Dic 15 2006
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Economía

¿Ángeles o huríes? – EEUU: JURAMENTO E INTOLERNCIA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Eso no es una excusa, dice Prager. Ellison tiene que aceptar la Biblia, o atenerse a las consecuencias. En lo que concierne a un miembro del Congreso que jura servir a Estados Unidos y defender sus valores, Estados Unidos está interesado en un solo libro”, escribió Prager en el blog Townhall.com. “Si no es capaz de jurar sobre ese libro (la Biblia), que no pertenezca al Congreso”.

¿Habrá leído Prager la Constitución? ¿Sabrá algo de historia norteamericana? Para Prager y sus ignorantes colegas, un curso de repaso pudiera ser útil.

Estos es Estados Unidos de América. Somos una nación seglar. No tenemos religión oficial del estado. No requerimos pruebas religiosas para ocupar cargos públicos. En realidad, la práctica de poner la mano en la Biblia o en cualquier otro libro no lo exige la Constitución. Comenzó con George Washington, quien también agregó las palabras “Con la ayuda de Dios” al final del juramento oficial. Nadie que haya ocupado un cargo se ha atrevido a no seguir el ejemplo de Washington –hasta ahora.

Prager también se equivoca al calificar a la Biblia como “el libro sagrado de Estados Unidos”. El hecho es que solo tenemos un libro sagrado. No es la Biblia. Tampoco es el Corán. Es la Constitución. Y bajo la libertad de religión garantizada por la Primera Enmienda de la Constitución, los norteamericanos somos libres de practicar la religión que deseemos, o no practicar ninguna.

Por eso, idealmente, no se debiera usar ningún libro religioso cuando se jure un cargo. Es más, ningún libro sagrado, ni siquiera la Biblia, se usa durante el juramento oficial de todos los nuevos miembros del Congreso en el recinto de la Cámara de Representantes. Pero como George Washington inició esta tradición de colocar la mano sobre un libro religioso mientras prestaba juramento ceremonial –una repetición con ambiente de fiesta que se celebra para familiares y amigos después del juramento oficial–, permítase a la gente que seleccione el libro que desee. Para los cristianos, la Biblia. Para los judíos, la Torá. Para los musulmanes, el Corán. ¿Qué importa? De todas maneras, no significa nada.

¿Entonces por qué tanta alharaca? Solo porque algunos conservadores religiosos quieren una teocracia, no una democracia. No descansarán hasta que hayan impuesto la Biblia a todos los norteamericanos. En otras palabras, están dispuestos a reconocer la libertad de religión, pero solo siempre que todos practiquen su clase de religión y ninguna otra: muy parecido a Henry Ford, quien ofreció a la gente que podía escoger el color preferido en su Modelo T –siempre que fuera negro.

Preocupado por parecer demasiado fanático, Prager ha ofrecido un compromiso. Como primer musulmán elegido al Congreso, Ellison tiene la singular oportunidad de unificar la nación, sugiere Prager –lo único que tiene que hacer es llevar una Biblia a su ceremonia de juramento, además del Corán, y colocar su mano sobre los dos libros. De otra manera, advierte Prager, “ni yo ni decenas de millones de norteamericanos permaneceremos en silencio mientras la Biblia es reemplazada por otro texto religioso por primera vez desde que George Washington llevó una Biblia a su toma de posesión”.

Mi consejo a Ellison es: acepte la sugerencia. Dígale a Prager: Estoy de acuerdo en llevar y colocar mi mano derecha tanto sobre el Corán como sobre la Biblia en mi toma de posesión –siempre y cuando todos los cristianos acepten usar la Biblia y el Corán. Si los cristianos no están dispuestos a hacer lo mismo, yo y decenas de millones, al igual que Prager, no permaneceremos en silencio mientras la Biblia es reemplazada por el Corán por primera vez. Aplaudiremos fuertemente. Porque la Primera Enmienda habrá sido puesta a prueba y la habrá pasado airosamente: de rojo, blanco y azul.

Una última cosa. Hace dos años la recién electa Representante Deborah Wasserman Schultz (Demócrata por la Florida) también rehusó utilizar la Biblia en su toma de posesión. Judía devota, solicitó y obtuvo el permiso para usar una copia de la Torá.

Seguramente hasta Dennis Prager debiera entenderlo: Lo que es bueno para Deborah Wasserman Schultz, una judía, es bueno para Keith Ellison, un musulmán. Dios bendiga a Estados Unidos.

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* Animador de un programa diario de radio sindicado nacionalmente, y autor de un nuevo libro, De cómo los republicanos se robaron la religión.

www.billpress.com

En: www.progresosemanal.com.

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