Oct 13 2005
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Sociedad

El Mercurio o los asesinos del suicida

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

 
El Mercurio del lunes 10 de octubre de 2005 publica en la pág. A5 un artículo firmado por Andrea Desormeaux, donde un ex agente de inteligencia cubano entrega su versión de la muerte del Presidente Salvador Allende Gossens.

Singular tribuna para plantear el tema del asesinato de Salvador Allende, ahora atribuido a agentes cubanos, en la propia Moneda y el mismo 11 de septiembre de 1973.

El asesinato de un presidente, emperador, rey o autoridad mayor configura el delito de magnicidio, siendo este un crimen de tal gravedad que nadie quisiera cargarlo sobre sus hombros.

Esa es la razón por la cual, Pinochet y el mando militar atribuyeron al propio Presidente Salvador Allende la responsabilidad de su muerte. Si así fuera, podemos hablar de los asesinos del suicida.

El país y todo el planeta sabe que La Moneda fue bombardeada con el fin único de matar al Presidente de la República y sus colaboradores. La artillería descargada contra el Palacio de Gobierno cumplía el mismo objetivo.

Tampoco ignoramos que fue letra muerta el Convenio de Ginebra respecto al trato de los prisioneros de guerra, y los combatientes que sobrevivieron fueron torturados, asesinados y hechos desaparecer dando fe del criterio de exterminio planteado por el mando militar, hecho verificable además por las grabaciones donde el ex general Pinochet, habla incluso de hacer caer el avión en el que, supuestamente, Allende viajaría al exilio.

Es indiscutible que no hubo un asomo de honor y humanidad en el accionar de los golpistas. Ni en la prensa afin.

El Mercurio, en su edición del día viernes 21 de septiembre de 1973,  página 17 y bajo el título de: “Investigación de Fiscal determina suicidio de Allende”, da cuenta de que el fiscal militar Joaquín Earlbaum se “hizo cargo del proceso incoado  por la muerte del ex Presidente Salvador Allende”. El director de Investigaciones general Ernesto Baeza Michelsen le hace entrega de setenta fotografías del cadáver, y posteriormente traspasa la información al redactor policial de El Mercurio.

La misión policial recayó en el Inspector Pedro Espinoza Valdés, acompañado por el detective Julio Navarro Labra. También los peritos balísticos Carlos Davidson Letelier y Jorge Almazábal Mardones; los expertos en fotografía Enrique Contreras y en planimetría Alejandro Ossandón, además del experto en huellas Héctor Henriquez.

“El informe, como es tradicional, termina diciendo: Data de muerte, a las 18.10, hora en que finalizó el examen, fue estimado en 6 horas”.

Toda esta información aparece en El Mercurio de hace treinta y dos años. Sin embargo sus propios periodistas al parecer la desconocen.

Pero hay más. Andrea Desormeaux, en la misma página y bajo el título “La versión que entrega Benigno”, descalifica la primera versión delirante del asesinato de Salvador Allende por encargo de Fidel Castro.

Y a su vez es refutada en la página C4 por sus colegas Mario Gálvez y Hernán Ávalos en el artículo “No había extranjeros en La Moneda”, donde los testimonios de Osvaldo Puccio y el ex detective Luis Henríquez dan fe absoluta de la ausencia de extranjeros –léase cubanos-, el día del golpe de Estado.

Sin embargo, y en la misma página, el periodista mercurial Audénico Barría –“Ex agente cubano respalda tesis”– da cuenta de la versión del ex agente cubano Luis Miranda Valdés, en cuanto a que el presidente Salvador Allende habría sido ejecutado por un cubano…

Y para abundar meten al ex dictador –“¿Pinochet en la isla?”-, recibiendo dineros de Fidel Castro para apoyar a Salvador Allende. Y el Plan Zeta. Ahora, a la luz de los hechos, es indiscutible que el ex general posee desde muy temprana edad una gran vocación por el dólar, allegado de diferentes y diversas fuentes, y no precisamente de Cuba.

LA HISTORIA, LA ÉTICA

Afirmación y negación simultáneas en ambos artículos. Siembra de dudas. Descalificación moral, etc.

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Produce ira constatar cómo, a más de treinta años del atentado contra la democracia, El Mercurio insiste en descalificar la ética y el coraje del entonces Presidente de la República elegido por el pueblo, un hombre de principios inalterables y sólidos como pocos y que, siendo civil y en defensa de la democracia, enfrentó en total desigualdad de fuego a las fuerzas armadas de Chile.

Con lenguaje oblicuo, muestra al presidente Allende gritando “que había que exiliarse”. Y a los compañeros del GAP debatiendo “si entregarse o asilarse en alguna embajada”.

Tal afirmación es un insulto inaceptable para la familia del presidente Salvador Allende, para nuestros compañeros de la escolta (GAP), para los colaboradores y funcionarios de Investigaciones que combatieron en La Moneda, para el pueblo de Chile y su historia.

No hay comparación posible con la actitud miserable del ex uniformado, que tanto favoreció a El Mercurio, que saqueó las arcas fiscales y además posa de ancianito indefenso tras ocultarse durante años bajo las polleras del ejército.

Porque, a pesar de estar habituados a la condición oportunista del periódico mencionado, que además avaló la acción criminal del gobierno militar y profitó del régimen, es inevitable asquearse por su inmoralidad y turbia manipulación de la historia nacional.

(El Mercurio Miente, rezaba antaño el frontis de la Universidad Católica).

¿A qué objetivo apuntan estas singulares aseveraciones? ¿Buscarán en futuras publicaciones de El Mercurio –como ha sido su estilo permanente- vincular a figuras tales como el general Bachelet, Osvaldo Puccio, padre e hijo, y otros personeros a una turbia red como las implementadas por el general ® Pinochet? ¿Corresponderá a otra de sus estrategias del “terror” en tiempo de elecciones?, etc.

En realidad nos encontramos frente a un claro y repugnante ejemplo de periodismo de chatarra. ¡Que inútil sacrificio de tantos árboles, tantos bosques, para ser convertidos en basura!

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* Poeta. Ex miembro de la escolta del presidente Salvador Allende (GAP).

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