Feb 20 2009
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Sociedad

Argentina, peligro: redes “solidarias”

Ximena Cabral*

Los recientes derrumbes e inundaciones en Tartagal, Salta, muestran que las "catástrofes" pueden evitarse y que, una vez que el desastre llegó, las soluciones amarradas en los lazos "solidarios" apuntan a individualizar conflictos políticos: "la Red Solidaria convoca para ayudar a Tartagal (…) con cada SMS que se envíe al 15–41631613 se destinará un alimento no perecedero para el comedor Fátima, donde asisten cien chicos de esa localidad" explica la noticia.

Esta especie de camión solidario virtual muestra las carencias de estas "ideas sencillas".

En primer lugar –como subrayamos cuando ocurrieron las inundaciones de Santa Fe– aquí no es cuestión del cambio climático, ni de fuerzas oscuras y extrañas de la naturaleza: es un agua que dejaron correr. El alud, la catástrofe y tantas otras nominaciones ocultan un telón de fondo enhebrado por la complicidad y, en casos menores, la negligencia entre representantes públicos gubernamentales y las empresas transnacionales.

Mientras tanto, fundaciones "solidarias" realizan la política del parche: dan una solución individual, cómoda solo "desde su celular", corriendo el eje de la magnitud del conflicto. Es decir, en vez de promulgar la obligación de los organismos públicos del cuidado territorial y de los bienes comunes (el oro del nuevo milenio), se trastoca en la fórmula de la solidaridad como una responsabilización. Allí se reparten las penas en nosotros y las vaquitas para los ajenos, a la vez que se supone y se acuerda en que las ganancias siempre serán privadas mientras que las pérdidas deben repartirse entre todos. Y eso no se discute.

Catástrofe anunciada

Los efectos que el desmonte produce, dentro de la depredación de bienes comunes en América Latina, puede convertirse en moneda corriente. Si bien la Ley de bosques implica una avanzada aun queda por discutir lo que fue el veto a la ley de Glaciares.

Hay cientos de hombres y mujeres que van denunciando lo que las trasnacionales hacen sobre las tierras, el agua y sobre sus cuerpos, con enfermedades como el cáncer y envenenamientos en el caso de los agrotóxicos.

Acá podemos hacer un paréntesis para recordar la movilización de Montecristo en la ciudad de Córdoba hace solo una semana; o ir más atrás y rememorar la extensa denuncia de las madres de barrio Ituzaingo. "Nuestros hijos se mueren de cáncer" gritaban las madres y su relato puede entremezclarse con el de las mujeres de Jachal, con los que marchan contra la minería en "los despierta" y otras imágenes de cuerpos infectados, enfermos, contaminados.

Algunos protestan una vez que la enfermedad se hizo visible, otros largamente continúan denunciando –como lo hicieron en Gualeguaychú desde el inicio– y están quienes van logrando avances como algunos de los colectivos contra las mineras.

Sin embargo, quedan librados a su posibilidad de presión y denuncia. Denuncia que es invisibilizada por los grandes medios o, en otros casos, es transformada, descontextualizada y banalizada por algún recorte periodístico o una reinterpretación del presentador de noticias.

Y aquí, no hay criterios de lo noticiable que se respeten: encuentros regionales, demandas judiciales, protestas de cientos que –más allá del mediático Greenpeace– fueron ignorados entre tandas publicitarias y lo estrechas que son las discusiones cuando se habla de las problemáticas del campo en la Argentina.

* Periodista.
Un despacho de www.argenpress.info que cita como fuente a Prensa Red (www.prensared.com.ar).

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