Ene 21 2008
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Economía

Ganar tiempo… – TEMPESTAD FINANCIERA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Este intento, es muy malo para las llamadas leyes del mercado, pues, a la hora del pánico, bancos centrales y gobiernos se atropellan para intentar rescatar las instituciones financieras privadas cuyos excesos especulativos están en la raíz de esta fase terminal de crisis, que se acelera desde mediados de 2007, después del estallido de la burbuja inmobiliaria de EEUU.

Es el caso, por ejemplo, de las colosales inyecciones monetarias de emergencia hechas por los principales bancos centrales en diciembre, casi un billón de dólares en un intento hasta ahora de dudoso éxito, por reactivar los mercados de transacciones interbancarias paralizadas por la desconfianza mutua generalizada de los actores.

Lo mismo vale para el paquete de 100.000 millones de dólares de “incentivos” a los consumidores, anunciado la semana pasada por el presidente George W. Bush, como una tabla de salvación contra la recesión económica del país, cuya cararcterización goza ya casi unanimidad entre los analistas más lúcidos.

Los “incentivos” consisten en el envío de cheques de 250 a 500 dólares a cada familia, a título de devoluciones fiscales, en la expectativa de que este dinero mantenga el apetito de las ultra-endeudadas personas físicas estadounidenses por el consumo (el consumo doméstico representa 70% del PIB).

En un artículo divulgado el 14 de enero en el sitio Information Clearing House, el mordaz comentarista Mike Whitney fulmina el plan idealizado por el secretario del Tesoro Hank Paulson:

“El ‘paquete de estímulo’ de Bush es el mayor y más obsceno fraude hiperinflacionario jamás perpetrado contra el pueblo estadounidense. Es un paquete de 100 mil millones de dólares, financiado por los contribuyentes, que está siendo tomado a cuenta de caja para evitar el colapso en los gastos de los consumidores, un éxodo del capital extranjero en un doloroso escenario en la recesión.

“Es un acto de extrema desesperación planeado para solucionar una catástrofe que fue creada por la Reserva Federal: el derretimiento inmobiliario. El desastre del mercado “subprime” de Greenspan avanza a todo vapor en medio de la crisis y amenaza asestar un golpe de nocaut a la economía global.

“La ‘mano invisible’ del mercado –que Bush celebra ad nauseaum– será usada para dirigir a los helicópteros de la Reserva Federal, en tanto diseminen la riqueza de la nación cuan confeti. Este brindis multimillonario de dinero vivo deberá sepultar de una vez por todas la noción de que la economía de vudú es algo más que un trueque de charlatanes. La teoria ofertista (supply-side) es una quimera que lleva inevitablemente al desastre”.

“Treinta años de reaganismo destruyeron al país. Ellos socavaron nuestra base industrial, quebraron el contrato social, debilitaron nuestros sindicatos, devastaron a las escuelas y a la infraestructura y desviaron las riquezas de la nación, de la clase media hacia el 5% del tope de la pirámide. Ahora, esta misma hidra multicéfala se está autodevorando. Los salarios se estancaron, el dólar está en caída libre, el sistema bancario está paralizado y el veneno subprime se está infiltrando en el sistema global, sacudiendo bancos y negocios en todo el mundo.

“El anémico paquete de estímulo de Bush no hará nada para revertir esta tendencia. Ello es como inyectar en un hombre moribundo una poderosa dosis de metanfetaminas. Esto lo levantará apenas el tiempo necesario para que el sepa que está dejando este valle de lágrimas. ¿Qué bien hace esto?”.

Contra el tiempo

En esta carrera contra el tiempo, la alta finanza ha recibido un apoyo un tanto inesperado –el de los temidos fondos de riqueza soberana controlados por los gobiernos de los países asiáticos, que ha inyectado decenas de miles de millones de dólares para salvar de la bancarrota a algunas de las mayores casas financieras internacionales, adquiriendo acciones de UBS, Merril Lynch, Morgan Stanley, Citigroup y otras.

El Citigroup, que anunció el 15 de enero el mayor daño en sus casi dos siglos de existencia, divulgó el mismo día la venta de 14.500 millones de dólares en acciones preferenciales al fondo soberano de Singapur, el Temasek. En noviembre, el banco ya había vendido 7.500 millones de dólares en acciones ordinarias al fondo soberano de Abu Dhabi. Otros fondos están a la espera de oportunidades semejantes para “salvar” a los jugadores del casino global, exhaustos por sus excesos.

