Jun 30 2011
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OpiniónSociedad

Chile, un laberinto: la política de la cicatriz en la ingle y el pene con manchas

Sandra Lidid.*

En estos tiempos, en que la mayor parte de las personas son culturizadas mediante la televisión, los contenidos que allí se promueven deben ser observados con atención. La modernización ha transformado a los periodistas en facilitadotes del poder instalado y a los “animadores” en promotores que usan el espacio como living de su casa, donde casi siempre el tema son ellos mismos o lo que llaman “rostros” y las mercancías que salen al mercado.

 
La Concertación no hizo grandes cambios conceptuales respecto a la dictadura, Lo que llamaron  “destape” no fue más que un acomodo a los nuevos mercados: incorporaron el cuerpo y la sexualidad como mercancía. Obviamente el pato de la boda es la dignidad de la mujer, esta es una constante patriarcal. Pero la Concertación, fiel a sus compromisos con la dictadura dio un pasito más: desvincular a las Fuerzas Armadas de los abusos cometidos contra la población que habita este territorio.
 
Daniel Fernandez fue uno de los más connotados representantes de esa política. Este hombrecillo, de las filas del PPD, nombrado por Lagos director ejecutivo de Televisión Nacional, se dedicó a militarizar el espacio recreativo o banalizar la represión militar, con programas como Pelotón. También este señor lanzó, relanzó y volvió a lanzar un híbrido que pretendía arrebatar el espacio musical nacional a quienes se dedican a ese arte. Rojo fue el medio para hacer que todos cantaran igualito a la Miriam Hernándes o a Luis Jara, aunque tuvieran un sello personal.

En fin, Fernández permaneció en el cargo durante seis largos años para luego, como parte del descaro concertacionista, pasar ágilmente del “servicio público” al “servicio privado” y hoy es vicepresidente ejecutivo de Hydroaysén.
 
Hoy que, gracias a la Concertación, tenemos a la extrema derecha instalada sin mácula en la legalidad vigente, el afán de estos nuevos instalados en el poder es asegurarse que la Concertación no vuelva. Para esto la extrema derecha deja a un lados las ambigüedades de los abrazos entre contendores y le pone un condimento más obvio y militante a su accionar. abre todos los escándalos concertacionistas que quedaron a medio camino, en los que no sea evidente el co-gobierno.
 
También la extrema derecha hace una reinstalación balbuceante de sus valores: anti-aborto y familistas (pero esto lo había hecho ya la Concertación en forma majadera) y promueve y banaliza la violencia con la exposición y repetición del sufrimiento de las víctimas, atentando a la dignidad de las personas. Los ahora democráticos golpistas aprovechan el momento para consolidar a sus “líderes”.

Ellos y ellas se lucen en programas supuestamente faranduleros donde sólo se hablan leseras y ni por asomo se cuestionan los intereses económicos que tiene esta gente con los “cambios” o despojos de las nuevas “privatizaciones”. Que gracias a una nueva ley, la Ministra Von Baer y su familia de inmigrantes se hayan apropiado de la Quinoa, semilla histórica de los pueblos originarios, no es tema en la televisión chilena.
 
Otro paso más delicado y necesario para la extrema derecha es lavar imágenes de sus propios y cercanos que en los últimos años se han visto remecidos por varios escándalos ligados a los abusos: Spiniak, Paul Shaeffer, Karadima… Difícil tarea tienen estos señores, pero han ido mejorando la puntería. Prueba de ello es la teleserie nocturna de TVN,“El Laberinto de Alicia, cuyo objetivo principal es limpiar la imagen de Jovino Novoa. 
 
Con mucho misterio, enredo, recursos a situaciones reconocidas —sin hablar de la falta de imaginación al imitar/copiar la relación entre la sicóloga y el criminal de El silencio de los inocentes— finalmente llegaron a lo suyo, que no era desentrañar el abuso, sino dejar instalado como verdad que las niñas y los niños pobres que son abusadas en simulacros de comercio sexual son mentirosos.
 
Gemita Bueno acusó a Jovino Novoa como su depredador, su prueba fue el pene manchado del susodicho. La niña de la calle de El Laberinto de Alicia señaló a un médico, padre de familia, clase muy alta, como su abusador, su prueba: una cicatriz en la ingle.
 
La historia oficial logró diseñar un laberinto que llegó a la conclusión que Gemita mintió.  TVN “creó” un laberinto que le puso un sello de verdad a la inocencia de Jovino Novoa. Si alguien tuvo alguna duda, después del laberinto de Alicia esto queda como verdad establecida en cada hogar de este territorio.  Y todos tan felices comiendo perdices, amén. 
 
Así, una vez más se confirma que la televisión chilena no es un espacio neutro, que es un instrumento de la ideología mafacha (macha/facha). La ideología mafacha es una constante que garantiza la continuidad del patriarcado y como este es un sistema que no ha sido puesto en tela de juicio desde ningún proyecto político, hay “acomodadores” de esta doctrina en todas partes y en todos los espacios políticos, pero la extrema derecha es uno de los más peligrosos.
 
* Feminista. 

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