Abr 12 2011
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Película de la semana

Diario de un argentino en Canadá

LN
Quizá apócrifo, probablemente inexacto (los argentinos no tienen tanta paciencia), o temiblemente realista. Porque la internet es así: campo donde pastan las más raras bestias, siembran los más curiosos apóstoles, cazan los más aviesos tiradores, intentan (casi) todos vender y hasta hay quienes compran. Apreciar este Diario… es suscribirse a cualquier campaña en contra la de la censura en la web.

Proteger las peculiaridades es la clarinada con la que inaugura el siglo XXI el poeta y filósofo Jesús Sepúlveda —avecindado en Oregon, EEUU, un lugar en el que el señor Invierno no golpea menos que en Canadá. Lo que prueba que el drama no es más que una tragedia vista con ojos de sobreviviente. Sobreviviente a duras penas es este primo que fue a vivir al Hemisferio Norte.

Convengamos: cada sociedad desarrolla —y se desenvuelve dentro de ellos— marcos culturales diferentes. A los que une, sin embargo, esa a veces penosa condiciòn humana. Y convengamos también en que son los hermanos argentinos quienes mejor —por lo menos de más viva voz— expresan sus peculiaridades.

A veces sentimos que exageran, a veces pensamos que nos interpretan. rara vez nos aburren. Acaso será por un gen anarquista y gozador que nada en su larga historia de bayonetas y explotaciones ha podido quitarles. Así como circulan (casi todos venidos de la península allende la mar) los chistes de gallegos, lo hacen, nacidos en América, los que se refieren a los argentinos.

Pero queremos a los che. Y si vemos (o volvemos a ver) estos poco más de cuatro minutos, sin duda sentiremos que nos interpreta la triste aventura de un santafesino preso de todos los males de la Tierra —como si los padeciera en un mundo alienígena donde lo que prevalece es la surrealidad agresiva. Lo que distorsiona el propio ser.

Hay que ser valiente para vivirlo, y generoso para relatarlo.

Después de apreciar —hasta las lágrimas— tanta desgracia recopilada morosamente en este diario de vida, sea honesto y hágase la gran pregunta: ¿ahora, con pleno conocimiento de causa, quiero abandonar mi región? Piénselo otra vez. no rechace el consejo.

Su respuesta valdrá un apretón de manos, un abrazo o la excomunión. Usted decide.

Por gentileza de João Claudio de Sena (ver www.morgadodl.com.br)

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