En tal escenario repleto de ironías, dos artículos publicados en la prensa del propio “stablishment” estadounidense reflejan las nuevas señales de los tiempos. El primero es del periodista Peter S. Goodman, fue publicado en la edición del New York Times del 30 de diciembre de 2007 con el sugestivo título El libre mercado: ¿Un ídolo falso a final de cuentas?. Dice:

“Por más de un cuarto de siglo, la idea dominante en la política económica de EEUU y gran parte de la global venía siendo la de que el mercado es infaliblemente sabio. Tan sabio que el papel adecuado para el gobierno era mantenerse apartado y no intervenir con el poco de riqueza que ahorrara, derramándolo en cada estrato de la sociedad, si el mercado era dejado libre para hacer su magia.

“Adam Smith usaba la metáfora de la mano invisible para describir como los mercados deberán funcionar: con todo mundo en libertad para alcanzar los intereses propios, el mercado distribuía omniscientemente los bienes y capitales para maximizar los beneficios para todos. Desde el gobierno de Reagan, esta idea se transformó en un verdadero mandamiento sagrado, con el economista Milton Friedman haciendo las veces de Moisés.

“Pero, ahora, la mano invisible está siendo responsabilizada por lo que ella provocó. En este país, muchos reclamos económicos le están siendo imputados, desde la creciente brecha entre pobres y ricos hasta los problemas con la educación superior?”

A lo largo de toda la Historia, la regulación tiende a imponerse en los talones de la empresa descontrolada. Los excesos monopolísticos de los “barones ladrones” llevaron a las leyes anti-trust. No accidentalmente, nuevas reglas contables siguieron al desenmascaramiento de los fraudes en Enron y WorldComp, el fiasco de las hipotecas subprime y una oleada de cobranzas hipotecarias todavía en curso están llevando a muchos a pedir nuevos reglamentos.

En la misma línea, Los Angeles Times del 14 de enero (2008) trae un artículo del abogado Al Meyerhoff, especialista en fraudes financieros, titulado Fuerzas financieras descontroladas: sin reglamentación, la mano invisible del mercado nos está robando a ciegas. Es igualmente caústico y directo:

“En los últimos 30 años, nuestra nación ha viajado por la pista de la desregulación, una pista sin regreso o dirección. Dejamos libres a las empresas, los negocios siguieron sin controles, los buenos tiempos siguieron enfrente. Y seguirán enfrente, ¿pero para donde? Una parada: la actual crisis hipotecaria”.

Después de un didáctico resumen histórico de las tendencias de las últimas décadas, Meyerhoff dice:

“Ya es hora –y más que hora– de salir de esta autopista de desregulación. Necesitamos de más gobierno, y no de menos, para protegernos de los bancos y conglomerados y de la extrema concentración de poder que ellos exhiben”.

Y termina con un mensaje optimista:
“Se dice que el cambio está en el viento. No hay mejor lugar para comenzar que colocando redes en los barones ladrones del siglo XXI.”

En el sitio Counterpunch, una veterana conocedora de los mercados, Pam Martens, quien trabajó 21 años en Wall Street, aporta su contribución para este debate crucial el tres de enero de 2008: (El mito del libre mercado se disuelve en el caos):

“Los mercados eficientes necesitan de transparencia y franjas alertas y vigilantes. ¿Por qué esto es tan difícil de lograr? Porque la opacidad y los mercados defraudados producen el deseado objetivo de enriquecer al uno por ciento que posee ahora el 44% de la riqueza de la nación. En cambio, ese uno por ciento mantiene al Congreso bajo sus redes, asegurando los cordones del financiamiento de las campañas.

“Wall Street es un mercado con dos lados. Los perjuicios de las firmas de Wall Street eran lucros en otras partes. Hasta sabíamos donde y cuando eran realizados estos lucros y los detalles de cómo ocurrieron los perjuicios, estábamos optando por ser los idiotas del capitalismo de compadres. Estamos optando por entregar nuestro país a los barones ladrones”.

Como ya ocurrió antes, parece que una vez más se tendrá que ejecutar alguna intervención externa para solucionar el caos creado por los excesos intrínsecos de los mercados “libres” y dar al sistema financiero la funcionalidad perdida, recolocándolo al servicio de la economía real. Y, una vez más, la tarea deberá recaer sobre el viejo y consagrado Estado nacional soberano.

El gran problema es que hasta la fecha, no existen estadistas de estatura en los países donde el problema tiene su origen y, por esto, probablemente, se tendrá que esperar una profundización todavía mayor de la crisis sistémica, cuyo impacto motive a algunos líderes a actuar.

