Ene 5 2018
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Pol铆tica

Colombia: 驴sigue encarrilado el tren de la paz?

驴Qu茅 es la paz?, se preguntan hoy millones de colombianos, desilusionados, conscientes de que la paz no debe ser reducida a la ausencia de guerra como supone el poder f谩ctico y las elites, sino que debe significar la posibilidad de vivir y ejercer dignidad, solidaridad y emancipaci贸n. Seg煤n elObservatorio de Seguimiento a la Implementaci贸n del Acuerdo de Paz (OIAP),el avance del acuerdo de paz firmado en noviembre de 2016, es de apenas el 18%.

El presidente Juan Manuel Santos encabez贸 el jueves 4 de enero una reuni贸n con la dirigencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y la internacional Comisi贸n de Seguimiento, Impulso y Verificaci贸n a la Implementaci贸n del Acuerdo Final (CSIVI), que integran los expresidentes de Espa帽a y Uruguay, Felipe Gonz谩lez y Pepe Mujica verificadores internacionales desde marzo del a帽o pasado.

La reuni贸n sirvi贸 para tratar varios temas pendientes como la reincorporaci贸n social y econ贸mica de los excombatientes, la creaci贸n de infraestructura para los municipios m谩s afectados por el conflicto,聽 el avance del otorgamiento de las amnist铆as a los exguerrilleros que permanecen en las c谩rceles y se analizaron los alcances del Decreto 2199 de 2017, del 26 de diciembre 煤ltimo y que permite el tr谩nsito de exguerrilleros de la Ley de Justicia y Paz hacia la Jurisdicci贸n Especial de Paz (JEP), quienes ser铆an beneficiados con la libertad condicional aplicable a los delitos pol铆ticos y conexos.col jep

Todo ello con la intenci贸n primaria de que se puedan acoger a los procesos de reintegraci贸n que se desarrollan desde la Agencia para la Reincorporaci贸n y la Normalizaci贸n (ARN). La idea es definir un demorado procedimiento para conocer los casos de los excombatientes que deseen hacer el paso y someterse a la JEP.

Sobre la mesa tambi茅n estuvo el informe 鈥淟a paz en deuda鈥, del Observatorio de Seguimiento a la Implementaci贸n del Acuerdo de Paz (OIAP), un control en tiempo real de la implementaci贸n, en lo que tuvo que ver con la adopci贸n de leyes, decretos, actos legislativos, directivas y otras normas por parte del Estado, donde se se帽ala que los avances 鈥渟on m谩s contundentes cuando tienen relaci贸n con la terminaci贸n del conflicto armado que con la construcci贸n de una paz estable y duradera鈥.

El informe resalta que una de las principales dificultades de la implementaci贸n se concentr贸 en la resistencia del Congreso para cambiar la Constituci贸n. 鈥淟a implementaci贸n normativa e institucional del 18,3 % en el primer a帽o es importante, pero insuficiente y pone en evidencia la falta de voluntad pol铆tica y los m煤ltiples obst谩culos que enfrenta el Acuerdo Final鈥, y considera que lo que resta de la misma estar谩 ligada a los resultados de las elecciones al Congreso y Presidencia, y que con 茅stas el Acuerdo de Paz se somete 鈥渁 otra refrendaci贸n鈥.

El documento, de 67 p谩ginas, por ejemplo, se帽ala al gobierno que la construcci贸n de paz estable y duradera no ser谩 posible si no se desarrollan los puntos de reforma rural integral y de soluci贸n al problema de las drogas il铆citas. 鈥淯n a帽o despu茅s de la firma no hay avances legislativos en asuntos como el acceso y la formalizaci贸n de la tierra, es d茅bil la implementaci贸n de los planes nacionales y es muy precaria la puesta en marcha de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) concebidos para hacer realidad la transformaci贸n del campo colombiano鈥.

