Oct 13 2018
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Despacito por las piedras

Roberto Savio: Mi encuentro con el Che

En 1963聽 hice un viaje a Venezuela. Era entonces un joven reportero para una revista italiana, Rinascita, y al entrevistar el presidente R贸mulo Betancourt 茅ste me habl贸 de qu茅 tanto estaba preocupado, como socialdem贸crata, del surgimiento de una guerrilla en Venezuela.

Me puse entonces a buscar a su l铆der, que era Teodoro Petkoff, y no pude dar con 茅l. Pero habl茅 con simpatizantes, y de all谩 surgi贸聽una encuesta con los campesinos que eran los que Petkoff quer铆a enrolar, siguiendo el modelo cubano. Llegu茅 a la conclusi贸n que la realidad era profundamente distinta y que la guerrilla no iba a tener 茅xito.

De Venezuela viaj茅 a Cuba, donde conversando con varias personas les cont茅 de mi encuesta venezolana, y de mi convicci贸n que la experiencia de Cuba no se iba a replicar, cosa que no le gust贸 a varios de mis interlocutores.

Estaba alojado en el hotel Nacional, y mientras dorm铆a me despert茅 por unos insistentes golpes a la puerta. Eran las dos de la ma帽ana. Era un miliciano, en uniforme verde olivo, que me dijo que el Comandante Guevara quer铆a verme. Me vest铆, y el miliciano me llevo al Ministerio de Industria, del cual el Che era ministro.

El edificio estaba totalmente apagado, menos el 煤ltimo piso. El miliciano le dijo a otro miliciano de guardia que me esperaba el Che, y subimos al 煤ltimo piso, donde otro miliciano me llev贸 al despacho del Che, y me anunci贸, y me dijo que entrara. Entr茅 en el despacho, y me encontr茅 en un gran cuarto, forrado de madera tropical, y una larga mesa llena de una cantidad de papeles: del otro lado estaba sentado el Che.

El Che se levant贸 y me interpel贸: 鈥溌縔 por qu茅 la guerrilla en Venezuela va a fracasar?鈥. 聽Se dio cuenta que yo estaba desconcertado, y me dijo: 鈥淎ntes que todo, a este hora nos va a venir bien un caf茅鈥. Abri贸 la puerta y le dijo al miliciano que nos trajera dos caf茅s.

El miliciano apareci贸 r谩pidamente con una bandeja con los dos caf茅s, y se dirigi贸 hacia聽 el Che, el cual le dijo: 鈥減ero chico, los hu茅spedes primero鈥. El miliciano se acerc贸 a mi lado izquierdo, y gir贸 la bandeja hacia m铆. Al hacerlo, la metralleta que ten铆a colgada en su espalda derecha, vino a dar con mi sien izquierda.

Un reflejo聽 instintivo me hizo dar un brinco, y golpear la bandeja.聽 Y, con mi horror, las dos tazas de caf茅 rebotaron sobre la mesa, manchando una incre铆ble cantidad de papeles, tantos que si hubiese querido hacerlo, no lo hubiera logrado. Qued茅 paralizado, y el Che me dijo: 鈥淔inalmente, llega una persona que de un solo golpe me elimina tantos papeles鈥. Y desde ah铆 le tom茅 un gran cari帽o.

Conversamos hasta las cuatro de la ma帽ana. Por cada explicaci贸n que le daba al Che, 茅ste se mostraba nada convencido, y me ped铆a m谩s detalles. Nunca acept贸 ninguno de los argumentos聽que le ofrec铆a, y me qued茅 con la impresi贸n de una persona de extraordinaria calidad humana, pero muy obcecada.

Al final el Ch猫 me regalo un libro suyo, 鈥淟a guerra de guerrillas鈥, con una dedicatoria que dec铆a: 鈥淎 Roberto Savio, en recuerdo de una extensa noche de verano, sin pretensi贸n de adoctrinaci贸n, el Che鈥.

Pasaron muchos anos. Yo hice en 1973 una larga encuesta聽de tres episodios聽de una hora sobre el Che y su muerte, que la Televisi贸n Italiana, para la cual trabajaba como corresponsal jefe en Am茅rica Latina聽destruy贸, transmitiendo en su lugar dos episodios de 50 minutos, totalmente diferentes, pero usando mi material, y mi nombre. Cuando protest茅 porque se hab铆a usado mi nombre, me despidieron.

Mi encuesta estaba hecha s贸lo de entrevistas, mas de cien -hoy imposibles de realizar-, desde la 煤nica que dio el Secretario del Partido Comunista de Bolivia, Mario Monje, al sargento Mario Ter谩n聽 que mat贸 al Che en La Higuera, a Sheldon, el ranger estadounidense que entren贸 a los soldados de la contraguerrilla, a Holleender, el jefe de los servicios de inteligencia norteamericana en Bolivia, a Salvador Allende. Y de all谩 no me ocup茅 m谩s del Che.

Un d铆a, mi secretaria (mientras tanto hab铆a creado la Inter Press Service, en el 1964, y聽 la despedida de la RAI me hab铆a permitido ocuparme a tiempo completo de la agencia), me anunci贸 la visita de un diputado venezolano, del cual desgraciadamente no recuerdo聽 el nombre. Mientras le preguntaba qu茅 era lo que quer铆a, se abri贸 la puerta y el diputado me dijo: 鈥淥ye chico, 隆qu茅 ma帽ana聽dif铆cil nos hiciste pasara con el Che!鈥, como si hablara de algo que hab铆a pasado hac铆a poco.

Resulta que tras mi charla con Guevara me fui al hotel a las cuatro de la ma帽ana, y el Che fue a una casa donde estaba alojada una delegaci贸n de la guerrilla venezolana, los despert贸, y les dijo: 鈥淗a estado aqu铆 un tano, que me ha presentado una serie de razones por las cuales la guerrilla va a un fracaso鈥.

Y les fue recitando todas mis razones, y pidi茅ndoles que las contestaran. Y el diputado me dijo: 鈥渇ue una ma帽ana dif铆cil, porque estabas bien informado, y聽con argumentos reales鈥.

Descubr铆 as铆 que el Che, lejos de ser obcecado, como hab铆a pensado durante tantos anos,聽hab铆a registrado todos mis argumentos, y los hab铆a usado para chequear con los guerrilleros venezolanos qu茅 ten铆an como respuesta. No me queda ninguna duda que el Che cre铆a en la guerrilla. Pero escuchaba, y mucho m谩s de lo que dejaba ver.

Ver documental sobre el Che Guevara, Investigaci贸n sobre un mito

 

 

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1 Coment谩rio

Comentarios

  1. Dulcinea
    13 diciembre 2018 22:00

    Precioso art铆culo. Muchas gracias.

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