Oct 12 2007
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Economía

Estados Unidos, la necedad. – EL GLIFOSATO COMO ARMA DE DESTRUCCIÓN MASIVA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Por comercialización y consumo de drogas, algunos expertos en la materia sostienen que en Estados Unidos se lavan unos 150 billones de dólares al año. Ingresan cientos de toneladas de drogas como cocaína, heroína, opio, marihuana, hachis, que son “importadas” desde Medio Oriente, Asia y América del Sur, particularmente de Colombia, Perú y Bolivia.

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La compañía Coca Cola importa legalmente, por año, desde Bolivia, alrededor de 800 toneladas de hoja de coca, pero Estados Unidos, que siempre y en todo practica una doble moral, pretende acabar con los cultivos de coca milenariamente utilizados por los pueblos de la patria de Evo Morales.

Estados Unidos tiene las fronteras más vigiladas del mundo: satélites, medios electrónicos sofisticados, tecnologías de última generación capaces de captar la cantidad de aire que respira una persona, el calor de los seres humanos o el de los motores de vehículos de aire, mar y tierra, policías guardafronteras altamente entrenados hasta para matar y desaparecer migrantes, lanchas torpederas, aviones de combate, helicópteros artillados, lanchas guardacostas equipadas con tecnologías de punta y armas de elevada precisión, perros de extraordinarios olfatos para detectar drogas, todos los equipos tecnológicos, humanos y animales escudriñan y cuadriculan el espacio fronterizo.

En otras palabras, ni una mosca puede ingresar a Estados Unidos sin ser detectada por policías y agentes de las DEA, FBI, CIA, SNA y por la tropelía represiva del imperio. Entonces, ¿Cómo pueden entrar ilegal y clandestinamente miles de toneladas de drogas al año?

Es lógico sospechar que existen poderosas complicidades en los altos niveles de la administración (gobierno) y en todos los niveles de vigilancia fronteriza. Además, se ha probado con documentos y testimonios irrefutables que la CIA ha traficado con drogas estupefacientes y sicotrópicos para comercializarlas entre los ciudadanos consumidores ubicados en diferentes ciudades estadounidenses.

¿Con tantos controles, como es que la banca y los “business men” lavan y blanquean miles de millones de dólares?

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Analistas y expertos de todo el mundo están de acuerdo en que el narcotráfico no es un problema de producción sino de consumo. Si Estados Unidos es el mayor consumidor de drogas del mundo, si en realidad se preocupara con algo de sinceridad de ese grave problema, debería invertir sus billones de dólares en reprimir el uso de drogas dentro de su territorio, encarcelar a las poderosas mafias narcotraficantes y no únicamente montar un show espectacular de captura y procesamiento jurídico de algunos narcos del Tercer Mundo como los colombianos que, impúdicamente, son extraditables por decisión del gobierno de Colombia, sirviente confeso de Bush.

Estados Unidos, si quisiera resolver el problema del narcotráfico, debería erradicar con el uso de gflifosato, generosamente esparcido en Colombia, dentro de su propio territorio para destruir inmensas plantaciones de marihuana. O, si no le importara el multimillonario negocio del narcotráfico, que le deja inmensos beneficios económicos, podría liderar una campaña mundial que difunda los males, perjuicios y daños a la salud que producen las drogas estupefacientes y sicotrópicas, o podría liderar una campaña mundial que permita reformar las legislaciones nacionales en todo el mundo, para legalizar la producción, comercialización, uso y consumo de esas drogas.

Si se las legalizaría se acabaría con las mafias ilegales y criminales y se permitiría que legalmente se enriquezcan los monopolios norteamericanos y del Primer Mundo y, tal vez, se deje en paz a los países productores y, lo que es más importante, se acabaría con la podredumbre moral que provoca el narcotráfico y con todas las formas de corrupción en los diversos niveles de los Estados productores y consumidores, en la política interna, en las finanzas nacionales, en la banca y, fundamentalmente, se acabaría con los pretextos a los que recurre Estados Unidos para invadir militarmente a las naciones libres, independientes, soberanas y democráticas y no habría ya, el pretexto de absurdas injerencias violatorias del principio del derecho internacional de no intervención, de la ejecución de planes bélicos y militares como los Planes Colombia y Patriota, la apropiación de territorios en nuestras repúblicas para construir o utilizar bases militares como la de Manta en el Ecuador, y se libraría al mundo de las desestabilizadoras, inoportunas, criminales y terroristas presencias de agentes de los servicios de espionaje yanqui sean de la DEA, CIA, FBI o NSA.

