Feb 9 2012
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Participación ciudadana

Heridas / Tres y Cuatro Alamos en la memoria

Recorren mis ojos lo que queda de esa fachada que creía olvidada por el paso de los años. Esas viejas latas oxidadas que conforman el frente del que fuera uno de los campamentos más grandes y cruentos de la dictadura militar chilena. Cómo contrastan con el grupo de palomas esculpidas en piedra, que parecen estuvieran a punto de volar hacia la libertad, hacia el infinito…| IRIS ACEITÓN.*

 

Era tan joven cuando vine junto a mi compañero, a despedir a mi tío-padre, a ese maravilloso viejo comunista; detenido, torturado y expulsado de  la patria por cometer el pecado de pensar distinto. Un alto  fortín sobre nuestras cabezas era manejado  por cancerberos armados hasta los dientes, para vigilar nuestros pasos y gestos, para contabilizar nuestras lágrimas, registrar los sollozos que significaba el desgarro de la despedida. 

 

Abajo, en el suelo, entre fusiles y bayonetas, la certidumbre de no volver a  ver nunca más al ser tan amado.

 

Y hoy, Sábado, cuando el sol abrazador de febrero arrecia, asistimos a la convocatoria de unos pocos, de los “tenaces” como los llamaría José Miguel Varas”. Es la porfía  de un puñado de hombres y mujeres que se niegan a olvidar, es la “Corporación de Tres y Cuatro Álamos” los que nos llaman a apoyarlos en esta su  tenaz travesía.

 

La cita es a las 11, ya en la vereda veo grupos de personas, en un gran patio de cemento, una carpa sirve de techo para impedir de alguna manera los rayos del sol que caen impertérritos sobre la explanada cubierta  de sillas hasta llegar a un sencillo escenario. En el fondo la roja bandera de Tres y Cuatro Álamos y sus características palomas  de la paz.

 

Ya la platea está  totalmente colmada, veo rostros conocidos y tan queridos como Anita González, Viviana Díaz, Miguel  Lauwner, Alejandro Yáñez, Ruth Vuskovic, el poeta y escritor Jorge Montealegre. 

 

A un costado se descubre una lámina  negra, es la puerta de la celda de las mujeres, trabajada por dos artistas jóvenes con  la  figura de una mujer sentada,  sobre sus rodillas, su cuerpo entero flectado,  con una mano sujetando su cabeza, apesadumbrada, meditando sobre su destino terriblemente  incierto.

 

La muchedumbre ha colmado el  gran patio, parapetándose los que caben bajo el alero de la enorme  carpa, la gran mayoría  bajo el sol intemperante.
Me abrazo  con  mis camaradas de la UTE; Sergio Muñoz y su emocionado padre, Mario Urzúa junto a su compañera Elízabeth, Marcela Lizana e Iván Reyes, Rodrigo Cerda junto a su pequeña Catita. Mi amiga Cecilia Jara, acompañada de su cámara fotográfica.

 

El  Coro de la FEUSACH nos regala canciones con sus bellas voces afinadas

 

El Presidente de la Corporación Tres y Cuatro Álamos, Osiel  Núñez, agradece nuestra asistencia al acto; pide que se pongan de pie y que se individualicen  con sus brazos en alto, los hombres y mujeres presentes que fueron prisioneros en este campo de concentración. Entre aplausos, abrazos y lágrimas los conocimos; hombres y mujeres que le ganaron a la muerte, sus rostros maduros, bondadosos, invadidos por quizás qué tormentosos recuerdos, pero también por las más bellas lecciones de hermandad.

 

Osiel, con una voz pastosa, luchando y ganándole a la emoción; lidiando con sus propios recuerdos, con sus propias cicatrices que de repente se abren como llagas en el propio infierno, pide silencio por los muertos, asesinados en este preciso lugar y también  por los que por aquí pasaron un día y hasta hoy son detenidos desaparecidos.

 

La comunión que reina en este otrora maldito lugar es indescriptible. Se acallaron los quejidos, las súplicas, cesó de trabajar la máquina infernal del horror  y la tortura.  Se abrieron las fosas y los muertos despojados de sus mortajas vieron la luz, al comprobar que nunca fueron ni serán olvidados, sus almas  traspasaron los muros de concreto en busca de la verdad y de la justicia.

 

Osiel  prosigue  con sus palabras sabias, llenas de coraje, denuncia todo el horror allí vivido, con la  fuerza que lo caracteriza; pide, exige que Tres y Cuatro Álamos sea declarado monumento nacional, que el campamento del espanto y la muerte sea el Parque de la Paz.

 

No hay banderas de agrupaciones  políticas, tampoco consignas, ni  representantes de aquéllas. Los que allí estamos militamos invariablemente en el más grande y universal de los partidos “en el Partido por la vida”.

 

Se invita a un recorrido para develar las placas con el nombre que señalan el lugar físico exacto de cada sección del campo de prisioneros. Las mujeres reconocen su cautiverio, lloran, ríen, cantan. Una se identifica con su nombre, tenía tres meses de embarazo cuando fue  detenida, permaneció un año prisionera, nadie se atreve a preguntar que pasó con aquel hijo, nadie se atreve a horadar aún más las huellas de ese desgarrador padecimiento.

 

Los recuerdos de otro ex prisionero nos entregan la información que por aquí también pasó Manuel Guerrero, cuando fue detenido la primera vez, herido, con una bala en su cuerpo, absolutamente desconectado de la realidad, fue tirado en el patio del recinto de exterminio.

 

Volvemos al escenario, el coro de la FEUSACH, distiende la atmósfera de recogimiento y dolor, las mujeres ex prisioneras nuevamente, abrazadas, en una ronda,  ríen, cantan. Las anécdotas de los curas de los pobres, de los curas buenos, de los padres Puga y Baeza hacen reír a la concurrencia.

 

Las horas pasan aceleradamente, comienza a caer la tarde y este acto de dignidad y de amor por nuestros muertos y por nuestros ex prisioneros termina.

 

Nos marchamos con la convicción  que el trabajo de este pequeño grupo de tenaces: Osiel Núñez, Raúl Brito, Helena, Luisa y otros que desconozco sus nombres, secundados ahora  por esta enorme concurrencia, lograremos por fin el objetivo único y final:

“Para las generaciones venideras, para que nunca más se vuelva a repetir el horror vivido aquí y en ningún otro lugar del mundo. El Campo de Concentración Tres y Cuatro Álamos será monumento nacional, el centro de tortura y muerte será un parque de la Paz”.
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* En www.facebook.com/notes/patricio-tocrres.

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