Abr 28 2005
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Opinión

El viejo orden muerto

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Muchos piensan que en lo político estamos ante una manifestación de anarquía social. Mayor razón aún para reforzar la tesis del neo-totalitarismo emergente. En efecto, por todas partes brotan invectivas contra la jerarquía y un insistente llamado a la acción de las “bases”, sin que eso implique  voluntad alguna de reestructurar lo político.

Esto parece indicar un vuelco hacia sí mismas, por parte de las organizaciones sociales que se asoman como los sustitutos de los viejos partidos. Se trata de un planteamiento radical de sustitución de lo representativo y, en consecuencia, de uno que rompe las bases de la democracia como la hemos conocido. En otras palabras, se ha planteado como una imposibilidad la elección por la mayoría de un “bienestar social”.

Algún comentarista ha señalado una extraña relación entre lo religioso y lo político. La religión tranquiliza mediante la oferta de una vida después de la muerte; se trata de una oferta concreta. Los políticos en campaña electoral cambian la confianza de los electores por una simple promesa, la de ejecutar un programa de gobierno ofertado –que generalmente es incumplido–.

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Frente a la crisis de la democracia han surgido infinidad de movimientos sociales de base. Se trata, aquí y allá, de un ensayo general de alternativas a la relación jerárquica. La solución, parecen decir, no dependerá más de la promesa de los políticos, sino que debe ser aquí y ahora. Sólo que, en la práctica, reaparece, en lugar de desaparecer, el Estado Providencia, como en el caso venezolano, con numerosas “misiones” que son reparto de dinero como parche tranquilizador; es decir, el Estado asume la manifestación “anárquica” de la base financiando un nuevo populismo.

El asunto de fondo es si esta nueva forma de organización anti partido podrá regenerar los tejidos democráticos. Debemos constatar que estos nuevos movimientos son minoritarios por esencia y son tan poco atractivos como los partidos tradicionales.

Los teóricos comienzan a llamar “tribus” a estas formas que la muerte de los partidos ha ocasionado. Así los llaman, porque pareciera que los individuos que se asocian quieren, en el fondo, redimirse de la individualidad. Se trata de una especie de sociabilidad primaria.

Estamos ante un caso de reingeniería social de alta complejidad que pasaría, necesariamente, por redefinir lo político de una manera muy distinta de cómo la modernidad la entendió, esto es, organización jerárquica (partidos, sindicatos, etc…).

El peligro del brote anárquico de organización y destinos propios es el de la aparición del líder totalitario, mientras sus ventajas están en la pérdida de dependencia de la “promesa” y, teóricamente, del estado dadivoso, pues hemos visto que insurge una nueva forma de populismo amoroso que dice comprender la nueva realidad y la usurpa. Aclaremos que entendemos por anarquía en este texto simplemente la organización que se produce sin órdenes superiores.

El peligro está en que el líder providencial se convierte en nuevo padre en sustitución del viejo padre Estado. El neo totalitarismo involucra la reaparición del la famosa frase “El Estado Soy yo”. Han caído los metarrelatos políticos de legitimación y los metarrelatos teóricos y están siendo sustituidos por el líder providencial.

La política ha dejado de ser el centro y ha sido sustituida por la vida cotidiana. De manera que hay que partir de lo cotidiano para reencontrar lo social. En cualquier caso toda resistencia exitosa hacia este peligroso fenómeno dictatorial vendrá de quienes lo hagan desde la óptica del avance, y nunca de quienes quieran restituir el viejo orden muerto en la modernidad.

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 * Escritor venezolano. Coeditor del portal www.aladecuervo.net
Casilla de cortreo electrónico: teo@aladecuervo.net

Artículo anterior de López Meléndez en Piel de Leopardo:  Las nuevas formas de control.

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