Jun 14 2012
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CulturaOpinión

“Escribiré la trilogía de los inventores del cristianismo: Pablo, Constantino y Lutero”

“Quería alejarme de la historia de mi país, así que me pregunté: ¿cuál es el periodo de la historia de occidente que me gustaría contar?, y decidí escribir una trilogía sobre los tres grandes inventores del cristianismo: Pablo, Constantino y Lutero; obviamente tenía que comenzar con el fundador. Pablo es el primer apóstol que dice ‘Cristo es hijo de Dios’”. En México DF el escritor Pedro Ángel Palou habla de su nueva novela El Impostor (Planeta, 2012):

 

Según Palou: San Pablo es el apóstol infiltrado por órdenes de Roma. Y es quién diviniza al mesías y lo convierte en Cristo. Y adelanta sus proyectos editoriales:
“Gané la Beca Guggenheim para escribir una novela sobre la violencia en México, me interesa la vida en las cárceles. La historia comenzará en el Penal El Hongo de Tijuana, le decían ‘el pueblito’ porque vivían las familias con los reos y termina en una riña entre bandas rivales de una cárcel de Ciudad Juárez, ahí muere el protagonista de mi novela, que se llamará Muertos que no hacen ruido.

 

También adelanta el sentido de su voto para las elecciones: “Votaré por Andrés Manuel López Obrador; no porque sea el menos peor, sino porque […] en el gabinete de AMLO está lo que le hace falta al país: inteligencia, creatividad y honestidad”.

 

—Pedro Ángel, en la nota de autor de El Impostor reconoces las influencias de las bibliotecas estadounidenses para tu investigación y la epifanía sonora del Oratorio por San Pablo de Mendelssohn, y estoy seguro que en misa escuchaste las Cartas a los corintios. ¿Pablo era santo de tu devoción?
—Mi novela parte de una reflexión personal; me formé con jesuitas en Puebla, estudié teología, aprendí latín y griego, estuve a punto de entrar al noviciado, pero desde aquellos años tenía discusiones con mi propia fe, como todo católico formado en el catolicismo inteligente comencé a atar cabos y la fe se me desquebrajó, ante eso hay dos posibilidades: conservar la fe vía el dogma, o un agnosticismo como el mío, radical.
“Después me acerqué al personaje de una forma intelectual, leyendo San Pablo. La invención del universalismo de Alain Badiou, la radicalidad de San Pablo vista por Badiou está cuando dice: ‘es el único momento de la historia moderna de occidente en que la construcción de la realidad es nueva, no existe’; son 40 años únicos de nuestra era, donde todo es absolutamente nuevo, la radicalidad de la novedad sólo existe en 40 años de los dos milenios que llevamos viviendo después de Cristo.
“A partir de ahí comencé a estudiar la biografía de San Pablo y retomé la lectura de hebras teológicas, estudié la Moderna historiografía judía, es un libro reciente —desde hace 50 años los judíos describen a Pablo como teólogo judío—. También estudié a Freud: Moisés y el monoteísmo; finalmente tanto Cristo como Pablo son judíos, son entendibles dentro del judaísmo monoteísta, ellos no saben que están inventando una religión que posteriormente llamarán cristianismo, ellos están especulando sobre la teología judía, la radicalidad de Pablo está en partes impensables para la ortodoxia judía. La primera: la resurrección de la carne; segundo: la idea de que Dios puede encarnar, tener un hijo…

 

—¿Antes de Cristo los profetas eran sólo mesías?
—Exacto, mesías quiere decir “hijo de David”, un profeta de la tribu, Pablo es el primer apóstol que dice “Cristo es hijo de Dios”, mezclando la mercadotecnia política romana Pablo se dio cuenta del invento de la divinidad encarnada: Augusto justificó el Imperio de Roma, al divinizar a Julio César, Augusto se convirtió en “hijo de Dios”.
“Pablo se dio cuenta que lo que más conoce un hombre de Judea, lo que más ha visto, son estatuas, monedas e imágenes de la divinidad del César, entonces diviniza al mesías y lo convierte en Cristo, por eso resulta tan radical para Pablo que creamos en la resurrección, porque sin resurrección no hay hombre divino, ni fe.