Tras el encuentro, las FARC, como nuevo movimiento pol铆tico, exigi贸 a Santos ejercer potestades constitucionales extraordinarias para hacer respetar los acuerdos. 鈥淪olicitaremos alConsejo de Seguridad elevar una consulta al Tribunal Internacional de Justicia sobre los deberes que adquiere un Estado frente a una declaraci贸n unilateral de cumplimiento, respecto a un acuerdo de paz鈥, se帽alaron.

Por su parte, y pese a los ‘peros’ presentados por la Farc, en el balance presentado por el Gobierno, se prefiere ver m谩s el vaso medio lleno y no medio vac铆o: 鈥溌籐os avances son muy claros: pusimos fin a un conflicto de m谩s de medio siglo, sentamos las bases institucionales y normativas y avanzamos decisivamente en la construcci贸n de la paz禄, dijo Santos a la prensa.felipe gonzalez_mujica

En un tuit, el ex presidente 脕lvaro Uribe pregunt贸 por qu茅 鈥淔elipe Gonz谩lez y Mujica insisten en apoyar la impunidad al narcoterrorismo de Farc, el robo del Plebiscito por parte de Santos (sobornado por Odebrecht), el camino castro-chavista para Colombia鈥, a lo que el primero le record贸 que 茅l lo intent贸 lograr un acuerdo paz: 鈥渟oy testigo, en Cartagena particip茅en una conversaci贸n con un dirigente de las Farc para iniciar un proceso de di谩logo鈥.聽Gonz谩lez habl贸 de una 鈥渄evaluaci贸n鈥 del proceso de paz que podr铆a ser fruto de la campa帽a electoral que hay en el pa铆s. Se帽al贸 que cuando la contienda acabehabr谩 un Congreso nuevo, un Gobierno nuevo, y, si el compromiso acompa帽a a su propia constitucionalidad, la paz habr谩 ganado鈥.

Mientras, el consejo pol铆tico nacional de las FARC a煤n mantiene las precauciones de seguridad propias del proceso de reincorporaci贸n, y recomienda mantener el 鈥渆sp铆ritu conspirativo鈥 no contra el Estado, sino para evitar 鈥渜ue nos aniquilen鈥. En ese mismo sentido, pidi贸 a los militantes tener disciplina en los desplazamientos, no frecuentar sitios riesgosos y cuidar las comunicaciones.

La locomotora de la paz

Con la idea de la paz como una locomotora, impuesta desde el gobierno y los medios hegem贸nicos, se trataba de relacionar la din谩mica de la paz con un tren por la dificultad de hacer irreversible su marcha, y con ello llegar al fin de las FARC, y enlazarla con la met谩fora de Juan Manual Santos de lo que llam贸 las locomotoras de la inversi贸n. Una paz ligada a las posibilidades de inversi贸n extranjera, como oportunidad de negocios entre sectores empresariales.

Pero el camino a la paz que comenzara con los Acuerdo de La Habana de mediados de 2016 se enfrent贸 a varias monta帽as y trochas espinosas dif铆ciles de franquear. La locomotora comenz贸 a perder potencia el 2 de octubre de 2016, cuando gan贸 el NO en un plebiscito para consultarle al pueblo colombiano si aprobaba los acuerdos a los que hab铆an llegado el gobierno y las FARC.col-firman-paz

El segundo acto de esta labor de ponerle palos a la rueda de la paz la protagoniz贸 el poder f谩ctico: las 茅lites empezaron a modificar sustancialmente los acuerdos y a imprimir intencionalmente dos din谩micas en el proceso, como la renegociaci贸n de los acuerdos, y los incumplimientos a la implementaci贸n.

Para legitimar la renegociaci贸n los grades medios se帽alaron una supuesta ideolog铆a de g茅nero en los acuerdos, de que los acuerdos blindaban jur铆dicamente a los guerrilleros y se generaba una amplia impunidad para las FARC sobre hechos del conflicto, y se plante贸 la negativa a otorgar participaci贸n pol铆tica a cualquier miembro de esa organizaci贸n.

