Mar 9 2019
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Pol铆tica

Retroceso en los derechos (in)humanos en Francia, denunciado ante la ONU

Recientemente el Centro Europa -Tercer Mundo (CETIM) alarmado por la feroz represi贸n contra el movimiento de los 鈥渃halecos amarillos鈥 franceses, someti贸 el asunto al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

Poco tiempo despu茅s a finales de febrero la comisaria de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Dunja Mijatovic, advirti贸 a las autoridades francesas que 芦se respeten mejor los derechos humanos禄 de los 芦chalecos amarillos禄 a la hora de mantener el orden en sus manifestaciones se帽alando que la labor de las fuerzas del orden es 芦proteger a los ciudadanos y sus derechos humanos禄.

Por otra parte, destac贸 en su memorando con recomendaciones, donde cuestion贸 los m茅todos empleados por el dispositivo policial en las protestas semanales de ese movimiento contestatario, iniciadas a mediados de noviembre 2018. La comisaria critic贸 adem谩s las detenciones preventivas, practicadas por la polic铆a sin que se haya cometido un delito, y consider贸 que constituyen 芦graves injerencias en el ejercicio de las libertades禄.

Contraria a la impunidad en materia de violencia policial, invit贸 igualmente a las autoridades a vigilar que las v铆ctimas de abusos puedan presentar una demanda judicial y solicitar una indemnizaci贸n. Mijatovic solicit贸 tambi茅n que en la propuesta de ley con la que el Ejecutivo pretende frenar los disturbios en esas protestas no haya 芦restricciones excesivas a la libertad de reuni贸n pac铆fica禄 y no se considere un delito cubrirse el rostro en esos actos.

Mijatovic visit贸 Par铆s el 28 de enero para recoger informaci贸n sobre las manifestaciones y, en su respuesta al memorando, las autoridades le contestaron que vigilan que el uso de la fuerza sea 芦proporcionado y controlado, como prev茅 la ley禄, y destacaron que quien se sienta v铆ctima de una violencia injustificada puede denunciarlo.

Posteriormente la Alta Comisaria de la Naciones Unidas para los Derechos Humanos Michelle Bachelet realiz贸 una declaraci贸n en el mismo sentido. En ambos casos la arrogancia por parte de las autoridades francesas predomin贸, sobre las cuestiones de fondo en una especie de 鈥渘on lieu鈥.

La contracara de la democracia formal

Tal vez una de las paradojas m谩s desafiantes de nuestro tiempo sigue siendo la contradicci贸n observable entre el bienintencionado discurso sobre los derechos humanos que producen las instituciones internacionales y los Estados nacionales y la desdichada realidad que prevalece en muchos pa铆ses.
Claro que es m谩s f谩cil evidenciarlo, denunciarlo y materializarlo con medidas coercitivas cuando se trata de los pa铆ses del tercer mundo, que cuando las injusticias y represi贸n se producen en las potencias del mundo industrial y 鈥渃ivilizado鈥.

Por eso cuando se contrastan la teor铆a, la legislaci贸n y la pr谩ctica de los derechos humanos, surgen varias cuestiones fronterizas que pueden contribuir al esclarecimiento de las situaciones y paradojas planteadas aqu铆, donde la conclusi贸n m谩s evidente es que ning煤n pa铆s escapa a la violencia del Estado.
Es obvio, que Francia se encuentra en una zona de fuertes turbulencias desde hace varios meses. La virulencia de los conflictos sociales ha sido durante mucho tiempo una caracter铆stica importante que ha marcado la vida pol铆tica de este pa铆s.

Como dato hist贸rico debemos recordar que Francia es una naci贸n que se ciment贸, fundamentalmente despu茅s de 1789, sobre la base de una revoluci贸n de alcance universal, cuyas huellas 鈥搄unto con las conquistas sociales de 1936, 1945 o las del 1968鈥 siguen presentes en la memoria colectiva, en las instituciones, independientemente de los intentos de borrarlas, en una pertinente amalgama de resistencias, que va m谩s all谩 del resultado.

