Nov 4 2021
803 lecturas

Pol铆tica

Uruguay: Un hecho pol铆tico muy serio

El viernes por la tarde me lleg贸 la carta. La firmaba la doctora Ana Margarita De Salterain, titular del Juzgado Penal de 26掳 Turno, apellido ilustre, de 茅lite, incorporado al nomencl谩tor de Montevideo. En su carta me dec铆a que, junto a Irma Leites y 脕lvaro Jaume, nos condenaba a 24 meses de prisi贸n. Casi nueve a帽os, desde febrero del 2013, llev谩bamos procesados por manifestar y protestar por el traslado de la doctora Mariana Mota.

El 28 de mayo del 2015, aceptando la fundamentaci贸n presentada por nuestro abogado, el Dr. Juan Fag煤ndez, la Suprema Corte declar贸 inconstitucional el art铆culo 145 del C贸digo Penal que configura el delito de asonada que nos hab铆a endilgado la fiscal铆a. Por mayor铆a, los supremos cortesanos determinaron que la asonada agraviaba las libertades de expresi贸n y de reuni贸n proclamadas en la constituci贸n y, por consiguiente, el delito no deb铆a sernos aplicado. Se clausur贸 la causa. Quedamos libres de culpa.Zabalza

Un a帽o despu茅s, sin embargo, el 20 de mayo del 2016, el 贸rgano supremo del poder judicial, integrado ahora por otras personas, reconsider贸 el asunto y, sin sonrojarse siquiera, resolvi贸 lo contrario: declar贸 que el delito de asonada era perfectamente constitucional.

El viraje de 180掳 de la Suprema Corte, evidencia la precariedad de las decisiones de los encargados de impartir 鈥渏usticia鈥. En realidad, sus interpretaciones de la constituci贸n y las leyes son muy veleidosas, dependen del modo de ver el mundo que, en un momento dado, tengan los supremos pont铆fices que administran la 鈥渏usticia鈥. Se presume su imparcialidad, pero no hay ninguna garant铆a de que as铆 sea.

M谩s adelante, Gustavo Zub铆a exigi贸 que nos condenaran por atentado. No le import贸 pedir que nos procesaran dos veces por el mismo hecho. Fue una exhibici贸n de poder por parte de un fiscal.

En su sentencia, la doctora De Salterain comunica que los tres imputados somos autores de un delito de atentado especialmente agravado por la 鈥渧iolencia y amenazas contra funcionarios p煤blicos, con el fin de impedir el libre ejercicio de la funci贸n, actuando con prepotencia, odio y menosprecio a la autoridad鈥. No es 鈥淟a Ley鈥 quien juzga, sino una funcionaria que administra un juzgado que, por consiguiente, queda sujeto a sus maneras de sentir y ver la realidad.

En el texto, para fundamentar sus dichos, la jueza reproduce las declaraciones de los integrantes de la fuerza policial que desaloj贸 los manifestantes del edificio de la Suprema Corte. No se reproducen otros testimonios, algunos de ellos que contradicen los aportados por los uniformados.

Irma Leite

Aun as铆, la doctora De Salterain pas贸 por alto un detalle bien importante. En sus declaraciones, el jefe de la operaci贸n hizo constar que, cuando iba a proceder al desalojo por segunda vez, orden贸 a la fuerza de choque que se despojara de los implementos que usan para la represi贸n violenta, bastones y escudos, por ejemplo. Entendi贸 que no eran necesarios los instrumentos 鈥減acificadores鈥.

El hecho indica que la actitud de los manifestantes no ameritaba ir en pie de represi贸n, porque apenas fueron necesarios unos pocos empujones. 脡l mismo oficial se帽ala que, al fin y al cabo, los manifestantes se retiraron de buenas maneras. La mirada sesgada de la se帽ora jueza simplemente ignor贸 esta contradicci贸n porque, en 煤ltima instancia, quer铆a ver violencia en nuestra actitud.

A De Salterain, como a Zub铆a, s贸lo les interesaba criminalizar a las tres personas que, de antemano, ten铆a decidido condenar. Alcanza con tener el poder de hacer valer su punto de vista o su capricho. Con una persona diferente a cargo del Juzgado, otros hubieran sido sus criterios y otra su decisi贸n. Tal vez hasta habr铆a reconocido que no hubo violencia ni amenazas y archivar铆a la causa. A veces, el destino de un indagado depende del estado de humor de quien goza del poder de juzgar.

En su sentencia, la se帽ora jueza refrenda al pie de la letra, el contenido de la acusaci贸n presentada por Gustavo Zub铆a, entonces fiscal y ahora diputado por la coalici贸n gobernante. Inclusive determina la misma pena cuantificada por el fiscal. Le agrega, como prueba de culpabilidad, las declaraciones de los oficiales y polic铆as encargados de desalojar los manifestantes que protestaban en la Suprema Corte. Deja a un lado otros testimonios prestados por otros testigos. Hay un claro sesgo ideol贸gico en la sentencia, cosa que no es de extra帽ar de parte de Zub铆a, conocido en los medios de comunicaci贸n por sus posturas, las m谩s reaccionarias de nuestro pa铆s. Est谩 apenas un pasito detr谩s de Bolsonaro, que elogia la tortura, el terrorismo de Estado y las dictaduras militares.

脕lvaro Jaume

La sentencia pod铆a haber sido redactada y comunicada dos, tres, varios meses atr谩s, o dentro de dos o tres meses. Al parece la jueza ni se acordaba del expediente, que parec铆a perdido en los estantes de Penal 26. Algo hizo que le viniera a la memoria justo cuando, una vez m谩s, se plantea el olvido y el perd贸n para los criminales del terrorismo de Estado. Es inevitable sospechar en la sentencia un prop贸sito de crear otro polo de demonios, de oponerlo al de los recluidos en Domingo Arena.

Regresa la teor铆a de los dos demonios, ahora utilizada para justificar la campa帽a por la impunidad de quienes cometieron delitos de lesa humanidad.

El hecho convocante de la protesta en cuesti贸n, el 13 de febrero de 2013, fue el traslado a un juzgado civil de la Dra. Mariana Mota, jueza penal a cargo de m谩s de 50 expedientes con militares indagados por delitos de lesa humanidad. El traslado despert贸 la certeza de que era un adoqu铆n m谩s en la 鈥渕uralla鈥 de impunidad que el poder judicial estaba levantando. Aunque lo disfrazaran de decisi贸n puramente administrativa, fue un hecho pol铆tico muy grave, que impregn贸 de ideolog铆a y pol铆tica el proceso judicial que ahora culmina con la sentencia de la jueza De Salterain. Con intencionalidad pol铆tica, la doctora trastoca en acto de violencia una manifestaci贸n de protesta en repudio al acto pol铆tico de la Suprema Corte. La sentencia transpira pol铆tica.

El poder judicial, instituci贸n que integra el andamiaje de poder de la clase dominante, nos regresa al rol de presos pol铆ticos, nuestra ubicaci贸n tradicional en esta historia que el terrorismo de Estado sembr贸 de desaparecidos, asesinados, violados y torturados. Estamos prisioneros de la visi贸n m谩s reaccionaria de la sociedad, hoy ense帽oreada en las figuras de la se帽ora jueza y del se帽or ex fiscal, brazos ejecutores del 鈥渄ar vuelta la p谩gina鈥.

  • Compartir:
X

Env铆e a un amigo

No se guarda ninguna informaci贸n personal


A帽adir comentario

Tu direcci贸n de correo electr贸nico no ser谩 publicada. Los campos obligatorios est谩n marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende c贸mo se procesan los datos de tus comentarios.