Para los analistas colombianos, la renegociaci贸n vino en varios actos: cuando el uribismo logr贸 quitarle pol铆tica y jur铆dicamente a los acuerdos como principal abanderado del NO y cuando los acuerdos fueron renegociados porque fueron aprobados parcialmente por medio de actos legislativos gracias a una figura llamada decisi贸n ejecutiva (fast track) 聽donde el Congreso modific贸 elementos de lo pactado y se abstuvo de aprobar la totalidad de leyes que agrupaban todo lo que estaba en los acuerdos.

Todo esto queda fielmente reflejado en el drama humanitario que padecen cientos de ex combatientes a los que no se les garantiz贸 condiciones de vida acordadas en los acuerdos, ni mucho menos tienen certeza alguna de futuro. Seg煤n un informe de la ONU, en las zonas veredales solo queda el 49% de los guerrilleros inicialmente cansados para la reincorporaci贸n.

col guerrilleros desmovilizadosUn reciente informe de la Agencia de Renovaci贸n del Territorio se帽al贸 que, dentro del plan de v铆as terciarias para el posconflicto, al cierre de 2017 se hab铆n construido 1.780 kil贸metros de 2.406 que estaban planeados para intervenir (74 %).

Tambi茅n hay incumplimientos verificados: en el avance real de los Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), que beneficiar谩n a m谩s de siete millones de personas afectadas por la violencia, son la columna vertebral de la construcci贸n de la paz, al revisar las estrategias y los alcances en los territorios de la pol铆tica de sustituci贸n de cultivos de uso il铆cito, y en la notoria ausencia de las 茅lites a los ejercicios de verdad que se dar谩n en el marco de la denominada JEP por su nuevo car谩cter de voluntariedad.

El panorama y futuro de las FARC, convertido ahora en partido pol铆tico, es por dem谩s incierto, lo que clausura al menos una de las v谩lvulas que alimenta el motor del tren de la paz. Si el proceso de implementaci贸n sigue marcado por los incumplimientos por parte del gobierno y por una estrategia de las 茅lites de renegociar y recortar las cosas que puedan beneficiar a las mayor铆as, con ello har谩n simplemente inviable este proceso y se esfumar谩 la esperanza de pacificaci贸n.

La situaci贸n de los asesinatos de l铆deres populares, campesinos, sociales sigue siendo preocupante y de proporciones enormes: en los 煤ltimos seis a帽os fueron asesinados 450 dirigentes, entre ellos reclamantes de tierras, defensoras de derechos ambientales y opositores a proyectos de miner铆a e hidrocarburos, defensores de derechos colectivos de comunidades ind铆genas, afro, y campesinas. Indigna que el ministro de Defensa de Santos diga que esos asesinatos se deb铆an a l铆os de faldas.

Lo cierto que, m谩s all谩 de acuerdos, persisten en Colombia los mecanismos de violencia privada, paramilitar y semioficial, apadrinada en sus ocho a帽os de gobierno por el expresidente 脕lvaro Uribe, 聽motivada por intereses de grupos pol铆ticos y econ贸micos que usufructuaron duante seis d茅cadas el conflicto , quienes propician y mantienen din谩micas de poder para asesinar y amenazar a l铆deres sociales y populares en los territorios.col ninos desplazados

Pese a la Colombia color rosa, edulcorada, que muestra la prensa hegem贸nica nacional e internacional, despu茅s de Hait铆, Colombia es el segundo pa铆s m谩s desigual del hemisferio, donde persiste 聽una fuerte din谩mica de concentraci贸n de la propiedad rural, lo cual impide a miles y miles de campesinos acceder a suelos adecuados para cultivar. A inicios del milenio, durante el gobierno de Uribe, se despoj贸 a millones de campesinos de sus tierras y se propici贸 con ello la consolidaci贸n de amplios latifundios de ganader铆a y monocultivo.

Mientras ocurren a diario asesinatos de l铆deres populares, la respuesta sistem谩tica del gobierno es la de negar las din谩micas del terrorismo de Estado a reexponer la hip贸tesis de las manzanas podrida, mientras niega p煤blicamente la comprobada existencia del paramilitarismo. Santos vive su peor momento en el gobierno, con poca credibilidad, pero sigue llen谩ndose la boca con la palabra paz, y alimentando los bolsillos de las 茅lites con los recursos de la inversi贸n y cooperaci贸n internacional para el 鈥減osconflicto鈥.