Sin embargo, pronto se cumplir谩n 40 a帽os desde que Francia, as铆 como otros pa铆ses del Norte, sin excepci贸n, qued贸 atrapada bajo el yugo letal de las pol铆ticas neoliberales demoledoras. 脡stas solo se pueden interpretar como una violencia social extraordinaria contra el mundo del trabajo. Sus efectos destructivos, para las personas y la sociedad, pero tambi茅n para el medio ambiente, se propagan gracias a la complicidad del estado con los poderosos del momento.

La situaci贸n empeora a煤n m谩s por la enajenaci贸n de la soberan铆a nacional y el sometimiento a la Uni贸n Europea, rechazada por los ciudadanos franceses en el refer茅ndum de 2005 y que, a pesar de un resultado inapelable, se les impone mediante una denegaci贸n de la democracia. Esta es una violencia adicional infligida a todo un pueblo. En esta perspectiva singular, y en el contexto general de una crisis sist茅mica del capitalismo globalizado, se explican las oleadas de levantamientos populares.

El movimiento de los chalecos amarillos es el resultado de movilizaciones previas y huelgas que se multiplican en casi todos los sectores (p煤blico y privado) para protestar contra la flexibilizaci贸n del mercado laboral. La respuesta de las autoridades francesas es la represi贸n y la obstrucci贸n de las actividades sindicales.

Discriminaci贸n salarial contra sindicalistas, despidos abusivos de huelguistas, presiones por amenazas o sanciones disciplinarias, restricciones a los derechos sindicales o al derecho de huelga, o incluso criminalizaci贸n de la acci贸n sindical鈥 Por no mencionar las recientes reformas gubernamentales del c贸digo laboral que penalizan a煤n m谩s a los movimientos sociales.

Desde la elecci贸n a la presidencia de la Rep煤blica de Emmanuel Macron, ex-accionista gerente del banco de negocios Rothschild, ministro de Econom铆a del presidente Fran莽ois Hollande y autor de leyes ep贸nimas que imponen la flexibilizaci贸n del mercado laboral, el mundo sindical se ha vuelto a movilizar.
Las manifestaciones y las huelgas se han multiplicado, especialmente en los sectores del transporte p煤blico (SNCF, Air France…), energ铆a (gas y electricidad), automotriz (Peugeot, Renault), telecomunicaciones (Orange), la gran distribuci贸n (Carrefour), servicios de salud (hospitales p煤blicos, residencias de ancianos, seguridad social), educaci贸n (escuelas secundarias, universidades), cultura (museos), justicia (abogados, magistrados), recogida de basuras, e incluso auditor铆as financieras y de cuentas.

Estos diversos movimientos sociales, muy seguidos, ocurrieron a lo largo de la primavera de 2018. La reacci贸n del poder fue intensificar la represi贸n, lo que afect贸 dram谩ticamente a los estudiantes (evacuaci贸n de los campus) los activistas ambientales que ocupaban las 鈥淶onas a defender鈥 y, en especial, los manifestantes en contra de las leyes de flexibilizaci贸n del mercado laboral.

Este movimiento representa otro levantamiento, pero se enfrenta al peor recrudecimiento de la violencia policial desde la guerra de Argelia. Ante los distintos llamamientos a la justicia social, las autoridades han optado por responder con m谩s represi贸n, hasta el punto de retroceder de forma extremadamente preocupante en los derechos humanos.

En su declaraci贸n, el CETIM hace un llamamiento al gobierno franc茅s para que ponga fin inmediatamente a la represi贸n de los manifestantes. Tambi茅n exhorta a que cumpla sus compromisos internacionales en materia de derechos humanos y derecho laboral. De hecho, el movimiento 鈥渃halecos amarillos鈥 se enfrenta al peor aumento de la violencia policial desde la guerra de Argelia. Por ejemplo, el 1潞 de diciembre de 2018, se dispararon 7.940 granadas de gas lacrim贸geno, 800 granadas de desembalaje, 339 granadas del tipo GLI-F4 (municiones explosivas), 776 cartuchos LBD, etc.