 

—Pero lo radical en tu novela está en la interpretación de San Pablo como espía del imperio romano, ¿encontraste algún indicio o es el eje narrativo de la ficción?
—Hacia el cuarto año de investigación comencé a atar los cabos sueltos: a Pablo siempre lo salva la autoridad de Roma, particularmente interviene Leonardo de Séneca; Pablo siempre dijo “soy ciudadano romano”, y hace dos años hubo un coloquio de teólogos católicos —en Tarragona, España— en el que proponían la teoría de que Pablo no murió decapitado en Roma, sino que falleció tranquilamente en los años 70 de nuestra era, Pablo vivió en Córdova o en Tarragona, no en Roma. Como hoy, parte de la historiografía católica reconoce que San Pedro nunca pisó Roma, pero eso no se dice en la mercadotecnia católica.
“Investigué cómo era el espionaje romano, que es muy distinto al espionaje contemporáneo, pertenecía a los petrorianos, elegían muy bien a sus “topos”: tenían que ser ciudadanos no romanos que cumplieran con el perfil, y Pablo era griego, un judío helenizado, lo infiltran, pero el gran problema es cómo justificar que Pablo es responsable de la lapidación del mártir Esteban. Mediante una férrea disciplina logró convencer a los primeros cristianos de su arrepentimiento y de que había adoptado una nueva fe.
“Pablo vivió tres años en la Ciudad de la sal —cerca del mar muerto— para estudiar con el hermano menor de Cristo, Santiago; Pablo estuvo con los nazareos —mal traducidos del arameo como nazarenos— que son unos radicales y revolucionarios que quieren sacar a Roma de Palestina y al mismo tiempo predican el amor y la pureza absoluta.

 

—Venías trabajando novelas históricas en el contexto y territorio mexicano, ¿es difícil escribir sobre Palestina, Roma y el norte de África sin dominar la geografía de los primeros años después de Cristo?, ¿fue intencional alejarte lo más posible de México?
—Después de escribir cinco novelas históricas mexicanas quería alejarme de la historia de mi país, así que me pregunté: ¿cuál es el periodo de la historia de occidente que me gustaría contar?, y decidí escribir una trilogía sobre los tres grandes inventores del cristianismo: Pablo, Constantino y Lutero; obviamente tenía que comenzar con el fundador, sólo te explicas a Constantino con Pablo y sólo te explicas a Lutero con Pablo, si algo hace Lutero es la relectura de Pablo.

 

—A este paso la Iglesia católica te excomulgará…
—Yo creo que ya me excomulgaron en Puebla [risas].
El Impostor es una novela más polémica, porque El dinero del diablo (2009) era más ligera, por su contenido policíaco. El poder de la ficción es muy fuerte, mucho más que un ensayo biográfico sobre Pablo, la novela acaba de salir y todavía no sé las reacciones de la Iglesia, pero no dudo que un sector radical del catolicismo que no sepa leer en mi novela mi propuesta de Pablo, es una intriga para que cada lector haga su juicio, es una novela de investigación histórica que termina dando una fuerte interpretación del inicio del cristianismo”.

 

El dinero del diablo circuló en Iberoamérica porque fue finalista del Premio Planeta 2008, ¿El Impostor se leerá en Latinoamérica?, ¿te interesa su difusión en Roma?
—Está pactada la edición en Latinoamérica, va a Chile, Colombia, Argentina y Perú. Todavía no hay la idea de publicarla en España, pero los editores en Fracia e Italia de El dinero del diablo ya están leyendo El Impostor, a pesar de que no fue premiada. a mi nueva novela puede que ocurra el fenómeno de traducción e internacionalización.

 

—La estructura de la novela El Impostor no es ambiciosa, me gustó que el narrador fuera Timoteo y no San Pablo…
—La ambición de la novela no está en la estructura, está en que te creas el mundo donde viven los personajes, comiendo, bañándose, peregrinando, viendo una ciudad con alumbrado público –con lámparas de aceite de oliva—, es decir, quería que toda la investigación se traspasara en una historia creíble. Me molesta mucho las novelas históricas donde el autor te da clases de historia, incluso en los diálogos ficticios, como si fuera Wikipedia. La ambición de la novela está en recrear el mundo, de tal forma que lo saborees, lo huelas, lo camines, lo imagines.
“Pablo mantiene una disciplina férrea durante toda su vida, por eso escribí la historia contada con la frescura de Timoteo, si hubiera contado la novela en primera persona los lectores no hubieran pasado de la página 100, necesitaba el contraste con un cínico, hedonista, agnóstico”.