D铆ficil negociaci贸n con el ELN

La fase p煤blica de negociaci贸n entre el gobierno y el Ej茅rcito de Liberaci贸n Nacional (ELN), con menos de un a帽o de instalada ha estado marcado por el car谩cter de la agenda de negociaci贸n, por las reflexiones que ha generado al ELN la din谩mica de incumplimientos del gobierno con las FARC, y por la concreci贸n del primer cese bilateral acordado en la historia entre las partes.

col eln cese al fuego1El primer punto de la agenda de negociaci贸n -鈥減articipaci贸n de la sociedad鈥- es una vieja reivindicaci贸n asamblearia de participaci贸n de la sociedad del ELN que disgusta al gobierno, ya que deja en evidencia la ausencia de un proyecto de naci贸n como principal problema de Colombia, ya que hay formas de representaci贸n pol铆tica excluyentes y desiguales.

Por ende, se帽alan, es necesario crear un ejercicio asambleario denominado convenci贸n o gran di谩logo nacional, para que all铆 se pueden establecer consensos y rutas para definir un proyecto de naci贸n que permitan superar el conflicto social y armado que ha vivido Colombia desde su origen. Para el gobierno y la oligarqu铆a no es estrat茅gico abrir escenarios de participaci贸n a la sociedad dado que la 煤nica forma de participaci贸n reconocida 鈥搇a electoral- 聽ya est谩 cooptada por sus intereses y maquinarias.

A principios de noviembre de 2017 tuvieron lugar los primeros ejercicios de participaci贸n – 鈥渁udiencias preparatorias鈥- donde delegados del ELN y del gobierno tuvieron oportunidad de escuchar a m谩s de 200 representantes de la sociedad, con sus propuestas y recomendaciones.

Quedan en medio del cese de fuego algunos asuntos que pueden hacen m谩s complejo concretar una pr贸rroga del mismo, ya que se registraron 聽tres situaciones en las que las fuerzas militares atacaron unidades del ELN (dos veces en Choc贸 y una en Norte de Santander). En los pr贸ximos d铆as se sabr谩 si se renueva el cese bilateral y los t茅rminos en los que se concretar铆a.

El panorma de l continuidad del di谩logo es por dem谩s incierto por la proximidad de una nueva coyuntura presidencial y por la reciente renuncia de Juan Camilo Restrepo como jefe del equipo negociador del gobierno y el nombramiento de Gustavo Bell como su reemplazo.

La divisi贸n de la izquierda

Aun cuando son evidentes las diferencias y tensiones al interior del bloque hegem贸nico del poder pol铆tico entre el santismo y el uribismo, en el campo contrahegem贸nico sucede algo similar, partiendo de la base que 聽la izquierda y el campo alternativo (en su mayor铆a) coincidieron en abrazar la consigna de la paz con justicia social como la principal bandera pol铆tica.

Resultado de imagen para izquierda colombianaQuiz谩 por la diversidad de actores, de territorios y de perspectivas de resistencia no ha sido posible generar una propuesta pr谩ctica de consenso y articulaci贸n real (un proyecto pol铆tico com煤n) sobre lo que implicar铆a聽 esa consiga de la paz con justicia social en la realidad de Colombia, un pa铆s que reclama propuestas concretas y salidas urgentes a problemas estructurales.

La paz m谩s que un discurso o una posibilidad, es un anhelo y una necesidad del pueblo, pero junto a ella est谩 la necesidad de conquistar escenarios de derechos, de garant铆as y condiciones de dignidad para las grandes mayor铆as que han estado excluidas y no aguantan m谩s una realidad tan desigual e injusta como la que vive Colombia.

*Economista y docente universitario colombiano, investigador asociado al Centro Latinoamericano de An谩lisis Estrat茅gico (CLAE, www.estrategia.la)

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