Sep 9 2008
431 lecturas

Economía

Club de París: Poniendo estaba la Argentina

Pablo Ramos*

El gobierno anunció el pago de la deuda con el Club de París. Se utilizarán reservas del Banco Central ¿Mensaje a los mercados o miedo al 2009?

Justo en ocasión de la celebración en Argentina del Día de la Industria, la presidenta Cristina Fernández anunció que se cancelaría la deuda que el país mantiene con el Club de París. El martes pasado, en el Salón Blanco de la Casa Rosada y ante una presencia donde predominaba el componente empresarial, la jefa del Estado les comunicaba a ellos y a quienes los seguían -por radio o televisión- que el país iba a pagar en efectivo 6.700 millones de dólares que permanecían en default desde 2002 con ése cártel financiero.

Ese dinero saldría de las reservas del Banco Central de la República Argentina (BCRA), que atesora entre oro y divisas alrededor de 47.146 millones de dólares. La operación significa que el Tesoro va a cambiar deuda externa por un endeudamiento interno con el banco emisor.

No obstante, que cualquier acreedor alcanza el éxtasis cuando su deudor le paga, el Club de París se encargó de aclarar que la cifra adeudada es mayor. Esta organización es un foro informal de acreedores oficiales y países deudores, y estimó en 7.900 millones la cifra pendiente: unos 1.200 millones más.

Pero ahora tiene que conformarse un grupo de trabajo entre el Ministerio de Economía argentino y el Club de París para coordinar cómo se va a hacer líquida la cancelación. El secretario general del grupo de acreedores, Xavier Musca, informó que los representantes de los prestamistas de Argentina se van a reunir el 15 del corriente para estudiar el anuncio.

Cuando el efímero presidente Adolfo Rodríguez Saa anunció la cesantía de pagos de la deuda soberana argentina en 2001, los organismos multilaterales de crédito fueron la honrosa excepción. El Club de París no es un organismo de este tipo, pero los préstamos otorgados son responsabilidad de los Estados acreedores permanentes: Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, España, Finlandia, Francia, Irlanda, Italia, Japón, Noruega, Rusia, Países Bajos, Reino Unido, Suecia, y Suiza.

Entonces, si bien cayeron en la moratoria de pagos, el gobierno separó esta deuda de aquella que luego terminaría siendo canjeada. Se podría decir que se convirtió un tipo de deuda a medio camino entre aquella mantenida con los organismos multilaterales (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, entre otros), a los que nunca se les dejó de pagar y aquellos que fueron llevados al canje casi unilateral.

Esta estrategia fue seguida porque, al encontrarse los Estados detrás de esta organización, se presentan mayores espacios para la negociación política. De hecho, la negociación con el Club de París se mantuvo vigente, y Argentina siempre manifestó su intención de saldar los compromisos sin quitas en los montos.

La administración de Néstor Kirchner y de su esposa buscaban extender los plazos de pagos e incorporar algún año de gracia. Pero el principal impedimento era una condición que exigía el Club para cualquier acuerdo: el envío de una misión del Fondo para monitorear la economía y sugerir políticas. Esta exigencia es tan inaceptable para el matrimonio presidencial como el ajo para un vampiro.

Entonces, si aceptamos que el no pago nunca estuvo como alternativa, las restantes opciones eran aceptar la tutela del Fondo o pagar al contado. Y ante las cámaras de TV y en directo a todo el país, se anunció que se optaba por esto último.

Pero lo importante es acercarnos al por qué de esta decisión. Argentina debe pagar 20.000 millones de dólares en 2009. “Las deudas no se pagan, se refinancian…” dijo alguien por allí. Y eso es cierto. Cuando se aproxima un pago, la empresa o Estado deudor busca alguien que le financie ese pago. Hasta fines de 2007, el Tesoro no había tenido grandes inconvenientes en hacerse de los fondos para cumplir con sus obligaciones.

Pero en 2008 el panorama comenzó a cambiar. Una importante fuente de financiamiento para la hacienda argentina es Venezuela. Ese país prestó más de 5.000 millones de dólares a Argentina, pero en la última oportunidad la tasa pactada fue de 15 por ciento. Demasiado, más si pensamos en los 20.000 millones que hay que conseguir el año que viene.

Entonces, éste indicador es el que impulsa a la Casa Rosada a enviar “señales a los mercados”. Todo este año, la prensa financiera internacional se encargó de anunciar la inminente recesión argentina y una nueva moratoria de pagos. El lobby fue enorme. Argentina debía pagar altas tasas si quería honrar sus compromisos en 2009. Y por ello se optó por realizar este anuncio.

El Tesoro va a recibir los 6.700 millones del BCRA a cambio de algún tipo de título público nominado en moneda local. Con el dinero contante y sonante va a cancelar los compromisos con el Club de París.

Señalamos la intención de “enviar señales” como justificación para adoptar esta medida. También -y no menos importante- es que con el visto bueno del Club de París, las empresas argentinas pueden acceder a importantes líneas de crédito para infraestructura, bienes de capital y comercio exterior. Un ejemplo de ello es el proyecto de Tren de Alta Velocidad (TAVE), el cual debe financiarse con este tipo de fondos.

Estos préstamos no van a llegar a las Pequeñas y Medianas Empresas (PyMEs), pero van a permitir que los grupos económicos necesiten pedir y llorar menos ante el Estado. Por ejemplo, la construcción del túnel trasandino de baja altura que va a comunicar a Chile y Argentina va a poder acudir a préstamos disponibles una vez saldada la deuda con el Club.

Existen sustanciales diferencias con el pago efectuado por Néstor Kirchner a fines de 2005 al Fondo. En aquella oportunidad, se usaron 9.500 millones de dólares de las reservas del BCRA para “independizarse” de los monitoreos del FMI, y se eligió el momento en el que las reservas monetarias habían superado la marca simbólica de los 30.000 millones de dólares. Ahora lo que se buscó es tranquilizar a los inversores.

Una vez más, lo urgente superó a lo importante, y los fondos que debían garantizar el valor de la moneda -en principio- o saldar la histórica deuda interna de todo tipo, van a ser utilizados para tranquilizar a los mercados. Esos que no tienen cara, dirección ni sentimientos, pero que han demostrado que casi todo lo pueden.

*Publicado por APM

X

Envíe a un amigo

Su nombre (requerido)

Su Email (requerido)

Amigo(requerido)

Mensaje

Añadir comentario