Dic 3 2007
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Opinión

CHILE EN EL DESORDEN

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

¿Qué está pasando realmente? Pensar que las crisis dentro de las coaliciones obedecen sólo al desgaste propio del tiempo que la Concertación ha gobernado o a que la derecha nuevamente enfrenta la pugna entre sectores económicos nada afiatados, resulta simplista. Es evidente que no sólo las coaliciones padecen tensiones. Los partidos políticos viven momentos de definiciones. .

No se trata de tiempos previos al nacimiento de nuevos referentes. Éstos, sin duda, pueden aparecer. Es posible que desgajamientos menores de partidos concertacionistas permitan la aparición de un referente centroderechista. Allí podrían estar bases del Partido por la Democracia que han seguido al senador Fernando Flores. Y si el senador Adolfo Zaldívar es expulsado de la Democracia Cristiana, puede que se lleve a algunos descontentos. .

Por otra parte, la derecha también tiene problemas. Sebastián Piñera está lejos de ser un líder aceptado sin reparos por las bases de la Unión Demócrata Independiente. Su calidad de empresario despierta todo tipo de aprensiones. Y ya son muchos los que piensan en él como el Silvio Berlusconi chileno –un afán tan nuestro de lograr similitudes europeas–. Para algunos, la comparación aumenta los recelos. .

Hasta aquí, esto es de consumo nuestro, local. Casi la cotidiana disputa doméstica de país subdesarrollado. Pero hay otro ámbito que es conveniente observar. En general, la política está siendo sobrepasada en diferentes latitudes. Pareciera que luego de terminado el mundo bipolar, la nueva realidad aún no ha sido asumida. O, por lo menos, que las características que ésta trae consigo superan con mucho los marcos previamente establecidos. .

Es evidente que hay una crisis política. No sólo de los partidos y no es exclusivamente chilena..

Al desaparecer el planeta dividido en dos bloques equivalentes, numerosas estructuras parecen haber entrado en desuso. Aunque se necesitan, no se corresponden con la nueva realidad. Y hay numerosos signos que apuntan hacia allá. .

Comencemos por la globalización. Desde el término aparecen los indicios de lo que hoy ocurre. Antes de la caída del Muro de Berlín, se hablaba de universalización. Y la gran solución parecía que provendría de un gobierno universal. Hacia allá apuntaban los esfuerzos. Hacia la creación de un orden planetario. La aparición de la globalización en cambio, trajo aparejada una realidad fuera de control. .

Todo se conectó, pero respondiendo sólo a intereses particulares o de conjunto de Estados que pueden entrar en acuerdos permanentes o transitorios. Pero nadie desconoce que los hilos que mueven el poder están en manos que escapan del control. Un Estado difícilmente puede enfrentar el poder de transnacionales que lo sobrepasan en capacidad económica y de gestión política..

El orden que imponían los Estados nacionales ha terminado. Y con ello también entraron en crisis organismos como las Naciones Unidas. Sus numerosas agencias, más que entidades con capacidad de propuesta para un orden mundial, son meros centros estadísticos. .

Resultado de esto mismo es que las estructuras han dejado de responder a los requerimientos que las hacían indispensables. .

Que la democracia representativa se encuentre en entredicho es una carta de la misma baraja. Al momento de elegir, el ciudadano tiene que superar varias dificultades. Las propuestas son muy parecidas en el fondo, aunque la parafernalia de la forma trate de diferenciarlas. Y esto da la señal que luego funcionarán los acuerdos cupulares, en que el votante quedará excluido y sus intereses no serán adecuadamente defendidos. Porque la participación no está operando frente a las nuevas demandas..

Así llegamos a un sistema que no se ha reformado y en que las únicas respuestas que está dispuesto a ensayar son represivas. Mientras, está claro que la riqueza se concentra cada vez más. Y eso significa niveles crecientes de desigualdad. Paralelamente, las entidades sindicales, al menos en naciones como las nuestras, han desaparecido. O, si se quiere, tampoco han sido capaces de ponerse a la altura de los nuevos requerimientos..

Mirando así las cosas, es posible comprender lo que está ocurriendo con nuestros dirigentes. No están en condiciones de manejarse adecuadamente en la nueva realidad. De allí nace el desorden. No es problema de un gobierno o de uno o más partidos. Es un problema amplio, que no se resuelve con represión contra la mayoría, que exige equidad y justicia. La respuesta tiene que venir desde los niveles que manejan el poder económico y político. Y tiene que ser eficiente y rápida.

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* Periodista.

wtapiav@vtr.net.

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