Oct 3 2007
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Economía

ENCUENTRO CERCANO CON EL CHE GUEVARA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Como director de un periódico de centro-izquierda, a mis 26 años, yo había cumplido con todas las leyes de la piratería, antes de estar sentado esa mañana de enero de 1964 frente al escritorio del Che Guevara, en el quinto piso del Ministerio de Industrias, en La Habana, junto a un grupo de invitados chilenos:

1 me había robado de la Embajada de Cuba en Santiago una revista “Verde Olivo”, órgano oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de ese país, donde aparecía un artículo suyo que conmovería al mundo algún tiempo después;

2 lo había recortado a la mitad, para reproducirlo sin su permiso y hacerlo caber en nuestras escasas páginas, y

3 no sólo le había cambiado el título, sino que había transformado un texto teórico en uno informativo, al trasladar sin ningún miramiento la última parte del original a la primera, y viceversa, siguiendo la inexorable norma periodística de que lo más importante es lo que debe ir en el lead.

Así, la clásica obra de Ernesto Che Guevara, La guerra de guerrillas: un método, que hoy se puede encontrar en 15 idiomas en internet, con sus 39.367 caracteres, quedó reducido a unos 17.000 en la fugaz revista Mundo, semanario de tamaño tabloide con oficinas en Santiago de Chile, Amunátegui 30, frente al Colegio de Periodistas, bajo el título-anuncio, en enormes letras, que decía: “NUEVA ESTRATEGIA DEL CHE: LA GUERRA SERÁ CONTINENTAL”… ¡Nada menos que el anticipo y el sustento ideológico que lo llevaría a encarnar sobre el terreno sus postulados, a partir de Bolivia, donde sería finalmente hecho prisionero y asesinado el 8 de octubre de 1967!

Formábamos el grupo de visitantes chilenos, entre otros, el periodista Elmo Catalán, próximo a Carlos Altamirano, que también moriría en la guerrilla de Bolivia, pocos años después, siguiendo las huellas del Che; un par de jóvenes dirigentes democratacristianos; Elena Pedraza, del PC, viuda de su ex Secretario General, Ricardo Fonseca; y dos o tres integrantes más, de otras militancias. Era un momento en que, en Chile, se había agudizado el debate entre las dos vías, pacífica o armada, y se iba imponiendo la primera, dada la proximidad de las elecciones presidenciales del 4 de septiembre de 1964, a las que se presentaría una vez más Salvador Allende, para ser derrotado por Eduardo Frei Montalva.

En la izquierda chilena, por influencia del Partido Comunista, y especialmente de su dirigente Orlando Millas, se había producido un cierto silenciamiento de las posiciones cubanas, especialmente las del Che, que no vacilaba en criticar el modelo soviético, un fetiche para el PC local.

Nuestra publicación del artículo de Guevara había roto ese cerco de silencio, lo que en definitiva –presumimos– nos valió la invitación a los festejos del 2 de enero de 1964 en La Habana, quinto aniversario de la Revolución, pese a que nuestra posición política, como revista, era en el fondo socialdemócrata, y antes le habíamos dado tribuna incluso al cardenal Raúl Silva Henríquez.

El Che, como era su costumbre ante los invitados que recibía en su despacho, abrió una ronda de preguntas y respuestas. El primer turno fue para los democratacristianos, y luego me tocó a mí.

–¿Y a qué te dedicas tú, chico?

–Bueno, dirijo… dirigía… una revista poco conocida, que se llama Mundo, y…

–¡Pero a esa revista yo sí qué la conozco! –exclama el Che, haciendo refulgir sus ojos. Empuja su sillón giratorio hacia atrás, tira del cajón central del escritorio, lo abre de un golpe, y extrae un ejemplar del Nº 6 de “Mundo, la revista que hacía falta”, 1º de octubre de 1963, con su artículo clásico “enchulado” por este servidor, anunciado en portada y que ocupa dos páginas interiores, bajo grandes titulares y fotografías.

–¡Pero tú cambiaste totalmente el orden de mis ideas! –me regaña con voz fuerte, pero con una cara que es más de complicidad que de enojo. –¿Cómo es esto, caballero?

–Bueno, comandante, vimos en su escrito una primicia que nadie había captado. Por el bloqueo, lo que se publica en Cuba no se conoce afuera. Quisimos difundir unas ideas tan importantes…

El Che, que estaba fumando un puro de 15 centímetros, guardó silencio un segundo, sacudió la ceniza, y volvió a preguntar:

–¿Y qué hay de esa revista? Por qué dices que la dirigías…? ¿Te pidieron el puesto?

–No comandante, se acabó el Mundo. Publicamos su artículo, y al número siguiente tuvimos que cerrar.

Entonces se rió de buena gana. Todos nos reímos. Y el Che dijo:

–Lo voy a anotar en mi pistola; voy a hacerle una marca más… –Y luego se dirigió a otro de los invitados, para proseguir la conversación.

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* Periodista.
ctaufic@gmail.com

Artículo publicado en el diario La Nación, de Santiago de Chile. Se reproduce aquí por gentileza del autor.

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