Ollanta Humala en la geopolítica brasileña

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Roberto Pizarro.*

La geopolítica no sólo es determinante en el accionar de las grandes potencias. Lo es también para países intermedios, que anhelan el desarrollo. En ella se conjugan intereses económicos, geográficos, militares y políticos, que trascienden ideologías. El apoyó de Brasil a Ollanta Humala, en las recientes elecciones presidenciales, es revelador de la geopolítica de ese país para consolidar su presencia en Sudamérica y proyectarse hacia el Pacífico.

El Partido de los Trabajadores, con Lula durante ocho años en el gobierno, puso a Brasil en el centro de los asuntos mundiales. En efecto, mantiene una posición activa en el Grupo de los 20, liderando a los BRICS, y su presencia en Naciones Unidas lo tiene a punto de integrar de forma permanente el Consejo de Seguridad. Francia ha insistido reiteradamente en la incorporación de Brasil al G8, contra la cada vez más débil resistencia estadounidense.

La emergencia de Brasil en los asuntos mundiales ha tenido perfil propio y no ha eludido su crítica respecto de las reglas del juego que rigen el orden económico y político internacional; en particular, ha responsabilizado a los países industrializados y a las Instituciones Financieras Internacionales (IFI), por la crisis del 2008-2009. Aún así se le identifica como interlocutor de primera relevancia para los países industrializados y se le reconoce liderazgo en el grupo de países de desarrollo intermedio.

Diseño estratégico

La estrategia global de Brasil ha cubierto con inteligencia el frente Atlántico, sin renunciar a su presencia en África y América Latina. Durante los gobierno de Lula el liderazgo de Brasil en Suramérica se fortaleció. Impulsó el UNASUR y lo convirtió en instancia de coordinación política regional, con notable éxito; las relaciones entre los países del MERCOSUR adquirieron mayor fluidez, facilitadas además por las coincidencia políticas entre Kirchner y Lula; se potenció el IIRSA y establecieron acuerdos energéticos con varios países de Sudamérica; además, gracias a la firmeza brasileña, se renunció a continuar las negociaciones del ALCA, para molestia norteamericana y alivio de la región.

Durante los gobierno de Lula, la presencia de Brasil en el África ha sido muy destacada. Doce visitas que cubrieron 27 países lo confirman, en sus 8 años de mandato. Itamaraty duplicó el número de embajadas en el continente; se cuadruplicó el comercio; Petrobras y Vale, las dos más importantes empresas multinacionales brasileñas, han adquirido una presencia destacada en asuntos petroleros y mineros, mientras empresarios del acero y la agricultura intentan ampliar sus actividades en el continente africano.

Brasil, al igual que China, apunta a garantizar el abastecimiento de recursos naturales en una perspectiva de largo plazo. Desde luego, los lazos históricos y culturales han facilitado la presencia brasileña en África, los que se consolidarán con el canal de televisión instalado recientemente en Mozambique.

Con el triunfo de Dilma Rousseff muchos esperaban que Lula asumiría un papel de primer orden en Naciones Unidas, incluso la presidencia. Sin embargo, el ex presidente renunció a esa posibilidad y ha comprometido dos tareas prioritarias para los propósitos geopolíticos de Brasil: consolidar la relación con el continente africano y liderar el Foro de Sao Paulo. Éste, asume primera importancia para los intereses brasileños, habida cuenta de la creciente emergencia de gobiernos de izquierda en la región. Itamaraty debe estar complacido.

Perú en el rumbo al Pacífico

El decidido apoyo del PT, y de los empresarios brasileños, a Ollanta Humala se inscribe en ese cuadro. Asegurar una posición dominante en Suramérica y simultáneamente abrir camino hacia el Pacífico. Ya se sabe la preeminencia que ha adquirido la Cuenca del Pacífico en el siglo XXI. Los más importantes movimientos inversionistas y comerciales se juegan en la Cuenca del Pacífico y Brasil no quiere estar al margen. Al mismo tiempo, China y la India se convertirán en potencias que desafiarán a los Estados Unidos en el plano económico y político, y ello lo tiene muy presente el establishment empresarial, político y militar brasileño.

Así las cosas, la opción de Ollanta Humala, distante de los Estados Unidos, y favorable a la integración regional, favorece los intereses estratégicos brasileños en su proyección al Pacífico. No resulta extraño entonces el decidido apoyo del PT al diseño de la campaña del nuevo Presidente del Perú y tampoco es sorprendente el que le brindaran los empresarios de empresas constructoras brasileñas que despliegan crecientes inversiones en caminos y puertos en el sur de Perú.

Se estima que las inversiones brasileñas en Perú podrían quintuplicarse y bordear los 17.500 millones de dólares hacia el año 2020, según ha señalado recientemente el primer secretario de la Embajada de Brasil en Lima, César Bonamigo.

Las principales inversiones se despliegan al sur del Perú. Entre éstas destacan el Gasoducto Andino del Sur y el polo petroquímico que también se piensa desarrollar en la región sur de Perú. Al mismo tiempo, Brasil mira con mucho interés proyectos ferroviarios y estima que la ruta del sur sería la más viable. Se trata de un ferrocarril que utilizará la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA). Ya existe un tramo desde Mollendo (Arequipa) hasta la sierra central, pero habría que continuarlo hasta Brasil. Y ello favorecerá el transporte de la soya procedente de Brasil.

Hay otros proyectos en curso, también en el sur del Perú, como el Ferrocarril Porto Velho – Mollendo/Matarani (Arequipa), el Ferrocarril Transcontinental Brasil – Perú Atlántico – Pacífico (Fetab) y el Proyecto Geopolítico Bioceánico Perú – Brasil (Ferripeb). Y, están en cartera otros proyectos por desarrollar como la ruta Paita (Piura) – Manaos y la ruta Lima – Manaos, dos ciudades que ya operan como hubs regionales.

Chile se margina

Las serias dificultades diplomáticas de Chile con Bolivia cierran prácticamente las puertas a la salida al Pacífico del Brasil por puertos chilenos. La persistencia de los gobiernos de Chile en una política de "distracción estratégica" respecto de la reivindicación boliviana para su salida al mar convierte a Perú en el gran aliado brasileño para la proyección de éste hacia el Pacífico. Y un Presidente como Ollanta cumple este propósito: un nacionalista, de izquierda, que desconfía de los Estados Unidos e interesado en la integración regional.

Delicada situación para la política exterior chilena. Chile se aisló de la región al convertir los negocios con el mundo industrializado en el centro de su accionar internacional. Se jugó por el ALCA cuando Brasil y Argentina se oponían al proyecto norteamericano. Ha dilatado por largas décadas una solución a la demanda boliviana para su salida al Pacífico. También fue negligente frente a la iniciativa peruana por los límites marítimos, lo que al final culminó en La Haya, con resultados inciertos.

Como consecuencia de una política exterior equivocada, el frente norte chileno se ha tornado extremadamente frágil. Ello facilita la convergencia de intereses peruano-brasileños y al mismo estrecha las oportunidades del empresariado y el Estado chileno para abrirse paso hacia el Atlántico.

* Economista.
En el periódico www.generacion80.cl

 

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