Oct 25 2006
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Economía

Chile, oscura primavera. – EL ORO CHINO DE PINOCHET

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Poco tardaron los periodistas de distintos medios de información en ubicar al abogado del imputado por torturas, desapariciones de personas y asesinatos. Pablo Rodríguez –viejo fascista de la plaza chilena– no dudó un segundo:

“Este es un hecho total, absoluta y completamente falso. Esta es una cortina de humo que se ha creado con el objetivo de distraer a la opinión pública para que seguramente no se conozcan otros antecedentes que conciernen a organismos de Gobierno”, se le escuchó por alguna radioemisora. Dijo que había estado con “el general” el martes 24 de octubre, y que este le había segurado que ¿oro…? Sólo poseía el de los anillos que sellaron su alianza matrimonial con Lucía (Hiriart, de soltera, su cónyuge y compañera en el viaje de la depredación que duró 17 años).

Más allá fue Rodríguez al indicar tajante que si se comprobaba –suerte de supuesto negado– que ese oro pertenecía a su cliente, él, Rodríguez, renunciaba a la defensa del predador.

Pinochet ha negado sistemáticamente:

– a) que supiera de las actividades de los aparatos represivos y de espionaje interno que dependieron en forma directa de su despacho durante sus años de mando;

– b) que supiera de la existencia de la Operación Cóndor, organización internacional de espionaje y asesinatos que su “gobierno” estructuró e hizo “trabajar” en diferentes países;

– c) que supiera de conexión alguna con el narcotráfico durante sus años de “gloria”, aunque las huellas de tan oronda actividad conduzcan a sus más íntimos;

– d) que supiera de ventas de armas en flagrante violación a compromisos internacionales suscritos por el Estado chileno;

– e) que supiera de cuentas, transferencias y depósitos bancarios secretos en dólares en el extranjero por –es un cálculo– unos 26 millones de euros, algunos realizados bajo distintos alias, que suman casi una docena –propios y de su cónyuge–.

– f) que supiera de la usurpación a sangre y fuego del gobierno legítimo, que protagonizó, y que su ejercicio posterior del poder absoluto fuera una dictadura.

Un ¿hombre? que pasa con tal levedad por la vida bien puede negar que hay nueve mil lingotes –pesen un kilogramo, una libra o 12 onzas cada uno de ellos– a su nombre en el Hong Kong & Shangai Banking, aunque haya sido –según informaciones– la propia administración de esa entidad la que lo descubriera al Estado chileno hace varios días.

El asesino era un militar embaucador

Las investigaciones hasta el momento hacen saber que Pinochet desfalcó a la sociedad en algo así como 26 millones de euros, razón esgrimida por el lento proceder judicial para procesarlo a él, a su cónyuge, a cuatro hijos –los Pinochet Hiriart procrearon cinco hijos vivos–, a su ex secretaria y a su ex albacea por fraude al Fisco, enriquecimiento ilícito y evasión tributaria; y también por falsificación de pasaportes y documentos de identidad.

La pirámide de pequeños durmientes de oro bajo la custodia de la entidad financiera asiática más que quintuplica la suma de su ya probada trapacería, toda vez que el valor de esos nueve mil lingotes no baja de unos 127 millones de euros.

Cabe señalar que este gordinflón Scroogie suramericano vive –y no mal ni con modestia– a costa del erario nacional de Chile, que le mantiene dos casas nada pequeñas, una flota de vehículos, secretarios, choferes, mozos, “valets”, guardaespaldas, perros entrenados, custodia oficial, tratamiento médico. A este individuo el ejército quiere –cuando le llegue la hora– acompañarlo al cementerio con los honores que merecería un ex jefe de Estado –idea que secunda buena parte de la concertación gobernante, que de esa manera reconoce en él a un ex Presidente de la República legítimo–. O secundaba.