 

—¿Tu penitencia fue escribir una novela gastronómicamente insípida?
—En verdad no comían bien: pan ácimo, hierbas donde podían y el vino amargo —al que tienes que ponerle bien—; Pablo es un predicador —cruzó 15.000 kilómetros en 30 años—, cosmopolita y peregrino, vivió en condiciones paupérrimas por mucho tiempo.

 

—¿Cuándo saldrán las novelas de Constantino y Lutero?
—Es un proyecto a largo plazo, todavía no termino la investigación.

 

—Con El Impostor tardaste 6 años entre las biografías de San Pablo y los textos de teología…
—No sé cuándo tendré los suficientes datos para dedicarme a escribir sobre Constantino y Lutero. Mientras tanto publicaré otras novelas, este año gané la Beca Guggenheim para escribir una novela sobre la violencia en México; me interesa la vida en las cárceles, la historia comenzará en el Penal El Hongo de Tijuana, le decían “el pueblito” porque vivían las familias con los reos y termina en una riña entre bandas rivales de una cárcel de Ciudad Juárez, ahí muere el protagonista. Se llamará Muertos que no hacen ruido, saldrá el próximo año.
“También publicaré una novela sobre los años que vivió en México la escritora norteamericana Katherine Anne Porter, en 1921 estuvo con el presidente Álvaro Obregón, fue amante de Diego Rivera y Carrillo Puerto, fue la primera curadora de una exposición de arte popular y artesanía mexicana, viajó con Eisentein para filmar la vida mexicana…
“Katherine escribió una serie de diarios que estoy investigando en la Universidad de Maryland, sobre su acercamiento al sindicalismo, su expulsión de México, la visión de una gringa aporta al estudio del renacimiento mexicano de la década de los años 20.

 

—¿Cómo miras a México desde el extranjero?, lo pregunto porque leo tu activismo en Twitter…
—Escribí un libro que es el antecedente de lo que está pasando: La culpa de México es la culpa de las elites y las elites cambian de forma. El Movimiento Yo Soy 132 rompió una elección que parecía definida por esas élites, el ganador estaba dado desde antes de la contienda electoral, construido por los medios de comunicación.
“Cuando algunos critican al Movimiento Yo Soy 132 por ser anti-Peña Nieto no entienden que el Movimiento 132 encarna la posibilidad del espacio público, lo que los jóvenes han dicho es que sí se puede construir un espacio para debatir un país distinto.
“Cristina Rivera Garza había bautizado a la generación pos-identitaria, ya no son los estudiantes de 1968, ni los que siguieron al subcomandante Marcos del EZLN, son jóvenes que entre sí tienen muchos contrastes y diferencias, los movimientos cuentan con las redes sociales y pueden contestar las descalificaciones de las elites. ¿Qué les dio identidad?, el presidente del PRI diciendo: ‘no son estudiantes de la Ibero, son porros’; ante eso vino el acto de valentía de los 131 universitarios, presentaron un video con sus nombres, credenciales y matricula escolar, después todos somos el número 132: las personas de la tercera edad, los profesores, los escritores, los cineastas mexicanos en el Festival de Cannes, los actores en la entrega del Premio Ariel, cada quien tiene su voto, lo que pedimos es que sea razonado.
“Mi activismo está en contra de los que promueven el Voto Nulo, porque le hacen el juego a la derecha o porque es un voto en blanco para el regreso del autoritarismo. El papel del nuevo espacio público que abrió el Movimiento Yo Soy 132 será impedir el regreso del autoritarismo del PRI y después observar y criticar al próximo gobierno; los jóvenes abrieron la posibilidad de un poder legislativo sin mayorías absolutas, porque se pensaba que Peña Nieto llegaría con mayoría aplastante en el Senado y en la Cámara de Diputados, sería el regreso del autoritarismo con botas y carta libre”.

 

—Escribiste cuatro perfiles sobre los candidatos y sé que respaldas el proyecto de Andrés Manuel López Obrador…
—Intenté ser lo más imparcial posible al escribir los 4 perfiles, retratarlos en sus contradicciones. Yo votaré por Andrés Manuel López Obrador no porque sea el menos peor, sino porque con AMLO podría venir la socialdemocracia, es decir, el cambio absoluto de la Ley electoral, un nuevo pacto social y una serie de cambios radicales de las instituciones públicas.

