Jul 27 2010
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Ambiente

El derecho humano al agua

Roberto Bissio*

El agua es indispensable para la vida. Resulta tan obvio, tan básico, que la Declaración Universal de Derechos Humanos, el documento constitutivo del mundo contemporáneo, junto a la Carta de Naciones Unidas, enumera los derechos que hacen posible vivir ³"ibres del miedo y la miseria" y los que atañen a la dignidad humana, pero no menciona entre ellos el derecho al agua. Ni al aire, dígase de paso. En 1948 no parecía posible que los fluidos esenciales llegaran a escasear.

Para solucionar esta omisión, la Asamblea General de Naciones Unidas ha sido convocada a votar el próximo miércoles 28 de julio una moción presentada por el embajador Pablo Solón de Bolivia y apoyada por otros 31 países, por la cual se declara por primera vez a nivel mundial como un derecho humano universal "el derecho al agua potable limpia y segura y al saneamiento".

Las Naciones Unidas estiman que 884 millones de personas carecen totalmente de agua limpia y dos mil millones sólo tienen acceso a ella a más de tres kilómetros de sus hogares, lo que significa una carga abrumadora para mujeres y niños. Dos mil seiscientos millones de personas carecen de saneamiento adecuado y 1.200 millones defecan al aire libre. En una nota de apoyo a la resolución, el ex presidente ruso Mikhail Gorbachov recuerda que "por lo menos cuatro mil niños mueren cada día por enfermedades vinculadas al agua y más vidas se han perdido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial por el agua contaminada que por violencia y guerras".

Catarina de Albuquerque, autora de un conmovedor informe al Consejo de Derechos Humanos sobre el agua y el saneamiento, explora cómo los derechos consagrados a la salud, la vivienda, la educación, el trabajo, la igualdad entre varones y mujeres y el propio derecho a la vida están relacionados. Pero no alcanza con estos derechos consagrados, sostiene: "El saneamiento es un aspecto de la dignidad humana; se debe considerar la vulnerabilidad y la vergüenza que tantas personas experimentan cada día".

Ya en 1980, el Tribunal Supremo de la India, al considerar la situación de un municipio que no ofrecía servicios sanitarios públicos básicos describió cómo ante esta carencia "la timidez se convierte en un lujo, y la dignidad, en difícil arte". Estas violaciones a la esencia misma de la dignidad humana no se captan en su totalidad cuando se considera el agua y el saneamiento sólo en su relación con otros derechos humanos y hacen necesaria esta resolución específica, concluye Albuquerque.

El texto que ahora considera la Asamblea de la ONU se concentra en los derechos individuales y expresamente deja de lado los temas de aguas fronterizas que son objeto de la legislación internacional ya consagrada, afirma la necesidad de enfocar el tema desde lo nacional y lo local, reafirma que la protección y promoción de todos los derechos humanos es de responsabilidad de cada estado y reclama cooperación internacional y trasferencia de tecnología para hacer posible el derecho al agua y al saneamiento para todas las personas y hogares.

El acceso al agua potable y al saneamiento como derecho humano, sostiene un informe publicado por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) en enero de este año, "debe ser equitativo y no discriminatorio, apropiado en calidad y cantidad, económica, social y ambientalmente sustentable y de costo accesible. Es obligación del Estado proteger a la gente de la desconexión a los servicios de aguas y de la contaminación, prohibir que individuos o empresas lesionen los derechos de otros. Como estos servicios son caros y en la región hay altos niveles de pobreza e indigencia, los pobres no podrán ejercer su derecho humano al agua si no reciben un apoyo eficaz del Estado, reflejado en los presupuestos y en la creación de instituciones eficientes y estables".

Como 190 países ya reconocen de una u otra manera en sus constituciones y legislaciones el derecho al agua, la aprobación de esta resolución debería expresar un consenso mundial. Sin embargo, a juicio de Maude Barlow, presidenta del Consejo de Canadienses y ex-asesora sobre agua del presidente de la Asamblea General de la ONU, "algunos gobiernos se oponen al consenso y es probable que la resolución deba ser sometida a voto, con lo cual se arriesga dividir al cuerpo entre Norte y Sur". Esta división no evitaría la aprobación de la resolución, ya que el Sur tiene amplia mayoría en la ONU, pero le quitaría peso político y viabilidad práctica.

