May 18 2007
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Sociedad

Reflexiones. – LO QUE APRENDIMOS DEL VI ENCUENTRO EN LA HABANA.

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Sabemos que la mayor√≠a de las guerras en las √ļltimas d√©cadas tienen
como el factor central el control de fuentes de energía. El consumo
de energía es garantizado a sectores privilegiados, tanto en los
países centrales como en países periféricos, mientras la mayoría de
la población mundial no tiene acceso a los servicios básicos.

El consumo per cápita de energía en Estados Unidos es de 13 000
kilowatts, mientras el promedio mundial es de 2 429 y en América
Latina el promedio es de 1 601.

El monopolio privado de fuentes de energía es garantizado por
cl√°usulas en Acuerdos de Libre Comercio bilaterales o multilaterales.
El papel de los países periféricos es producir energía barata para
los países ricos centrales, lo que representa una nueva fase de la
colonización.

Es necesario desmitificar

Es necesario desmitificar la propaganda sobre los supuestos
beneficios de los agrocombustibles. En el caso del etanol, el
cultivo y procesamiento de la ca√Īa de az√ļcar contamina los suelos y
las fuentes de agua potable, porque utiliza una gran cantidad de
productos químicos.

El proceso de destilación del etanol produce un residuo que se llama
vinaza. Por cada litro de etanol producido, son generados de 10 a
13 litros de vinaza. Una parte de este residuo puede ser utilizado
como fertilizante, pero la mayor parte contamina ríos y fuentes de
aguas subterr√°neas.

Si Brasil produce 17.000 ó 18.000 millones de
litros de etanol por a√Īo, eso significa que por lo menos 170.000
millones de litros de vinaza se depositan en las regiones de los
ca√Īaverales. Imaginen el impacto en el medio ambiente.
La quema de la ca√Īa de az√ļcar, que sirve para facilitar la cosecha,
destruye gran parte de los microorganismos del suelo, contamina el
aire y causa muchas enfermedades respiratorias.

El Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil
decreta casi todos los a√Īos en S√£o Paulo ‚Äďque representa el 60% de
la producci√≥n de etanol en Brasil‚Äď una situaci√≥n de emergencia,
porque las quemas han llevado la humedad del aire a niveles
extremadamente bajos, entre 13% y 15%. Es imposible respirar en ese
per√≠odo en la regi√≥n de S√£o Paulo donde se cosecha la ca√Īa.

La expansión de la producción de agroenergía, como sabemos, es de
gran interés para empresas de organismos genéticamente modificados o
transgénicos, como Monsanto, Syngenta, Dupont, Bass y Bayer.
En el caso de Brasil, la empresa Votorantim ha desarrollado
tecnolog√≠as para la producci√≥n de una ca√Īa transg√©nica, que no es
comestible, y sabemos que muchas empresas est√°n desarrollando este
mismo tipo de tecnología, y como no hay medios para evitar la
contaminación de los transgénicos en los campos de cultivos nativos,
esta práctica pone en riesgo la producción de alimentos.

Con relaci√≥n a la desnacionalizaci√≥n del territorio brasile√Īo,
grandes empresas han adquirido ingenios de ca√Īa en Brasil: Bunge,
Novo Group, ADM, Dreyfus, adem√°s de los megaempresarios George Soros
y Bill Gates.

Como consecuencia de esto, sabemos que la expansión de la producción
de etanol ha generado la expulsión de campesinos de sus tierras y ha
creado una situación de dependencia de lo que llamamos la economía
de la ca√Īa, porque no es que la industria de la ca√Īa genere empleos,
es lo contrario, genera desempleo, porque esa industria controla el
territorio. Eso significa que no hay espacios para otros sectores
productivos.

Al mismo tiempo, tenemos la propaganda de la eficiencia de esta
industria. Sabemos que se basa en la explotación de una mano de
obra barata y esclava. Los trabajadores son remunerados por
cantidad de ca√Īa cortada y no por horas trabajadas.

M√°s datos, porfiados datos

En el estado de S√£o Paulo, que es donde est√° la industria m√°s
moderna ‚Äďmoderna entre comillas por supuesto‚Äď y es el mayor
productor del país, la meta de cada trabajador es cortar entre 10 y
15 toneladas de ca√Īa por d√≠a.

