Nov 25 2008
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PolíticaSociedad

El Enjambre toma la capital de Venezuela

David Segarra*

La victoria de la oposición en el Estado Miranda, la Alcaldía Metropolitana de Caracas y la Alcaldía de Sucre pone de manifiesto las redes que se han venido tejiendo contra el proceso bolivariano. Pero la eficacia de esta nueva estrategia se explica por la incapacidad para gestionar los graves problemas de Caracas por parte de los alcaldes bolivarianos. La oposición en Venezuela está cambiando las reglas del juego. Así ha conquistado la capital.

¿Qué es el Enjambre? ¿Qué redes se han tejido en Caracas?

En primer lugar hay que destacar que la oposición venezolana y la intervención norteamericana han modificado profundamente su estrategia, tal y como el profesor Miguel Ángel Contreras ha venido señalando. Y hay que reconocer que les está funcionando. Su hito inicial fue conseguir que tres millones de bolivarianos se abstuvieran en el pasado referéndum para la reforma constitucional de 2007. Su éxito más reciente: la retoma de la capital venezolana, centro neurálgico de la revolución bolivariana. Tras la estrategia inicial de ataque furioso y brutal concretado en el Golpe de Estado de 2002 y el Paro Petrolero, la oposición ha adoptado cada vez más una estructura y un discurso más complejos. Ya no son los viejos partidos y organizaciones empresariales y sindicales del pasado. Ahora son redes que abarcan todo el espectro de actividades sociales. De la misma manera que se organiza la sociedad moderna: a imagen y semejanza de internet y sus redes sociales. La oposición ahora es una red de redes semiautónomas que van desde los medios de comunicación, la Iglesia Católica y las Evangélicas, los partidos tradicionales y los partidos modernos, los movimientos estudiantiles y los rectores, la clase alta y media y también sectores desencantados de las clases media-baja y baja. La oposición tiene nuevas caras, caras jóvenes: Leopoldo López, Capriles Radonski, Carlos Ocariz, Yon Goicoechea, Stalin González, Ricardo Márquez. Ellos se presentan ahora como la renovación, el cambio, la frescura y la innovación. Y han hecho sus tareas, se han aprendido la lección. Tienen una estrategia coherente y eficaz. Es parte de la llamada guerra de cuarta generación que denuncia el sociólogo Carlos Lanz. Los herederos de las elites y el poder tradicional se organizan y se presentan como los resistentes, como los débiles frente al nuevo poder totalitario. Tal y como hizo Otpor en Serbia y Pora en Ucrania.

¿Cómo llegó la oposición hasta esta nueva estrategia?

Por un lado el asesoramiento de Think Tanks, o centros de pensamiento, norteamericanos y europeos ha venido explicando a la oposición venezolana que la sociedad ha cambiado estructuralmente y cómo debe adaptarse a ella. Los grupos opositores están siendo asesorados en técnicas de organización descentralizada pero coordinada, así como en técnicas de comunicación y de márketing. Y finalmente se han estrellado con la más simple lógica. Fracaso tras fracaso, la oposición ha tomado conciencia de que no podía despreciar sistemáticamente a las mayorías venezolanas de piel oscura y clase popular. Años de errores y derrotas les han permitido volverse humildes y aprender del enemigo y de sí mismos. La debilidad los ha obligado a agudizar el ingenio. Y han encontrado su piedra filosofal: apropiarse del discurso bolivariano. Lanzarle al gobierno sus propias propuestas, ahora en boca de las redes opositoras. Globovisión, por ejemplo, tiene más programas sobre los problemas de los barrios que las televisiones públicas. Los líderes opositores están consiguiendo crear estructuras políticas en los barrios más pobres. Su propaganda utiliza por primera vez y de manera masiva la imagen de venezolanos negros y de los barrios. La constitución de 1999, a la que se opusieron en su momento, es ahora su carta de presentación democrática. Los estudiantes de clase media se movilizan contra sus propios derechos como el voto paritario en nombre de la democracia. Las elites criollas se pasean de la mano de los que hasta hace poco tildaban de chusma marginal. La derecha se viste de izquierda. Pero pareciera demasiado rápido el cambio de la oposición. Demasiado evidente tal vez. Entonces la pregunta que cabe hacerse es: ¿Cómo es posible que sea tan eficaz toda esta estrategia? Pero para contestar esta pregunta es necesario formularse otra.

¿Un éxito de la oposición o un fracaso de los líderes bolivarianos?

Tras diez años de gobierno bolivariano, la rigidez, la ineficacia y el centralismo no son ya propiedad exclusiva de las elites opositoras. Y esto explica que el problema no es sólo una cuestión de estrategia política. En Caracas sólo hay que pasearse por las calles para encontrar una respuesta a la victoria de la oposición. El fracaso de la gestión de problemas fundamentales como la inseguridad, el transporte, la vivienda o la basura hablan por si mismos. Sólo hay que entender que la muerte de cientos de personas a manos de la delincuencia, la imposibilidad de alquilar o comprar una vivienda, las interminables horas para trasladarse al puesto de trabajo y el caos urbanístico son insoportables. Ésa es la clave: los problemas son demasiado graves, demasiado intolerables. Y los alcaldes bolivarianos no han podido resolverlos. No han sabido solucionarlos. Eso ha sido un golpe fatal a la moral y a la resistencia de los caraqueños. Tras diez años, la ciudad sigue siendo un infierno para la mayoría de sus habitantes. El fracaso principal es de estos alcaldes. A los cuales hay que sumarles una muy inteligente campaña para capitalizar el descontento ciudadano por parte de quienes fueron el origen de todos esos males y que ahora se presentan como los salvadores.

Rigidez o flexibilidad. Redes o centralismo. Eficacia o fracaso.

Todo esto nos lleva a reflexionar sobre el hecho de que en la sociedad actual la organización flexible, en red, es la única eficaz. Como alguna vez expresó el presidente: el concepto de fortaleza de los bolivarianos no está representado por una división blindada, por unos tanques. La fortaleza no es la del roble, orgulloso y robusto que ante la tempestad saca pecho y se enfrenta confiado. Esa fortaleza de los poderosos es rígida y ese mismo roble termina partiéndose ante el viento invisible. En cambio los humildes bambús, los discretos helechos se encuentran por todas partes y ante cualquier tipo de viento huracanado se curvan pero nunca se rompen. Rigidez es debilidad, flexibilidad es fortaleza. Centralismo es ineficacia, la organización en red, participativa, es la más funcional. El 13 de abril, como ha declarado el general Melvin López, fue una guerra de redes. Miraflores, tomado por los golpistas, fue desbordado por las redes sociales que rodearon los centros de poder golpistas. Hay que volver a ser humildes y autocríticos, dinámicos y eficientes como así fue el espíritu del Trece. La derrota ha de servirle al luchador para reflexionar y para prepararse mejor. No hay otra vía. Asumir las fortalezas y las debilidades. Y salir de nuevo al combate.

Pero, sobre todo, lo que queremos los que habitamos Caracas es mejoras concretas, eficacia y hechos. Honradez, preparación y alcaldías participativas junto a los consejos comunales y la ciudadanía. Hechos y no palabras. Soluciones y no excusas. Ésas fueron las razones del éxito de 1998 y las razones del fracaso de 2008.

Conoce a tu enemigo, conócete a ti mismo y no serás derrotado. (Sun Tzu)
O inventamos o erramos. (Simón Rodríguez)

*Publicado en Rebelión. David Segarra es documentalista.

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