Ago 4 2009
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Política

El riesgo de las cabezas calientes y la resistencia de vanguardia en Honduras

Néstor Francia*

El foquismo ultraizquierdista mete la pata otra vez. La acción burocrática de la UPV favorece a la contrarrevolución.
La resistencia popular es el factor dinamizador en Honduras. La dirigencia popular hondureña en los puestos de vanguardia.

La batalla mediática, como sabemos, no es nada fácil. No es un tema “legal”, aunque es imposible descartar las acciones legisladora y judicial. Venezuela es una democracia, por lo tanto está obligada a actuar en el marco legal. Por eso Chávez insiste en la necesidad de crear leyes revolucionarias, ya que el marco legal burgués es una camisa de fuerza que impide el avance.

Pero es ese el papel principal de nuestra Asamblea Nacional y hay que actuar con pie de plomo, manteniendo la coherencia en las acciones, tomando en cuenta una realidad insoslayable: la estrategia la llevamos los revolucionarios en el corazón, pero la táctica la elaboramos en el cerebro.

La acción política no puede estar regida, desde el punto de vista táctico, por las pasiones, mucho menos por las que más nos pueden nublar el entendimiento: el resentimiento y la ira.

El "asalto" a Globovision

Y ese el gran error repetido tantas veces por la camarada Lina Ron. Cuando uno lee su comunicado de ayer no puede caber duda de que a Lina le asisten razones para su ira. Eso tiene la misma raíz justa de la declaración de Rafael Ramírez: nosotros odiamos a la oligarquía, no podemos darle cuartel, se trata de una guerra a muerte, parafraseando a El Libertador.

Pero es una lucha revolucionaria, que nadie tiene derecho a dañar por sus caprichos personales, pretendiendo pasar por encima del liderazgo de Chávez, de la verdadera organización popular, que no tiene precisamente su centro en la esquina de Santa Capilla, como parece creer la camarada Lina Ron.

Más de una vez hemos dicho que el anarquismo y el ultraizquierdismo son profundamente burocráticos, tanto como el reformismo. Toman sus decisiones en cenáculos, sin consultar a nadie. Realizan acciones como las de ayer, con pequeños grupos que no son representativos, que no tienen capacidad para movilizar amplias masas.

Aquí no se trata de simples legalismos, porque si van cinco mil personas, por decir una cifra, y apedrean a Globovisión, estaría muy bien, pero si lo hacen cuatro gatos, como ayer, es una acción foquista, que es una desviación militarista mil veces criticada por los revolucionaros del mundo, y que constituyó el más grave error de la lucha armada en Venezuela durante los años 60: acciones violentas sin verdadera participación popular.

La “operación” de la UPV no hace sino facilitar la acción mediática que persigue victimizar a los medios golpistas. Hoy El Universal lanza un titular lacrimógeno, en la onda de imitar la estrategia de RCTV en 2007: “‘No he dejado de llorar’ desde que cerraron la radio”. Entretanto, todos los medios golpistas se solazan en la metida de pata de Lina Ron y escandalizan con el “ataque” a Globovisión.

No se si valga la pena llamar a la reflexión a la camarada Lina Ron, tal vez la soberbia sea el peor de los llamados pecados capitales, pero es necesario hacerlo con absoluta franqueza: pretendiendo ser la más revolucionaria de todos, Lina Ron termina favoreciendo a la contrarrevolución.

Honduras

La situación en Honduras parecería haber caído en un punto muerto, si no fuese por la existencia del único factor dinamizador de la misma: la férrea resistencia popular. El plan negociador Obama-Clinton-Arias sigue lanzando líneas para tratar de imponerse.

Ahora llega la noticia de que la OEA enviará una misión de alto nivel a Honduras para “reestablecer el orden constitucional”. La misión, que cuenta con la bendición del gobierno español y que reúne a Insulza y a Arias como principales voceros, visitará la nación centroamericana en los próximos días, probablemente con el respaldo de Manuel Zelaya.

Como dijimos hace días, el pueblo hondureño debería afinar sus tácticas, sin renunciar a la lucha por sus dos consignas principales en este momento; el regreso de Zelaya a la presidencia y la realización de una Asamblea Constituyente.

Si se realiza el “Acuerdo de San José” se le pondría un freno momentáneo a la segunda propuesta popular, pero en modo alguno sería un freno definitivo. La Asamblea Constituyente en Honduras es imparable, sencillamente porque el proceso constituyente de ese país ya está en marcha, catapultado, paradójicamente, por el propio golpe de Estado.

En lo inmediato, sería un logro hacer retroceder aunque sea un poco a los golpistas, en condiciones en que el plan Obama-Clinton-Arias tiene buenas posibilidades de éxito, aunque no es un asunto resuelto. Pero al mismo tiempo el movimiento popular tiene que mantener su autonomía, impulsar sus propios y auténticos liderazgos, que provienen de la clase obrera y del campesinado, profundizar la definición socialista del movimiento y radicalizar paso a paso su posición revolucionaria.

Las condiciones para avanzar en ese sentido están dadas y la toma del poder, más temprano que tarde, por parte de las fuerzas revolucionarias hondureñas es una posibilidad que se puede vislumbrar cada vez con mayor claridad: solo que para todo hay un tiempo bajo el cielo y no por mucho madrugar amanece más temprano.

Aun hay camino por recorrer, uno arduo y lleno de sacrificios. Tenemos esperanza en la gran calidad demostrada por la dirigencia popular hondureña que está, hoy por hoy, colocada por las circunstancias, en una de los principales puestos de vanguardia de la revolución latinoamericana.

*Analista de asuntos políticos.   
 

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