Oct 3 2012
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CulturaOpinión

El relativismo siempre en la picota

¿Quién, a excepción de los ideólogos consecuentes, no se ha sentido atraído, en algún momento, por el relativismo?
Si la atracción todavía persiste, cuidado porque el relativismo, y en especial el relativismo cultural, están en dificultades. No es que no lo hayan estado antes. Es solo que ahora su mera mención despierta un apasionado rechazo desde los más variados puntos del espectro político.| NIEVES y MIRO FUENZALIDA.*

 

Activistas de los derechos humanos, socialistas, comunistas e ideólogos de derecha  lo consideran una creencia destructiva y la clerecia junto a las corrientes más tradicionales lo ven como la negación de la existencia de una verdad ética universal y una invitación a la degeneración moral.
En breve: una creencia diabólica.
 

 

Maryam Namazie, intelectual y directora del Partido de Trabajadores Comunistas de Irán, lo llama el  fascismo de nuestra época que debería ser consignado al basurero de la historia (1998).  En EEUU después del  ataque del 9/11 Bush y el chovinismo nacional rápidamente acusaron al postmodernismo de vaciedad moral al cuestionar la verdad, universalidad  y objetividad de los valores de la democracia norteamericana.

 

Cualquiera sugerencia de que los aparentemente universales principios del Occidente  son construcciones ideológicas y que una cultura, la Occidental, no puede confiablemente condenar a otra de inferior fue considerado una falta de patriotismo que merece ser removida rápidamente de la narrativa nacional como lo vimos  con el  reverendo Jeremías Wright. En el 2006 Salman Rushdie junto a doce prominentes intelectuales del mundo islámico escriben un manifiesto que caracteriza al relativismo como una doctrina antidemocrática que facilita el totalitarismo teocrático. 

 

Pero… si recordamos bien ¿no fue el relativismo cultural que al inicio del siglo XX irrumpió en el mundo de las ideas como una herramienta revolucionaria de análisis social y entendimiento humano que desafió las nociones de colonialismo, elitismo, etnocentrismo, patriarcalismo y racismo?

 

La historia intelectual del siglo muestra que la característica sobresaliente de la teoría filosofica fue el cuestionamiento radical de los conceptos tradicionales de objetivismo, absolutismo y universalismo y la búsqueda de modelos alternativos. Es curioso que después de un siglo las nociones de cultura y relativismo cultural todavía sean tan mal interpretadas, distorsionadas y selectivamente aplicadas. Una idea bastante común en contra del relativismo posmodernista, por ejemplo, es la creencia de que este afirma que los datos históricos son relativos, que la verdad es subjetiva y que la narrativa de uno es tan buena como la de cualquier otro ¿Quién en el llamado post modernismo dice esto? No Foucault, Derrida, Lyotard, Rorty, Deleuze, Badiou, Hayden White o Stanley Fish para nombrar solo a los sospechosos de siempre.

 

El otro lado de la barrera
En la homilía dirigida al conclave que iba a elegir al nuevo Papa el cardenal Ratzsinger (Abril 18, 2005) afirmo que el relativismo característico de nuestra  época no reconoce nada definitivo, se orienta de acuerdo a dónde sople el viento y sus juicios tienen como ultima medida solo los deseos y el ego.
El subtexto del mensaje  es la reafirmación de la autoridad absoluta del sacerdocio y el carácter definitivo de la doctrina cristiana en contraste con el relativismo. Es la alta jerarquía sacerdotal la última autoridad en determinar, decidir y elegir.

 

La “dictadura del relativismo” que solo obedece al ego y sus deseos se contrapone aquí a la sumisión de los creyentes a la autoridad de la Iglesia que tiene como medida y ultimo fundamento a la voluntad de Dios  que es identificada y articulada por el conclave de cardenales.
 

