Jun 30 2013
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Pol铆tica

Brasil: Un espejo cruel

No por inesperado ha sido menos impactante para Dilma Rousseff y su gobierno: en la noche de ayer se conoci贸 el resultado del primer sondeo realizado luego de la ola de manifestaciones que vienen sacudiendo al pa铆s en las 煤ltimas semanas. La aprobaci贸n del gobierno se derrumb贸 nada menos que 27 puntos. Si cuando las movilizaciones empezaban a alzar vuelo, Dilma todav铆a contaba con 57 por ciento de aprobaci贸n popular, ahora cuenta con 30 por ciento.

Eso significa, entre muchas otras cosas, que si las elecciones de octubre del a帽o que viene fueran hoy, habr铆a seguramente una segunda vuelta. Hasta ahora, Dilma ganaba en la primera, y con cierta tranquilidad.

Cuando la pregunta a los entrevistados se limita al voto en 2014, hasta la primera semana de junio Dilma obten铆a 54 por ciento de votos seguros. Ahora, logra 30 por ciento. La difusa Marina Silva, que ni siquiera tiene partido, creci贸 de 16 a 21 por ciento. El candidato del principal partido de oposici贸n, A茅cio Neves, del PSDB, fue de 14 a 17 por ciento. Y el gobernador de Pernambuco, el socialista Eduardo Campos, ha sido el 煤nico que no logr贸 salir del lugar en que se encontraba: ten铆a 6 por ciento, ahora tiene 7 por ciento.

M谩s que el crecimiento de Marina Silva, una mezcla rara de ambientalista radical que milit贸 por d茅cadas en el PT hasta sumar a su ra铆z original la de militante activa de sectas evang茅licas, y m谩s a煤n que el t铆mido crecimiento de A茅cio Neves, impacta el desplome de Dilma Rousseff. Ella sigue siendo favorita, pero ya no como antes.

Los analistas dicen que es natural que haya ocurrido ese desplome, y que todav铆a hay mucho espacio para que Dilma recupere el terreno perdido, inclusive logrando reelegirse en la primera vuelta. Pero el escenario, para la presidenta, cambi贸 de manera radical.

La rara mezcolanza de partidos que integran la base aliada del gobierno reaccion贸 con estupor. Todos se dicen sorprendidos, como si no fuese evidente que la imagen del gobierno como un todo, y de la presidenta en particular, ser铆an duramente afectados. Asesores de Dilma dicen que no hay que sorprenderse, sino esperar que las cosas decanten, pasada la tensa emoci贸n del momento, y el panorama vuelva a aclararse.

El mismo sondeo que indica la fuerte ca铆da de la presidenta y de su gobierno indica que un 58 por ciento de la poblaci贸n aprueba la respuesta de esa misma presidenta y de ese mismo gobierno a los reclamos de las calles.

El resultado del sondeo, realizado por la Datafolha, vinculada con el diario Folha de S. Paulo, ocurre en el momento en que el pa铆s realiza una especie de catarsis. Las manifestaciones callejeras pusieron en evidencia una insatisfacci贸n colectiva que se encontraba represada y era ignorada por todos, gobierno y oposici贸n, y, en buena medida, por la misma poblaci贸n.

Ha sido necesario que las multitudes saliesen a las calles para que los quejosos se sintieran identificados, conociesen a sus pares.

Es, vale reiterar, un movimiento difuso, sin organicidad, sin organizaci贸n, sin l铆deres visibles, lo que significa tambi茅n sin interlocutores representativos junto a los canales institucionales, o sea, las autoridades. 驴Con qui茅n conversar? 驴A qui茅n, de esa masa multiforme y sin forma, invitar al debate, a la negociaci贸n?

Brasil vive un momento curioso, delicado, 煤nico y, quiz谩 por eso, estimulante. Y peligroso, muy peligroso.

Hay energ铆a en las calles, nadie lo puede negar. Hay un impulso renovador, que, bien aprovechado, puede ayudar a mejorar al pa铆s, a sus instituciones, a la misma democracia recuperada.

Adem谩s, lo que ocurre pone en evidencia una serie de desviaciones que resultaron en que nadie se sienta representado por los pilares b谩sicos de la democracia, o sea, los canales institucionales.

Nadie siente que los partidos pol铆ticos los represente. Se impone la impresi贸n de que los partidos tienen pautas electorales, pero no proyectos para el pa铆s. Queda evidente que el Poder Legislativo, cuya misi贸n ser铆a fiscalizar al Poder Ejecutivo, promover el debate de los grandes temas nacionales y, finalmente, legislar, no hace nada de eso.

En lugar del debate democr谩tico, lo que existe es la negociaci贸n. Y esa negociaci贸n no siempre busca una soluci贸n que lleve al bienestar com煤n: busca solamente satisfacer a intereses menores y, en la mayor铆a de los casos, indignos.

El Poder Judicial igualmente est谩 acosado. 驴C贸mo seguir justificando que se pague a los jueces un 鈥渁uxilio alimentaci贸n鈥 retroactivo a diez a帽os? 驴Qu茅 otra clase de trabajador brasile帽o tiene ese derecho?

Y m谩s: 驴c贸mo seguir justificando vacaciones de 90 d铆as a los se帽ores BR DILMAmagistrados? 驴Y ajustes salariales decididos por ellos mismos, al margen de cualquier negociaci贸n con los dem谩s poderes? 驴C贸mo justificar las prebendas y ventajas de un sistema cerrado? En Brasil, cuando un integrante del Poder Judicial es flagrado en delito, su 煤nica condena es jubilarse y seguir cobrando su sueldo integral. El Poder Judicial, que pretende juzgar la corrupci贸n, se asegura una impunidad inadmisible. 驴Con qu茅 derecho semejante poder puede juzgar a alguien?

En los 煤ltimos d铆as, y a raz贸n de la presi贸n de las calles, se votaron proyectos a todo vapor en el Congreso. Por ejemplo: hace catorce a帽os 鈥揷atorce鈥 duermen en alg煤n rinc贸n del Poder Legislativo una enmienda constitucional que decid铆a la apropiaci贸n, por parte del Estado nacional, de tierras donde se comprobase la pr谩ctica de trabajo esclavo. La esclavitud fue abolida por ley en Brasil en 1888. Pero sigue existiendo.

Bueno: catorce a帽os despu茅s, esa mudanza legislativa fue aprobada en un par de horas. 驴Por qu茅 tard贸 tanto? Sin el clamor de las calles, 驴pasar铆a algo?

Todo eso puede sonar bien a o铆dos entusiasmados o ingenuos. Pero hay que ver que, al mismo tiempo, el Congreso brasile帽o, integrado en buena parte por diputados y senadores de los cuales se puede decir cualquier cosa, menos que sean 铆ntegros y dedicados al inter茅s nacional, aprueba proyectos inviables, absurdos, con tal de satisfacer a la opini贸n p煤blica. Asumen compromisos que nadie podr谩 cumplir, en nombre de atender las voces de la calle.

Ese es el laberinto en el cual vaga, solitaria y buscando un norte, la presidenta Dilma Rousseff.

Enfrenta adversarios y enemigos, y tambi茅n deslealtades y traiciones entre aliados y en el mismo PT.

Lo que el pa铆s vive muestra que lo que est谩 en jaque no es un gobierno, ni un partido, y menos una presidenta. Es el mismo sistema pol铆tico, la estructura de las instituciones, el funcionamiento de los partidos, las muchas farsas creadas en nombre de la gobernabilidad.

Brasil es, hoy, un pa铆s que se enfrenta a un espejo que le devuelve una imagen que el sistema prefer铆a seguir desconociendo.

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