Abr 18 2005
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Opinión

De la cruzada a la encrucijada

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

La elección del nuevo “representante de Dios en la tierra”, puede entonces volver a definir no sólo un nuevo hito en la direccionalidad de la historia del mundo católico, sino como también sucedió con el anterior, en cuanto a la versátil y vinculante validación del poder espiritual ante el poder terrenal, consagrándolo como un providencial paradigma de convivencia humana.

Pero la duda es si podrá sustraerse sublime y servicialmente ante el secular y subjetivo cálculo de bendecir la dominación política, ejercida por el mundanal manoseo de santificar sus predestinados intereses hegemónicos, como no sucedió anteriormente con el nombramiento del último y máximo representante del Vaticano; Juan Pablo II –como se dice irreverentemente: el diablo no sabe para quien trabaja–, que sirvió eficazmente a la vigencia de un totalitario unipolarismo. Amén de considerar que esa no fue la única fehaciente injerencia de la Iglesia en los terrenales designios, para legitimar justamente su presencia en la construcción fáctica del poder terrenal.

Es en este sentido que la sutil concomitancia entre el poder terrenal y el poder espiritual, determina que, tanto la época, como el rumbo de la historia intencionalmente también dependen de la milagrosa piedad religiosa para la salvación eterna de las almas, tan providencialmente profesada por el catolicismo.

Es a partir entonces de la mismísima mística de la política, que provisionalmente se plantea otra vez una coyuntural convocatoria histórico-hegemónica para orientar el destino de las relaciones sociopolíticas, respondiendo coherentemente a la resonancia reaccionaria de la declaratoria imperial de guerra contra el terrorismo.

Por eso es que ha quedado, por lo menos sospechosamente advertida, la presencia de los dos homéricos iconos de la postrimera hegemonía imperial –George Bush y Tony Blair– como predestinados contendientes de esta nueva cruzada, coincidentemente en las exequias del servicial predecesor de la anterior ecuménica liberación de la amenaza comunista, coincidentemente con el mismo afán de procurar la vigencia de otro potable pretexto para una nueva epopeya redentora de la salvación humana.

Pero hay de todo en la viña del señor, y también otra auténtica alteridad axiológica, no siempre predicando el catecismo oficial del poder hegemónico, más bien practicada como un intrínseco instinto de conservación de la propia sociedad ante el amenazante poderío del reino imperial.

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* En: tribuna_boliviana@gruposyahoo.com

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