Un profesor de la universidad de Campinas, Pedro Ramos, hizo estos
c√°lculos: en los a√Īos ochenta los trabajadores cortaban alrededor
de 4 toneladas por día y sacaban el equivalente a más o menos 5
dólares. Actualmente, para sacar 3 dólares por día, es necesario
cortar 15 toneladas de ca√Īa.

El propio Ministerio del Trabajo en Brasil hizo un estudio en el que
dice que antes 100 metros cuadrados de ca√Īa sumaban 10 toneladas;
hoy, con la ca√Īa transg√©nica, es necesario cortar 300 metros
cuadrados para alcanzar 10 toneladas. Entonces, los trabajadores
tienen que trabajar tres veces m√°s para cortar 10 toneladas. Este
patrón de explotación ha causado serios problemas de salud y hasta
la muerte a trabajadores.

Una investigadora del Ministerio del Trabajo en S√£o Paulo dice que
el az√ļcar y el etanol de Brasil est√°n ba√Īados de sangre, sudor y
muerte.

El Ministerio del Trabajo en S√£o Paulo, en el a√Īo 2005, ha
registrado 450 muertes de trabajadores por otras causas, como
asesinatos y accidentes¬Ľporque el transporte hacia los ingenios es
muy precario¬Ľ y tambi√©n a consecuencia de enfermedades como paros
cardiacos y c√°ncer.

Una investigación

Seg√ļn Mar√≠a Cristina Gonzaga, que hizo la pesquisa, esta
investigaci√≥n del Ministerio del Trabajo muestra que en los √ļltimos
cinco a√Īos 1.383 trabajadores de la ca√Īa han muerto solamente en el
estado de S√£o Paulo.

El trabajo esclavo tambi√©n es com√ļn en este sector. Los
trabajadores son generalmente migrantes del nordeste o de Minas
Gerais, que son seducidos por intermediarios. Normalmente el
contrato no es directamente con la empresa, sino a través de
intermediarios, que en Brasil los llamamos ¬ęgatos¬Ľ, que seleccionan
mano de obra para los ingenios.

En el 2006, la Fiscal√≠a del Ministerio P√ļblico inspeccion√≥ 74
ingenios, solamente en S√£o Paulo, y todos fueron procesados.
Solo en marzo de 2007, los fiscales del Ministerio del Trabajo
rescataron 288 trabajadores en situación de esclavitud en São Paulo.
Ese mismo mes, en el estado de Mato Grosso se rescataron 409
trabajadores en un ingenio que produce etanol; entre ellos había un
grupo de 150 indígenas. En esa área del centro del país, en Mato
Grosso, hay esta característica de utilizar indígenas en el trabajo
esclavo de la ca√Īa.

Todos los a√Īos cientos de trabajadores sufren condiciones semejantes
en los ca√Īaverales. ¬ŅC√≥mo son estas condiciones? Trabajan sin un
registro formal, sin equipos de protección, sin agua o alimentación
adecuada, sin acceso a ba√Īos y con viviendas muy precarias; adem√°s,
tienen que pagar por vivienda, por comida, que es muy cara, y
necesitan pagar por instrumentos como botas y machetes y, por
supuesto, en caso de accidentes de trabajo, que son muchísimos, no
reciben el tratamiento adecuado.

Para nosotros, la cuestión central es eliminar el latifundio, porque
detr√°s de esta imagen moderna hay un problema central, que es el
latifundio en Brasil y, por supuesto, en otros países de América
Latina. También es necesaria una política seria de producción de
alimentos.

Con esto quería presentar un documental que hicimos en el estado de
Pernambuco con trabajadores de la ca√Īa, que es una de las regiones
donde m√°s se produce la ca√Īa de az√ļcar, y as√≠ ustedes van a ver
realmente cómo son las condiciones.

Este documental fue hecho con la Comisión Pastoral de la Tierra en
Brasil y con sindicatos de trabajadores forestales del estado de
Pernambuco.

Así concluye su intervención la destacada y aplaudida dirigente
brasile√Īa.

Testimonios

A continuaci√≥n expongo las opiniones de los cortadores de ca√Īa,
contenidas en el material fílmico entregado por María Luisa. Cuando
en el documental no aparecen identificadas las personas, se indica
su condición de hombre, mujer o joven. No las incluyo todas por su
extensión.

Severino Francisco da Silva.- Cuando ten√≠a 8 a√Īos, mi padre se mud√≥
al ingenio del Junco. Y cuando llegué, yo estaba por cumplir 9, mi
padre empez√≥ a trabajar, y yo ataba la ca√Īa con √©l. Trabaj√© unos 14
√≥ 15 a√Īos en el ingenio del Junco.