Los mismos Estados Unidos dejarían de pasar por tantas y tan viles vergüenzas de investigar y detener a sus propios militares, agentes de los “servicios de inteligencia” y diplomáticos de todo nivel, implicados en horrendos casos de narcotráfico. Naturalmente que estos casos salen a la luz pública en contadas ocasiones, y, al parecer, porque al imperio le interesa la publicidad para consumo de incautos.

¿Por qué Estados Unidos dice luchar contra el narcotráfico?

Uno de los objetivos de la mayor importancia para la supervivencia del imperio es la guerra. Con esa criminal actividad, violatoria de todos los derechos humanos, realiza grandes negocios: impulsa el crecimiento desmesurado de la industria bélica, gasta o “invierte” anualmente miles de millones de dólares en el desarrollo de nuevas armas, en acelerar la propia y ajenas carreras armamentistas y en invadir naciones, pueblos y Estados para satisfacer sus objetivos de expansión imperial y de dominación mundial. Estados Unidos debe justificar ante su pueblo el inmenso gasto militar y le engaña con la cantaleta de la “garantía de la seguridad nacional”.

El imperio, para su propia supervivencia, necesita de enemigos reales o imaginarios. Cuando no tiene enemigos de la talla de lo que fue la Unión Soviética, simplemente, los inventa.

Durante 50 años apabulló al mundo y convirtió a nuestra América Latina en su patio trasero y al Caribe en su lago particular para ampliar el escenario de su particular guerra contra el “fantasma del comunismo internacional”. Impuso el TIAR, una organización militar que tuvo o tiene un objetivo fundamental: combatir con todas las armas y con todas las fuerzas armadas de nuestra América a cualquier potencia extracontinental que invada o agreda a uno de nuestros pueblos.

Gran Bretaña atacó a la República Argentina en la llamada “Guerra de las Malvinas” y mató a cientos de humanos con el uso de toda la potencia militar que poseía y con la ayuda de Estados Unidos y del dictador fascista Pinochet: el TIAR demostró su inutilidad y su fracaso, porque sólo fue concebido para proteger los intereses del imperio.

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Para combatir al “comunismo internacional”, el imperio impuso las doctrinas de seguridad nacional, domesticó a militares cipayos de nuestra América Latina y la convirtió en un inmenso gorilato en el que se instalaron las dictaduras con todo furor, terror y muerte que sembraron a lo largo y ancho de nuestra América Latina y el Caribe, en especial en Centro América y en el Cono Sur.

Los dictadores aprendieron de torturas y asesinatos de civiles desarmados e indefensos, en las famosa Escuela de las Américas en Panamá y en los “fuertes” militares ubicados en territorio yanqui. Cálculos conservadores señalan que las dictaduras creadas, apoyadas, asesoradas y mantenidas por Estados Unidos y la CIA, acabaron con alrededor de 300 mil vidas humanas en los años de combate al fantasma del comunismo.

Terminada la Guerra Fría, EEUU tuvo necesidad de crear otros fantasmas y otros enemigos. Así, desde las instalaciones del Pentágono y de la CIA, del Departamento de Estado y la DEA, desde la Casa Blanca y SNA, inventaron la narcoguerrilla, la narcosubversión, y decidió guerrear en el extranjero, contra todo lo que huela a narcotráfico, sin que importe costos en dólares, armas, vidas humanas y menos aún la injerencia en los asuntos internos de los Estados, la violación de las soberanías nacionales y los atentados a la independencia de las repúblicas intervenidas.

El narcotráfico es “invencible” porque Estados Unidos no lo combate a nivel interno. Eso no le importa, porque su objetivo es la penetración en nuestras patrias, y la implantación del neocolonialismo, de la neoservidumbre y la neodependencia. Para eso es el enemigo y para “combatirlo” creó el Plan Colombia, naturalmente con la complicidad del Estado paramilitar colombiano y de la política genocida que impera en la hermana república.

Para “luchar contra el narcotráfico”, Estados Unidos desplegó tropas y centenares de agentes de la DEA y CIA en Bolivia y Perú. En el Ecuador, con la complicidad del gobierno traidor de Jamil Mahuad, de su canciller Benjamín Ortiz y del entonces presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales del congreso Heinz Moeller, se apoderó de la Base Aérea de Manta, que la usa a su antojo y regalada gana para, con el pretexto de combatir el narcotráfico, realizar operaciones aéreas de espionaje e inteligencia militar en contra de las guerrillas de las FARC-EP y ELN, para hundir barcos ecuatorianos, para detener embarcaciones ecuatorianas con migrantes ilegales en alta mar, y alguna vez, para detener embarcaciones transportadoras de drogas. Quizá nunca se sepa cuantos ecuatorianos han muerto o desaparecido en alta mar, o en sus intentos de llegar al “paraíso” norteamericano, durante el período del traidor Lucio Gutiérrez.

