Nov 6 2010
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Cultura

Chile, erotismo y violencia: cimientos de la patria

Virginia Vidal.*

No doscientos sino cuatrocientos años se conmemoran del ejercicio del poder mediante el sexo, en un territorio donde no existía la noción de pecado. Lo señala la poetisa Graciela Huinao en su notable novela Desde el fogón de una casa de putas williche (Ed. Chaurakawin –Territorio Williche): “Por naturaleza debo dejar en claro que en mi mundo mapuche, los términos religiosos occidentales, y en particular el concepto pecado no existe…

"Y al tratar de buscar su justificación y razonar sus misterios, debí de tener malos maestros en su explicación, ya que aún sigo sin entenderlos. En mapudungun el concepto compraventa de sexo, literalmente no existe”.

Con la conquista, se impuso la violencia sexual a través del rapto de las mujeres aborígenes, aunque la primera víctima fue un varón. Fue Roque Sánchez, mayordomo de Pedro de Valdivia, quien se juntó con la hija de un lonko. Ella pensó que ese rubio y de ojos azules era un dios. En la siguiente noche, la muchacha descubrió que él resollaba y podía sentirle latidos en el pecho. Se lo comunicó a su progenitor quien, al saber que se trataba de un simple mortal; no tardó en enviar un comando. Sin vacilar aturdieron al joven de un macanazo, le abrieron el pecho y le sacaron el corazón. De lo cual resultó una tremenda desmitificación y la inexorable consecuencia: los dioses no tiene corazón.

En la segunda audiencia, María de Encío confesó “que había pedido a una india que le declarase si un hijo suyo que decían se había perdido en la guerra, si era vivo o muerto, y que lo hizo esto como pecadora y como madre”. Bien se comprende cuán poderosa es la razón por la cual acudió a una bruja. Hasta el día de hoy, no sólo las madres, sino también la misma policía pueden acudir a una bruja o vidente para ubicar a un desaparecido, con mayor razón si es un hijo o ser querido.

La mayor parte de las acusaciones contra la abuela de la Quintrala están relacionadas con lo erótico y sus consecuencias. Para afianzar el poder del sexo las mujeres, sobre todo, emplearon la magia desde tiempos inmemoriales.

La Casa de Recogidas tuvo carácter de reformatorio. Se hallaba en las faldas del Cerro Huelén, en la parte de la calle del Oriente que hoy es Miraflores. Tras sus muros fueron confinadas mujeres catalogadas como de mala vida, de vida estragada, escandalosas, enamoradas, distraídas, inquietas, relajadas, malentretenidas, a fin de lograr su enmienda y su conversión. En dicha casa, las mujeres eran vilmente explotadas, pues se las obligaba a tejer y elaborar otros productos sin pagarles no un real.

La Casa de Recogidas cambiaría a “Casa Correccional” durante la república y más tarde se encargaría la custodia de las mujeres a las monjas de la congregación del Buen Pastor (1864). Allí estuvo presa la escritora María Carolina Geel, condenada por matar a su amante. Ella lo baleó al descubrir que no le cumpliría la promesa de matrimonio (14.04.1955). Salió indultada gracias a la valiente gestión de Gabriela Mistral ante el presidente de la república Carlos Ibáñez. Después María Carolina Geel escribió la novela tremendamente transgresora para su época Cárcel de mujeres.

La historia continúa.

Periodista, escritora. Dirige la revista de letras y cultura Anaquel Austral
(http:// virginia-vidal.com),.
Texto publicado en la revista Punto Final (Nº 718, 16.09.2010).

 

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