Para Trump, la solidaridad blanca es la única forma para sobrevivir

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Donald Trump, blandiendo una metralleta de insultos, se presentó como una gran esperanza blanca en un discurso en el Foro Económico Mundial de Davos, plagado de racismo. La diatriba anti-Somalia del presidente y los insultos a los líderes europeos estaban en línea con la visión del mundo del subjefe de su gabinete, Stephen Miller, artífice de su fascista política migratoria.

 Los aliados de extrema derecha de Trump se han preocupado últimamente de que se haya distraído con la conquista global -Irán, Venezuela, Groenlandia- y haya perdido de vista su lema de «Estados Unidos primero». El miércoles, aunque se dirigiera a las élites adineradas en Davos, como siempre, su verdadero público objetivo era el de su país. El mensaje: sigo siendo la gran esperanza blanca.Racismo y justicia racial

 Su discurso de política de identidad está presente en la teoría del “gran reemplazo” una noción conspirativa que sostiene que el cambio demográfico está diseñado para reemplazar a las mayorías blancas con poblaciones no blancas, socavando así la cultura tradicional. Y también en la decisión de Trump de conceder asilo a los sudafricanos blancos debido a un supuesto «genocidio blanco» y en la ideología que sustenta el violento ataque del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) contra los inmigrantes en Minnesota.

 Stephen Miller se ha convertido en el editor que convierte las charlas de bar de Trump en un lema bíblico: «Hagamos a Estados Unidos grande de nuevo». En el funeral del activista de derecha Charlie Kirk el año pasado, dijo: «Nuestro linaje y nuestro legado se remontan a Atenas, Roma, Filadelfia y Monticello. Nuestros antepasados construyeron las ciudades. Produjeron el arte y la arquitectura. Construyeron la industria. Defendemos lo bueno, lo virtuoso y lo noble».

 En su segundo mandato, la fanfarronería de Trump está acompañada de un enfoque emocional y agresivo en política exterior. Quizá no estaba enterado que Theodore Roosevelt, el vigésimo sexto presidente, describió su ¿Existe el racismo sistémico en Estados Unidos? – Telemundo Houstonenfoque de las relaciones internacionales como «hablar con suavidad y portar un gran garrote». Este enfoque le valió el Premio Nobel de la Paz en 1906, por su papel en el fin de la guerra ruso-japonesa. Trump lo recibió este año regalado por la venezolana María Corina Machado, quien nadie sabe qué hizo para merecerlo, más que ser amiga de los presidentes estadounidenses.

Trump siempre hace las cosas a lo grande, para que no queden dudas de que es el actor principal de cualquier reunión: se burló de los anteojos de aviador del presidente francés Emmanuel Macron, reprendió al primer ministro canadiense  Mark Carney («Canadá vive gracias a Estados Unidos»), afirmó que los suizos «solo son buenos gracias a nosotros» y lanzó una pulla a Dinamarca por perder Groenlandia «en seis horas» durante la segunda guerra mundial.

 Más allá de sus parafraseadas sin contención, Trump  dejó un mensaje profundo, con el que intentó unificar al llamado Occidente en lugar de dividirlo aún más. Fue su proyecto más oscuro, insidioso y siniestro, señala David Smith en The Guardian, donde indica que las claves en sus amenazas de política exterior son hablar histéricamente y llevar un gran garrote. La afirmación de Trump de que no usaría la fuerza contra Groenlandia debería contextualizarse racionalmente con su anterior afirmación de que el presidente Barack Obama no era ciudadano por nacimiento (una mentira) o de que el cambio climático era un «engaño» de China (una mentira descomunal).

El New York Times informó sobre el discurso en un artículo titulado «Trump amenaza a Europa por Groenlandia, pero descarta el envío de tropas». Eso se basó en la declaración de Trump: «No tengo que usar la fuerza. No quiero usar la fuerza. No usaré la fuerza. Todo lo que Estados Unidos está pidiendo es un lugar llamado Groenlandia».

Seguramente Trump conjeturó (o lo hizo su banda de asesores): Sí, puede que tengamos nuestras disputas internas, pero les mostraré mano dura porque estamos todos juntos en esto. Somos los abanderados de la civilización occidental. Debemos resistir a las hordas bárbaras. Debemos salvar al hombre blanco.

Como antecedente, vale recordar que dos años atrás Trump se quejó de que «hoy en día tenemos muchos genes malos en nuestro país». Dijo que él «era de origen europeo», es decir: «100% escocés, mi madre; 100% alemán, mi padre. Y creemos profundamente en los lazos que compartimos con Europa como civilización». ¿Quiso decir que la culpa de sus dichos y acciones la tienen los europeos? Obviamente no los de ahora, los de antes, los blancos.

En su lamento racista, inmediatamente señaló que «ciertos lugares de Europa ya ni siquiera son reconocibles, francamente», culpando de ello a la «migración masiva descontrolada».«Es horrible lo que se están haciendo a sí mismos. Se están destruyendo a sí mismos, a estos hermosos lugares. Queremos aliados fuertes, no unos seriamente debilitados». Pero ese ataque de racismo ancestral continuó.

Somali immigrants find refuge in the Twin Cities Photos - ABC News
Comunidad somalí en Minesota

Mientras reflexionaba sobre la inmigración a su propio país, donde ha convertido a la comunidad somalí en un blanco especial de su retórica de deportación después de los recientes casos de fraude gubernamental en Minesota, en los que la mayoría de los acusados tenían raíces somalíes. “Estamos tomando medidas enérgicas contra más de 19 mil millones de dólares en fraudes robados por bandidos somalíes”, dijo. “¿Pueden creer eso, Somalia? Resultó que tenían un coeficiente intelectual más alto de lo que pensábamos. Siempre digo que son personas con un coeficiente intelectual bajo. ¿Cómo llegaron a  Minnesota y robaron todo ese dinero?”

«La situación en Minnesota nos recuerda que Occidente no puede importar masivamente culturas extranjeras que no han logrado construir una sociedad propia exitosa. Es decir, estamos tomando gente de Somalia, y Somalia es un país fracasado; no es una nación. No tiene gobierno, ni policía, ni nada». (No estaba enterado que sí tiene un gobierno, con el que su país mantiene relaciones).

Aprovechó la oportunidad para lanzar una diatriba contra la congresista demócrata Ilhan Omar, nacida en Somalia y ciudadana estadounidense. Luego insistió: «La explosión de prosperidad, conclusión y progreso que construyó Occidente no provino de nuestros códigos tributarios. En última instancia, provino de nuestra cultura tan especial». (¿La de los indígenas, quizá?).

Ku Klux Klan Facts | Britannica
El recuerdo vigente del Klu Klux Klan

Y a continuación señaló que “esta es la valiosa herencia que América y Europa tienen en común, y la compartimos. La compartimos, pero debemos mantenerla fuerte. Debemos ser más fuertes, más exitosos y más prósperos que nunca. Debemos defender esa cultura y redescubrir el espíritu que impulsó a Occidente desde las profundidades de la Edad Media hasta la cima de los logros humanos”.

Elon Musk, un hombre blanco nacido durante el apartheid en Sudáfrica y hoy la persona más rica del mundo, es uno de quienes difunden estas ideas. Su muro en X, la red social de su propiedad, sigue repleto de advertencias alarmantes sobre el asedio a la civilización blanca. Por ejemplo, retuiteó con un respaldo total una publicación que declaraba: «Si los hombres blancos se convierten en minoría, seremos masacrados… La solidaridad blanca es la única forma de sobrevivir».

 

* Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

 

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