Además del enemigo narcotráfico, a partir del 11-S, Bush y sus halcones inventaron un nuevo enemigo: el terrorismo internacional y le declararon la guerra global. La intención siempre fue apoderarse, con masacres de por medio, de los ricos yacimientos hidrocarburíferos del Cercano Oriente y, por eso invadieron Afganistán primero e Iraq después.

Ahora tratan de invadir a Irán, en tanto que a los países de nuestra América Latina quiere convertirlos en cómplices de la famosa “guerra” creada por los mismos Estados Unidos. Recuérdese que la familia de Osama ben Laden fue socia de la familia Bush en múltiples y multimillonarios negocios y recuérdese que el famoso Jefe de Al Qaeda, Osama ben Laden fue agente de la CIA, formado por la CIA, entrenado por la CIA y armado por la CIA, para combatir al ejército de la Unión Soviética. Afganistán está invadido por 24.000 tropas yanquis y 20.000 de la OTAN.

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Glifosato: arma disimulada y mortal

Desde que el gobierno talibán dirigía Afganistán, los cultivos de plantas ilícitas habían bajado por motivos netamente religiosos. Concluida la invasión, presentada como un ejemplo de victoria militar, no sólo que Estados Unidos ha perdido la guerra sino que los cultivos ilícitos se han incrementado en un 53 % desde que allí se han asentado 44 mil tropas extranjeras.

El gobierno de Kabul rechaza el uso de glifosato porque es un herbicida “que ocasiona graves daños al ambiente, a los animales y a los pobladores de las zonas en las cuales se pretende regar ese producto químico”. Algunos organismos internacionales sostienen que la producción de opio aumentó en Afganistán hasta más allá del 50%. El opio subió a 6.700 toneladas por año, capaces de ser procesadas para producir 670 toneladas de heroína. Sin embargo, Afganistán recibe del gobierno de Bush, la suma de 600 millones de dólares para “la ayuda de la lucha antidrogas”. El Presidente afgano Hamid Karzai no sólo rechazó el glifosato, sino que dijo a Estados Unidos que no lo empleará y que su compromiso consiste en erradicar la amapola, de forma manual. Así lo hizo saber al zar antidrogas John Walters.

Francia multó en 15.000 euros, a la poderosa compañía Monsanto Agriculture, la enorme empresa agroquímica ubicada en Bron, en las afueras de Lyon, luego de que la justicia francesa acogiera una demanda de la pequeña Asociación Aguas y Ríos de Bretaña que se quejó por la campaña publicitaria con la que vendía el producto Roundup que, según los anuncios, era un herbicida biodegradable. Sin embargo, la Asociación demandante demostró que: “Acabamos de obtener resultados de estudios que mostraban la presencia masiva de glifosato, el elemento activo de Roundup, en los ríos bretones”, según Informaba Pilles Huet, delegado de ERB.

La Organización Mundial de la Salud describe al glifosato, como “peligroso y de efectos serios en las personas: extremadamente irritante y tóxico de la categoría 1” .

Por su parte, un estudio publicado en el Journal of American Cancer Society reveló una clara relación entre el glifosato y el linfoma no Hodgkin (LNH) una forma de cáncer.

En Europa se rechaza radicalmente el glifosato en cualquiera de sus nombres o como componente de algún herbicida porque se ha comprobado que es un producto peligroso para el ambiente y la salud humana. En el año 2001, la Comisión Europea clasificó al glifosato como un “tóxico para los organismos acuáticos” y como “un producto que puede acarrear efectos nefastos para el ambiente a largo plazo”.

Jean Paul Guyomarch, responsable del Informe para la ERB, señalaba que “el equipo del profesor Robert Bellé, del Centro Nacional de Investigación Científica de Roscoff, evidenció el carácter potencialmente cancerígeno del herbicida”. Jean-Paul Guyomarch responsable del Informe ERB y el Informe de Pilles-Eric Seralini, profesor de Biología Molecular de la Universidad de Caen, demuestra que el Roundup también produce alteraciones a nivel del sistema endocrinológico.