 

—También escribiste que votarás por AMLO por el gabinete presidencial que presentó…
—Claro, si Peña Nieto dijera cuál sería su gabinete de gobierno lo estudiaría, pero el PRI guarda silencio, no es transparente al decir con quién gobernará; en el caso de Josefina Vázquez Mota se deslindó de Molinar Horcasitas por el caso de la Guardería ABC, pero tampoco dice quién sería su equipo de trabajo. En el gabinete de AMLO está lo que le hace falta al país: inteligencia, creatividad y honestidad.

 

—Esta semana comentaste en Twitter: “Monsiváis ya hubiese escrito una crónica precisa, a un tiempo laudatoria y lúcida de #Soy132. Cómo te extrañamos”. En 2010 conversamos sobre la muerte de Monsiváis, ahora está reciente la muerte de Carlos Fuentes, ¿qué decir en memoria del autor de Aura y La región más transparente?
—Carlos Fuentes fue muy generoso con nosotros, se creía un hermano mayor, en lugar de un padre literario, hacía contigo una relación horizontal, nunca vertical.
“Nos deja en la orfandad, yo me siento huérfano, no sólo por la tristeza personal de perder a un amigo, con quien tienes un diálogo intelectual cercano. Conversamos tres semanas antes de su muerte, le conté de mi novela sobre Katherine Anne Porter y fueron exquisitas todas las reflexiones que Carlos me dio sobre el sindicalismo mexicano de la década de 1920.
“Por otro lado comenzaremos a leer a Carlos Fuentes sin la figura pública, eso ayuda a la obra literaria a largo plazo, Carlos encarnaba un tipo de intelectual que no se ve ahora en México, Fuentes nos inventó como país, novelísticamente hablando, inventó la provincia en Las buenas conciencias, inventó la ciudad en La región más transparente, inventó la amalgama de los tiempos en Terra nostra, inventó la parodia del lenguaje de la revolución en La muerte de Artemio Cruz, inventó la unión de todos los tiempos en su novela más lograda: Aura, inventó los exilios en Una familia lejanaCumpleaños y Agua quemada.
La región más transparente es a la ciudad lo que Rulfo al campo, Daniel Sada no se explica sin Rulfo, y José Agustín no se explica sin Carlos Fuentes, siempre pondero a José Agustín, Se está haciendo tarde es una de las grandes novelas del siglo XX mexicano, seguiremos dialogando con la obra de Carlos Fuentes.

 

—Carlos Fuentes quería escribir una novela sobre Emiliano Zapata, pero dijo: “Pedro Ángel Palou dejó muy alta la vara” n CNN)], ¿sabes si alcanzó a redactar el borrador de Emiliano Zapata?
—La novela Emiliano en Chinameca no alcanzó a escribirla, cuando terminé Zapata (2006) le llevé el libro con la dedicatoria y lo primero que preguntó Carlos: “¿Pero qué parte de Zapata?”, le respondí: “Todo Zapata”; Carlos Fuentes quería escribir sobre la emboscada en Chinameca, en broma me dijo: “¿quién te crees, cómo que todo Zapata?” [risas], sé que no escribió ni una página, es una lástima, lo conversé con Carlos, dijo que sería una novela corta, pero intensa.

 

—Finalmente, durante el Bicentenario hablamos de tu novela: Pobre Patria mía, ahora sé que Eduardo Antonio Parra escribirá una novela sobre Porfirio Díaz, ¿conversaste con tu buen amigo para saber qué don Porfirio abordaría?
—Me interesa mucho la novela que escribirá Eduardo Antonio Parra, hemos conversado del tema; me dijo que a diferencia de mi Porfirio Díaz del exilio, él está trabajando las batallas, el Porfirio Díaz militar, creo que es importante rescatar al gran estratega que ganó la batalla del 5 de mayo de 1862 en Puebla, emboscando a los franceses por la retaguardia; sin Porfirio Díaz, Benito Juárez jamás hubiera podido regresar a la Ciudad de México y nunca hubieran podido derrotar al Emperador Maximiliano.
“Vamos a ver, Parra es un novelista portentoso, de largo aliento, seguramente será una novela extensa e interesante y me gusta mucho la idea”.
——
* Periodista.
Realizada para www.elclarin.cl —se reproduce aquí por gentileza del autor.

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