Sep 30 2008
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Sociedad

Actualidad: vox pópuli… ¿Dónde se metió dios?

Lagos Nilsson

Los antiguos –esos ancestros que nos dejaron la Tierra por herencia– pensaron que la voz del pueblo era la voz de dios. Créalo o no, hubo tiempos sin tele ni teléfono. En algún momento María Antonieta, la pobre –quizá después de mirar o tocar o ser tocada por el sueco Fersen–, allá en Francia, descubrió que los "sin calzones" eran torpes: por qué reclamar por pan si hay pasteles.

Algo parecido debieron decirse los empresarios en la Patagonia cuando las matanzas (de personas, no de ovejas). Y eso precisamente debe haber guiado a los pro hombres de los uniformados  –y mentores, civiles no olvidemos americanos– desde maese Trujillo hasta el innombrable–. ¿Pan o torta?. Eligieron yatagán y bala.

Quiero decir: las cosas son complejas y los muertos quedan en el camino. Son el "daño colateral" de la actualidad.

"Señor, son pobres". Alguien toca la puerta, cantó Serrat. A Rodríguez se le perdió el unicornio azul. Falú –ese fantástico no siempre considerado– nos habla del que va a la zafra mientras madura en la entraña de la mujer el hijo cañero. Patxi Andión se queda con el sobreviviente de una mala arbolada. Mans nos cuenta de arriba en la Cordillera. Bola de Nieve no claudicó. Violeta sueña el sueño de los solitarios, ¡pobre viola chilensis! ¿Qué fue de los días de gloria, Milanés? Siempre hay un caballo viejo que matar –u olvidar.

Siempre queda el vino. Cosas.

No sé nada de economía; me bastó cuando estudiante un mínimo y por curiosidad rastreo etimológico para entender que, en el fondo, se trata del orden de la casa: que lo conseguido alcance para todos. La palabra importante es casa. Por eso no debe extrañar la crisis disparada –pero no causada– por hipotecas. Sobre predios y construcciones donde no bastaba poner cuatro tablas para llamarlas, Alegría, casa.

El curita de la parroquia de la esquina sostiene que su dios –él usa la palabra dios con mayúscula– camina caminos sorprendentes. Un amigo judío asegura que la voz de "la gente" es eco de la voz del suyo. Otro amigo, que lee el Nuevo Testamento, no fuma en público ni bebe en público ni hace negocios en público.

Una vez encontré en una estación de trenes –Saavedra, en Buenos Aires, y hacía mucho frío, era invierno– llorando a un pastor luterano que nada tenía para arrojar a la cara del demonio (por ahí cerca el Polaco Goyeneche apuraba su última ginebra). La masonería desguaza su universidad. Dios todo lo sabe.

Siempre queda el vino. Risas.

El 29 de setiembre mi hermana hubiera cumplido años, si viviera. No vive. La mataron. Sus asesinos son personas buenas: van a misa, algunos usaban uniforme. ¿Dónde dios, dónde? Somos una familia pequeña. No creemos en esos dioses de asalto e hipocresía. No creemos. Tampoco en otras cosas, Bakunin. Tengo sobrinos nietos. Mi hermana dejó huella, pese a todo. No nos mataron, no nos silenciarán –no a todos.

Entonces, entonces ahora llegó –¿quién le dio alas?– "la" crisis. ¿Le importará la crisis al vago de la esquina? ¿Al pobre con hambre? ¿Al rico a salvo? (Y sí, soy simplista). Si fuéramos deterministas creeríamos que es una crisis falsa: creada en el frío horno de una plusvalía cada año más esquiva. Ningún poderoso deja de serlo. Quizá del resto dependa que no haya nunca más poderosos, pero si insistes con ese mensaje idiota hasta el PC se enoja contigo.

Ya jodieron los privados empresarios los sagrados fondos de pensiones (¡menos mal que no tengo previsión!) y hay millones mirando por una ventana sin vidrios cómo juegan el viento y la nieve en la –digamos– Laguna de los Cisnes. Ellos, no los cisnes, los que"cotizaron", no tienen salvación. No son "mercado", son números de triste bajo consumo. Nadie salvará tu bicicleta, pero si eres dueño de un helicóptero… Ellos se jodieron.

Todo lo demás es broma. U operación de prensa,

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