El Glifosato que se usa en Colombia, para liquidar los cultivos del arbusto de coca en su territorio es un herbicida de amplio espectro con el que se pretende eliminar malezas. Este producto es soluble en el agua y su nombre más conocido es el famoso Roundup prohibido no sólo en Francia sino rechazado por la Comunidad Europea.

No cabe ninguna duda que el glifosato es un tóxico que envenena y mata no sólo las plantaciones ilícitas sino a todas las plantas, contamina el aire, contamina los ríos, destruye los ecosistemas y atenta contra la vida humana desde su misma genética.

En lo seres humanos expuestos al herbicida se presentan graves alteraciones o daños irreparables en el sistema cromosómico en un rango del 26 % sostiene un estudio de la Universidad Católica de Quito.

Los científicos ecuatorianos Jaime Breilh y César Paz y Miño que conformaron la Comisión de Investigación Científica Ecuatoriana sobre el Sistema de Aspersiones Aéreas del Plan Colombia (Glifosato) sostienen que se trata de una molécula química creada por la multinacional Monsanto. El glifosato es un componente o ingrediente de un paquete conformado por Poea y Cosmo Flux 411 F, este último cuadruplica la acción biológica del glifosato.

Breilh sostiene que el glifosato causa repercusiones humanas y ecológicas. “En el país, no debemos caer en la trampa de hablar únicamente de la molécula del glifosato. Nunca se asperjea sólo el principio activo llamado glifosato, siempre se lo utiliza con otros elementos que ayudan a su absorción”.

Breilh que es Director del área de Salud de la Universidad Andina Simón Bolívar sostiene que detrás de las aspersiones hay una lógica militar y no una lógica agrícola. Afirma que los ecuatorianos nunca sabremos la composición exacta de ese herbicida llamado glifosato porque es un secreto militar. “La única manera de conocer el contenido sería permitir que continúen las aspersiones y tener uno o dos años para recoger las muestras, pero eso sería muy irresponsable y atentaría contra toda ética”.

Colombia, Ecuador

La República de Colombia, durante el gobierno de Uribe Vélez, ha sido convertida en una colonia yanqui en la que Estados Unidos puede realizar todo tipo de experimentos sin tener que rendirle cuentas a nadie. El Plan Colombia y su componente militar Plan Patriota son obra de Estados Unidos, aunque, aparentemente, haya sido elaborado por colombianos con la asistencia de la CIA, y presentado al gobierno de la primera potencia mundial para su aprobación, financiamiento, equipamiento, asesoría, dirección, ejecución.

Públicamente el Plan Colombia habría sido presentado para que Estados Unidos combata al narcotráfico, entendido que Colombia es el primer productor de coca y de cocaína en el mundo y Estados Unidos el primer consumidor de ese producto. La propaganda yanqui-colombiana es un engaño.

El Plan Colombia y el Plan Patriota fueron diseñados, desde un principio, para combatir a las guerrillas de las FARC-EP y ELN. Bush, unilateralmente y fuera de contexto las declaró terroristas con la intencionalidad de combatirlas directamente dentro de la llamada “guerra contra el terrorismo internacional”.

El nuevo enemigo del imperio, según su propia creación, es el narcotráfico; es decir la narcosubversión, narcoguerrilla o narcoterrorismo y combatirlo mediante una guerra es la justificación ansiosamente buscada por el terrorista y genocida Bush. Las aspersiones con glifosato en la frontera con Ecuador es otra justificación para obligarle al Ecuador a que declare “terroristas” a las FARC-EP y obligarle a que haga suya la guerra interna de Colombia y “colabore directamente” con las Fuerzas Armadas de Colombia, y con las fuerzas del imperio en el combate a las guerrillas.

El Ecuador ha sido claro y reiterativo en advertir que no intervendrá en la guerra interna que mantiene Colombia y ha dicho enérgicamente que no se involucrará en el conflicto; pero esta noble actitud ecuatoriana no la desea Estados Unidos y no la desea Colombia. Por lo tanto, hay que provocar al Ecuador y obligarle a que entre en el conflicto y hacia ese objetivo ha impuesto:

1.- La Iniciativa Regional Andina –IRA- que no es otra cosa que regionalizar la guerra interna de Colombia y derrotar a las guerrillas.

2.- Apropiarse de la Base Aérea de Manta en el Ecuador para derrotar a las guerrillas mediante operaciones de “inteligencia”. El pretexto es combatir al narcotráfico.

