Jul 21 2012
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CulturaSociedad

Por qu茅 la circuncisi贸n duele

Desde que un tribunal alem谩n dictaminara que la circuncisi贸n de los menores es un delito, Alemania se encuentra en pleno debate sobre la libertad de religi贸n. Al igual que con los debates sobre el velo y los crucifijos en las aulas, esta agitaci贸n prueba el dif铆cil acercamiento de la sociedad a las cuestiones religiosas.

La clave de la cuesti贸n en este caso no son los prepucios o un precepto ex贸tico del islam o del juda铆smo, sino algo mucho m谩s amplio y que incumbe al conjunto de la sociedad: la religi贸n considerada de forma global. Con respecto a la circuncisi贸n, Alemania va a contar con una protecci贸n jur铆dica, aparentemente mediante una nueva ley. Y es algo positivo. Pero en realidad, las ra铆ces del debate son mucho m谩s profundas y se basan en una fuerte molestia, que limita casi con el p谩nico, ante una religiosidad intensa, visible, asumida. Y eso no es algo positivo.

Si el debate sobre la circuncisi贸n es una ilustraci贸n perfecta del problema, es porque no se limita a una cuesti贸n de creencia religiosa. Si la cuesti贸n afectara s贸lo a los musulmanes, la discusi贸n se habr铆a politizado de inmediato y no nos habr铆a sorprendido.

Los adversarios del islam habr铆an exigido la prohibici贸n de las costumbres extranjeras de los inmigrantes y los defensores del multiculturalismo habr铆an defendido su postura en nombre de los derechos de una minor铆a discriminada. El hecho de que la cuesti贸n de la circuncisi贸n afecte al mismo tiempo a los jud铆os y a los musulmanes ha perturbado la c贸moda l贸gica de los dos bandos. De este modo, nos damos cuenta de que el problema no se limita a una creencia espec铆fica, molesta, que vaya en contra de la sociedad moderna. El potencial de fricci贸n estriba en el hecho de creer y en la experiencia de la fe en general.

Impera el recelo y la sospecha

Ser铆a un error abordar la situaci贸n de un modo mezquino y angustiado, en lugar de hacerlo con serenidad. El cristianismo, la religi贸n mayoritaria y tradicional m谩s all谩 del Rin, tampoco est谩 a salvo de la intransigencia que lleg贸 a Alemania con el islam y los inmigrantes. El debate pol铆tico-religioso surgi贸 en Alemania en 1995 con la sentencia del Tribunal Constitucional sobre 芦el asunto de los crucifijos禄, con la que se prohibi贸 la colocaci贸n de cruces, algo que hasta entonces era habitual en las paredes de las aulas en los colegios b谩varos. Luego lleg贸 el debate sobre el velo, cuya cuesti贸n era determinar si las profesoras musulmanas que se cubr铆an el cabello deb铆an ser reconocidas como funcionarias y autorizadas a impartir clases. Y hoy el debate es sobre la circuncisi贸n, provocado por una sentencia que considera que esta costumbre extra铆da de la Biblia es un ataque corporal intolerable.

En los tres casos, constatamos que imperan el recelo y la sospecha. En lugar de ver en la cruz un s铆mbolo de una tradici贸n que ofrece elementos para la reflexi贸n, los jueces constitucionales vieron en ello un instrumento de evangelizaci贸n y de propaganda que ejerce una influencia espiritual sobre los alumnos de otras confesiones. Para sus detractores, el velo no es la expresi贸n de una decisi贸n personal, sino el s铆mbolo casi pol铆tico de una ideolog铆a liberticida. En cuanto a la circuncisi贸n, que tambi茅n se podr铆a considerar una operaci贸n ritual inofensiva y perfectamente respetable, desde su prohibici贸n se entiende como un acto de tortura causado a un ser inofensivo.

La interpretaci贸n del creyente se deja sistem谩ticamente a un lado y se sustituye por una visi贸n exterior ingrata que cree ser objetiva. Una conciencia colectiva que no se interesa por la religi贸n, o bien llega a ser analfabeta en la materia, es la que, dejando a un lado las quimeras de los devotos, determina qu茅 son 芦realmente禄 la cruz, el velo o la circuncisi贸n.

Todo el mundo tiene convicciones profundas

Como es natural, la visi贸n de los creyentes tampoco debe aplicarse de forma absoluta. No se admite todo lo que lleve el sello de 芦religi贸n禄. No aceptar铆amos la inmolaci贸n de las viudas, aunque un te贸logo hind煤 nos explicara que se trata de una costumbre avalada por los dioses. La ablaci贸n de las j贸venes es una mutilaci贸n brutal; aunque fuera justificable religiosamente en nombre de alguna creencia (que no es el caso), un Estado de derecho no podr铆a tolerarla. Cualquier ataque a la dignidad humana debe prohibirse.

Pero tambi茅n hay que tener en cuenta la dignidad humana de los creyentes. Una sociedad poco inclinada hacia la religi贸n olvida f谩cilmente el sufrimiento que pueden infligir los ataques a la libertad de religi贸n, ya que a menudo sencillamente carece de sentido religioso. El sacerdote cat贸lico que, al querer mantener el secreto de la confesi贸n, retrasa el arresto de un criminal y se gana de este modo la ira de la polic铆a, o el estudiante musulm谩n que lucha contra la direcci贸n de su centro escolar por tener derecho a orar, son casos de conciencia para los interesados, aspectos muy valiosos y quiz谩s irremplazables que llegan a ser algo 铆ntimo. Una sociedad civilizada debe dar muestras de apertura de mente y tenerlo en cuenta lo mejor que pueda.

Es a lo que tienen derecho los creyentes alemanes, ni m谩s ni menos, sea cual sea su confesi贸n. Nadie est谩 obligado a creer o a tener un concepto positivo sobre la religi贸n: si pensamos en los estragos causados por el fanatismo a lo largo de los siglos e incluso hoy, se puede comprender perfectamente que se haya extendido el escepticismo en cuanto a la religi贸n. Pero, respetar lo que algunos consideran sagrado nos beneficia a todos. Porque todo el mundo tiene convicciones profundas, una conciencia supeditada a la protecci贸n y el respeto de los dem谩s. Al menos es lo que se espera.20 julio 2012

*Periodista alem谩n, redactor en Die Zeit desde 1998. Es coautor de Die Weltreligionen (芦 Las religiones mundiales 禄), donde pone en evidencia la interdependencia entre religion y politica.

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