Abr 1 2010
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Economía

Cuba: no importa que nazca ñato…

Manuel Alberto Ramy.*

No importa que nazca ñato, lo que importa es que respire. Viejo refrán del arsenal criollo que destaca la importancia de lo sustancial. Respirar es más importante que una nariz bonita, al fin y al cabo una cirugía estética hace maravillas. Se trata de que el país, la nación, la sociedad cubana, el pueblo, el proceso revolucionario, tienen que respirar. El oxigeno está en la economía (afirmación carente de novedad), que padece de obstrucciones nasales y pulmones débiles en el bombeo.

Medidas coyunturales valen lo que dar un boca a boca a boca o el uso de máquinas de oxigeno o de aerosoles: salidas de emergencia, movimientos o respuestas tácticas a las que el país ha recurrido varias veces. ¿Consecuencias? La táctica o respuesta transitoria prolongada en el tiempo sustituye a la estrategia, al diseño global.

Piso tierra. A menudo problemas de índole económica reciben una respuesta administrativa. Ejemplo: ¿Cuántas veces la empresa de ACOPIO ha cambiado de ministerio? En varias oportunidades ha pertenecido al de Comercio Interior –al que regresó hace pocos meses– y también al de la Agricultura demostrando ineficacia en ambos. Puras decisiones administrativas a un problema de hondo calado.

La empresa de Acopio, que regula precios y comercializa más del 80% de la producción agropecuaria, es el actor del último eslabón del proceso productivo: transporte y comercialización. Mirar a este último acto como una función aislada es puro ejercicio de abstracción. La respuesta puntual y administrativa no resuelve el problema. Se impone un enfoque integral, sistémico, que abarque todo el proceso.

Más aún, estamos urgidos de un nuevo modelo económico capaz de liberar las fuerzas productivas dentro de un proyecto socialista descentralizador. Los lectores pensaran que yo insisto en tomar ejemplos del sector agropecuario. Tienen razón, pero es el primero que toca al pueblo y la solución y sus consecuencias no solo atañen directamente a éste.

Al enfocarlo sistémicamente, el país estaría reduciendo su dependencia alimentaria del exterior –imposible de sostener debido a los precios actuales en el mercado mundial–, enfrentando la falta de liquidez que padecemos y asumiendo con mejor capacidad la presencia de un panorama internacional, que en el área latinoamericana comienza a vivir la contraofensiva imperial.

(No por gusto Fidel Castro, en una de sus Reflexiones, deslizó la previsión de que unos ocho gobiernos de nuestra zona pasarían a posiciones de derecha. No dijo cuáles. Cada quien que marque en el mapa).

Y sigo a partir del agro. El pasado 15 de marzo, el Radar Cubano publicó la noticia de que desaparecerían más de100 empresas del Ministerio de Agricultura y que unos 40.000 trabajadores tendrían que pasar a otras actividades de la economía. Este anuncio da tela por donde cortar.

La primera. Obviamente se trata de empresas no rentables. La carencia de informaciones al respecto limita cualquier profundidad de análisis. Me atengo a un hecho: al hacer el anuncio, el ministro del ramo dijo que la situación actual no permitía mantenerlas, lo cual supone que la irrentabilidad venía arrastrándose por años.

Al grano: lo positivo que pudiera subyacer en la decisión es que la eficacia, traducida en rentabilidad, producción y productividad, anda en el colimador de las decisiones. También pudiera estarnos indicando cierta tendencia favorable a enmarcar a los ministerios en su función primaria: dirigir, regir la política económica y la asistencia técnica, etc., del sector que le es propio e irse despojando de compromisos empresariales directos.

Padecemos de un aparato gubernamental pasado de peso, excesivamente centralizador y plagado de burócratas que convierten en feudos señoriales sus parcelitas de poder y, muchos de ellos, en vez de instrumentar adecuadamente las decisiones poseen la infinita capacidad de entorpecerlas, retardarlas y/o desviarlas.

La segunda. A partir de esta noticia he puesto los oídos en la tierra, y ya no en la de las viandas, granos y legumbres, y empiezo a percibir movimientos similares en otros ministerios e instituciones poseedores de empresas. Pero los sonidos que escucho me atraen, no solo porque siguen el camino del MNAGRI en cuanto a deshacerse de empresas, sino que superan al MINAGRI en las soluciones, pues indican que se ha comenzado a estudiar la conveniencia de convertir a algunas en sociedades cooperativas.

Para mí, la posibilidad de abrirse a nuevas formas de propiedad y producción cooperativizadas supone que los ministerios e instituciones involucradas en esta exploración han recibido la aprobación de la dirección política del país, lo que a su vez supondría que en las altas esferas de dirección hay como un prediseño general de un modelo económico más flexible, así como la disposición a explorarlo paulatinamente y asumir sus consecuencias. No debemos olvidar que tales medidas pudieran implicar una actualización del estilo de gobernar y de relación con la sociedad. Subráyenme pudieran implicar.

La tercera comienza con una pregunta: ¿hace falta un Ministerio del Azúcar para operar 44 centrales en producción y varios importantes centros científicos? A la luz de racionalizar la Administración Central del Estado, ¿tiene lógica? ¿No podrían convertirse en empresas y los centros de investigación, pues eso, centros de investigación?

No puedo dejar de citar una cuarta. Los poderes populares locales y los Consejos de Administración Provincial (Poder Popular) poseen centros de producción principalmente destinados a la fabricación de bienes de consumo, muchos de ellos producidos artesanalmente o en factorías muy elementales. ¿No calificarían para un proceso de conversión en cooperativas?

El socialismo no está reñido con diferentes formas de propiedad y de producción. Así que a darle oxígeno a la economía.

* Periodista.
Editor de la versión en español de la revista bilingüe Progreso Weekly/Semanal (http://progresosemanal.com).

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