3.- Desarrollar operaciones de inteligencia militar para extender la “colaboración entre los ejércitos, fuerzas armadas y policiales de la región andina”, para derrotar a la narcosubversión.

4.- Provocar constantemente al Ecuador mediante las aspersiones aéreas con glifosato.

5.- Provocar al Ecuador mediante incidentes fronterizos. Culpar de esos incidentes a las FARC o realizar incursiones aéreas con violación del espacio aéreo ecuatoriano, con operaciones terrestres que traspasen la frontera, sin que importe poner en peligro las vidas humanas.

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La Comisión Ecuatoriana y, en particular, César Paz y Miño, coincide en afirmar “lo que se vive en Colombia es una guerra y las aspersiones se realizan en ese contexto”. Total, se trata de provocaciones desalmadas e inhumanas porque el glifosato causa riesgos en los seres humanos y destruye la salud. En el año 2006, la Organización de las Naciones Unidas advertía “problemas de salud ambiental que crea el uso de la sustancia glifosato en las campañas de fumigación aérea contra las plantaciones de coca afecta a la salud de grupos vulnerables, entre ellos, los niños.

El Relator especial de las Naciones Unidas, Paul Hunt, en el pasado mes de mayo verificó los efectos nocivos de las aspersiones aéreas de glifosato en la frontera colombo-ecuatoriana. Hunt, Relator de la ONU para el Derecho a la Salud comprobó in situ los perniciosos efectos del glifosato en la salud de centenares de personas que habitan en la región ecuatoriana de la provincia de Sucumbíos en la región del Putumayo. Naturalmente que el gobierno de Uribe rechazó el informe de la ONU. Así debe haberle instruido el gobierno de Bush.

Respecto de las aspersiones aéreas con glifosato, Colombia ha violado todos los compromisos contraídos con el Ecuador tanto a nivel de convenios bilaterales cuanto a las disposiciones contenidas en diversos instrumentos internacionales.

En nombre del Ecuador, la Ministra de Relaciones Exteriores, María Fernanda Espinosa, el pasado 12 de mayo, denunció a Colombia ante el Consejo de Derecho Humanos de la Organización de Naciones Unidas en Ginebra, por las fumigaciones con glifosato que realiza en la zona fronteriza con el fin “de erradicar plantaciones ilícitas de coca”, pero que en realidad afectan a la salud de las personas y contaminan las aguas ecuatorianas. En la ONU, la canciller dijo que las aspersiones con glifosato son “una actividad lesiva del gobierno de Colombia ya que afecta la salud física y sicológica de los habitantes de las comunidades frontera, sus cultivos lícitos y altera el medio ambiente”.

El Presidente de la República Rafael Correa Delgado dijo que el Ecuador no tolerará más abusos de Colombia y entre otras cosas sostuvo que “Colombia es un país hermano, pero entre hermanos también pude haber abusos…” Anunció que el Ecuador acudirá ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya para denunciar a Colombia y obligarle a que suspenda definitivamente las aspersiones aéreas en zona fronteriza y para obligarle al pago de indemnizaciones por la destrucción de los ecosistemas y por el deterioro de la salud de los habitante de la zona.

El Tribunal Dignidad, Soberanía y Paz contra la Guerra considera que los ecuatorianos y latinoamericanos, tenemos la obligación ética de apoyar al Ecuador en sus justas demandas a fin de detener la inútil aspersión aérea con glifosato en la frontera binacional. Considera que la causa es justa y que, por tanto, se debe exigir a Álvaro Uribe el fin de los contratos millonarios que mantiene con empresas mercenarias de Estados Unidos, para regar con glifosato a inmensas zonas que más bien han incrementado los cultivos de coca. Y, sobre todo, sería indispensable considerar una demanda contra Estados Unidos por ser el autor directo y único responsable de las aspersiones con glifosato ya que Colombia, en el gobierno de Uribe, no es más que un país obediente servidor a las órdenes de Bush y su banda guerrerista.

Para el Tribunal serán muy valiosos sus comentarios y opiniones sobre este documento. Pueden enviarse a tribunalpazecuador@yahoo.com.

Octubre de 2007.

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* Agrupa a intelectuales y representantes de organizaciones sociales del Ecuador y se formó en el teatro Universitario de Quito al inicio de la invasión estadounidense e inglesa a Iraq.

La imagen de apertura corresponde a la ilustración de cubierta de la edición brasileña de El napalm de Monsanto de Raúl Zibechi.

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