Una mujer.- Hace 36 a√Īos que vivo aqu√≠ en este ingenio. Me cas√©
aquí y tuve 11 hijos.

Un hombre.- Hace muchos a√Īos que trabajo en el corte de la ca√Īa, no
sé ni contar.

Un hombre.- Empec√© a trabajar con 7 a√Īos y mi vida es cortar ca√Īa y
desmalezar.

Un joven.- Nac√≠ aqu√≠, tengo 23 a√Īos, desde los 9 a√Īos corto ca√Īa.
Una mujer.- Trabaj√© 13 a√Īos aqu√≠ en la Planta Salgado. Yo sembraba
ca√Īa, sembraba fertilizante, limpiaba ca√Īa, hierba.

Severina Conceição.- Todos estos trabajos del campo yo los sé
hacer: sembrar fertilizante, sembrar ca√Īa. Hac√≠a de todo con el
bombo de este tama√Īo (se refiere al embarazo) y el canasto al
costado, y seguía trabajando.

Un hombre.- Trabajo, todos los trabajos son difíciles, pero la
cosecha de la ca√Īa es el peor que hay en Brasil.

Edleuza.- Llego a casa y voy a lavar los platos, a arreglar la
casa, cuidar del servicio dom√©stico, hacer las cosas. Cortaba ca√Īa,
y a veces llegaba a casa y no podía ni lavar los platos, estaba con
las manos lastimadas, llenas de callos.

Adriano Silva.- El problema es que el administrador exige mucho en
el trabajo. Hay d√≠as que uno corta ca√Īa y cobra, pero hay d√≠as que
no cobra nada. A veces alcanza y a veces no.

Misael.- La situación aquí es perversa, el administrador quiere
disminuir el peso de la ca√Īa. Dijo que lo que nosotros cortemos
aquí es lo que tenemos y se acabó. Estamos trabajando como
esclavos, ¬Ņentiende? ¬°De esta manera no es posible!

Marcos.- El trabajo de la cosecha de la ca√Īa es un trabajo esclavo,
es un trabajo dif√≠cil. Salimos a las 3:00 de la ma√Īana, llegamos a
las 8:00 de la noche. Es bueno solamente para el patrón, porque
cada día que pasa él gana más y el trabajador pierde, disminuyendo
la producción, y queda todo para el patrón.

Un hombre.- A veces dormimos sin ba√Īarnos, no hay agua, nos ba√Īamos
en un arroyito que pasa por ahí abajo.

Un joven.- Aqu√≠ no hay le√Īa para cocinar, cada uno, si quiere
comer, tiene que salir a conseguirse le√Īa.

Un hombre.- El almuerzo es lo que uno trae de casa, trae una
comida, come así no más, en ese sol, va tirando para adelante como
puede en la vida.

Un joven.- Quien trabaja mucho necesita tener una alimentación
suficiente. Mientras que el due√Īo de la planta azucarera est√° en la
regalía, tiene de lo bueno y de lo mejor, nosotros aquí sufriendo.

Una mujer.- Pasé mucha hambre. Fui a dormir muchas noches con
hambre, a veces no tenía nada para comer, ni para darle a mi hija;
algunas veces yo buscaba sal, que era lo m√°s f√°cil de encontrar.

Egidio Pereira.- La persona tiene dos o tres hijos, y si no se
cuida, se muere de hambre; no alcanza para vivir.

Ivete Cavalcante.- Aquí no existe sueldo, hay que limpiar una
tonelada de ca√Īa por ocho reales; se gana lo que se logra cortar:
si se corta una tonelada, se gana ocho reales, no hay sueldo fijo.

Una mujer.- ¬ŅSueldo? Yo no s√© nada de eso.

Reginaldo Souza.- A veces ellos pagan en dinero. En esta época
ellos est√°n pagando en dinero; ahora, en el invierno pagan todo con
vale.

Una mujer.- El vale, uno trabaja, él anota todo en un papel, se lo
pasa a la persona para que compre en el mercado. La persona no ve
el dinero que gana.

José Luiz.- El administrador hace lo que quiere con las personas.
Lo que est√° ocurriendo es que llam√© para ¬ęsacar la media¬Ľ de la
ca√Īa, no quiso. Es decir: en este caso, √©l est√° obligando a la
persona a trabajar a la fuerza. De esta manera la persona trabaja
gratis para la empresa.