Oposición y gobierno: bien, gracias

La opinión pública chilena –desinformada de todo lo que no sea fútbol, algunas acostadas de la farándula y el último delito voceado por la televisión– recibió la noticia asiática de Pinochet sin indignación y sin sorpresa. El gobierno contribuye a poner paño fríos sobre el tumor: “Preferimos no divulgar los detalles. Lo importante es que la información tiene que ser procesada, analizada, las órdenes cautelares tendrán que ponerse en acción y después una investigación concienzuda, rápida, que permita llegar a la conclusión que corresponde”, señaló el diario La Tercera que era la posición de La Moneda.

O sea: la información es verídica, pero como no es oficial, mutis por el foro hasta que lo sea. Tampoco los portavoces gubernamentales parecen tener prisa en opinar sobre el origen del Eldorado que descansa en la bóveda: éste debe investigarlo “el sistema judicial”; el mismo que dictó una orden de no innovar en la causa que vincula al sátrapa con el Banco Riggs y los ilícitos cometidos en común, orden que en este momento significa que Pinochet pudiere arbitrar alguna medida para al menos intentar poner esa fortuna –la representada por el oro en barras– o parte de ella a salvo de miradas indiscretas.

Raro espíritu ético el de la denominada “clase política” chilena. Hasta bien pasado el mediodía los lenguaraces representantes de la derecha opositora callaban con prudencia; callaban también los agudos espadachines del gobierno y la Concertación. Ningún hijo del “tata” había dicho nada. Un ex general que opera en ocasiones como portavoz del que fuera “capitán-general” relativizó el asunto.

Todos sienten una gran tranquilidad a la espera de que “hable la justicia”. La justicia que ha sabido callar, entorpecer, negarse y esconderse desde 1973 en adelante es ahora señorita con su carné de baile lleno. ¿Qué melodía elegirá para salir a la pista –y cómo querrá bailar? En realidad tiene razón el cínico del bar de la esquina: “están esperando a que muera”, dice. “¿Que no sabe usted que muerto el perro se acabó la rabia?”

Una imagen alquímica

Mientras, estudiantes hay que se reponen de los golpes recibidos por los escuadrones policiales que en heroica acción “recuperaron” los colegios en toma; otras alumnas y alumnos son ex alumnas y alumnos. Podrán algunos pensar que los jóvenes se excedieron al querer cambiar las cosas para que las cosas encuentran su fiel –como las balanzas de antes– y no para siguiera todo igual; pero esas “buenas conciencias” no tienen excusa si pretenden escamotear, aunque fuere temporalmente, a las chicas y los chicos, su aspiración de futuro y su gana de vivir en una sociedad menos letal y más justa.

Los cambios que requiere el sistema eduacional son urgentes, no hay excusa alguna –ni historia que la ampare– para postergarlos todavía más allá de los tres gobiernos concertacionistas; en rigor lo que sí traba poner las cosas en su lugar es el simple constatar que cualquier reforma seria al sistema educacional exige –requisito sine qua non– una mirada distinta sobre la sociedad actual y sobre la que se pretende sea en los años venideros.

Y eso traspasa la mentalidad ratonil de quienes brindan hoy con sus perseguidores de ayer. Ambos, los ex perseguidos y los actuales garantes del “estado de las cosas”, “estocolmianos” –del síndrome de Estocolmo– con voluntad de serlo, han logrado el equilibrio necesario para la mutua protección: unos continúan con la grata tarea de acumular, los otros recogen las migajas adosadas a los símbolos del poder y la autoridad.

No hay indicio que permita suponer se utilizará el bisturí para evitar que la llaga purulenta de la educación en sus niveles básico y medio de paso a una infección generalizada. Todos buscan consensuar para que nada vaya a cambiar: ni los negocios ni los pactos ni el “orden” establecido..

Una sociedad que experimenta tal rechazo por sus niños y jóvenes es una sociedad condenada a desaparecer; un gobierno que no se atreve a confiar en el pueblo cuando llega la hora de la bebida amarga –pero salutífera– es un mero tránsito hacia otro gobierno, que tampoco lo hará –y un cavador de tumbas–.

Mamá Oca nunca permitiría que golpeen a sus polluelos, pondrá el pecho como el pájaro alquímico para que se alimenten de su sangre. Lo demás… lo demás es abyecto.

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