Tempestade financeira: ganhando tempo

Diante das sucessivas quedas dos dominós do falido sistema financeiro internacional, que se avolumam a cada dia, tem-se a impressão de que os próceres mais graduados da alta finança global, encastelados nos principais bancos centrais do planeta, estão se empenhando apenas em protelar um impasse generalizado, utilizando remédios monetaristas de eficácia questionável contra as causas fundamentais da crise sistêmica, em um esforço quase desesperado de salvar o que for possível do desastre final.

Nessa tentativa, tanto pior para as chamadas leis de mercado, pois, na hora do pânico, bancos centrais e governos se atropelam para tentar salvar as instituições financeiras privadas cujos excessos especulativos estão na raiz dessa fase terminal da crise, que se acelera desde meados de 2007, após o estouro da bolha imobiliária nos EUA.

É o caso, por exemplo, das colossais injeções emergenciais de dinheiro feitas pelos principais bancos centrais em dezembro, na casa do trilhão de dólares, em uma tentativa até agora apenas parcialmente bem-sucedida, para reativar os mercados de transações interbancárias paralisados pela desconfiança mútua generalizada dos atores.

O mesmo vale para o pacote de 100 bilhões de dólares de “incentivos” aos consumidores, anunciado na semana passada pelo presidente George W. Bush, como a tábua de salvação contra a recessão econômica do país, cuja ocorrência já é quase unanimidade entre os analistas mais lúcidos. Os “incentivos” consistem no envio de cheques de 250 a 500 dólares a cada família, a título de devoluções fiscais, na expectativa de que esse dinheiro mantenha o apetite das ultra-endividadas pessoas físicas estadunidenses pelo consumo (o consumo doméstico representa 70% do PIB).

Em um artigo divulgado em 14 de janeiro no sítio Information Clearing House, o ferino comentarista Mike Whitney fulmina o plano idealizado pelo secretário do Tesouro Hank Paulson:

O “pacote de estímulo” de Bush é a maior e mais obscena fraude hiperinflacionária jamais perpetrada contra o povo estadunidense. É um pacote de 100 bilhões de dólares, financiado pelos contribuintes, que está sendo embrulhado a toque de caixa para evitar o colapso nos gastos dos consumidores, um êxodo do capital estrangeiro e um doloroso mergulho na recessão… É um ato de extremo desespero planejado para solucionar uma catástrofe que foi criada pela Reserva Federal: o derretimento imobiliário. O desastre do mercado subprime de Greenspan avança a todo vapor em modo de crise e ameaça desfechar um golpe de nocaute na economia global…

A “mão invisível” do mercado – que Bush celebra ad nauseam – será usada para dirigir os helicópteros da Reserva Federal, enquanto eles despejam a riqueza da nação como confetes… Esse brinde multibilionário em dinheiro vivo deveria sepultar de uma vez por todas a tola noção de que a economia de vudu é algo mais do que um truque de charlatão. A teoria ofertista [supply-side, em economês] é uma quimera que leva inevitavelmente ao desastre…

Trinta anos de reaganismo destruíram o país. Eles evisceraram a nossa base industrial, quebraram o contrato social, esmagaram os nossos sindicatos, devastaram as nossas escolas e a infra-estrutura e desviaram as riquezas da nação, da classe média para os 5% do topo da pirâmide. Agora, essa mesma hidra multicéfala está se autodevorando. Os salários estagnaram, o dólar está em queda livre, o sistema bancário está paralisado e o veneno subprime está se infiltrando no sistema global, sacudindo bancos e negócios em todo o mundo. O anêmico pacote de estímulo de Bush não fará nada para reverter essa tendência. Ele é como injetar em um homem moribundo uma dose maciça de metanfetamina. Ela o levantará apenas o suficiente para que ele saiba que está deixando este vale de lágrimas. Que bem isto faz?

Nessa corrida contra o tempo, a alta finança tem recebido um apoio um tanto inesperado – o dos temidos fundos de riqueza soberana controlados pelos governos de países asiáticos, que já injetaram dezenas de bilhões de dólares para salvar da bancarrota algumas das maiores casas financeiras internacionais, adquirindo ações do UBS, Merrill Lynch, Morgan Stanley, Citigroup e outras. O Citigroup, que anunciou em 15 de janeiro o maior prejuízo dos seus quase dois séculos de existência, divulgou no mesmo dia a venda de 14,5 bilhões de dólares em ações preferenciais ao fundo soberano de Cingapura, o Temasek.

Em novembro, o banco já havia vendido 7,5 bilhões de dólares em ações ordinárias ao fundo soberano de Abu Dhabi. Outros fundos estão à espreita de oportunidades semelhantes para “salvar” os jogadores do cassino global, exauridos pelos seus excessos.