Seg煤n las cifras provisionales, hay m谩s de diez muertes accidentales, varios miles de heridos, entre ellos un centenar de heridos graves, varios centenares de condenados y/o encarcelados. El presidente Macron opt贸 por 鈥渕antener el rumbo鈥. A expensas del sufrimiento y las expectativas de los trabajadores, su gobierno exacerba las pol铆ticas neoliberales y profundiza cada vez m谩s en la violencia social y la represi贸n policial. El resultado, una pesadilla, indigno de un pa铆s que dice ser democr谩tico y tolerante.

El balance provisional, y seguramente no exhaustivo, correspondiente solo el periodo que comprende desde el 17 de noviembre de 2018 al 7 de enero de 2019, muestra 6.475 arrestos y 5.339 detenciones preventivas. Los tribunales dictaron m谩s de mil condenas en todo el territorio nacional.
Aunque la mayor铆a de estas condenas terminan en trabajos comunitarios, muchas son sentencias de c谩rcel. Adem谩s, existen 153 贸rdenes de arresto (lo que implica encarcelamientos), 519 citaciones judiciales y otras 372 en correccionales鈥 En Par铆s, 249 personas fueron juzgadas en comparecencia inmediata, 58 condenadas a prisi贸n, 63 a penas de prisi贸n condicional…

La legitimidad de las reivindicaciones populares

En muchos aspectos, las reivindicaciones de los chalecos amarillos son similares a las de los trabajadores. Exigen la mejora inmediata y concreta de las condiciones de vida, la revalorizaci贸n del poder adquisitivo de los ingresos (salarios, pensiones, subsidios…), el fortalecimiento de los servicios p煤blicos, la participaci贸n del pueblo en las decisiones relativas a su futuro colectivo.

Dicho de otra manera, una puesta en marcha efectiva, sobre todo, de los derechos econ贸micos, sociales y culturales, asfrancia chalecos amarillos gasolina铆 como el derecho del pueblo a decidir sobre su futuro. Al exigir m谩s justicia social, respeto a los derechos humanos y democracia econ贸mica y pol铆tica, estas reivindicaciones son rotundamente leg铆timas y cuentan con un gran apoyo de la poblaci贸n.

En realidad, la rentabilidad del capitalismo es la madre de todas las violencias, la que debe cesar urgentemente y contra la cual las personas se ven obligadas a defenderse, tal y como lo recoge la Declaraci贸n de los derechos del hombre y del ciudadano.

En el pre谩mbulo de la constituci贸n francesa, es aquella como se帽ala la declaraci贸n del CETIM, que genera la imposici贸n de las medidas neoliberales desleales, despiadadas, antisociales y antidemocr谩ticas; aquellas que, en el silencio de los ajustes de precios de los mercados capitalistas, hace que las personas sin hogar mueran de fr铆o, empuja a los agricultores endeudados al suicidio, destruye a las personas y a sus familias al privarlos de empleos, cort谩ndoles la electricidad, expuls谩ndolos de sus hogares.

Aquella que, por falta de recursos, obliga a los jubilados a dejar de calentar sus hogares o a sus hijos a saltarse una comida; aquella que acaba con toda solidaridad, cierra las escuelas, centros de maternidad u hospitales psiqui谩tricos, sumerge en la desesperaci贸n a peque帽os comerciantes y artesanos que se hunden bajo las cargas, ahoga a los trabajadores que no pueden llegar a fin de mes鈥 La verdadera violencia est谩 aqu铆, en este sistema extraordinariamente injusto e insostenible.

*Periodista uruguayo, miembro de la Asociaci贸n de Corresponsales de prensa de la ONU. en Ginebra.聽Asociado al Centro Latinoamericano de An谩lisis Estrat茅gico (CLAE,聽www.estrategia.la)

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