Clovis da Silva.- ¡Eso nos mata! Uno se pasa medio día cortando
ca√Īa, piensa que va a conseguir alg√ļn dinero, y cuando √©l va a
medir, nos enteramos de que el trabajo no valió nada.

Natanael.- El camión de llevar ganado aquí lleva trabajadores, es
peor que con el caballo del due√Īo; porque cuando el due√Īo coloca su
caballo en el camión, él le pone agua, le pone aserrín en el piso
para que el caballo no se arruine los cascos, pone pasto, una
persona para acompa√Īarlo; y los trabajadores, que se las arreglen:
entró, cerró la puerta y se acabó. Ellos tratan a los trabajadores
como si fueran animales.

El ¬ęPro-√Ālcool¬Ľ no ayuda a los trabajadores, solamente ayuda a los proveedores de ca√Īa, ayuda a los
patrones y los enriquece cada vez más; porque si generara empleo para los trabajadores, para nosotros sería fundamental, pero no genera empleos.

José Loureno.- Ellos tienen todo ese poder porque en la Cámara,
estadual o federal, tienen un político que representa a esas plantas
azucareras. Hay due√Īos que son diputados, ministros, parientes de
se√Īores de ingenio, que facilitan esa situaci√≥n para los due√Īos y
para los se√Īores de ingenio.

Un hombre.- Nuestra lucha parece que no para nunca. No tenemos
vacaciones, aguinaldo, queda todo perdido. Adem√°s, un cuarto de
sueldo, que es obligación, no lo recibimos, es con lo que compramos
una ropa a fin de a√Īo y una ropa para los hijos. Ellos no nos
entregan nada de eso, y vemos que la situación se pone cada día más
difícil.

Una mujer.- Yo soy trabajadora registrada, y jam√°s tuve derecho a
nada, ni certificado médico. Cuando quedamos embarazadas, tenemos
derecho a certificado médico, pero yo no tuve ese derecho, garantía
de familia; tampoco tuve aguinaldo, siempre recibía alguna cosita,
después no recibí más.

Un hombre.- Hace unos 12 a√Īos que √©l no paga ni aguinaldo ni
vacaciones.

Un hombre.- No puedes enfermarte, trabajas día y noche arriba del
cami√≥n, en el corte de la ca√Īa, de madrugada. Yo perd√≠ mi salud, yo
era fuerte.

Reinaldo.- Un día yo estaba con unas zapatillas en los pies;
cuando di un golpe de machete para cortar la ca√Īa, me dio en el
dedo, me cortó, terminé el trabajo y me vine para casa.

Un joven.- Botas no hay, se trabaja así, muchos trabajan descalzos,
no hay condiciones. Dijeron que la planta azucarera iba a donar
botas. Hace una semana que √©l se cort√≥ el pie (se√Īala) porque no
hay botas.

Un joven.- Yo estaba enfermo, pasé tres días enfermo, no cobré, no
me pagaron nada. Fui al médico, pedí certificado y no me lo dieron.
Un joven.- Hubo un muchacho que lleg√≥ de ¬ęMacugi¬Ľ. Estaba
trabajando, en medio del trabajo empezó a sentirse muy mal, tuvo que
vomitar. El esfuerzo es grande, el sol es muy caliente y la gente
no es de hierro, el cuerpo del ser humano no resiste.

Valdemar.- Trae muchas enfermedades ese veneno que utilizamos (se
refiere a los herbicidas). Causa varios tipos de enfermedad: c√°ncer
de piel, en los huesos, va entrando en la sangre y da√Īa la salud.
Uno siente n√°useas, llega hasta caerse.

Un hombre.- En el período entre las cosechas prácticamente no hay
trabajo.

Un hombre.- El trabajo que el patrón te manda a hacer se tiene que
hacer; porque ustedes saben, si no lo hacemos? Nosotros no
mandamos; quienes mandan son ellos. Si te dan una tarea, hay que
hacerla.

Un hombre.- Estoy aquí esperando que un día pueda tener un pedacito
de tierra para terminar mi vida así en el campo, para que yo pueda
llenarme la barriga y la barriga de mis hijos y de mis nietos, que
viven aquí conmigo.

¬ŅSer√° que hay algo m√°s?

Fin del documental.

