√°culo?

En todos los planes para la cumbre clim√°tica patrocinada por Coca-Cola del pr√≥ximo mes, el detalle m√°s escalofriante es seguramente el anuncio de que esta ser√° la primera reuni√≥n de este tipo en tener un Pabell√≥n de Ni√Īos y J√≥venes dentro de la sede oficial: un espacio dedicado que ‚Äúbrindar√° un lugar de convocatoria de charlas, educaci√≥n, creatividad, informes sobre pol√≠ticas, descanso y relajaci√≥n, que re√ļne las voces de los j√≥venes de todo el mundo‚ÄĚ. Esto permitir√° que los j√≥venes, entiendan esto, ‚Äúdecir la verdad al poder‚ÄĚ.

No tengo ninguna duda de que muchos jóvenes en ese pabellón pronunciarán poderosos discursos, como lo hicieron en Glasgow y en cumbres climáticas antes. Los jóvenes se han convertido en verdaderos líderes climáticos y han inyectado la urgencia y la claridad moral que se necesitan desesperadamente en muchos espacios climáticos oficiales. Esa misma claridad moral es necesaria ahora.

Hace una d√©cada, los j√≥venes egipcios no ten√≠an un pabell√≥n aprobado por el estado. Tuvieron una revoluci√≥n. Inundaron la plaza Tahrir exigiendo un tipo diferente de pa√≠s, uno sin la omnipresente sombra del miedo, uno donde los adolescentes no desaparecieran en las mazmorras policiales y reaparecieran muertos, con el rostro hinchado y ensangrentado. Esa revoluci√≥n derroc√≥ a un dictador que hab√≠a gobernado desde antes de que nacieran. Pero luego sus sue√Īos fueron aplastados por traiciones pol√≠ticas y violencia. En una de sus cartas recientes, Abd El-Fattah escribi√≥ sobre lo doloroso que es compartir su celda con adolescentes que fueron arrestados cuando eran ni√Īos: ‚ÄúEran menores de edad cuando los metieron en prisi√≥n y luchan por salir de la c√°rcel antes de llegar a la mayor√≠a de edad legal‚ÄĚ.

Uno de los adolescentes que ayud√≥ a hacerse cargo de la plaza en 2011 fue la extraordinaria hermana menor de Abd El-Fattah, Sanaa Seif . Con solo 17 a√Īos en ese momento, Sanaa cofund√≥ un peri√≥dico revolucionario, Al Gornal, que public√≥ decenas de miles de copias y se convirti√≥ en una especie de voz de Tahrir. Tambi√©n fue editora y c√°mara en el documental nominado al Oscar de 2013 The Square. Ella misma ha sido encarcelada varias veces por hablar en contra de los abusos contra los derechos humanos y por exigir la liberaci√≥n de su hermano. En una entrevista me dijo que ella tiene un mensaje para los j√≥venes activistas que se dirig√≠an a ese pabell√≥n: ‚ÄúLo intentamos. Dijimos la verdad al poder‚ÄĚ. Ahora, dice, muchos activistas pasan sus 20 a√Īos en prisi√≥n. ‚ÄúCuando vayas, recuerda que puedes ser la voz de otros j√≥venes‚Ķ Por favor, mantengamos esa herencia. Por favor, dile la verdad al poder. Tendr√° impacto… los ojos est√°n puestos en ti‚ÄĚ.

Pero a medida que se acerca la cumbre clim√°tica y contin√ļa la huelga de hambre de Abd El-Fatah, Sanaa est√° perdiendo la paciencia con los grandes grupos verdes que hasta ahora han permanecido en silencio, aparentemente por temor a perder sus insignias o ser detenidos en la frontera. ‚ÄúHonestamente, estoy harta de la hipocres√≠a del movimiento clim√°tico‚ÄĚ, escribi√≥ en Twitter la semana pasada. ‚ÄúLas protestas han estado llegando desde Egipto durante meses advirtiendo que esta #COP27 ir√° mucho m√°s all√° del lavado verde, que las ramificaciones para nosotros ser√°n horribles. Sin embargo, la mayor√≠a opta por ignorar la situaci√≥n de los derechos humanos‚ÄĚ.

Se√Īal√≥ que esta es la raz√≥n por la cual el activismo clim√°tico a menudo se considera un ejercicio de √©lite, desconectado de las personas con preocupaciones diarias urgentes, como sacar a sus familiares de la c√°rcel. ‚ÄúEst√°s garantizando que #ClimateAction sigue siendo una noci√≥n ajena exclusiva de los pocos que tienen el lujo de pensar m√°s all√° de hoy‚ÄĚ, escribi√≥. ‚ÄúMitigar el cambio clim√°tico y luchar por los derechos humanos son luchas interrelacionadas, no deben separarse. Sobre todo porque nos enfrentamos a un r√©gimen respaldado por empresas como BP y Eni. Y realmente, ¬Ņqu√© tan dif√≠cil es plantear ambas cuestiones? #FreeThemAll #FreeAlaa‚ÄĚ.

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El sitio web de noticias que mantiene viva la libertad de prensa en Egipto

No es dif√≠cil, pero requiere coraje. El mensaje que los activistas deben llevar a la cumbre clim√°tica, ya sea que viajen a Egipto o participen desde lejos, es simple: a menos que se defiendan las libertades pol√≠ticas, no habr√° una acci√≥n clim√°tica significativa. Ni en Egipto, ni en ning√ļn otro lugar. Estos temas est√°n entrelazados, al igual que nuestros destinos.

La hora es tarde, pero todav√≠a hay tiempo suficiente para hacerlo bien. Human Rights Watch argumenta que la secretar√≠a de la Convenci√≥n Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Clim√°tico, que establece las reglas para estas cumbres, deber√≠a ‚Äúdesarrollar criterios de derechos humanos que los pa√≠ses que acojan a las futuras Cop deben comprometerse a cumplir como parte del acuerdo de acogida‚ÄĚ.

Es demasiado tarde para esta cumbre, pero no es demasiado tarde para que todos aquellos que est√°n preocupados por la justicia clim√°tica muestren solidaridad con los revolucionarios que inspiraron a millones en todo el mundo hace una d√©cada, cuando derrocaron a un tirano. Incluso podr√≠a haber tiempo para asustar a Sisi lo suficiente con la perspectiva de una pesadilla verde de relaciones p√ļblicas en el Mar Rojo que podr√≠a decidir abrir las puertas de algunas de sus mazmorras antes de que lleguen todas esas c√°maras.

Este artículo apareció por primera vez en Intercept

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