Jun 9 2012
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Cultura

Cuando en Chile se recuerda a pinochet, es limpieza leer esta carta a Rodolfo Walsh escrita en la Argentina

Hace 17 a√Īos Osvaldo Bayer* public√≥ una carta a quien consider√≥ su maestro, pese a haber nacido los dos el mismo a√Īo: Rodolfo Walsh. Ayer se hizo un abrazo a una escuela de Jun√≠n en la que una maestra fue amenazada por militares por haber ense√Īado a sus hijos con textos del autor de Operaci√≥n Masacre, ¬ŅQui√©n mat√≥ a Rosendo? o Esa mujer. Bayer y Walsh, dos referentes ineludibles del periodismo argentino.

 

Querido Rodolfo:
Tu Carta a la Junta Militar lo previ√≥ todo, denunci√≥ todo, dijo todo. La escribiste aqu√≠, en tierra y de frente. Basta comparar tus l√≠mpidas, escuetas verdades, con el √ļltimo decreto de los militares que decret√≥ la autoamnist√≠a de los generales en huida, el firmado por aquel Bignone, el √ļnico oficial de la historia que entreg√≥ a sus propios soldados para que los asesinaran.

 

Vos, con la palabra all√≠, de frente, sin moverte. Los generales con sus picanas, sus pentonavales, sus capuchas, que ya pensaban en la fuga. Desde el momento en que cerraste el sobre con tu misiva ya comenzaba la derrota del plomo. Tu palabra y tu √©tica, Rodolfo. Por eso tu nombre ya est√° en una esquina porte√Īa. Tan pronto, contigo, la Historia hizo su selecci√≥n. Vos el ¬ęterrorista¬Ľ, listo a la discusi√≥n otra vez.

 

Los occidentales y cristianos Videla, Massera y toda su cohorte de amanuenses ya en el techo de la basura de la historia, por los siglos de los siglos. Vos, sin títulos, sin premios. Es que marcaste a fuego, sin proponértelo, al resto de los intelectuales argentinos.

 

Los hubo quienes se sentaron a la diestra del dictador a la mesa servida del triunfo de la picana y hubo otros que no oyeron ni vieron ni hablaron cuando los balazos te fueron llevando la vida. Habrás sonreído cuando leíste la nómina de intelectuales que ahora adhieren a tu recuerdo. Los que te negaron al tercer canto del gallo hoy se apresuran a aplaudirte.

 

¬ŅY que dir√°n aquellos cient√≠ficos de las letras, faraones y mandarines de c√°tedras e institutos que te calificaron esteta de la muerte? Hoy se apresuran a poner tus libros en las vitrinas oficiales. Pero nunca le diste importancia a esas cosas.

 

Con tu m√°quina de escribir te metiste en los intestinos del pueblo, en el dolor y la humillaci√≥n de la pobrer√≠a, de los azuzados. Mientras otros se dedicaban a cuchilleros o hac√≠an romanticismo con antiguos generales fusiladores, vos ‚ÄĒdecepcionando a los cr√≠ticos literarios consagrados‚ÄĒ te met√≠as en la actualidad: ¬°oh pecado!, y todas sus mafias. Algo imperdonable para el olimpo y los repartidores de prebendas.

 

Pero ni reparabas en esto. Trascend√≠as a todas las sectas de caf√© y de c√°tedra. Estabas en la calle con los perros y los piojos, los j√≥venes y los ilusos, eras el Agust√≠n Tosco de las redacciones. Agust√≠n Tosco ¬Ņte acuerdas de ese muchach√≥n en overol que hablaba de cosas como justicia e igualdad, dignidad y deber? Palabras que no figuran m√°s: hoy todos nos empujamos por aparecer en tapa.

 

Te tomaste en serio la palabra. Exageraste en eso de la verdad. Adem√°s siempre cre√≠ste que hab√≠a llegado el momento de descifrar ya los jerogl√≠ficos y las claves. Dedicabas tu tiempo a eso mientras los otros trepaban, trepaban. En una sociedad maestra del trepar so√Īabas con implantar normas que permitieran un pa√≠s donde todos tuvieran una canilla con agua y maceta con malvones.

 

¬ŅPor qu√© tu insistencia si ya se hab√≠a demostrado que todos esos intentos terminaban como le fue a Rosa Luxemburgo, con un balazo en la nuca y con el rostro en un charco de lodo?

 

Cometiste otro gran error que tampoco los mandarines de las letras pod√≠an perdonarte: hiciste la mejor literatura con un estilo directo, claro, preciso, como el de un maestro primario rural. Te entend√≠an y te entienden todos. Rompiste el mito sagrado que un intelectual debe ser un travesti de las palabras y no un sembrador de quimeras y rebeld√≠as. Tu m√°s grande pecado fue hacer arte literario puro con s√≥lo los siete colores primarios….

 

La ética es como una cadena sin fin que viene desde el comienzo de la Historia. Y gracias a esa ética y gracias a los Rodolfo Walsh que se fueron dando la mano, hoy todavía hay vida en este mundo. Gracias Rodolfo. Qué alegría nos ha dado el verte de nuevo entre nosotros, para siempre.
‚ÄĒ‚ÄĒ
* Periodista, escritor.
En Argenpress, agencia de informaciones (www.argenpress.info), se√Īalando que la carta de Bayer se public√≥ en el diario porte√Īo P√°gina 12, el 1¬ļ de abril de 1995.

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