Estados Unidos, Canadá, Australia y el Reino Unido aparecen como el principal obstáculo. Esto puede deberse a la tradición jurídica anglosajona hostil a los derechos "de segunda generación" que requieren que los gobiernos hagan algo (como educar o cuidar la salud de sus ciudadanos) en oposición a los derechos humanos Œclásicos¹ que simplemente requieren que los gobiernos se abstengan de hacer algo (de torturar, censurar, encarcelar arbitrariamente o allanar hogares de noche, por ejemplo).

En Londres la coalición liberal-conservador a de David Cameron ha dicho que quiere quitar de la resolución la mención al saneamiento y que ésta hable de "acceso" al agua pero no su reconocimiento como un derecho humano. En Australia, los laboristas en el poder han privatizado el agua y resienten, por lo tanto, un documento que parece ir en sentido contrario, mientras que en Canadá el primer ministro conservador Stephen Harper alega que no puede votarla porque ello obligaría a su país a compartir sus reservas hídricas con Estados Unidos.

En realidad, la resolución no dice nada sobre cómo deben los gobiernos garantizar el acceso al agua y el saneamiento. El proveedor puede ser público o privado, al igual que una institución que enseña o que cura, y la existencia del derecho no obligará a compartir internacionalmente las aguas nacionales, como tampoco está ningún país obligado a alimentar los hambrientos del mundo o alojar a los que carecen de techo. Pero un derecho humano al agua y al saneamiento sí podría poner un límite a los derechos de grandes corporaciones sobre los recursos hídricos consagrados en acuerdos bilaterales y multilaterales de comercio y de inversión.

Bolivia bien sabe de esto, ya que después de que la corporación Bechtel se retirara del país, huyendo de las protestas populares por el encarecimiento del agua privatizada en Cochabamba, el gobierno fue condenado a indemnizarla por un tribunal arbitral del Banco Mundial, que reconoció el derecho del inversor extranjero pero no el derecho humano de los bolivianos al agua.

Consagrar universalmente el principio jurídico para que esto no vuelva a ocurrir depende en gran medida ahora del país de origen de Bechtel. "La estrategia de seguridad nacional del presidente Barack Obama, basada en la promoción de los derechos humanos y el desarrollo sustentable en el mundo, debería ser traducida en apoyo al agua como derecho humano", aconseja Gorbachov. El presidente Obama tiene una semana para tomar una resolución histórica.

*Investigador uruguayo, director del Instituto del Tercer Mundo
 

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Ene 18 2008
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Ambiente

EL DERECHO HUMANO AL AGUA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Cuando jugaba de niño con pistolas de agua no podía sospechar que a aquel inocente proyectil alguna vez correspondería un lugar tan señalado como el que hoy tiene en el dilema humano de la guerra o la paz. En el planeta se gesta, casi pudiera decirse que se está librando ya, una sigilosa guerra por el agua.

Durante el último siglo la población mundial se ha triplicado, mientras que el consumo de agua se ha sextuplicado. Aunque el tema de la escasez del agua, su contaminación y su distribución desigual es un problema de todos, afecta más a la población pobre del mundo.

Hoy, los niños de los países desarrollados consumen entre 20 y 30 veces más cantidad de agua que los niños de los países más pobres.

Se calcula que unos mil millones de personas no disponen de agua potable en tanto dos mil quinientos millones no la tienen en las cantidades y condiciones mínimas adecuadas. Casi todas ellas viven en América Latina, Africa y Asia, aunque también existen vastos sectores de menesterosos en los países más desarrollados a quienes alcanza esta carencia.

Si el agua es escasa, la producción de alimentos también lo es y, de tal forma, ello no solo afecta a las actuales generaciones sino que amenaza a la supervivencia de las futuras. La disponibilidad de agua potable repercute directamente en la calidad de vida de la población, fundamentalmente por sus derivaciones en los problemas de la higiene y la alimentación.

Entre 10.000 y 20.000 niños mueren en el mundo cada día a consecuencia de enfermedades que pudieran evitarse, derivadas de la falta o insuficiencia del agua potable. Cada 15 segundos muere una niña o un niño por diarrea ocasionada por el consumo de agua infectada.

