Oct 31 2010
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Economía

Europa y Estados unidos: potencias a la deriva

Roberto Savio.*

Con la reciente declaración de la canciller Angela Merkel sobre el fracaso del modelo multicultural en Alemania se va completando el giro de signo xenófobo en Europa. Según las encuestas, si un partido xenófobo se presentara ahora en elecciones en Alemania obtendría alrededor del 15% de los votos. Asimismo, países símbolo de la tolerancia como Holanda o Suecia son sólo los últimos casos de gobiernos condicionados por partidos que piden la expulsión de los extranjeros y el retorno a una nación pura y homogénea.

Según las Naciones Unidas (UNFPA, 2009), Europa debería acoger hasta el 2015 por lo menos 20 millones de inmigrantes para seguir siendo competitiva en el plano mundial. El envejecimiento de la población europea es tan rápido que por primera vez los mayores de 50 años superan a los menores de 18. Por este motivo, el sistema de previsión social está destinado a sufrir una crisis estructural si no hay suficientes trabajadores para pagar las contribuciones correspondientes.

Resulta representativo de las carencias de la clase política europea el hecho de que ningún gobierno haya buscado implantar una política de educación para hacer comprender a sus ciudadanos la importancia de los inmigrantes para el desarrollo nacional y que se haya permitido que se extendiera el mito de la pérdida de puestos de trabajo por parte de los europeos, así como de que los inmigrantes representan un peligro para el orden público.

Hoy día, cerca del 70% de las nuevas empresas son el resultado de la iniciativa de inmigrantes (OCDE, 2009) y sólo el uno por  ciento de éstos está involucrado en actividades criminales (aunque representan una parte importante de la población carcelaria).

Si pasamos a la imagen de Europa como potencia económica la situación es aún peor. No sólo la balanza de pagos se va desequilibrando cada vez más, sino que también, con la excepción de Alemania, los países europeos están perdiendo
progresivamente cuotas del mercado mundial. Según las proyecciones, si Europa no revierte las tendencias actuales será superada por China en el 2015 como motor de la economía mundial.

Estos datos no llegan al hombre de la calle, pero sí se produce la pérdida de credibilidad en las instituciones europeas y una creciente divergencia con las instituciones políticas. El "Eurobarómetro" del 2010 indica que sólo el 52% de los ciudadanos europeos está dispuesto a votar.

La misma situación, aunque en modo obviamente diverso, se presenta en Estados Unidos. La crisis financiera, la desocupación, la pérdida de la casa propia  de millones de personas, la imposibilidad de jubilarse y la necesidad de continuar trabajando para sobrevivir, el aumento de la pobreza, que alcanza a un estadounidense de cada 10, el recorte de los servicios, incluyendo la educación y las infraestructuras estatales, cada vez más endeudadas, han producido un resultado descontado: la desconfianza con respecto al gobierno, que llega al punto de dejar al presidente Barack Obama con una aprobación pública del 43% y que el 49% de los entrevistados por la cadena CNN declararen que prefieren a George W. Bush.

Según las encuestas, las elecciones de noviembre próximo mostrarán un retroceso del Partido Demócrata, lo que hará aún más difícil la segunda mitad del gobierno de Obama. Esto ocurre no obstante Obama haya logrado cumplir reformas de gran importancia como aquella, casi entera, del sistema sanitario, aquella bastante reducida del sistema educativo y aquella muy tímida del sistema financiero.

También aquí estamos ante una fuga hacia delante, otro papelito de tornasol de una crisis profunda, que en el caso estadounidense se debe, además de los factores internos, al reconocimiento de que esta superpotencia está perdiendo la capacidad para cumplir con su "destino manifiesto", según el cual Estados Unidos sería un país diverso de los demás y por ser universal su sistema de valores, está destinado a gobernar el mundo.

El Tea Party, un movimiento conservador en crecimiento en Estados Unidos, está compuesto por dos grandes filones: uno quiere reducir al gobierno a la mínima expresión y considera a Obama un peligroso socialista que quiere convertir a Estados Unidos en una segunda Europa; por lo tanto, hay recortar al máximo los impuestos y dar la libertad total al ciudadano. El segundo filón cree que la decadencia estadounidense se debe a una conspiración internacional y que es hora de ponerse los pantalones y de quitar de la escena a los ineficientes intelectuales como Obama.

Esta marcha a la deriva de Europa y de Estados Unidos ocurre mientras no sólo China, India y Brasil sino también diversos países emergentes, de Indonesia a Malasia, de Corea a la Argentina, marchan a un ritmo de crecimiento económico muy superior.  Una de las características de la crisis es que los protagonistas no tienen la capacidad de ver más allá de su propio mundo.

Pero, según las proyecciones de las Naciones Unidas (UNCTAD, 2010), China superará a Estados Unidos dentro de 10 años. ¿Podrá el Norte del mundo dejar de buscar chivos expiatorios y de huir hacia delante y, en cambio, comenzar a cumplir, antes de que sea tarde, políticas que resistan los desafíos de estos tiempos?  Quien escribe este artículo no está para nada convencido de que así sea.

* Periodista, fundador y presidente emérito de la agencia de noticias Inter Press Service (IPS).
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