Ene 24 2012
1144 lecturas

Cultura

Cuba: la vie en Bola

Sus guardianes espirituales y los m√©dicos le advirtieron: Be careful, it¬īs your heart, pero Ignacio Villa se fue a M√©xico en octubre de 1971 y regres√≥ sin latidos a su natal Guanabacoa. All√≠, en el cementerio, tres d√≠as despu√©s de su muerte y ante una tumba demasiado sencilla para su fama, el pueblo lo llor√≥ como llor√≥ al Beny. Y despu√©s, como suele ocurrir solo con pocos m√ļsicos en una isla de m√ļsicos, el nicho de Bola ha seguido recibiendo flores y cantos, visitas de sus hermanos de religi√≥n y de sus hermanos artistas.| MABEL MACHADO.*

 

Bola no tuvo que esperar a que se cumplieran este 2011 su centenario y los 40 a√Īos de su muerte para que fuera reconocido como un genio de la canci√≥n y el piano en Cuba. Lo dijo en estas mismas p√°ginas el poeta Sigfredo Ariel: aqu√≠ todo el mundo lo adora.

 

Todo el mundo sabe que parec√≠a m√°s una bola de cacao con un pedazo de luna menguada como sonrisa; que de ni√Īo se encaramaba en la reja de un vecino para escuchar el piano; que tocaba en los cines para las pel√≠culas silentes; que viaj√≥ y pele√≥ con la celosa Rita Montaner; que fue admirado y acogido por Lecuona; que tuvo a Ester Borja como colega y amiga; que dio vueltas por el mundo cantando con idiomas mezclados; que vest√≠a de gentleman y ten√≠a un piano y un amor en el restaurante Monseigneur de La Habana.¬†

 

El gordo y bueno del Bola irrumpi√≥, negro y ronco como era, en los espacios selectos de la televisi√≥n, la radio y el ambiente cultural de la Isla. Con sus ‚Äúcancioncitas baratas que han gustado‚ÄĚ y como ‚Äúvendedor de ciruelas sentado al piano‚ÄĚ1 propin√≥ varios puntapi√©s a las convenciones. Y la gente lo quiso por eso, por atrevido, por sincero, por libre y sobre todo por feliz, aunque le pidieron siempre que cantara los temas m√°s tristes de su repertorio.

 

Es l√≥gico que en un cumplea√Īos tan se√Īalado como el de √©l en septiembre, Cuba le rindiera honores a Bola y lo sacara del piano de 21 y O para seguir aplaudi√©ndolo como si no hubiese dejado de actuar despu√©s de aquella noche final de agosto en el Teatro Audit√≥rium. La Uni√≥n de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) concibi√≥ una jornada de un mes para evocarlo en exposiciones, conciertos, charlas y presentaciones f√≠lmicas y teatrales, que comenzaron con la reposici√≥n de Monse√Īor Bola, el √ļltimo espect√°culo estrenado por el fallecido dramaturgo H√©ctor Quintero. ¬†

 

La m√ļsica que interpretaba Ignacio Villa ha sido retomada en estos d√≠as por artistas como Omara Portuondo, Miriam Ramos, Luis Carbonell, Rolando Luna y Harold L√≥pez-Nussa. Los recitales han tenido lugar en la sala Villena de la UNEAC, el Museo de la M√ļsica y el Teatro de Bellas Artes. En esta tercera sala, organiz√≥ un concierto tambi√©n el pianista Nelson Camacho, quien desde hace a√Īos act√ļa en la media luz del restaurante bautizado una vez como Chez Bola.

 

El artista Santos Toledo quiso que el hijo de Mam√° In√©s fuera el protagonista de su m√°s reciente serie de carteles, trabajados a partir de tecnolog√≠as digitales. El Instituto Cubano del Libro volvi√≥ a editar el volumen biogr√°fico de Ram√≥n Fajardo, prologado por el Premio Nacional de Literatura Reynaldo Gonz√°lez. La compa√Ī√≠a Retazos experiment√≥ una nueva l√≠nea de proyecci√≥n esc√©nica con T√ļ no sospechas, una selecci√≥n coreogr√°fica que recrea las canciones m√°s conocidas de Bola de Nieve. ¬†

 

El cinco de octubre, como todos los a√Īos, la tumba de Bola se rode√≥ de amigos, artistas y admiradores. Ese d√≠a se supo que el pianista volver√° a aparecer en Guanabacoa de manos del escultor F√©lix Madrigal ‚ÄĒquien va a dedicarle una pieza en fibra de vidrio‚ÄĒ y que su m√ļsica entera podr√° escucharse pronto en todas las bibliotecas p√ļblicas del pa√≠s.

 

Ignacio Bola Villa de Nieve vive todavía en Cuba aunque no pueda encontrársele ya más en el apartamento del Vedado sobre el Club Barbaram o en las casas grandes de Guanabacoa. Entre todos los recodos donde ha dejado alguna pista, lo mejor, en estos días, es buscarlo Por el monte Carulé, en una sala oscura, entre títeres y retablos danzantes guiados por el  sagaz e impresionantemente parecido Rubén Darío Salazar de Las Estaciones.  


 

* Periodista.
En la revista cultural cubana La Jiribilla (www.lajiribilla.cu).

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


    Su nombre (requerido)

    Su Email (requerido)

    Amigo(requerido)

    Mensaje

    A√Īadir comentario