May 11 2020
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OpiniónPolítica

¿A quién salvar? El dilema entre la salud y la economía

¿Destruirás también al justo con el impío? ¿y si hubiera cincuenta justos en la ciudad?, entonces, le respondió Jehová a Abraham, si hallase cincuenta justos dentro de la ciudad, les perdonaré a todos y no la destruiré ¿y si hubiesen 45?, le repreguntó Abraham. Si hubiesen 45 no la destruiré. Pero si hubieran 40…

El dilema ético en una crisis como la que vivimos es gigante. Los gobernantes de todo el mundo se baten en decidir en una balanza que mide costos económicos versus costos sanitarios. Pero, ¿hay un número justo de infectados para dejar que la economía se destruya? ¿hay un porcentaje de pobreza justo al que llegar, antes de dejar morir a un infectado? Hoy no es fácil ser presidente o presidenta.Influencia de la economía en la salud - info-farmacia

Porque la crisis que vivimos abandonó el mundo de las especulaciones y nos ancló de sopetón en lo real, en lo tangible. La balanza no es binaria, es multidimensional. Las decisiones políticas deben considerar una multitud de factores que impactan en la salud y en la economía, pero también en la psicología, subjetividades, valores y expectativas de las personas.

Por eso, probablemente, la lección que podemos sacar de todo esto es que la única forma de arrancar hacia adelante ante el dilema entre o salud o economía, es comprender que ambos lados de esa balanza pertenecen a un único problema, que es el de la política. La política es la salud y es la economía. Trump, por su ideología, quiere desmantelar el sistema público de salud que heredó de Obama, y también, por sus creencias, los Estados que forman parte de los Estados Unidos han multiplicado el precio de insumos médicos fundamentales, como mascarillas y ventiladores, en vez de permitir que Washington administre estos recursos y los reparta de acuerdo a las urgencias, de manera centralizada, como ha denunciado el Gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo.

La lección de lo tangible, es que no existe eso del fantasma invisible que mueve los hilos del mercado, y que no podemos apostar a la autorregulación de procesos que son esencialmente humanos. Porque la única forma de conciliar todos los aspectos de lo real de una sociedad, es a través de la planificación y regulación del mercado, a través de un Estado fuerte y democrático. Esa es la gran conclusión a la que nos retrotrajo esta pandemia. La construcción del valor, es demasiado importante como para dejarlo en manos de los especuladores -o capital financiero, como les gusta que les digan.Economía básica para mejorar la Gestión de Salud

La lección, en definitiva, es que esa naturaleza humana egoísta, la idea que el hombre es el lobo del hombre, es solamente una creencia; y que la flojera como constitutiva de lo humano, es un invento. Porque lo que hemos visto a diario en los noticieros, es el esfuerzo, heroico, de mujeres y hombres de la salud, y de cientos de trabajadores estratégicos de la sociedad, que, pese al riesgo y por la misma paga, siguen ahí, en sus puestos. Y que ese pueblo flojo, que “quiere todo gratis”, continúa bregando por llegar a sus trabajos, presionan a las autoridades para terminar las cuarentenas, e imaginan, afanosamente, todas las formas posibles para continuar produciendo en este nuevo escenario.

La lección, es que los empresarios de todos nuestros países, tienen la oportunidad -y muchos lo están haciendo- de salir de esta ideología del individualismo para hacer, por fin, algo por el bienestar de todos y todas, y no solamente por el propio. Hacer algo por la economía (por el sistema económico), y no solamente por su riqueza o su moral (caridad). La articulación entre empresarios, sindicatos de trabajadores, y Estados será fundamental para dar pasos adelante en esta crisis, y para esto, las lógicas de la ganancia y la explotación deberán quedar entre paréntesis.

En definitiva, la lección es que este mundo y el que viene, deberán reconstruirse, con urgencia, sobre las bases de la comprensión de lo tangible. Deberán entender que lo real sí existe, y que somos nosotros y nosotras, que el dilema entre la dimensión sanitaria y la económica de esta crisis y de cualquiera, podemos resolverlo con dos palabras: políticas progresistas. Porque al menos, más de cincuenta justos hay en todo el mundo, y por eso hay que tratar de salvarlo por completo. Con todos, con todas, y al mismo tiempo.

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