Ene 6 2009
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Opinión

Chile a un año de las elecciones presidenciales: etapa de definiciones

Alexis Meza Sánchez*

Falta poco menos de un año para las próximas elecciones presidenciales, y el panorama se ve aún difuso. Un reciente estudio de la UDP señala que los chilenos han reforzado su visión estatista, en atención al apoyo que prestan a la creación de una AFP estatal, a la administración del Estado del sistema de transporte público y a la regulación estatal en educación y salud.

Este "giro hacia el Estado" (que en realidad no es nuevo), nos sirve de contexto para analizar el panorama electoral de cara a las próximas elecciones presidenciales y la necesidad de establecer una ‘nueva agenda progresista, democrática y popular’.

Todo parece indicar que la derecha marchará unida tras la figura de Sebastián Piñera. Este último ya cuenta con el respaldo de los ‘coroneles’ de la UDI, lo que le permitió destrabar uno de los focos de tensión permanente en dicho sector en los últimos años. Esto es la conflictiva relación entre la cúpula UDI (que es la que decide en nombre del partido) y el empresario.

No obstante ello, el largo anhelo presidencial de Piñera, debe, para sostenerse durante un año (una eternidad en política), entregar al gremialismo sucesivas ‘pruebas de blancura’, a objeto de no dilapidar este apoyo. Eso no es fácil considerando la personalidad impulsiva del candidato y la energía que tendrá que desplegar la UDI para no ser absorbida en su ideario como fuerza política por el ‘piñerismo’.

¿Serán capaces en la derecha chilena de trabajar mancomunadamente tras la candidatura de Piñera dejando atrás rencillas, desconfianzas y traiciones?
Ergo, la carrera presidencial no está corrida, por lo que incidir en ella aún está dentro del campo de posibilidades.

Por su parte la Concertación cierra un 2008 lleno de nubarrones. Ha visto desgajarse por la derecha y por la izquierda su fuerza parlamentaria; el gobierno solo se sostiene en el carisma, ética y empatía de la presidenta, pero eso no irradia al conjunto del gobierno y además aún no se vislumbra una candidatura que se posicione con fuerza ante Piñera.

Pese al empeño de Frei, las ganas de José Antonio Gómez, el foco de atención está puesto hace meses en la indefinición de Insulza y en la confusa postura del PPD, acentuada tras la ‘bajada’ de Lagos(1).

El fantasma de entregarle la banda presidencial a la derecha crece y el necesario giro al progresismo, aún no se instala con fuerza ni menos convicción, en la coalición de gobierno. Solo aislados esbozos de renovación programática, que no se sustentan en una coalición sólida que le dé credibilidad y la voluntad de terminar con la exclusión, a la cual tantas veces se ha apelado, pero que a la hora de materializarse se actúa con soberana mezquindad, configuran una suerte de guiño a la izquierda a objeto de capitalizar en una eventual segunda vuelta, el apoyo de ese sector para una candidatura concertacionista.

Lo que está claro es que sin el apoyo de las fuerzas de izquierda, la Concertación no retiene La Moneda. ¿Será capaz la Concertación de renovar su agenda programática en pro de la promoción de los derechos sociales, transformación del modelo y profundización de la democracia?, ¿Cómo pretende atraer a las fuerzas del progresismo tras una quinta candidatura oficialista? 

Los precandidatos del progresismo (Navarro, Teillier, Hirsch y Arrate), parecen avanzar sigilosamente en la construcción de acuerdos, que permitan desplegar una candidatura única y un programa político de transformaciones estructurales de la sociedad chilena.

El desafío es mayúsculo, considerando que algunos de ellos han declarado que no están por levantar una candidatura testimonial, sino que pretenden irrumpir como una fuerza política decisiva que altere el mapa electoral. Para ello deben definir si están dispuestos a sostenerse como fuerza política en el tiempo, en pro de construir una nueva mayoría progresista y democrática o en aras de capitalizar un nuevo acuerdo táctico con la Concertación optan por apoyarla en segunda vuelta.

¿Optará la izquierda por dar un salto estratégico de reposicionamiento de las banderas democráticas populares, reeditando las largas zancadas que diera a mediados del S. XX el allendismo? 

Lo que está en juego en esta elección es gravitante. Por un lado, un eventual triunfo de Piñera significa una profundización del modelo neoliberal y la concentración grosera del poder económico y el poder político. Esto es abiertamente contradictorio con el deseo ciudadano de contar con una mayor protección social de parte del Estado.

Si bien gente de izquierda, en anteriores oportunidades, ha votado por la Concertación en aras de "parar a la derecha", esto hoy no parece suficiente. Por ende levantar una agenda progresista, democrática y popular y dotarla de fuerzas políticas y movilización ciudadana capaces de promoverla y defenderla es una tarea histórica.

(1) Esta columna se escribió antes de conocerse la renuncia de José Miguel Insulza a la candidatura presidencial.


* Vicerrector Académico Universidad ARCIS.

Arena Pública, plataforma de opinión de UARCIS.

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