 

La “dictadura del relativismo”, según la alusión del entonces Cardenal Ratzsinger, sugiere la atracción e influencia que ciertos movimientos  como el marxismo, liberalismo, ateismo, pragmatismo, poststructuralismo, constructivismo o descontructivismo  tienen en el discurso teórico contemporáneo cuya mayor amenaza es su disposición a cuestionar, criticar y revisar todo conocimiento definitivo. La imagen de que uno vaya donde el viento sople alude al pluralismo heterodoxo en donde “múltiples doctrinas insustanciales y pasajeras” pasan a dominar el campo teórico.

 

Lo curioso en esta lista es la ausencia del islam, budismo,  panteísmo o de cualquiera otra doctrina basada en la fe que también  forman parte  de esos vientos que bambolean la nave cristiana ¿Será porque puede hacer surgir en la mente de algunos católicos la pregunta de que es lo que hace a la Iglesia Romana única entre la multiplicidad de doctrinas religiosas?

 

La respuesta de la Iglesia es que el mensaje católico no es una doctrina entre otras, una moda intelectual o una fe primitiva, sino la mismísima verdad; el cristianismo no es insustancial o pasajero y dos mil años de historia lo prueban ¿Pero no es cierto que hay también otras doctrinas más viejas y definitivas que igualmente proveen estabilidad y medida a sus seguidores?  

 

¿Y por que solo la Iglesia conoce la voluntad de Dios? Según la homilía una fe madura es la que se arraiga profundamente en la amistad con Cristo. No es el hombre la medida de todas las cosas, sino El Hijo de Dios. Es su amistad la que nos abre a todo lo que es bueno y nos da el criterio que  permite distinguir entre lo  verdadero  y lo falso. Es una relación sin secretos y una comunión de voluntades unidas a Dios. Los amigos de Jesús son los Apóstoles y sus descendientes, el episcopado, el conclave de cardenales y el Vaticano que  entregan la doctrina de la Iglesia que es idéntica a la voluntad de Dios porque es lo que el Señor ha dicho con sus propias palabras.

 

Dicho de otra manera, la Iglesia se auto autoriza como última autoridad en decidir  que es verdad y que es falso.

 

Si aceptamos como definitivas las enseñanzas de los edictos y encíclicas del Vaticano, incluyendo las del actual Papa, estamos en dificultades. Son estas enseñanzas que ligan las políticas de la iglesia al nombre del Hijo de Dios, del amor, de la verdad, la bondad  y la amistad las que históricamente  han ayudado a mantener los privilegios de los poderosos, reafirmar los prejuicios y desbastar  millones de seres humanos a través del mundo
(prohibición de contraceptivos, subordinación de la mujer al hombre en la iglesia y familia y negación de la homosexualidad, para nombrar  los que hoy día son los mas obvios).

 

¿Cuál es el problema con una doctrina definitiva? ¿Y que es lo que el  postmodernismo teórico dice?

La idea clásica de la verdad como correspondencia con la realidad ha venido siendo cuestionada desde  mucho antes  del surgimiento del postmodernismo. La revolución copernicana de Kant, uno de los cambios más profundos en la historia del pensamiento, sostuvo que la mente, en lugar de reflejar pasivamente una realidad independiente,  activamente  procesa y organiza  la experiencia en la construcción del conocimiento. Es la intuición y los conceptos del entendimiento los que estructuran los datos sensoriales. El conocimiento genuino, lejos de ser anulado por la contribución subjetiva, la requiere. Sin ella los datos sensoriales solo producirían información contingente.

 

Según el filósofo francés Meillasoux la noción central de la filosofía  post kantiana ha sido la de correlación de acuerdo a  la cual nosotros solo tenemos acceso a la correlación que existe entre subjetividad y objetividad,  entre pensamiento y ser y nunca a ninguno  de ellos considerado aparte del otro.

