Sep 16 2008
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Política

El golpe de los comiteístas

Antonio Peredo Leigue*

"¿Cuál es el problema con el gobierno de Bolivia?", le habrían preguntado a la señora Condoleezza Rice, quien respondió: "el gobierno de Bolivia". Cierta o no, la anécdota refleja claramente la postura de Washington con relación al proceso de cambio que lleva adelante el pueblo con el presidente Evo Morales.

Si seguimos los pasos del embajador Goldberg -para no recordar a Rocha y sus sucesores- encontramos un plan estructurado desde antes de la toma de mando por el presidente Morales Ayma, para desgastarlo y derrocarlo. Dos y medio años después, han entrado en la fase más conflictiva y violenta, buscando que el gobierno responda o se rinda ante la embestida armada.

El desprestigio

La derecha tenía esperanzas en que, las figuras poco atractivas y nada populares de sus candidatos a las elecciones presidenciales, en diciembre de 2005, juntaran más votos que los que pudiese obtener Evo Morales, perfilado como claro vencedor de ese plebiscito. No previeron que, el pueblo, volcaría todo su apoyo sobre el indígena, quien representaba las expectativas de los sectores marginados de la sociedad.

Vencidos en toda la línea y sin posibilidades de presentar ni siquiera una oposición coherente, los grupos desplazados del poder, se rindieron ante la evidencia. Durante unos meses aceptaron, aunque a regañadientes, que se iniciaba un proceso distinto en Bolivia. Confiaban, ¡eso sí!, en que la embajada de Estados Unidos de Norteamérica les diera un plan de acción.

Los diplomáticos del Departamento de Estado trabajaron arduamente en crear una mala imagen internacional. La señora Rice y sus subordinados insistieron en que, Evo Morales, había pasado a conformar el "eje del mal" con Fidel Castro y Hugo Chávez. Lamentablemente para ellos, Cuba y Venezuela eran percibidas, en Bolivia, como impulsoras de los programas de salud gratuita y de alfabetización, además de otros programas de avance en electricidad, exploración petrolera y varios más.

En contra de sus previsiones, la percepción internacional del gobierno de Evo Morales, adquirió mayor peso y consideración. Aquella primera fase había fracasado, pero eso estaba dentro de sus previsiones. Había que pasar a la segunda fase.

El desgaste

La promulgación del decreto que nacionalizó los hidrocarburos fue el punto de partida para esta segunda etapa. Debía darse en dos sentidos: la creación de una oposición activa y el desgaste interno del gobierno. Para ese momento, estaba en marcha la convocatoria a elección de la Asamblea Constituyente y el referendo autonómico.

En diciembre anterior, Evo Morales había obtenido una abrumadora mayoría cercana al 54%. Sin embargo, sus candidatos a prefectos -que simultáneamente se eligieron entonces por primera vez- perdieron en 6 de los 9 departamentos. Los estrategas del golpe concluyeron que debían trabajar sobre esas debilidades y atacar decididamente las fortalezas que presentaba el gobierno.

Las empresas petroleras, que resistían la aplicación de la nueva ley, como lo habían hecho hasta entonces, actuaron como punta de lanza. Al mismo tiempo, los prefectos comenzaron a trabajar en la conformación de un cuerpo colegiado con los comités cívicos creados hace muchos años en defensa de los intereses empresariales. La embajada no tenía mucho que perder: si los poco confiables prefectos no daban la talla, reforzarían la acción de las petroleras. La política de desgaste, que era el objetivo de esta fase, iba a darse de una u otra forma. Sorpresivamente, los actores nativos -como le gusta denominarlos a la Casa Blanca- resultaron ser aplicados alumnos. Para mediados de 2006, ya entraron en combate. Las petroleras fueron reservadas para actuar de modo silencioso pero altamente efectivo.

Los dos tercios en la Asamblea Constituyente, el tema de la capitalía fueron algo así como el debilitamiento de esta asamblea. Era lógico suponer que iban a enfilar sus ataques contra ella, puesto que una nueva Constitución Política iba a recortarles privilegios. El asalto a los locales donde ésta sesionaba, la persecución hasta el liceo militar a donde tuvieron que ir los constituyentes, las tropelías cometidas en Sucre, incluidas tres muertes de las que acusan al gobierno, anunciaban una tercera fase adelantada.

A estas alturas, los patrocinadores de los planes, ya actuaban en forma desembozada. El gobierno reclamó en varias oportunidades. Al embajador no le molestó asistir varias veces a dar explicaciones. Pero, a la vez, se reunía con los conspiradores y hasta fue convocado por su gobierno para dar la señal de que, en Washington, se perdía confianza respecto al respaldo que tenía Evo Morales.

Entonces fue que se lanzaron decididamente a los referendos para aprobar unos estatutos que, con diverso discurso, pero apuntando siempre al desmembramiento del país, redactaron los respectivos comités cívicos. El primero, cumplido en Santa Cruz, donde se halla la tropa más furibunda del golpismo, dio resultados que les entusiasmó. Creyeron llegado el momento de mostrar la impopularidad del presidente y, de buenas a primeras, aprobaron el referendo revocatorio sin modificar el texto que, meses atrás, había enviado el gobierno.

El resultado fue aplastante. Más del 67 % de la población le dijo SI a Evo Morales Ayma. Los conspiradores decidieron pasar a la fase violenta.

Golpes, tomas y quemas

Ahí estamos. Bloqueos en puntos estratégicos, bandas de delincuentes asaltando oficinas públicas, golpizas a las personas de tez morena. Durante varias semanas estuvieron ensayando todas estas acciones.

Este martes 9 de septiembre, se lanzaron con todo en Santa Cruz. Bajo el comando de Marincovic, llegado horas antes de Estados Unidos de Norteamérica, con el más agresivo discurso que le pusieron en la mano a Rubén Costas, los unionistas coparon toda la ciudad. Al día siguiente marchaban por las calles profiriendo amenazas, vigilando que no aparezca nadie con rostro indígena, preparando actos de posesión de funcionarios en reemplazo de los titulares designados por el gobierno.

Este es el esquema del golpe contra la democracia, contra la integridad nacional, contra el programa de cambio que el pueblo ratificó. El pueblo debe defender su derecho a trazar su futuro. De lo contrario, quienes se adueñaron de nuestro país, volverán a imponer sus humillantes condiciones.

*Publicado en Bolpress

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