Alrededor del 40 % de la alimentación mundial depende de la agricultura de regadío, que consume más del 66% del agua que gasta la humanidad. Como no existen alternativas para esta ecuación, cualquier incremento del gasto de agua para fines que no sean los de la alimentación, repercute negativamente, de manera directa, en la calidad de la vida humana a escala global.

Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Población, dentro de un cuarto de siglo, una de cada tres personas en la Tierra carecerá de agua o tendrá una cantidad insuficiente. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha advertido que, de no tomarse las medidas apropiadas, mil ochocientos millones de personas vivirán dentro de 20 años en países o regiones con escasez absoluta de agua; más de dos tercios de la población mundial carecerán de acceso suficiente al agua.

Y a su escasez hay que sumar el problema de la contaminación que, según algunas fuentes especializadas, cobrará no menos de 76 millones de vidas humanas en los próximos 15 años.

La FAO ha advertido acerca de los efectos contaminantes de los plaguicidas y los fertilizantes utilizados en la agricultura que dañan las reservas de agua, tanto la de superficie, como la almacenada por la naturaleza en el manto freático, es decir aquellas que se acumulan bajo la tierra, almacenadas en los poros que existen en sedimentos como la arena y la grava, y en las fisuras que se encuentran en rocas.

El manto freático o subterráneo guarda el 97 por ciento de todas las reservas mundiales de agua dulce -excluyendo la contenida en los casquetes polares. De esta agua subterránea, dependen no menos de 1,500 millones de habitantes en todo el mundo para su abastecimiento de agua potable, por lo que resulta un recurso fundamental, tanto para la vida humana como para el desarrollo económico.

Aproximadamente el 80 por ciento de la contaminación del medio marino se origina por actividades humanas en tierra, como el vertimiento de aguas residuales y desechos industriales no tratados adecuadamente, y la construcción de infraestructura costera, además de los efectos derivados de las actividades agrícolas, el desarrollo industrial, la urbanización, el turismo y otras actividades humanas.

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Pero no todos los habitantes del planeta enfrentan tan triste presente ni, quizás, tan cruel destino. En la ciudad de Las Vegas, situada en medio del gran desierto de Nevada, en los Estados Unidos de América, se fabrican cada mes cinco mil residencias con piscinas y verdísimos céspedes generosamente regados con agua transportada desde cualquier lejana fuente.

En el Sur del estado de la Florida, donde en los últimos tiempos se ha enseñoreado una gran sequía y se teme que el agua de mar contamine irremediablemente el manto freático en algunos condados, el consumo histórico promedio de agua es de 170 galones por persona, muy por encima de los 100 galones per cápita en todo el país, cifra que, a su vez, es 15 veces superior a la media de los países eufemísticamente llamados en vías de desarrollo del Sur del continente.

La escasez y mala calidad del agua ponen en peligro la salud, el bienestar social y económico, la seguridad alimenticia y la diversidad biológica. La escasez de agua podría llegar a ser además, en el futuro, la limitación más importante para asegurar una agricultura sostenible.

Estas realidades son expresión de lo extravagante, injusto e insostenible que puede ser el orden capitalista y el proclamado modo de vida americano pero muestran también lo alejada que está la humanidad de entender el grave peligro que le depara el uso irracional del agua a escala mundial.

El director general de la UNESCO, Kiochiro Matsuura, ha sido categórico a este respecto:
“De todas las crisis a las que nos enfrentamos los seres humanos, la de los recursos hídricos es la que más afecta a nuestra supervivencia y la del planeta. En los próximos veinte años el abastecimiento de agua disminuirá un tercio en el mundo”.

La crisis del agua es parte esencial de la crisis ambiental, económica y social a que nos conduce el modelo de desarrollo que se ha impuesto a la humanidad con la globalización neoliberal. Por eso ya los sectores más avisados de nuestros pueblos del Sur, y también muchos luchadores sociales del Norte, hablan de que hay que exigir, o mejor, hay que imponer, el derecho humano al agua.

——————————–

* En AGENPRESS, agencia de noticias independiente de la Argentina.
www.argenpress.info.

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