La memoria viva

Nadie más agradecido que yo por este testimonio y la presentación de
María Luisa, cuya síntesis acabo de elaborar. Me conducen a los
recuerdos de los primeros a√Īos de mi vida, una edad en que los seres
humanos suelen ser sumamente activos.

Nac√≠ en un latifundio ca√Īero, de propiedad privada, rodeado al
norte, el este y el oeste por grandes extensiones de tierra
propiedad de tres transnacionales norteamericanas que, en conjunto,
poseían más de 250 mil hectáreas de tierra. El corte era manual, en
ca√Īa verde, no se usaban entonces herbicidas, ni siquiera
fertilizantes. Una plantaci√≥n pod√≠a durar m√°s de 15 a√Īos. La mano de
obra era tan barata que las transnacionales ganaban mucho dinero.

El propietario de la finca ca√Īera en que nac√≠ era un inmigrante de
origen gallego y familia campesina pobre, pr√°cticamente analfabeto,
a quien primero trajeron como soldado en lugar de un rico que pagó
por eludir el servicio militar y al final de la guerra lo
repatriaron a Galicia.

Volvió a Cuba por su cuenta, como lo hizo un
incontable n√ļmero de gallegos que viaj√≥ hacia pa√≠ses de Am√©rica
Latina. Trabajó como peón de una importante transnacional, la United
Fruit Company. Ten√≠a cualidades como organizador, reclut√≥ un n√ļmero
elevado de jornaleros como él, se hizo contratista y compró
finalmente tierras en la zona colindante al sur de la gran empresa
norteamericana con la plusvalía acumulada.

La población cubana en
la región oriental, de tradición independentista, había crecido
notablemente y carecía de tierra; pero el peso principal de la
agricultura oriental, a principios del pasado siglo, caía sobre
esclavos liberados pocos a√Īos antes o descendientes de los antiguos
esclavos y sobre los inmigrantes procedentes de Haití. Los haitianos
no tenían familia. Vivían solos en sus míseras viviendas de guano y
tablas de palma, agrupados en caseríos, con la presencia de solo dos
o tres mujeres entre ellos. Durante los breves meses de zafra se
abrían las lides de gallos. Allí jugaban los haitianos sus míseros
ingresos, y el resto lo utilizaban para la compra de alimentos, que
pasaban por muchos intermediarios y eran caros.

El propietario de origen gallego viv√≠a all√≠, en la finca ca√Īera.
Salía solo a recorrer las plantaciones y hablaba con todo el que lo
solicitaba o deseaba algo. Muchas veces accedía a las solicitudes,
por razones más humanitarias que económicas. Podía tomar decisiones.

Los administradores de las plantaciones de la United Fruit Company
eran norteamericanos cuidadosamente seleccionados y bien
remunerados. Vivían con sus familias en regias mansiones, en lugares
escogidos. Eran como dioses distantes, que los hambrientos
trabajadores mencionaban con respeto. No se les veía nunca en los
cortes, donde actuaban los subordinados suyos. Los due√Īos de las
acciones de las grandes transnacionales vivían en Estados Unidos o
en cualquier parte del mundo. Los gastos de las plantaciones estaban
presupuestados y nadie podía elevarlos un centavo.

Conozco muy bien la familia del segundo matrimonio del inmigrante de
origen gallego con una joven campesina cubana muy pobre que, como
él, no pudo asistir a una escuela. Era muy abnegada y sumamente
consagrada a la familia y a las actividades económicas de la
plantación.

Los que en el exterior lean estas reflexiones por Internet se
sorprender√°n al conocer que ese propietario era mi padre. Soy el
tercer hijo de los siete de ese matrimonio, que nacimos en la
habitación de una casa de campo, muy lejos de cualquier hospital,
asistidos por la misma partera, una campesina dedicada en cuerpo y
alma a su tarea, que solo contaba con sus conocimientos pr√°cticos.

Aquellas tierras fueron todas entregadas al pueblo por la Revolución.
Solo me resta a√Īadir que apoyamos totalmente el decreto de
nacionalización de la patente a una transnacional farmacéutica para
la producción y comercialización en Brasil de un medicamento contra
el SIDA, el Efavirenz, de precio abusivamente alto ‚Äďigual que otros
muchos‚Äď, as√≠ como tambi√©n la reciente soluci√≥n mutuamente
satisfactoria del diferendo con Bolivia sobre las dos refinerías de
petróleo.

Reitero que sentimos profundo respeto por el hermano pueblo de
Brasil.

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