Em tal cenário repleto de ironias, dois artigos publicados na imprensa do próprio Establishment estadunidense refletem os novos sinais dos tempos. O primeiro, do jornalista Peter S. Goodman, foi publicado no New York Times de 30 de dezembro com o sugestivo título: “O livre mercado: um falso ídolo, afinal de contas?” Diz ele:

Por mais de um quarto de século, a idéia dominante em política econômica nos EUA e grande parte do global vinha sendo a de que o mercado é infalivelmente sábio. Tão sábio que o papel adequado para o governo é se manter afastado e não interferir com o poço de riqueza que jorrará, se espargindo em cada estrato da sociedade, se o mercado for deixado livre para fazer a sua mágica…

Adam Smith usava a metáfora da mão invisível para descrever como os mercados deveriam funcionar: com todo mundo livre para perseguir os interesses próprios, o mercado distribui oniscientemente os bens e capitais para maximizar os benefícios para todos. Desde o Governo Reagan, essa idéia tem se transformado em um verdadeiro mandamento sagrado, com o economista Milton Friedman posando como Moisés… Mas, agora, a mão invisível está sendo responsabilizada pelo que ela provocou. Neste país, muitas reclamações econômicas lhe estão sendo imputadas – desde o crescente fosso entre ricos e pobres até as despesas com educação superior…

Ao longo de toda a História, a regulamentação tende a se impor nos calcanhares da livre empresa descontrolada. Os excessos monopolísticos dos Barões Ladrões levaram às leis antitruste. Não por acidente, novas regras contábeis estritas se seguiram ao desmascaramento das fraudes na Enron e WorldComp. Agora, o fiasco das hipotecas subprime e uma onda de cobranças hipotecárias ainda em curso estão levando muitos a pedir novas regulamentações.

Na mesma linha, o Los Angeles Times de 14 de janeiro traz um artigo irado do advogado Al Meyerhoff, especializado em fraudes financeiras, intitulado “Forças financeiras descontroladas: sem regulamentação, a mão invisível do mercado nos está roubando às cegas”. O seu texto é igualmente cáustico e direto:

Nos últimos 30 anos, a nossa nação tem viajado pela estrada da desregulamentação, uma estrada sem regras ou direção. Nós deixamos as empresas livres, os negócios seguirem sem controles, os bons tempos seguirem em frente. E eles seguiram em frente, mas para onde? Uma parada: a atual crise hipotecária.

Após um didático resumo histórico das tendências das últimas décadas, Meyerhoff dispara:

Já é hora – é mais que hora – de sair dessa rodovia da desregulamentação. Nós precisamos de mais governo, e não de menos, para nos proteger dos bancos e conglomerados e da extrema concentração de poder que eles exibem.

E termina com uma mensagem relativamente otimista: “Diz-se que a mudança está no vento. Não há lugar melhor para começar do que colocando rédeas nos Barões Ladrões do século XXI.”

No sítio Counterpunch, uma veterana conhecedora dos mercados, Pam Martens, que trabalhou 21 anos em Wall Street, dá a sua contribuição para esse debate crucial (“O mito do livre mercado se dissolve no caos”, 3/01/2008):

Os mercados eficientes necessitam de transparência e tiras alertas e vigilantes. Por que isso é tão difícil de se conseguir? Por que a opacidade e os mercados fraudados produzem o desejado objetivo de enriquecer o um por cento que possui agora 44% da riqueza da nação. Em troca, esse um por cento mantém o Congresso sob rédea curta, segurando os cordões dos financiamentos das campanhas.

Wall Street é um mercado com dois lados. Os prejuízos das firmas de Wall Street eram lucros de outras partes. Até que saibamos onde e quando esses lucros foram realizados e os detalhes de como ocorreram os prejuízos, estamos optando por ser os idiotas do capitalismo de compadres. Estamos optando por entregar o nosso país aos Barões Ladrões.

Como já ocorreu antes, parece que uma vez mais alguma intervenção externa terá que ser feita para rearrumar o caos criado pelos excessos intrínsecos dos mercados “livres” e dar ao sistema financeiro a funcionalidade perdida, recolocando-o a serviço da economia real. E, uma vez mais, a tarefa deverá recair sobre o velho e consagrado Estado nacional soberano. O grande problema é que, desta feita, inexistem estadistas de estatura em serviço nos países onde o problema tem a sua origem e, por isso, possivelmente, o conserto terá que aguardar um aprofundamento ainda maior da crise sistêmica, cujo impacto motive algumas lideranças políticas a atuar.

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* En el portal www.msia.org.br.

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