 

¿Por qué? Porque el pensamiento no puede salir de sí mismo para comparar el mundo tal como es con el mundo que se nos aparece en la experiencia o el pensamiento. No puede distinguir lo que es función de nuestra relación con el mundo y lo que pertenece solo al mundo porque hacerlo seria  auto contradictorio.
En otras palabras: podemos decir que somos capaces de pensar lo que es independiente del pensamiento, pero por el mero hecho de pensarlo lo transformamos en correlato de nuestro pensamiento. Desde el momento en que pensamos una propiedad que pertenece al mundo en sí mismo, estamos pensando el mundo y su propiedad y al pensarlo lo transformamos en un ser para nosotros.

 

No hay conocimiento de algo que  este más allá de nuestra relacion con el mundo. Por muy independiente que pensemos que una realidad sea sigue siendo una realidad para nosotros concebida como una forma de representación en sentido kantiano, como un acto de la subjetividad según la fenomenologia, como una forma de lenguaje especifico según los filósofos analíticos, etc. En este sentido la realidad exterior es relativa. Relativa a nosotros.

 

Pero esta relatividad, como algunos afirman, no significa que cualquier cosa sea verdad porque la verdad siempre  esta constreñida o determinada por un estilo particular de pensamiento, por un sistema de ideas y presuposiciones  propias de una época y por una comunidad académica o religiosa que la define. Es la verdad entendida como una perspectiva histórica, un evento dentro de un contexto, mas que como una convención.  

 

Para el postmodernismo el poder de este argumento hace imposible  volver a una etapa de dogmatismo metafísico pre kantiana en donde la preocupación de los filósofos eran cuestiones como ¿cuál es la verdadera naturaleza de la sustancia?, ¿quién es Dios?, ¿qué es el átomo? Después de Kant la pregunta es: ¿cuál correlación es más originaria? ¿La de sujeto-objeto, la de lenguaje-referente, la de yo y mi circunstancia? La cuestión ya no es ¿cual es el sustrato verdadero? sino ¿cuál es la correlación adecuada?

 

Aquí, por supuesto, surge la pregunta obvia: ¿es el correlacionismo una nueva versión del idealismo que niega la existencia de una realidad exterior al pensamiento? Es cierto que el idealismo subjetivo y el idealismo absoluto son dos variaciones, entre muchas otras, del correlacionismo. Pero la mayoría de los correlacionistas niegan el idealismo y sostienen la tesis de que ciertamente el ser existe  fuera del pensamiento. Kant sostuvo que además del ser para nosotros, existe el ser en sí mismo. Solo que, como no tenemos acceso a esa aparte del pensamiento, el ser en sí es inconocible
 

 

El correlacionismo es un argumento poderoso y solo puede ser refutado por un mejor argumento. Refutar significa afirmar que es posible tener acceso a una realidad independiente del hecho que la pensemos. Pero, para ello, hay que mostrar cómo salir del círculo correlacional, cómo podemos pensar algo independiente del pensamiento o de la humanidad sin transformarlo en un correlato del pensamiento.

 

Cualquier forma de absolutismo trascendental, de la creencia en un sujeto necesario que es meramente postulado sin probarlo racionalmente es volver a un realismo dogmático o a un materialismo ingenuo precritico que deja el círculo vicioso de la herencia kantiana intacto. La cuestión no es solo creer en la existencia de la realidad en si, sino en demostrar su existencia. Y este es el proyecto filosófico que hace algún tiempo emprendieron Deleuze, Guattari, Badiou y Zizek y que hoy retoma un grupo de teoricos que se agrupan en lo que ellos llaman realismo especulativo.

 

¿Por que toda esta discusión  debiera importarle a alguien?  Porque conocimiento es poder. Y poder en una forma mucho más fundamental que el poder para controlar y modificar la naturaleza. Es el poder que permite determinar quién puede hablar, quién esta autorizado a gobernar y quién determina que lugar una persona o institución ocupa dentro de la sociedad. Todas cuestiones relacionadas con la vida, el gobierno y la libertad. Aunque esto no sea aparente, la epistemología personal refleja el tipo de orden social que preferimos.
Ottawa, 1º de Octubre de 2012.
——
Escritores y docentes. Residen en Canadá. 

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