Dic 29 2010
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OpiniónPolítica

Desafíos del movimientos popular salvadoreño para 2011

Roberto Pineda*
La tarea estratégica principal en este periodo de gobierno democrático, para el movimiento popular salvadoreño, consiste en construir y acumular poder popular. El cumplimiento adecuado de esta tarea permitirá continuar derrotando  y aislando a la derecha y crear una correlación de fuerzas (que se refleje en unidad, alianzas, organización, conciencia y movilización) que nos permita avanzar hacia la revolución socialista.

Como movimiento popular y social vivimos una situación inédita: año y medio de gobierno democrático. La derecha y el imperio no han podido derrotar este proyecto. Pero lo han podido cercar y debilitar. Principalmente en las áreas de seguridad, desarrollo y política exterior. En esta compleja situación es clave determinar quienes son nuestros amigos y contra quien nos enfrentamos, para poder dirigir nuestro pensamiento y acciones a la derrota del imperio y de la derecha política, empresarial, mediática e incluso religiosa.

Si no definimos con claridad quienes son nuestros enemigos en este periodo de gobierno democrático, podríamos fácilmente acumular fuerzas pero para el campo de la reacción.

A nuestro juicio los enemigos son el imperio y su política expansionista y militarista; y la oligarquía transnacionalizada, que dirige y se expresa en los partidos de derecha, en los principales medios de comunicación, y en ciertas universidades, iglesias, y gremios empresariales. Los unifica la defensa del modelo de sociedad neoliberal. Es una fuerza económica, política y cultural. El enemigo principal y más peligroso son aquellos sectores de la oligarquía interesados en revertir violentamente el proyecto democrático encarnado en el Gobierno Funes.

Y en el campo de nuestro amigos o sea de las fuerzas y personalidades que están interesadas (o sea que tiene intereses reales) en la consolidación y defensa de este proyecto democrático, se encuentran en primer lugar los trabajadores públicos y privados, de la ciudad y del campo. Amplios sectores de capas medias. Amplios sectores de jubilados y desocupados.  Vendedores ambulantes. Amplios sectores de micro, pequeños y medianos empresarios, incluso algunos grandes empresarios que fueron golpeados por el modelo neoliberal, con sus privatizaciones y dolarización.

Todos estos sectores se expresan políticamente, en los diversos componentes de la izquierda, hoy mucho más plural que en el pasado, y principalmente en el FMLN como partido revolucionario de masas. Se expresan en los diversos componentes que integran el gabinete de Mauricio Funes y en el mismo Presidente. Se expresan en el movimiento popular y social y algunos de sus referentes como el COMPHAS y el FSNP. Se expresan en algunas universidades, iglesias y medios de comunicación. Se expresan en alcaldías, fracción legislativa y ministerios conducidos por el FMLN. Se expresan en  la diáspora progresista.

El movimiento popular y social salvadoreño, como parte del sujeto revolucionario, no se repone todavía de las secuelas derivadas de la crisis ideológica de los años noventa del siglo pasado, en el que se planteó y predominó la idea que la lucha popular y sus métodos estaban “desfasados,” que ya no había necesidad de marchas y protestas, que había que pasar “de la protesta a  la propuesta.” Y a diferencia de los años  ochenta, es un movimiento debilitado y atomizado. La derecha en El Salvador sigue siendo fuerte debido a que el movimiento popular es débil. Y el movimiento popular solo podrá crecer en la lucha por construir poder popular.

Si bien el FMLN logró derrotar a la derecha en el plano político, como movimiento popular y social el desafío es el de derrotar a la derecha en el campo social, en el campo cultural. Y la tarea no es fácil. La derecha ha avanzado significativamente, particularmente en las zonas rurales. Los más pobres son los que más creen en los ricos. Educar políticamente a estos sectores es una tarea estratégica urgente, incluso para la revolución socialista.

Una derecha herida

¿Se merece este gobierno que lo defendamos? Si, en la medida que es un gobierno democrático. Pero para defenderlo se hace necesario que el Gobierno Funes avance, que profundice, que radicalice el proceso. De no hacerlo y continuar con sus políticas equilibristas socialdemócratas, lo que viene es la restauración oligárquica. Al final Funes va perder el equilibrio y va caer, a pesar de las encuestas favorables que la misma derecha y el imperio le patrocina. Y la defensa de este gobierno no significa el silencio ante sus errores, que son muchos.

Debemos de denunciar cada acto a favor de la oligarquía y del imperio de este gobierno, para recuperar la esencia progresista por la que votó la gente, el compromiso que asumió Funes de realizar cambios.  Podemos pero no debemos de seguir a la derecha en sus esfuerzos por hundir a este barco. Lo que nos corresponde es marcarle el rumbo y esto se hace con fuerza social y política. Hay que aplaudir lo positivo y exigir lo prometido. Nuestro norte debe ser el sur.

La derecha va tratar de aprovecharse de las celebraciones del Bicentenario (1811-2011) para promover su visión de mundo. Norman Quijano, con su energía reaccionaria y represiva tratara de montarse en este caballo. No hay que permitirlo. Nos corresponde garantizar que se reivindique el carácter insurreccional de estos acontecimientos y promover la figura antiimperialista de  José Matías Delgado.  Nosotros tenemos también otra celebración, la del 100 aniversario del luchador popular Blas Escamilla, ejemplo de militante revolucionario indoblegable.

Otro tema de la derecha es el CES. No podemos hacernos ilusiones como movimiento popular sobre la posibilidad de conciliar intereses entre explotados y explotadores. Pero si podemos entender el CES como un escenario de lucha en el que desde los sectores populares podamos incidir y hacer avanzar el proceso democrático. La disputa esta planteada en términos de avanzar el proceso o retroceder a la restauración oligárquica.

Nuestras banderas de lucha

En esta situación, como movimiento popular debemos de enarbolar nuestras banderas de lucha en los campos político, económico, social y cultural. Necesitamos levantar reivindicaciones que mitiguen la actual crisis. Y a la vez construir poder popular en el territorio. Entre otras, en lo social hay que exigir la aprobación de la Ley de Medicamentos, que se suprima el IVA de los artículos de consumo popular y medicinas; en lo político la lucha por afiliarnos al ALBA, la lucha por enjuiciar a los genocidas de las masacres de los ochenta, la lucha por abrir relaciones con la Republica Popular China y Palestina; en lo económico vamos a exigir el regreso del colón, en lo cultural hay que apropiarnos de las celebraciones del Bicentenario.

La construcción de poder popular pasa a mediano plazo por construir un modelo del país socialista que queremos y esto solo será posible mediante un gobierno que convoque a una Asamblea Constituyente  que elabore una nueva Constitución democrática popular, que rompa con el control oligárquico del país. Debemos trabajar por la democratización de la economía y la democratización de la política.

Así como por determinar a corto plazo un pliego de peticiones a nivel local, departamental, regional y nacional que reflejen los intereses más sentidos de los sectores populares. En el caso de las Comunidades de Fe y Vida, se encuentra la lucha por la legalización de las tierras. Cada sector debe definir su demanda principal y su respectiva estrategia para lograrla. Esto es poder popular.  No va ser la alcaldía ni el diputado sino la comunidad misma la que resuelva. Los cambios hay que hacerlos, con Funes o sin Funes. Solo el pueblo salva al pueblo.

 

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