Oct 9 2006
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Cultura

Chile. – MUSEO DE LA SOLIDARIDAD SALVADOR ALLENDE

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Hemos tenido la suerte, mi esposa y yo, de haber sido agraciados con la primera edición de la edición catálogo del Museo de la Solidaridad Salvador Allende. De este bello libro hemos extraído un resumen de su increíble historia.

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Como el hombre propone y Dios dispone, la concreción de esta maravillosa iniciativa se dejó esperar más de treinta años. Recién ahora, el 18 julio 2006, abrió sus puertas el museo para mostrar el corazón de los artistas del mundo en comunión con el pueblo Chile. Este museo recién inaugurado y sólo por falta de espacio, muestra un poco menos de 200 obras de las más de dos mil que posee entre pinturas, esculturas y grabados.

De todas ellas, solo un cuarto fue donado durante el gobierno de Allende. El resto es una contribución del mundo del arte, para la aún no lograda reivindicación de Chile, pues la mancha y el dolor siguen si no hay justicia que sancione los crímenes, ni tampoco existe arrepentimiento de los ejecutores. Muestra de ello y enraizada con la historia de Chile, está la historia de la propiedad que hoy cobija al museo.

En 1925 y en el entonces elegante barrio República, don Amadeo Heiremans, gran empresario del acero, edificó su residencia. Mansión de tipo palaciego, con mármol de Carrara rosa, entre muchas otras delicadezas, utilizó 1.500. m2 de superficie construida. El proyecto fue concebido y realizado por los arquitectos Fernando de la Cruz y Fernando Valdivieso. Cuando falleció don Amadeo, su familia vendió la propiedad a la Embajada de España y esta, años después, la vendió a la Universidad de Chile.

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En 1973 la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional, siniestro organismo represivo de la dictadura) se “adueñó” de la casa, así como de otros inmuebles del barrio República y de muchos otros barrios de ciudades y pueblos de Chile. En 1978 la DINA fue reemplazada por la CNI (Central Nacional de Inteligencia, organismo tan siniestro como el precedente), que se hizo cargo de este inmueble. Finalmente la Fundación Salvador Allende en el 2004, adquirió el inmueble de Av. República 475, siendo este hoy el hogar definitivo del trozo de amor que los artistas del mundo han dado a Chile.

La restauración del inmueble, para devolverle su majestad original y para ampliarlo, modernizarlo y habilitarlo como Museo para Bellas Artes, sin olvidar su historia, estuvo a cargo del arquitecto Miguel Lawner. Director del Museo es, en la actualidad el destacado pintor José Balmes, Premio Nacional de Arte, y que fue uno de los iniciadores del Museo de la Solidaridad, en 1971.

En sus primeros dos meses de funcionamiento, el Museo de la Solidaridad Salvador Allende, ha recibido la visita de cinco mil personas.

Las obras:

1. Apertura.
Guillermo Núñez (Chile 1930). Recado de Chile, pongamos nuestra estrella en su lugar, 1976. Acrílico s/tela, 162 v 130 cms.

2. Juhani Linovaara (Finlandia 1934). Kuunvartija 1976/78. Técnica mixta s/papel, 122 x 91 cms.

3. Joan Miro (España 1893-1983). Sin título, 1972. Óleo, 130 x 75 cms.

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Addenda

EL MUSEO Y UN EDIFICIO

El acervo del museo lo componen obras de artistas de más de 30 países de América, Asia, África y Europa; algunas donadas antes del golpe militar-cívico de Estado de 1973 y muchas otras entregadas como acto de solidaridad al pueblo de Chile durante la noche de la dictadura.

No se ha publicado todavía el listado completo de los artistas donantes y no se han exibido más que algunos cientos de ellas. Las hay de Pablo Picasso, Joan Miró, Roberto Matta, Frank Stella, Alexander Calder, Víctor Vasarely, Frank Stella y Antonio Tápies, entre muchos otros.

Se ha dicho que el museo contribuirá a “lavar” las heridas del pasado; opinión absolutamente torpe –o mal intencionada–. No es misión del arte hacer las veces de lavandería de conciencias ni “dejar atrás” asunto alguno. Al contrario: más allá de belleza gratuita, el arte es memoria despertada, advertencia, horror incluso: dialéctica de la ética y la estética para la liberación de la persona humana. Pero entonces, claro, deberíamos hablar de responsabilidad, de arrepentimiento y de justicia.

El Museo de la Solidaridad, antes de trasladarse a la avenida República, tuvo su sede también en el Santiago viejo, en las calles Herrera y Compañía.

El edicicio de la UNCTAD, construido para la tercera conferencia sobre comercio y desarrollo celebrada en Chile apenas asumido el gobierno de Allende, fue bautizado como Edificio Gabriela Mistral e iba a ser destinado a actividades culturales; el golpe de Estado lo convirtió en edificio Diego Portales –nombre que conserva todavía gracias a los gobiernos de la Concertación– y allí tuvo su sede la “legislatura” dictatorial. Al parecer todavía depende del ministerio de la Defensa. La cultura bien gracias.

La particularidad de la construcción la dio, y la da, el enorme esfuerzo de quienes lo levantaron –en alrededor de 100 días– con el objetivo de que estuvera terminado y dispuesto a recibir a los delegados a la citada conferencia; voluntad, empeño, sabiduría y trabajo que no suelen ser recordados, quizá porque estos tiempos neo liberal-conservadores y “globalizantes” exigen no reconocer la creatividad y determinación populares, en el caso chileno tan brutalmente avasalladas a partir de setiembre de 1973.

Quizá sea así, en la desmemoria, como –según la expresión de la diputada Allende refiriéndose al Museo de la Solidaridad– se “lavan” las heridas.

L.N.

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